El Niño avanza: el Estado debe actuar antes de que la tormenta llegue

El Niño causa destrucción de infraestructura, colapso de hospitales, pérdida de cosechas y vidas humanas, con impacto directo en servicios de salud y seguridad alimentaria.
Cada sol no invertido hoy se convierte en decenas de soles en reconstrucción
El editorial subraya el costo exponencial de la inacción frente a desastres naturales prevenibles.
Mark

¿Por qué el editorial insiste tanto en que el Estado ya fue advertido? ¿No es obvio que si hay una alerta, hay que prepararse?

Mimi

Porque la historia del Perú con El Niño es la historia de advertencias ignoradas. El Enfen no es un organismo nuevo. Lleva años emitiendo reportes precisos. Y cada vez, el Gobierno actúa después, no antes.

Mark

Pero el crecimiento económico es fuerte ahora: 3,6 por ciento acumulado, inversión privada en expansión. ¿Por qué eso no es suficiente para motivar la acción?

Mimi

Precisamente porque es fuerte. Eso es lo que está en riesgo. Un fenómeno como este puede destruir en semanas lo que tardó meses en construirse. Los términos de intercambio están altos, hay oportunidad de crecer al 6 o 7 por ciento. Pero sin infraestructura preparada, esa oportunidad se evapora.

Mark

¿Qué tipo de inversión está pidiendo el editorial que se haga ahora?

Mimi

Drenajes, encauzamientos, sistemas de alerta temprana. Cosas concretas, medibles. El punto es que cada sol invertido ahora en prevención evita decenas de soles en reconstrucción después. Es matemática simple.

Mark

¿Y si El Niño no llega con la intensidad proyectada?

Mimi

Entonces la inversión en infraestructura sigue siendo válida. Los drenajes no se vuelven inútiles. Los sistemas de alerta temprana sirven para otros riesgos. La preparación nunca es desperdicio.

  • Enfen confirma que El Niño costero ya está activo desde marzo y podría alcanzar magnitud fuerte con un 48% de probabilidad entre junio y setiembre, extendiéndose hasta el verano 2026-2027.
  • El Banco Central advierte que el fenómeno es el mayor riesgo interno para la economía peruana, amenazando un crecimiento del 3,6% anual, una inversión privada que se expandió 13,3% y un empleo formal que crece al 8%.
  • La destrucción que trae El Niño —carreteras colapsadas, hospitales desbordados, cosechas perdidas, precios de alimentos disparados— convierte cada sol no invertido hoy en decenas de soles en reconstrucción mañana.
  • El Estado peruano, pese a las advertencias con meses de anticipación, sigue sin implementar drenajes, encauzamientos ni sistemas de alerta temprana antes de la temporada de lluvias de setiembre a abril.
  • Las cicatrices de 1983 y 1998 no han sido suficiente lección: el patrón se repite, el fenómeno avisa, y el Gobierno reacciona tarde, convirtiendo la negligencia preventiva en una costumbre institucional.

Desde las profundidades del Pacífico, El Niño avanza con puntualidad histórica hacia las costas peruanas, anunciado con meses de anticipación por los propios instrumentos científicos del Estado. La Comisión Enfen ha cumplido su parte: datos, fechas, probabilidades. Lo que falta es la respuesta de quienes gobiernan, pues cada ciclo del fenómeno repite la misma parábola de advertencias ignoradas y reconstrucciones costosas. Perú llega a este momento con una economía en expansión y una infraestructura sin preparar, una contradicción que la naturaleza, indiferente a los calendarios políticos, resolverá a su manera.

Hace tres meses, los científicos vieron formarse El Niño en el Pacífico. Emitieron reportes, dieron fechas, calcularon probabilidades. El lunes pasado, la Comisión Enfen publicó su comunicado oficial número once del año: la alerta por El Niño costero se mantiene vigente, y los números son severos.

Para las aguas frente a la costa peruana, el evento se extenderá hasta el verano de 2026-2027, con un 48% de probabilidad de alcanzar magnitud fuerte entre junio y setiembre. Más al norte, en el Pacífico ecuatorial central, los modelos proyectan intensidad fuerte entre noviembre y diciembre. El comunicado no solo describe lo que viene: exhorta a las autoridades a actuar antes de que comience la temporada de lluvias entre setiembre y abril.

