El petróleo sube por tensiones EE UU-Irán mientras Warsh presiona por subida de tipos

Ormuz vuelve a amenazar con poner un suelo al precio del petróleo
Un analista captura cómo la escalada geopolítica sostiene los precios mientras la Fed presiona por tipos más altos.
Mark

¿Por qué suben los precios del petróleo si Warsh está presionando por tipos más altos? ¿No debería la perspectiva de una economía más lenta reducir la demanda?

Mimi

Exacto, eso es lo que normalmente pasaría. Pero aquí hay dos mercados diferentes reaccionando a dos noticias distintas. El petróleo sube por la escalada entre Estados Unidos e Irán, no por la Fed. Los tipos más altos presionan sobre otras cosas: acciones tecnológicas, bonos, divisas.

Luke

Pero espera. Warsh dijo que está "comprometido con una disciplina, no con una decisión". ¿Eso es realmente una señal de subida de tipos, o los operadores están leyendo lo que quieren leer?

Mimi

Es ambiguo a propósito. Pero cuando dice que le resultaría "difícil" describir las condiciones como restrictivas, eso es código para decir que podrían apretarse más. Los mercados lo captaron.

Mark

¿Y qué pasa si los datos de empleo o el IPC sorprenden?

Mimi

Entonces todo cambia. Si el empleo es fuerte y la inflación no baja, la Fed prácticamente tendrá que subir tipos. Si sorprenden a la baja, Warsh podría tener más espacio para esperar.

Luke

Pero nadie sabe realmente qué hará la Fed hasta que lo haga. Warsh está siendo deliberadamente vago. ¿Cuánto de esta volatilidad es especulación pura?

Mimi

Bastante. Los operadores están apostando sobre lo que creen que dirán los datos, no sobre lo que ya saben. Por eso Weston dice que la volatilidad podría ser significativa.

Mark

Y el petróleo, ¿qué tan frágil es esa tregua en Ormuz?

Mimi

Muy frágil. Los flujos mejoraron, pero un ataque y una contraataque lo cambian todo. Una quinta parte del petróleo mundial pasa por ahí.

Luke

Aunque hay que notar que los ataques fueron limitados. No cerraron el estrecho completamente. ¿Cuánto riesgo real hay versus cuánto es prima de miedo?

Mimi

Esa es la pregunta que se hacen los operadores de petróleo ahora mismo. El riesgo es real, pero también es volátil.

  • Kevin Warsh advirtió en Jackson Hole que la inflación del 3,7% es alarmante y que los tipos de interés podrían subir, sin comprometerse a una decisión concreta.
  • Su ambigüedad fue suficiente para sacudir los mercados: los bonos a corto plazo se dispararon, el dólar se fortaleció y las bolsas asiáticas y de Wall Street cerraron a la baja.
  • EE.UU. bombardeó lanzaderas iraníes en el estrecho de Ormuz e Irán respondió atacando bases estadounidenses en Jordania, reabriendo un conflicto que parecía enfriarse.
  • El estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo y gas mundiales, permanece prácticamente cerrado, poniendo un suelo al precio del crudo.
  • Los mercados esperan con tensión los datos de empleo esta semana y el IPC la próxima, que determinarán si la Fed tiene margen para actuar o debe contenerse.

En la encrucijada entre la política monetaria y la geopolítica, los mercados globales buscan equilibrio mientras dos fuerzas opuestas moldean el precio del petróleo: la amenaza de tipos de interés más altos en Estados Unidos, que enfría la demanda, y la reanudación de hostilidades entre Washington y Teherán en el estrecho de Ormuz, que encarece el crudo. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, habló con deliberada ambigüedad en Jackson Hole sobre una inflación del 3,7% que preocupa, mientras los ataques mutuos entre EE.UU. e Irán recuerdan cuán frágil puede ser la calma en las rutas energéticas del mundo. Los inversores, atrapados entre estas corrientes, aguardan datos de empleo e inflación que podrían inclinar la balanza.

El lunes por la mañana, mientras los mercados asiáticos caían, el petróleo subía impulsado por dos fuerzas en sentidos opuestos: la amenaza de tipos más altos en EE.UU. y la reapertura de tensiones entre Washington y Teherán. Los inversores intentaban descifrar cuál de las dos corrientes pesaría más.

Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, había hablado el fin de semana en Jackson Hole con un mensaje claro pero sin compromisos: la inflación del 3,7%, casi el doble del objetivo del 2%, era preocupante. Sus palabras —que le resultaría difícil describir las condiciones financieras actuales como restrictivas— fueron leídas como una señal de que las subidas de tipos estaban sobre la mesa. Dijo estar "comprometido con una disciplina, no con una decisión". Esa ambigüedad bastó para mover los mercados: los bonos a corto plazo se dispararon, el dólar se fortaleció, el oro cayó y las bolsas de Wall Street y Asia cerraron en rojo, con las tecnológicas liderando las pérdidas.

La Fed enfrenta un dilema incómodo: la inflación persistente exige acción, pero subir tipos ralentiza toda la economía. La atención se centra ahora en los datos de empleo de esta semana y el IPC de la próxima, que serán determinantes para las expectativas del mercado. Los analistas advierten que la volatilidad podría ser significativa.

