Lo que habitaba en el reino de los sueños es ya una realidad tangible
El nuevo trono es una obra de arte sacro que combina rococó malagueño, catequesis visual y teatralidad procesional, con dimensiones de 285x390 centímetros y una carga simbólica profunda. La hermandad ha invertido recursos equivalentes a la mitad del valor del trono en obras de caridad, reflejando su compromiso social más allá del aspecto artístico y patrimonial.
- Trono de 285 centímetros de ancho por 390 de largo, ejecutado en madera tallada y sobredorada
- Cinco talleres coordinados: carpintería, talla, dorado, imaginería, marmoleado y orfebrería
- Cuatro altorrelieves con escenas del Buen Samaritano, boda de Tobías, juicio de Salomón y convite del fariseo
- Estreno previsto para el Viernes Santo de 2026
- La hermandad destinó a caridad una cantidad equivalente a la mitad del valor total del trono
La cofradía del Cristo del Amor presenta su nuevo trono, diseñado por Fernando Prini y ejecutado por cinco talleres, que debutará en el Viernes Santo 2026 como un retablo itinerante que redefine la presencia procesional de la hermandad.
El Cristo del Amor tiene por fin el trono que Fernando Prini imaginó años atrás. Después de más de cinco años de espera, la cofradía malagueña presentó esta semana en su casa hermandad la obra que debutará en las calles el Viernes Santo de 2026, un estreno que promete redefinir la presencia de la hermandad en la procesión más importante del año. No es un simple cambio de andas. Es una declaración estética completa, una recuperación simbólica y un acto patrimonial de envergadura: lo que Prini dibujó en papel se ha convertido en una estructura de madera tallada y sobredorada que mide 285 centímetros de ancho por 390 de largo.
La cofradía esperó deliberadamente a tener la obra completamente terminada antes de mostrarla al público. Esa decisión permitió presentar un conjunto cerrado y coherente, ejecutado con el nivel de exigencia que exigía un proyecto de esta magnitud. El nuevo trono adopta un lenguaje rococó marcadamente malagueño, el mismo estilo cortesano y devocional del siglo XVIII europeo que caracteriza las imágenes titulares de la corporación, atribuidas a Fernando Ortiz entre 1756 y 1771. Prini planteó una obra de líneas curvas, con planta sinusoidal, enriquecida con molduras de ovas y gallones sobre un plinto rectangular. Los fondos imitan mármol de ágata de Mijas, una referencia cromática profundamente vinculada al territorio. Cada plano, cada relieve y cada quiebro del volumen están pensados para convertir la procesión en una escenografía sacra en movimiento.
Uno de los rasgos más novedosos del proyecto está en sus cuatro arbotantes de tipo perchero, que arrancan desde la propia superficie del plinto en lugar de desde la mesa, como es habitual. Los dos traseros alcanzan una altura notablemente mayor que los delanteros, reforzando la profundidad de la escena. Cada arbotante cuenta con nueve brazos distribuidos en dos alturas y rematados por tulipas de cristal color ámbar con cantos dorados. A ellos se suman dos faroles laterales nacidos desde el plinto, creando una estética envolvente, cálida y solemne, pensada especialmente para el discurrir nocturno del Viernes Santo.
La carga iconográfica del nuevo trono va mucho más allá de lo decorativo. En las cuatro capillas de los paños centrales se alojan altorrelieves en madera estucada en blanco con acabado marmóreo, dedicados a cuatro escenas elegidas para expresar el Amor de Cristo: el Buen Samaritano, la boda de Tobías, el juicio de Salomón y el convite del fariseo. La selección funciona como un programa catequético que enlaza misericordia, sabiduría, fidelidad y compasión. Es una lectura doctrinal del misterio desde el lenguaje del arte. Otra decisión significativa pasa por devolver a las imágenes elementos que según la concepción del proyecto nunca debieron desaparecer. La Virgen de los Dolores recupera su ráfaga y su puñal de orfebrería, mientras que el Crucificado vuelve a portar la corona de espinas metálica y las tres potencias. Estas piezas fueron ejecutadas por el taller de Orfebrería Montenegro en plata dorada. Esa recuperación refuerza la identidad histórica y devocional de los titulares, reponiendo signos que subrayan su divinidad y su lectura iconográfica tradicional.
