El Papa Prevost busca reconciliación con Comunión y Liberación en Rímini

Restañar viejas heridas con una presencia que faltó durante cuarenta y cuatro años
León XIV elige estar donde sus predecesores no estuvieron, marcando un giro hacia la reconciliación eclesiástica.
Mark

¿Por qué un Papa esperaría cuarenta y cuatro años para volver a este evento? ¿Qué pasó en esos años?

Mimi

Las relaciones se deterioraron. Francisco y el movimiento no se entendían. Él veía que estaban perdiendo su camino, que se dividían internamente. No era una ruptura abierta, pero tampoco había confianza.

Mark

¿Y qué cambió ahora con León XIV?

Mimi

Parece que este Papa tiene una visión diferente. Quizá cree que la reconciliación es más importante que mantener distancia. O tal vez ve en el movimiento algo que sus predecesores no vieron.

Mark

Francisco fue bastante crítico en 2015, ¿no? Eso no suena como algo que se olvida fácilmente.

Mimi

No se olvida, pero se puede sanar. León XIV está diciendo con su presencia que la Iglesia quiere reintegrar a este movimiento, que las viejas tensiones no tienen que definir el futuro.

Mark

¿Qué significa esto para Comunión y Liberación? ¿Están salvados?

Mimi

No es tan simple. Tienen sus propios problemas internos que una visita papal no resuelve. Pero ahora tienen algo que no tenían: la atención y el respaldo del Papa. Eso cambia la conversación.

Mark

¿Y para la Iglesia en general?

Mimi

Sugiere que León XIV está buscando unidad donde sus predecesores vieron conflicto. Es una apuesta por la reconciliación interna, por traer de vuelta a los movimientos que se habían alejado.

  • Durante más de cuatro décadas, ningún Papa había pisado el Mitin de Rímini, convirtiendo esa ausencia en una herida institucional visible para todo el catolicismo.
  • Las tensiones entre Francisco y Comunión y Liberación llegaron a ser tan profundas que el propio pontífice reconoció públicamente las divisiones, crisis y empobrecimiento del movimiento en 2022.
  • La dimisión del sacerdote Julián Carrón en 2025 agudizó la sensación de un movimiento en deriva, necesitado de un ancla institucional que la Iglesia no le había tendido.
  • León XIV eligió Rímini como escenario de reconciliación, apostando por la presencia física como lenguaje diplomático donde las palabras habían fallado.
  • El interrogante que queda abierto es si este gesto inaugura una nueva etapa o si las fracturas internas del movimiento son demasiado profundas para sanar con una sola visita.

Cuarenta y cuatro años de ausencia papal en el Mitin de Rímini llegaron a su fin cuando León XIV eligió estar donde Benedicto XVI y Francisco nunca estuvieron, en el corazón de Comunión y Liberación. Su presencia no es un gesto menor: es la respuesta deliberada a décadas de tensión entre la Iglesia y uno de los movimientos católicos más influyentes del siglo XX, fundado por Luigi Giussani. En la historia larga de las instituciones, hay momentos en que un solo paso físico dice lo que años de documentos no pudieron decir.

Cuarenta y cuatro años después de Juan Pablo II, León XIV llegó ayer a Rímini para participar en el Mitin de Comunión y Liberación, poniendo fin a una ausencia papal que nunca fue accidental. Benedicto XVI, aunque conoció el movimiento antes de ser Papa, no regresó al evento una vez elegido pontífice. Francisco tampoco lo hizo en doce años, y las razones eran de fondo: entre Jorge Mario Bergoglio y el movimiento fundado por Luigi Giussani existía una tensión que ninguno de los dos supo —o quiso— resolver del todo.

La frialdad tuvo momentos concretos. En 2015, Francisco recibió al movimiento en el Vaticano y les advirtió que la herencia de Giussani no podía convertirse en un museo. En 2022, ante sus miembros reunidos en la Plaza de San Pedro, fue más directo: reconoció que Comunión y Liberación había atravesado graves problemas, divisiones y un empobrecimiento evidente, y les pidió que preservaran su unidad y no dejaran que las oposiciones internas hirieran su fraternidad. En 2025, el sacerdote español Julián Carrón, sucesor de Giussani al frente del movimiento, presentó su dimisión.

