El desierto de Marruecos se inunda por primera vez en más de medio siglo

Al menos 28 personas fallecidas en dos oleadas de temporales, incluida una ciudadana española; decenas de miles de personas en tiendas de campaña tras terremoto de hace un año ahora enfrentan nuevas inundaciones.
Todo un ecosistema resucita después de 56 años
El investigador Adel Munan celebra el renacimiento del lago Iriqui, desecado desde 1968, como humedal crucial para aves migratorias.
Mark

¿Cómo es posible que un desierto que no ha visto lluvia en cincuenta años de repente se inunde así?

Mimi

El cambio climático está alterando los patrones de circulación atmosférica. Una masa de aire tropical se posicionó de forma excepcional en el sur y chocó con aire frío, creando tormentas violentas. Fue una convergencia perfecta de condiciones anómalas.

Mark

Pero eso suena como algo que debería ser celebrado, ¿no? Un ecosistema reviviendo, agua después de décadas.

Mimi

Lo es, en cierto sentido. El lago Iriqui vuelve a la vida después de 1968. Las aves migratorias tendrán un lugar donde descansar. Pero la gente construyó sus casas en lechos de ríos secos, confiando en que nunca volverían a fluir. Esa confianza mató a 28 personas.

Mark

¿Entonces el problema es que la infraestructura no estaba preparada?

Mimi

Es más profundo. Durante años de sequía, los pozos fueron bombeados masivamente para la agricultura. Los embalses alteraron el flujo natural. Cuando llegó el agua, el territorio no supo cómo contenerla. El equilibrio se había roto.

Mark

¿Y qué pasa ahora con esas regiones que ya sufrieron el terremoto hace un año?

Mimi

Están viviendo en tiendas de campaña. Sesenta mil casas destruidas. Y ahora enfrentan inundaciones. Es una acumulación de desastres que expone cuán frágil es la vida en esos territorios.

Mark

¿Esto cambiará algo en cómo Marruecos piensa sobre el agua?

Mimi

Debería. Pero mira las cifras: los pantanos están al 29% de capacidad. Seis años de sequía no se borran con dos semanas de lluvia. El país sigue en crisis hídrica. Lo que pasó es un recordatorio de que no hay equilibrio real.

  • Lago Iriqui mide 13 km de largo por 11 de ancho tras lluvias de 250 litros/m² en 1-2 días
  • Desecado desde 1968, primer agua en más de 50 años
  • Al menos 28 muertos en dos oleadas de temporales, incluida una ciudadana española
  • Regiones de Al Hauz y Tarudant enfrentan inundaciones tras terremoto que mató 3.000 personas hace un año

El desierto del Sáhara marroquí experimenta un fenómeno sin precedentes: lagunas de hasta 13 km de largo entre las dunas tras lluvias de 250 litros por metro cuadrado. El lago Iriqui, desecado desde 1968, resurge como humedal crucial para aves migratorias y especies ancestrales como los triops, revitalizando un ecosistema de alto valor ecológico.

Precipitaciones excepcionales en el sureste de Marruecos crean lagunas sin precedentes en más de 50 años, reviviendo ecosistemas desérticos pero causando inundaciones devastadoras con al menos 28 muertos.

En el sureste desértico de Marruecos, donde los nómadas más ancianos no recordaban haber visto agua corriendo entre las dunas en más de medio siglo, las últimas semanas han traído un espectáculo que desafía toda expectativa. Temporales de lluvia excepcionales llegaron al final del verano y principios de otoño, transformando el paisaje árido del Sáhara en un mosaico de lagunas y riachuelos. Los visitantes que llegan a Zagora y Merzuga, dos de los destinos turísticos más concurridos del país, se encuentran con acumulaciones de agua que parecen sacadas de un espejismo, tan improbables resultan en un territorio donde la sequía ha reinado durante décadas.

