El Congreso Panamericano reclama diálogo igualitario entre norte y sur de las Américas

Denuncias de graves violaciones a derechos humanos en operaciones militares conjuntas en Ecuador; represión de líderes políticos mediante sanciones sin debido proceso.
Estamos contentos y radiantes. También consternados y rabiosos.
Gabriel Boric expresó la tensión emocional del progresismo latinoamericano ante avances autoritarios e intervención externa.
Mark

¿Por qué Petro no pudo estar si fue quien impulsó todo esto hace dos años?

Mimi

Porque está en una lista de sanciones estadounidense. Sin juicio, sin proceso. Los organizadores cancelaron su participación para evitar que el evento mismo fuera sancionado.

Mark

¿Y eso es legal?

Mimi

Esa es la pregunta que el Congreso estaba haciendo. Petro está ahí junto con su familia y su ministro, todos acusados de narcotráfico sin que haya habido un juicio que lo demuestre.

Mark

Entonces el Congreso es una respuesta a eso.

Mimi

Es una respuesta, sí. Pero también es una advertencia. Cuando Brasil incluye dos grupos en la lista de terroristas estadounidense, eso no es solo una etiqueta. Es una puerta abierta para intervención militar.

Mark

¿Y qué esperan lograr reuniéndose?

Mimi

Recuperar iniciativa. El continente se mueve hacia la derecha, está fragmentado. Necesitan mostrar que la izquierda tiene un proyecto común, que puede hablar de futuro, no solo de nostalgia.

Mark

¿Funcionó?

Mimi

Parcialmente. Hubo momentos poderosos, como cuando Boric leyó esa carta a su hija. Pero el balance es agridulce. Los autoritarios avanzan. La injerencia continúa. Lo que ganaron fue claridad sobre lo que necesitan hacer.

  • La ausencia de Gustavo Petro —sancionado por el Tesoro estadounidense junto a su familia sin juicio previo— reveló con crudeza hasta qué punto Washington puede condicionar la política latinoamericana sin recurrir a ningún tribunal.
  • La militarización creciente en la región, incluyendo operaciones conjuntas entre fuerzas ecuatorianas y estadounidenses con denuncias de graves violaciones a derechos humanos, tensó el ambiente del congreso.
  • Brasil concentró las alarmas más urgentes: la clasificación de dos grupos brasileños como organizaciones terroristas por parte de EE.UU. abre, según el senador Humberto Costa, una puerta peligrosa a la intervención militar justo antes de las elecciones de octubre.
  • Frente al avance autoritario, los congresistas apostaron por renovar el discurso progresista sin nostalgia, siguiendo el legado de Pepe Mujica, y confirmaron Brasil como sede del próximo encuentro en 2027.

En el histórico Teatro Solís de Montevideo, ciento cincuenta líderes progresistas de quince naciones americanas se congregaron para nombrar una incomodidad compartida: el continente se desplaza hacia la derecha mientras Washington renueva viejas doctrinas de intervención. El Congreso Panamericano, en su tercera edición, no buscaba solo protestar sino replantear los términos del diálogo entre el norte y el sur del hemisferio, apostando por una integración que reconozca la soberanía de cada pueblo como condición irrenunciable.

Ciento cincuenta líderes progresistas de quince países americanos se dieron cita en el Teatro Solís de Montevideo para enfrentar una realidad incómoda: el continente se fragmenta, la derecha avanza y las voces de la izquierda pierden terreno. El Congreso Panamericano, en su tercera edición, buscaba recuperar la iniciativa con un mensaje central: replantear el diálogo entre el norte y el sur del hemisferio en términos verdaderamente igualitarios.

Entre los asistentes figuraron el expresidente chileno Gabriel Boric y el colombiano Ernesto Samper, además de legisladores y gobernadores. Pero la ausencia más elocuente fue la de Gustavo Petro, quien impulsó la primera edición en Bogotá. Su participación fue cancelada de forma preventiva para evitar sanciones: Petro aparece en la lista OFAC del Departamento del Tesoro junto a su familia, señalados de vínculos con el narcotráfico sin que exista juicio previo alguno. El episodio ilustra la capacidad de Washington para condicionar la política regional sin necesidad de procesos legales.

El coordinador del evento, David Adler, reclamó un diálogo más igualitario frente a lo que describió como una versión renovada de la doctrina Monroe bajo la administración Trump. Los congresistas denunciaron la militarización de funciones de seguridad pública en varios países, y la asambleísta ecuatoriana Jahiren Noriega alertó sobre denuncias de graves violaciones a derechos humanos en operaciones conjuntas entre militares ecuatorianos y estadounidenses.

Desde Brasil, el senador Humberto Costa advirtió que la inclusión de dos grupos brasileños en la lista estadounidense de organizaciones terroristas representa un ataque a la soberanía nacional y podría justificar una intervención militar bajo el pretexto del narcotráfico, justo cuando el país se prepara para sus elecciones presidenciales de octubre. El apoyo explícito de Trump al candidato opositor Flávio Bolsonaro ha tenido, por ahora, el efecto contrario al buscado.