La visita de León XIV a Rímini es, en ese contexto, un acto deliberado. El nuevo Papa ha elegido estar donde sus predecesores no estuvieron, en el lugar donde el movimiento concentra a sus seguidores más comprometidos. El lema del Mitin este año —ese amor que mueve las estrellas— parece haber funcionado como una invitación que León XIV decidió aceptar. Si este gesto inaugura una relación renovada entre la Iglesia y uno de los movimientos católicos más organizados del mundo contemporáneo, es la pregunta que Rímini deja abierta.

Cuarenta y cuatro años. Ese es el tiempo que transcurrió entre la última vez que un Papa pisó el Mitin de Comunión y Liberación en Rímini y ayer, cuando León XIV llegó a la ciudad costera italiana para participar en el evento. Juan Pablo II fue el primero y único en hacerlo, allá por 1982, cuando el movimiento fundado por Luigi Giussani apenas llevaba dos décadas de existencia.

La ausencia papal durante más de cuatro décadas no fue casual. Benedicto XVI, aunque participó como cardenal antes de su elección, nunca regresó una vez convertido en pontífice. Francisco tampoco lo hizo en sus doce años de pontificado. Las razones eran profundas: las relaciones entre Jorge Mario Bergoglio y el movimiento que Giussani había creado en los años setenta atravesaban momentos de incomprensión mutua y tensión abierta. El evento, que desde 1980 convoca a decenas de miles de jóvenes además de personalidades de la cultura, la ciencia y la política —muchas de ellas no católicas—, se había convertido en un espacio donde la Iglesia y uno de sus movimientos más significativos no podían encontrarse.

La frialdad fue explícita. En marzo de 2015, cuando recibió al movimiento en el Vaticano, Francisco les dirigió una advertencia que sonaba casi como un reproche: la herencia que Giussani les había dejado no podía convertirse simplemente en un museo de recuerdos y decisiones del pasado. Diez años después, en 2025, el sacerdote español Julián Carrón, quien había sucedido al fundador en la presidencia de Comunión y Liberación, presentaba su dimisión. El movimiento atravesaba crisis internas que el propio Francisco reconocería públicamente.

En agosto de 2022, cuando los miembros del movimiento volvieron a la Plaza de San Pedro para ser recibidos por el Papa, Francisco fue más directo aún. Admitió que Comunión y Liberación había enfrentado graves problemas, divisiones y un empobrecimiento evidente. Les pidió que amaran siempre a la Iglesia, que preservaran la unidad de su empresa, que no permitieran que divisiones y oposiciones hirieran su fraternidad. El tono era el de un padre preocupado por hijos que se desviaban del camino.

La visita de León XIV a Rímini representa un giro. No es solo una presencia simbólica, sino un acto deliberado de reconciliación. El nuevo Papa ha elegido estar donde sus predecesores no estuvieron, en el lugar donde el movimiento reúne a sus seguidores más comprometidos. Con su llegada, ha querido cerrar heridas que llevaban décadas abiertas. El lema del Mitin este año —ese amor que mueve las estrellas— parece haber resonado en el Vaticano como una invitación que León XIV no podía rechazar. La pregunta ahora es si esta presencia marca el comienzo de una nueva relación entre la Iglesia y un movimiento que, a pesar de sus crisis internas, sigue siendo una de las fuerzas más organizadas del catolicismo contemporáneo.

La referencia a la herencia que os ha dejado no puede reducirse a un museo de recuerdos, de decisiones tomadas, de formas de conducta
— Papa Francisco, marzo de 2015
El movimiento ha atravesado graves problemas, divisiones y ciertamente un empobrecimiento. Amen y preserven la unidad de su empresa
— Papa Francisco, agosto de 2022
Quieres la nota completa? Lee el original en La Razón ↗
Contáctanos FAQ