El relieve natural de estas regiones ha actuado como colector, embalsando el agua en barrancos y depresiones del terreno. El resultado más espectacular es el renacimiento del lago Iriqui, en el parque nacional del mismo nombre, que había permanecido seco desde 1968. Satélites de la NASA y del programa europeo Copernicus capturaron imágenes del fenómeno tras el temporal de mediados de septiembre, confirmando lo que parecía imposible: un humedal de valor ecológico excepcional volvía a la vida. Adel Munan, investigador de la Universidad de Kenitra, celebra la resurrección de todo un ecosistema. El lago ahora mide 13 kilómetros de largo por 11 de ancho, y con él regresan las aves migratorias y especies ancestrales como los triops, crustáceos cuyos huevos pueden permanecer dormidos durante décadas en ambientes áridos, esperando el momento preciso para eclosionar.

La magnitud de las precipitaciones ha sido extraordinaria. El sur de Marruecos registró hasta 250 litros por metro cuadrado en apenas una o dos jornadas, lo que equivale a toda la lluvia anual promedio de la zona. Un viajero español que documentó las primeras imágenes de las lagunas, publicadas luego por National Geographic, confesaba su incredulidad a finales de septiembre, cuestionándose si no se trataba de uno de los clásicos espejismos del desierto. Hucín Yuaabed, portavoz de la Dirección General de Meteorología marroquí, reconoció el carácter sin precedentes del evento. Los meteorólogos atribuyeron los temporales a una masa de aire tropical extremadamente inestable, posicionada de forma excepcional en el sur, que se movió hacia el norte encontrándose con masas de aire frío, generando nubes violentas e inestables.

Pero la abundancia de agua ha traído consigo una tragedia. Al menos 28 personas han muerto en dos oleadas de temporales, y siete más permanecen desaparecidas. En la primera oleada perecieron 18 personas, entre ellas una ciudadana española que viajaba en un convoy de vehículos todoterrenos turísticos arrastrado por una riada al cruzar un vado. A finales de septiembre, nuevas precipitaciones intensas azotaron amplias zonas del sur y este del país. El aeropuerto internacional de Marrakech, principal destino turístico de Marruecos, sufrió acumulaciones de agua que obligaron a desviar varios vuelos. Las alertas por lluvias torrenciales seguían vigentes en múltiples regiones.

La vulnerabilidad del territorio ha amplificado el desastre. Durante años de sequía, numerosas viviendas fueron construidas cerca de cauces de ríos que permanecían prácticamente secos, bajo la creencia de que el agua nunca volvería a fluir por ellos. Algunas poblaciones se levantaron en estrechos desfiladeros, atrapadas entre paredes de roca. La construcción de embalses y el bombeo masivo de pozos para la agricultura extensiva han alterado el equilibrio natural del territorio, según la Asociación de Lucha contra la Erosión, la Sequía y la Desertificación en Marruecos. Los oasis y la capa freática, que actúan como reguladores naturales, han sido sometidos a presión durante demasiado tiempo.

La ironía más cruel recae sobre las regiones de Al Hauz y Tarudant, en el Atlas. Hace apenas un año sufrieron un terremoto devastador que mató a cerca de 3.000 personas y destruyó aproximadamente 60.000 viviendas. Decenas de miles de personas aún viven en tiendas de campaña en esos territorios. Ahora, esas mismas regiones enfrentan inundaciones que amenazan con empeorar una situación ya desesperada. Los expertos advierten que estas precipitaciones podrían modificar permanentemente el clima local al aumentar la humedad del aire y la evaporación de agua. A pesar del diluvio reciente, las reservas de agua en los pantanos de Marruecos apenas alcanzaban el 29% de su capacidad máxima a mediados de octubre, tras más de seis años de sequía. El país se encuentra atrapado entre dos extremos: la escasez crónica y la abundancia destructiva.

Todo un ecosistema resucita
— Adel Munan, investigador de la Universidad de Kenitra
Lo nunca visto
— Hucín Yuaabed, portavoz de la Dirección General de Meteorología marroquí
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