Las cinco grandes petroleras internacionales triplicaron y quintuplicaron sus beneficios en el segundo trimestre de 2026 gracias a la disrupción de suministro más grave de la historia. El margen de refino alcanzó máximos históricos de 30 dólares por barril, muy por encima del rango tradicional de 6-8 dólares, debido a la escasez de capacidad de refinación mundial.
El conflicto en Oriente Próximo dispara beneficios históricos de las grandes petroleras
Están ganando demasiado dinero; no me gusta
¿Cómo es posible que un conflicto en Oriente Próximo beneficie tanto a las petroleras si el petróleo es más escaso y caro?
Porque cuando hay escasez, el precio sube, y ellas venden lo mismo pero a un precio mucho más alto. Es como si tuvieras una tienda de agua y de repente se cierra la fuente del pueblo: venderías menos botellas, pero a un precio tres veces mayor.
Pero eso solo explica la mitad. El verdadero golpe de suerte es el margen de refino. Normalmente ganan 6 u 8 dólares por barril en la refinación. Ahora ganan 30. ¿Por qué?
Porque hay menos refinerías funcionando. Rusia produce menos diésel por los ataques ucranianos. Europa cierra refinerías por la transición verde. China cerró sus exportaciones. Entonces hay mucha demanda de gasolina y diésel, pero poca oferta de capacidad para producirlos.
¿Y eso va a durar?
Los analistas creen que sí, al menos dos años más. Chevron necesita solo 50 dólares por barril para ser rentable, y se espera que el precio ronde los 80-85 dólares.
Pero hay un riesgo político real. Trump dice que están ganando demasiado. España quiere un impuesto permanente. ¿Cuánto de eso es especulación política y cuánto es una amenaza real?
Eso es lo que nadie sabe todavía. Trump necesita que la gasolina baje antes de las elecciones de noviembre. Si impone un impuesto, podría subir más. Es un juego peligroso.
¿Quién pierde en todo esto?
El consumidor. Llena el depósito y le cuesta mucho más. Compra gasolina de calefacción, diésel para el transporte. La inflación sube.
Y los gobiernos están atrapados. Quieren castigar a las petroleras, pero si suben los impuestos, el precio sube más para el ciudadano. En 2022 pasó exactamente eso.
¿Entonces no hay salida buena?
A corto plazo, no. Las petroleras van a ganar mucho dinero. Los consumidores van a pagar más. Los gobiernos van a estar bajo presión política. Es un triángulo sin solución fácil.
The Pulse
- ExxonMobil, Chevron, Shell, TotalEnergies y BP ganaron 46.767 millones de dólares entre abril y junio de 2026
- El margen de refino alcanzó 30 dólares por barril, frente a los 6-8 dólares tradicionales
- El bloqueo del estrecho de Ormuz afectó al 20% del crudo y gas natural licuado mundial
- El precio del Brent subió más del 65% en el año y superó los 100 dólares por barril
Las cinco grandes petroleras internacionales triplicaron y quintuplicaron sus beneficios en el segundo trimestre de 2026 gracias a la disrupción de suministro más grave de la historia. El margen de refino alcanzó máximos históricos de 30 dólares por barril, muy por encima del rango tradicional de 6-8 dólares, debido a la escasez de capacidad de refinación mundial.
El bloqueo del estrecho de Ormuz tras el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha elevado los precios del crudo un 65% anual, generando ganancias históricas para ExxonMobil, Chevron, Shell, TotalEnergies y BP, que ganaron conjuntamente 46.767 millones de dólares entre abril y junio.
La gasolina en el surtidor sigue subiendo. Cada día que pasa, llenar el depósito cuesta más, y ese gasto se acumula en las conversaciones de verano que ahora se prolongan hacia el otoño. Mientras los consumidores aprietan el cinturón, del otro lado de la ecuación económica ocurre algo extraordinario: las grandes petroleras internacionales están cosechando beneficios sin precedentes. El causante es un conflicto geopolítico que comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una operación sorpresa contra Irán que desencadenó una crisis energética global.
El ataque derivó en el bloqueo del estrecho de Ormuz, la arteria por la que fluía el 20% del crudo y del gas natural licuado del mundo. Esa interrupción en el suministro ha transformado el mercado del petróleo. El Brent, la referencia internacional, ha subido más del 65% en el año y ha vuelto a superar los 100 dólares por barril. Para ExxonMobil, Chevron, Shell, TotalEnergies y BP, esta disrupción se ha convertido en una bonanza sin igual. Entre abril y junio, el primer trimestre que captura el impacto completo de la crisis, estas cinco compañías ganaron conjuntamente 46.767 millones de dólares, un 167% más que en el mismo período de 2025. ExxonMobil triplicó sus beneficios y logró en un solo trimestre la mitad de lo que ganó en todo 2025. Chevron quintuplicó sus ganancias respecto al segundo trimestre del año anterior.