En Oriente Medio, la situación se calentó de nuevo. EE.UU. atacó lanzaderas iraníes en el estrecho de Ormuz —sus primeros bombardeos en un mes— e Irán respondió contra objetivos militares estadounidenses en Jordania, justo cuando las hostilidades parecían remitir. El estrecho, por donde transita una quinta parte del petróleo y gas mundiales, quedó prácticamente cerrado.

Los dos principales contratos de crudo subieron más de dos por ciento. Como resumió un analista, Ormuz amenaza con poner un suelo al precio del petróleo al mismo tiempo que Warsh pone un techo a la paciencia que los mercados pueden dar por sentada a la Fed. Los flujos físicos habían mejorado desde sus peores momentos, pero el último intercambio de ataques demostró lo frágil que sigue siendo ese progreso: el riesgo geopolítico puede regresar con sorprendente rapidez.

El lunes por la mañana, mientras los mercados asiáticos se desplomaban, el petróleo subía. Dos fuerzas distintas empujaban en direcciones opuestas: la amenaza de tipos de interés más altos en Estados Unidos, que enfría la demanda, y la reapertura de tensiones entre Washington y Teherán, que encarece el crudo. Los inversores se encontraban atrapados entre estas dos corrientes, intentando descifrar cuál pesaría más en los próximos días.

Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, había hablado el fin de semana en Jackson Hole, el simposio anual donde los banqueros centrales revelan sus intenciones. Su mensaje fue claro sin ser explícito: la inflación, que se mantenía en el 3,7%, casi el doble del objetivo del 2%, era preocupante. Warsh reconoció que le resultaría difícil describir las condiciones financieras actuales como restrictivas, una frase que los operadores interpretaron como una señal de que los aumentos de tipos estaban sobre la mesa. Sin embargo, evitó comprometerse directamente, diciendo que estaba "comprometido con una disciplina, no con una decisión". Esa ambigüedad fue suficiente. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a corto plazo se dispararon, el dólar se fortaleció y el oro cayó. En Wall Street, los tres principales índices bajaron el viernes. En Asia, la caída fue generalizada: Tokio, Seúl, Hong Kong, Shanghái, Taipéi y Yakarta cerraron a la baja, con las empresas tecnológicas liderando las pérdidas, ya que dependen de financiación barata para sus enormes inversiones en inteligencia artificial.

La Reserva Federal enfrenta un dilema incómodo. La inflación persistente, impulsada en gran medida por el encarecimiento de la energía, exige acción. Pero subir los tipos de interés es un arma contundente que ralentiza toda la economía. Warsh y sus colegas están bajo presión, y su negativa a ofrecer orientación clara ha alimentado la incertidumbre en los mercados. Ahora, la atención se centra en dos publicaciones de datos cruciales en las próximas dos semanas: las cifras de empleo esta semana y el índice de precios al consumo la próxima. Chris Weston, analista de Pepperstone, escribió que si los datos de empleo no dan a la Fed mucho margen de maniobra, el dato de inflación subyacente se convertirá en el factor determinante de las expectativas del mercado. La volatilidad podría ser significativa.

Mientras tanto, en Oriente Medio, la situación se estaba calentando de nuevo. Estados Unidos había atacado lanzaderas de cohetes iraníes en una pequeña isla del estrecho de Ormuz, sus primeros bombardeos sobre el país en un mes. Teherán respondió atacando objetivos militares estadounidenses en Jordania. Este intercambio ocurrió poco después de que la guerra entre ambos países cumpliera seis meses, en un momento en que las hostilidades parecían remitir. Los intentos de diálogo y las conversaciones de paz estaban estancados. El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo y el gas mundiales, estaba prácticamente cerrado.

Los dos principales contratos de crudo subieron más de dos por ciento el lunes. El petróleo había retrocedido durante buena parte de la semana anterior, pero el nuevo estallido de violencia lo devolvió al alza. Responsables estadounidenses habían prometido este mes la "asfixia económica" de Irán para obligar al país a reabrir la ruta marítima. Stephen Innes, de Quintex Intel, capturó la tensión de la situación: "Ormuz vuelve a amenazar con poner un suelo al precio del petróleo, al mismo tiempo que Warsh está poniendo un techo a la paciencia que los mercados pueden dar por sentada a la Fed respecto a la inflación". Los flujos físicos a través del estrecho habían mejorado desde sus peores momentos, lo que permitió al crudo devolver parte de la prima de miedo que había acumulado. Pero el último intercambio de ataques demostró lo frágil que seguía siendo ese progreso. El riesgo geopolítico, una vez que se desvanece, puede regresar con sorprendente rapidez.

Debemos estar seguros de que la inflación subyacente se dirige claramente hacia nuestro objetivo y a una velocidad suficiente. De lo contrario, tenemos trabajo por hacer.
— Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal
Ormuz vuelve a amenazar con poner un suelo al precio del petróleo, al mismo tiempo que Warsh está poniendo un techo a la paciencia que los mercados pueden dar por sentada a la Fed respecto a la inflación.
— Stephen Innes, Quintex Intel
Contattaci Domande frequenti