El retorno forzado: miles de venezolanos regresan tras fracasar en su travesía hacia EE.UU.

Miles de venezolanos que vendieron sus pertenencias y cruzaron cuatro países por el peligroso Darién ahora deben regresar a Venezuela sin lograr su objetivo, enfrentando pérdida económica y emocional tras meses de travesía.
Ya estamos montados en esto. ¿Cómo vamos a hacer?
Un migrante venezolano expresa la imposibilidad de regresar después de haber vendido todo para financiar su travesía.

EE.UU. aprobó una normativa que permite solo 24 mil venezolanos por vía aérea con patrocinador, expulsando a quienes crucen ilegalmente hacia México. Más de mil venezolanos ya regresan semanalmente en vuelos desde México y Panamá tras fracasar en su intento de llegar a Estados Unidos.

  • Más de 150 mil venezolanos llegaron a la frontera terrestre entre México y EE.UU. en un año
  • EE.UU. aprobó una normativa el 13 de octubre que permite solo 24 mil venezolanos por vía aérea con patrocinador
  • Más de mil venezolanos regresan semanalmente en vuelos desde México y Panamá
  • El Darién registra 3 mil cruces diarios, principalmente venezolanos
  • 170 mil de los 206 mil migrantes que cruzaron el Darién en 2022 eran venezolanos

Estados Unidos implementó nuevas restricciones migratorias que obligan a miles de venezolanos a regresar a su país tras intentar cruzar la frontera. Más de 150 mil venezolanos llegaron a la frontera en un año, pero ahora enfrentan expulsión bajo el Título 42.

Emmanuel Montero tenía veintiún años cuando llegó al aeropuerto de Maiquetía, en las afueras de Caracas, el miércoles pasado. Había caminado a través de cuatro países. Cruzó la selva del Darién, ese territorio sin ley entre Colombia y Panamá donde los traficantes operan entre la maleza y el peligro es constante. Atravesó Honduras, Guatemala, México. Llegó a Estados Unidos, o casi. Ahora tendría que empezar de nuevo desde cero, en el país que había dejado atrás.

En una sola semana, más de mil venezolanos como Montero regresaron a casa en vuelos procedentes de México y Panamá. La causa: una nueva política estadounidense aprobada el 13 de octubre, diseñada para frenar una ola migratoria que se había vuelto incontenible. En apenas un año, más de 150 mil ciudadanos venezolanos habían llegado a la frontera terrestre entre México y Estados Unidos. La cifra reflejaba una crisis de proporciones sin precedentes, y Washington decidió actuar.

La nueva normativa permite la entrada de solo 24 mil venezolanos al año, pero con condiciones estrictas: deben viajar por avión y contar con un patrocinador estadounidense que responda por ellos. Cualquiera que intente cruzar ilegalmente por tierra será expulsado inmediatamente hacia México bajo el Título 42, una política de salud pública que el gobierno de Donald Trump había implementado argumentando la prevención del COVID-19, y que la administración Biden no ha logrado derogar. Para los migrantes que ya estaban en movimiento, el mensaje era claro: regresen.

Blas Núñez-Neto, subsecretario interino de Política Fronteriza e Inmigración del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, explicó la estrategia en una conferencia con medios internacionales. El objetivo, dijo, era desalentar el movimiento de venezolanos a través de Panamá, México y Estados Unidos, ofreciendo un incentivo para que esperaran en sus lugares de origen y llegaran por vías legales, evitando así poner sus vidas en manos del crimen organizado. "A los que están en movimiento, les quiero decir claramente que se queden adonde están", afirmó el funcionario.

Pero disuadir a quienes ya habían vendido sus pocas posesiones para financiar el viaje resultaba casi imposible. Gilbert Fernández, quien había sido comerciante en Venezuela, estaba en las playas de Necoclí, en Colombia, cuando expresó su frustración. Pensaba que Estados Unidos estaba usando estas medidas como una táctica de presión, para que los migrantes desistieran. "Los que ya nos vinimos, ¿cómo vamos a hacer? Ya estamos montados en esto", dijo. El costo emocional y económico de dar la vuelta era devastador para personas que lo habían arriesgado todo.

