El James Webb identifica por primera vez la estrella que originó una supernova oculta en polvo

La supergigante roja más rojiza y polvorienta que hemos visto explotar
Descripción de la estrella progenitora de SN 2025pht, según el coautor del estudio Aswin Suresh.

Hace cuarenta millones de años, una estrella colosal comenzó su agonía en una galaxia vecina; su luz llegó a la Tierra en junio de 2025 como la supernova SN 2025pht. Por primera vez en la historia de la astronomía, el telescopio espacial James Webb logró identificar la estrella progenitora de una supernova, una supergigante roja tan envuelta en polvo que había permanecido invisible para todos los instrumentos anteriores. Este hallazgo no solo resuelve un misterio de décadas sobre estrellas masivas 'desaparecidas', sino que inaugura una nueva forma de leer el cielo: ver lo que siempre estuvo ahí, oculto tras un velo de carbono.

  • Durante décadas, los astrónomos buscaron en vano las estrellas que deberían preceder a las supernovas, y su ausencia en los archivos amenazaba con contradecir la teoría estelar más consolidada.
  • La supernova SN 2025pht, detectada el 29 de junio de 2025, ofreció una oportunidad única: el James Webb ya había fotografiado esa región de NGC 1637 en 2024, dejando un rastro de luz antes de la explosión.
  • Al examinar esas imágenes previas, investigadores de la Universidad Northwestern hallaron la estrella culpable —una supergigante roja tan polvorienta que el Hubble jamás pudo verla— confirmando por primera vez la hipótesis del polvo circunestelar.
  • El análisis reveló una sorpresa adicional: el polvo que envolvía la estrella era grafítico, rico en carbono, no en silicatos, lo que sugiere que sus capas internas fueron convulsionadas en los últimos instantes de su vida.
  • El descubrimiento reencuadra el catálogo de supernovas sin progenitor conocido: muchas de esas estrellas 'perdidas' podrían simplemente estar esperando a ser vistas con los ojos infrarrojos del Webb.

Hace cuarenta millones de años, una estrella colosal llegó al final de su vida en NGC 1637, una galaxia cercana a la nuestra. Su luz tardó todo ese tiempo en alcanzar la Tierra, y cuando lo hizo —el 29 de junio de 2025— los detectores automáticos del programa ASAS-SN la registraron de inmediato. Los astrónomos la bautizaron SN 2025pht.

Mientras el mundo científico apuntaba sus instrumentos hacia la explosión, un equipo de la Universidad Northwestern tomó otro camino: buscar en los archivos. El James Webb había fotografiado esa misma región del cosmos en 2024, antes de la catástrofe. Al revisar esas imágenes, los investigadores encontraron lo que buscaban: una supergigante roja brillante en el lugar exacto de la supernova. Era la primera vez que el Webb identificaba directamente la estrella progenitora de una supernova, un resultado publicado en Astrophysical Journal Letters.

El hallazgo resuelve un misterio persistente. La teoría predice que las estrellas más masivas deberían ser las más fáciles de localizar antes de explotar, pero con frecuencia no aparecen en los archivos. La sospecha era que el polvo circunestelar las ocultaba; SN 2025pht lo confirma de forma contundente. La estrella era, según el coautor Aswin Suresh, 'la supergigante roja más rojiza y polvorienta que hemos visto explotar'. Su manto de polvo bloqueaba 5,3 magnitudes de luz visible, haciéndola completamente invisible para el Hubble.

La sorpresa mayor llegó al analizar la composición de ese polvo: era grafítico, basado en carbono, cuando la teoría esperaba silicatos. Los investigadores especulan que el carbono fue arrastrado desde las capas internas de la estrella hacia su superficie en sus últimos momentos, en lo que el equipo describe informalmente como 'eructos de carbono'.

El James Webb, capaz de capturar luz infrarroja hasta 7,6 micrómetros, es el único instrumento que puede penetrar cortinas de polvo tan densas. Esto abre una perspectiva nueva: muchas supernovas sin progenitor conocido podrían no ser un enigma teórico, sino simplemente estrellas ocultas esperando a ser reveladas por los ojos infrarrojos del Webb.

Hace cuarenta millones de años, una estrella colosal llegó al final de su existencia en una galaxia cercana a la nuestra. Cuando explotó, la luz de esa catástrofe cósmica viajó durante millones de años a través del espacio hasta alcanzar la Tierra el 29 de junio de 2025. Los detectores automáticos del programa ASAS-SN, una red de telescopios diseñada específicamente para capturar estos destellos, registraron el evento de inmediato. Los astrónomos le dieron un nombre: SN 2025pht.

Mientras equipos de investigadores en todo el mundo apuntaban sus instrumentos hacia la explosión recién descubierta, un grupo de científicos de la Universidad Northwestern en Estados Unidos tomó un camino diferente. En lugar de observar el evento en tiempo real, decidieron buscar en los archivos fotográficos. Su pregunta era simple pero fundamental: ¿cuál de los miles de estrellas que pueblan esa galaxia, NGC 1637, había sido la responsable de la supernova? El telescopio espacial James Webb ya había fotografiado esa región del cosmos en 2024, antes de la explosión. Cuando los investigadores examinaron esas imágenes anteriores, encontraron exactamente lo que buscaban: una supergigante roja brillante en el lugar preciso donde ahora resplandecía la supernova. Era la primera vez que el James Webb identificaba directamente la estrella progenitora de una supernova, un logro que publicarían en la revista Astrophysical Journal Letters.