El encuentro también tuvo momentos de honda emoción. Boric leyó ante la audiencia una carta dirigida a su hija Violeta, y Macarena Gelman, nieta recuperada del poeta argentino Juan Gelman, compartió la carta que su abuelo le escribió antes de que las Abuelas de Plaza de Mayo le restituyeran la identidad que la dictadura le arrebató al nacer. La figura de Pepe Mujica, fallecido el año pasado, fue una presencia constante, y Boric pidió a los líderes que no le dieran la espalda a las transformaciones del presente, recordando que Mujica nunca se refugió en la nostalgia. El balance es agridulce, pero Brasil ya espera como sede del próximo congreso en 2027.

Ciento cincuenta líderes progresistas de quince países americanos se reunieron en Montevideo durante el fin de semana para enfrentar una realidad incómoda: el continente se desplaza hacia la derecha, se fragmenta, y las voces de la izquierda pierden terreno. El Congreso Panamericano, en su tercera edición, buscaba recuperar la iniciativa con un mensaje central: es hora de replantear el diálogo entre el norte y el sur de las Américas en términos verdaderamente igualitarios.

Entre los asistentes había expresidentes como Gabriel Boric de Chile y Ernesto Samper de Colombia, legisladores y gobernadores provinciales. Pero hubo una ausencia que pesó: Gustavo Petro, quien impulsó la primera edición hace dos años en Bogotá, no pudo asistir. Los organizadores cancelaron su participación de forma preventiva para evitar sanciones. Petro figura en la lista OFAC del Departamento del Tesoro estadounidense junto con su esposa, su hijo mayor y su ministro del Interior, todos señalados de vínculos con el narcotráfico sin que exista un juicio previo que lo demuestre. La medida ilustra el dilema que enfrenta el progresismo latinoamericano: la capacidad de Washington para condicionar la política regional sin necesidad de procesos legales.

David Adler, coordinador del evento, pronunció palabras que van contracorriente de lo que impone la administración Trump desde Estados Unidos: una versión renovada de la doctrina Monroe que contempla un intervencionismo explícito en todo el continente. Adler insistió en la necesidad de replantear ese diálogo en términos más igualitarios. Los congresistas presentes denunciaron la creciente militarización en gran parte de los países latinoamericanos, incluso en funciones de seguridad pública, y sus consecuencias para los derechos humanos. La asambleísta ecuatoriana Jahiren Noriega señaló que ya existen denuncias de graves violaciones a los derechos humanos en el marco de la colaboración entre militares ecuatorianos y estadounidenses.

Desde Brasil, el senador Humberto Costa advirtió sobre un riesgo más inmediato: la inclusión de dos grupos brasileños en la lista estadounidense de organizaciones terroristas representa un ataque frontal a la soberanía nacional y abre la puerta a una intervención militar con el argumento de combatir el narcotráfico. Costa pidió prestar especial atención al gigante sudamericano en vísperas de las elecciones presidenciales de octubre. El apoyo explícito de Trump a Flávio Bolsonaro, candidato opositor a Luiz Inácio Lula da Silva, ha tenido hasta ahora un efecto contrario al que perseguía el presidente estadounidense.

Los congresistas estadounidenses presentes recordaron que también en su país se celebrarán elecciones de medio término, con las que el Partido Demócrata confía en fortalecerse en ambas cámaras legislativas. Jesús García pidió priorizar el bienestar de la clase trabajadora, el respeto a los derechos humanos y la soberanía de las naciones latinoamericanas. El encuentro, desarrollado entre el viernes 21 y el domingo en el Teatro Solís de Montevideo, incluyó exposiciones públicas y debates a puerta cerrada. La figura del expresidente Pepe Mujica, fallecido el año pasado, fue un recuerdo constante. Boric reclamó que los líderes presentes no le den la espalda a las transformaciones tecnológicas y culturales que modifican la sociedad, recordando que Mujica nunca se hundió en la nostalgia.

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Boric leyó una carta a su hija Violeta frente a la audiencia: "Estamos contentos y radiantes. También consternados y rabiosos". El Teatro Solís también acogió el testimonio de Macarena Gelman, nieta recuperada del poeta argentino Juan Gelman, quien compartió la carta que su abuelo le escribió cuatro años antes de que las Abuelas de Plaza de Mayo la encontrasen y le restituyesen una identidad que la dictadura argentina le había arrebatado al nacer. El balance del encuentro es agridulce: los discursos autoritarios avanzan, la injerencia estadounidense persiste, pero también aparecen señales de resistencia y discursos renovados. Brasil será la sede del próximo congreso en 2027, donde el debate sobre la integración regional y la equidad norte-sur continuará.

Es necesario replantear en términos más igualitarios el diálogo entre el norte y el sur de las Américas
— David Adler, coordinador del Congreso Panamericano
La inclusión de grupos brasileños en la lista estadounidense de terroristas supone un ataque frontal a la soberanía nacional
— Senador Humberto Costa de Brasil
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