Los números reflejaban la magnitud del fenómeno. Según Núñez-Neto, el flujo a través del Darién se había multiplicado treinta veces desde abril. Actualmente, más de 3 mil personas, la mayoría venezolanos, cruzaban esa ruta cada día. En todo el año, 206 mil migrantes habían pasado por el Darién, de los cuales 170 mil eran venezolanos. Panamá, un país con recursos limitados, había abierto refugios temporales para albergar a miles de personas en espera de ser repatriadas. El presidente panameño, Laurentino Cortizo, pidió ayuda internacional, señalando que su nación no podía cargar sola con esta crisis.

La crisis venezolana de migración no era nueva. Desde hace años, Perú y otros países de América Latina habían recibido a cientos de miles de venezolanos huyendo de la crisis económica y política en su país. Según la ONU, había alrededor de 6,8 millones de refugiados y migrantes venezolanos dispersos por el mundo, con más de 5,7 millones en América Latina y el Caribe. En 2020, unos 505 mil se habían establecido en Estados Unidos, pero los números se dispararon entre 2021 y 2022. Los venezolanos se habían convertido en la segunda nacionalidad con más detenciones en la frontera con México, después de los mexicanos. En agosto, fueron detenidos 25.349 veces, un aumento del 43 por ciento respecto a julio y cuatro veces más que en agosto del año anterior.

Ahora, miles de estos migrantes enfrentaban el regreso a un país que habían dejado en busca de un futuro mejor. Habían pagado un precio incalculable en dinero, tiempo y riesgo físico. Y después de todo, volvían a donde habían comenzado, sin nada que mostrar por el esfuerzo, excepto el trauma de una travesía que nunca debería haber sido necesaria.

Ya habíamos cruzado cuatro países. Estábamos en Honduras
— Emmanuel Montero, migrante venezolano de 21 años
Los que ya nos vinimos, ¿cómo vamos a hacer? Ya estamos montados en esto
— Gilbert Fernández, excomerciente venezolano en Necoclí, Colombia
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Estados Unidos decidió actuar precisamente en octubre de 2022? ¿Qué cambió?

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El número simplemente se volvió insostenible. Más de 150 mil venezolanos en un año llegando a la frontera terrestre. Eso no era un goteo, era una avalancha. Y políticamente, estaba generando presión desde ambos lados.

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¿Qué tipo de presión?

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Los gobernadores republicanos de Texas y Arizona estaban enviando autobuses de migrantes a ciudades demócratas como Nueva York. Era un juego político, y los migrantes eran las fichas. Washington necesitaba recuperar el control de la narrativa antes de las elecciones legislativas.

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Pero la política del Título 42 ya existía desde Trump. ¿Por qué no funcionó antes?

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Porque la desesperación en Venezuela es más fuerte que cualquier advertencia. La gente estaba dispuesta a arriesgar todo. Y una vez que empezó el movimiento, se convirtió en un efecto dominó. Otros veían que otros lo estaban intentando, así que también lo intentaban.

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¿Qué pasa con los que ya están en el camino cuando se anuncia la nueva política?

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Están atrapados. Han vendido sus casas, sus negocios, todo. No pueden regresar a Venezuela con las manos vacías. Algunos se quedan ilegales en países de tránsito. Otros aceptan la repatriación, pero regresan a nada.

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¿Y el Darién? ¿Sigue siendo la ruta principal?

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Sí, pero ahora es aún más peligroso porque la gente está desesperada. Tres mil personas al día. Es una selva sin ley, controlada por traficantes. Es donde pierden todo: dinero, documentos, a veces la vida.

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¿Crees que esta política funcionará?

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Probablemente no. Mientras Venezuela siga siendo Venezuela, la gente seguirá intentando irse. La política solo cambia cómo lo hacen, no si lo hacen.

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