Este descubrimiento resuelve un misterio que ha desconcertado a los astrónomos durante décadas. La teoría predice que las estrellas más masivas, aquellas destinadas a explotar como supernovas, deberían ser también las más brillantes y, por lo tanto, las más fáciles de localizar en imágenes previas a la explosión. Sin embargo, cuando los científicos han buscado estas estrellas en archivos fotográficos anteriores, frecuentemente no estaban allí. Durante años, los investigadores han especulado que estas supergigantes rojas podrían estar envueltas en tanto polvo que su luz quedaría completamente bloqueada, haciéndolas invisibles para los telescopios ópticos convencionales, incluso para el Hubble. El caso de SN 2025pht proporciona, por primera vez, evidencia directa de que esta explicación es correcta, y en una magnitud incluso mayor de lo que se esperaba.

Charlie Kilpatrick, investigador principal del estudio, reconoció que aunque había defendido esta interpretación durante años, ni él mismo anticipaba verla manifestarse de manera tan extrema. La estrella progenitora resultó ser, en palabras de Aswin Suresh, coautor del trabajo y estudiante de doctorado en Northwestern, "la supergigante roja más rojiza y polvorienta que hemos visto explotar como supernova". El polvo que la rodeaba era tan denso que la hacía completamente invisible para el Hubble, cuyo rango de observación se limita a la luz visible e infrarroja cercana. Solo el James Webb, capaz de detectar radiación infrarroja media, pudo penetrar esa cortina de polvo y revelar la estrella que se ocultaba detrás.

Lo que sucedió después sorprendió incluso a los investigadores. Cuando analizaron la composición del polvo circunestelar utilizando modelos computacionales aplicados a los datos del Webb, descubrieron algo inesperado: el polvo era rico en carbono, no en silicatos como la teoría predecía. Las supergigantes rojas masivas típicamente expulsan material rico en oxígeno, que genera polvo similar a la arena en su entorno. Sin embargo, la estrella de SN 2025pht estaba rodeada de polvo grafítico basado en carbono. Los investigadores especulan que este carbono fue "arrastrado" desde las capas internas de la estrella hacia su superficie en los últimos momentos de su vida a través de corrientes de convección, un proceso que el equipo describe informalmente como "eructos de carbono". La capacidad del James Webb para observar en el infrarrojo medio fue crucial para determinar con precisión qué tipo de polvo rodeaba la estrella.

Este hallazgo marca el comienzo de una nueva era en la astronomía de supernovas. Hasta ahora, identificar la estrella progenitora dependía casi exclusivamente de imágenes del Hubble, con sus limitaciones inherentes en longitudes de onda. El James Webb, con su capacidad para capturar luz infrarroja hasta 7,6 micrómetros de longitud de onda, permite detectar estrellas que de otro modo permanecerían invisibles y caracterizar con precisión el material que las rodea. Los niveles de extinción óptica causada por el polvo circunestelar de SN 2025pht, equivalentes a un oscurecimiento de 5,3 magnitudes en el espectro visible, superan significativamente lo que los modelos anteriores contemplaban para este tipo de estrellas. Esto sugiere que muchas otras supergigantes rojas cuya ausencia en los archivos se había atribuido a otros factores podrían simplemente estar ocultas tras mantos de polvo similares, esperando a ser reveladas por los ojos infrarrojos del Webb.

Llevo tiempo defendiendo esa interpretación, pero ni yo mismo esperaba verlo tan extremo como en la supernova 2025pht
— Charlie Kilpatrick, investigador principal del estudio
La supergigante roja más rojiza y polvorienta que hemos visto explotar como supernova
— Aswin Suresh, coautor del estudio
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa tanto identificar la estrella antes de que explote? ¿No es suficiente estudiar la explosión misma?

Model

Porque la estrella que explota nos cuenta la historia completa. Sin verla antes, solo vemos el final. Con la imagen previa, podemos entender qué tipo de estrella era, cuánta masa tenía, cómo vivió. Es como encontrar una fotografía de alguien antes de que ocurra algo importante.

Inventor

Pero dijiste que estaba invisible. ¿Cómo es posible que una estrella tan masiva desaparezca?

Model

El polvo es el culpable. Imagina una vela encendida dentro de una nube de humo tan densa que no puedes verla, aunque brille intensamente. El Hubble solo ve luz visible. El Webb ve a través del infrarrojo, como si tuviera gafas de visión nocturna cósmica.

Inventor

¿Y el carbono? ¿Por qué es sorprendente que el polvo sea de carbono?

Model

Porque la física nos decía que debería ser silicato, arena cósmica. Pero esta estrella estaba expulsando carbono desde sus entrañas en sus últimos momentos. Es como si la estrella estuviera vomitando sus propias capas internas.

Inventor

¿Significa esto que hay muchas más estrellas ocultas que no hemos visto?

Model

Probablemente sí. Este caso sugiere que el polvo es mucho más efectivo ocultando estrellas de lo que creíamos. Todas esas supergigantes rojas que faltaban en los archivos podrían estar ahí, simplemente esperando un telescopio lo suficientemente potente para verlas.

Inventor

¿Qué cambia ahora en la astronomía?

Model

Ahora sabemos que el Webb puede resolver misterios que el Hubble no podía ni tocar. Cada supernova que detectemos de aquí en adelante, podemos buscar en los archivos del Webb y encontrar la estrella que explotó. Es como tener acceso a un registro completo de vidas estelares.

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