La complejidad del conjunto ha exigido el trabajo coordinado de cinco talleres diferentes. La carpintería fue ejecutada por Manuel Molina, la talla por Manuel Toledano, el dorado por Tomás Fernández, la imaginería por Abraham Ceada, el marmoleado por Garciaga y la orfebrería por el taller Montenegro bajo la dirección de Miguel Ángel Martín Cuevas. La hermandad ha venido desgranando ese proceso a través de la campaña 'Amor revelado', con la que ha querido acercar al público la complejidad técnica y artística de una obra que va mucho más allá del brillo final. Lo que ahora se ve rematado en la casa hermandad es el resultado de meses de ejecución minuciosa y de un ensamblaje coral donde cada oficio ha sido determinante.
Durante la presentación, el hermano mayor Álvaro Guardiola destacó que lo que habitaba en el reino de los sueños es ya una realidad tangible, subrayando que la obra no responde a la vanidad sino a la historia y a la identidad de la hermandad. Reveló además que la obra asistencial de la corporación ha destinado a la caridad una cuantía equivalente a la mitad del valor total del trono, reivindicando que el mejor oro para la madera es sin duda la Caridad. El historiador del arte Pedro Alarcón Ramírez, encargado de desentrañar las claves de la obra, la presentó como una composición coral y poliédrica, fruto de un ensamblaje afinado de planteamientos formales. Subrayó que Prini logró una propuesta absolutamente coherente, capaz de unir tradición, atemporalidad y catequesis visual en una arquitectura procesional de gran fuerza escenográfica, llamada a convertirse en la imagen definitiva de la hermandad hacia el futuro. La obra fue igualmente bendecida por el director espiritual de la hermandad y párroco de la Basílica de la Victoria, Alejandro Escobar.
Notable Quotes
Lo que habitaba en el reino de los sueños es ya una realidad tangible— Álvaro Guardiola, hermano mayor de la cofradía
El mejor oro para nuestra madera es, sin duda, la Caridad— Álvaro Guardiola, hermano mayor de la cofradía
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué esperar más de cinco años para mostrar una obra así? ¿No habría sido mejor presentarla antes, aunque fuera incompleta?
La cofradía quería que la gente viera la obra terminada, perfecta. No es vanidad. Es que un trono procesional es una declaración de identidad. Si lo muestras a medias, pierdes la fuerza del mensaje.
Pero hay algo curioso en el diseño. Los arbotantes traseros son más altos que los delanteros. ¿Eso es solo estética o tiene un propósito?
Refuerza la profundidad de la escena. Cuando el trono pase por la calle, la gente verá capas, movimiento, teatralidad. No es un rectángulo plano. Es una arquitectura que respira.
Y esas cuatro escenas en relieve —el Buen Samaritano, el juicio de Salomón— ¿alguien que no sepa de iconografía religiosa va a entender qué significan?
Probablemente no de inmediato. Pero eso es lo brillante. El trono no solo impresiona visualmente. También enseña. Es catequesis en madera. Cada escena cuenta algo sobre el amor de Cristo.
Mencionan que la hermandad gastó en caridad lo equivalente a la mitad del valor del trono. ¿Eso es una decisión consciente o una justificación?
Es una decisión consciente. Prini diseñó un trono hermoso, pero la hermandad quiso que el acto de crearlo también fuera un acto de generosidad. El oro de la madera no vale nada si no hay caridad detrás.
¿Qué pasa ahora? ¿El trono sale a la calle el Viernes Santo de 2026 y ya está?
Sale a la calle y cambia la forma en que Málaga ve al Cristo del Amor. Pero también queda. Eso es lo importante. Este trono está pensado para durar generaciones.