Pero la advertencia climática es apenas la mitad de la historia. El presidente del Banco Central, Julio Velarde, lo dejó claro en Loreto: El Niño es el principal factor de riesgo interno para el crecimiento del país. Y hay mucho en juego. El PBI acumula 3,6% en lo que va del año, la inversión privada creció 13,3% en el primer trimestre y el empleo formal sube cerca del 8%. Existe una posibilidad real de crecer al 6 o 7 por ciento. Todo eso puede desaparecer si El Niño golpea sin que el Estado haya hecho su trabajo.

La pregunta no es nueva: ¿cuántas veces tiene que destruir El Niño una carretera, hacer colapsar un hospital o arrasar un campo de cultivo para que el Estado aprenda a prepararse? La respuesta tampoco lo es. Cada cierto número de años el fenómeno regresa, avisa con meses de anticipación, y el Gobierno reacciona tarde. Las lecciones de 1983 y 1998 dejaron cicatrices profundas, y sin embargo aquí estamos de nuevo.

El Enfen ha cumplido su función. Ahora le corresponde al Gobierno demostrar que sabe escuchar. No basta con declarar emergencias después del desastre. La tormenta ya tocó la puerta y, según los propios organismos del Estado, ya cruzó el umbral. No actuar sería una irresponsabilidad imperdonable.

Hace tres meses que el fenómeno El Niño comenzó a formarse en el océano Pacífico. Los científicos lo vieron venir. Emitieron reportes. Dieron fechas. Calcularon probabilidades. El lunes pasado, la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño —Enfen— hizo público su comunicado oficial número once del año: la alerta por El Niño costero se mantiene vigente, y los números son severos.

Para la región Niño 1+2, que incluye aguas frente a la costa peruana, el evento que comenzó en marzo se extenderá hasta el verano de 2026-2027. Existe una probabilidad del 48 por ciento de que alcance magnitud fuerte entre junio y setiembre. Más al norte, en la región Niño 3,4 del Pacífico ecuatorial central, los modelos proyectan un desarrollo sostenido hasta marzo del próximo año, con mayor probabilidad de intensidad fuerte entre noviembre y diciembre. El comunicado no solo describe lo que viene. Exhorta a las autoridades a actuar ahora, antes de que comience la temporada de lluvias entre setiembre y abril.

Pero la advertencia climática es apenas la mitad de la historia. El presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, lo dejó claro esta semana en Loreto: El Niño es el principal factor de riesgo interno para la consolidación del crecimiento económico del país. Y hay mucho en juego. El PBI creció 3,7 por ciento en abril y acumula 3,6 por ciento en lo que va del año. La inversión privada se expandió 13,3 por ciento en el primer trimestre. El empleo formal crece cerca del 8 por ciento. Perú tiene, además, términos de intercambio históricamente elevados gracias al oro, la plata y el cobre. Existe una posibilidad real de crecer al 6 o 7 por ciento. Todo eso puede desaparecer si El Niño golpea sin que el Estado haya hecho su trabajo.

La pregunta que el editorial plantea no es nueva. ¿Cuántas veces tiene que destruir El Niño una carretera, hacer colapsar un hospital, arrasar un campo de cultivo, para que el Estado aprenda a prepararse antes de que llueva? La respuesta tampoco es nueva: cada cierto número de años, el fenómeno regresa, avisa con meses de anticipación, y el Gobierno reacciona tarde. El Niño afecta la pesca, destruye infraestructura vial, desborda ríos, infla los precios de los alimentos. Cada sol no invertido hoy en drenajes, encauzamientos y sistemas de alerta temprana se convierte mañana en decenas de soles en reconstrucción. Y en vidas perdidas.

La historia de 1983 y 1998 debería ser lección suficiente. Ambos años dejaron cicatrices profundas en la economía y la infraestructura del país. Sin embargo, aquí estamos de nuevo, llegando tarde. El Enfen ha cumplido su función: alertar con datos, con fechas, con probabilidades claras. Ahora le corresponde al Gobierno demostrar que sabe escuchar. No basta con declarar emergencias después del desastre. La preparación no es optativa cuando la tormenta ya tocó la puerta y, según los propios organismos del Estado, ya cruzó el umbral y está en camino. No hacer nada al respecto sería de una irresponsabilidad imperdonable.

El fenómeno El Niño constituye el principal factor de riesgo interno para la consolidación del crecimiento
— Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva
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