Para entender por qué la guerra beneficia tanto a estas empresas, es necesario comprender cómo funciona el negocio petrolero. La cadena comienza con la extracción del crudo del subsuelo o del mar, lo que se conoce como upstream. Ese petróleo se vende en mercados globales donde el precio lo determina la oferta y la demanda. Luego viene el downstream: convertir ese crudo en gasolina, diésel, gasóleo y queroseno en las refinerías, productos que después se distribuyen a través de oleoductos, barcos y camiones cisterna hasta llegar al surtidor. En el contexto actual, marcado por una escasez severa de suministro, las petroleras ganan más por cada barril que extraen. La falta de oferta ha elevado los precios en toda la cadena.
El beneficio es especialmente notable para aquellas compañías que han mantenido inversiones significativas en refinerías y que operan en múltiples eslabones de la cadena de valor. ExxonMobil, por ejemplo, opera la mayor red de refinerías del mundo fuera de China. BP, Shell y Repsol también han apostado fuerte por el downstream, lo que les permite capturar ganancias en ambos extremos de la operación. El margen de refino, la diferencia entre lo que cuesta el crudo y lo que se vende el producto final, ha alcanzado máximos históricos de más de 30 dólares por barril. En condiciones normales, ese margen oscila entre 6 y 8 dólares. Durante la pandemia, incluso llegó a ser negativo. "Este nivel se ha visto muy pocas veces", señala Javier Ferrer, socio de McKinsey. La razón principal es la falta de capacidad de refinación mundial. Los ataques de Ucrania a Rusia, uno de los mayores exportadores de diésel, han reducido la capacidad disponible. Europa está perdiendo refinerías por la transición hacia la electrificación. En Estados Unidos, las refinerías operan al 98% de su capacidad. China, que cerró sus exportaciones tras el bloqueo de Ormuz, las reabrió durante el verano.
Lo sorprendente es que el sistema global está absorbiendo este shock sin colapsar. "Hay una demanda suficiente y sólida al precio actual del crudo", explica José Manuel Amor, socio director de Análisis Económico y de Mercados de AFI. En los años 70, si se hubiera cerrado Ormuz, el precio del petróleo podría haber superado los 200 dólares. Hoy, el sistema es más resiliente y diversificado, con mayor capacidad para absorber una disrupción de esta magnitud. Sin embargo, la refinación se ha convertido en el nuevo punto crítico. El precio de los productos derivados se está desacoplando del precio del crudo y negociándose en función de los inventarios disponibles. Esto significa que aunque el petróleo baje de precio, la gasolina y el diésel podrían mantenerse en niveles altos, alimentando la inflación y obligando a los bancos centrales a subir más los tipos de interés para enfriar la economía.
Las grandes petroleras están aprovechando al máximo este ciclo de bonanza. Han generado casi 113.000 millones de dólares de caja hasta junio y sus acciones se han apreciado entre un 28% y un 40% en Bolsa durante el año. Están usando esos recursos para reducir deuda, aumentar dividendos, recomprar acciones e invertir. Pilar Aranda, analista de Bankinter, es optimista sobre las perspectivas: "Nuestra previsión es de 85 dólares por barril en 2026 y 80 dólares para 2027, y las grandes petroleras como Chevron alcanzan el umbral de rentabilidad a partir de los 50 dólares". Muchas de esas inversiones se dirigen hacia energías renovables, aunque también hay planes para expandir operaciones en Estados Unidos, Venezuela y Guyana.
Pero una amenaza se cierne sobre el sector: los impuestos. Trump, que ha sido tradicionalmente favorable a las petroleras, ha expresado su preocupación por sus ganancias. "Están ganando demasiado dinero; no me gusta", dijo el mes pasado, obsesionado con que el precio de la gasolina baje antes de las elecciones de medio mandato de noviembre. Está investigando si hay "especulación" en los mercados. En Europa, varios gobiernos también se mueven. Sara Aagesen, ministra española de Transición Ecológica, ha pedido a Bruselas un impuesto permanente sobre los beneficios de petroleras y gasistas. Según Víctor Peiró, analista de GVC Gaesco, un gravamen así podría trasladarse al consumidor, tensionando aún más el bolsillo de los ciudadanos. "Es un aumento de costes que se trasladará al consumidor, como sucedió en 2022. Es negativo a corto plazo y, si no se quita, provocará una subida estructural del precio de la gasolina". España ya impuso un gravamen extraordinario del 1,2% sobre la facturación de Repsol, Moeve, Iberdrola y Endesa tras la invasión de Ucrania, una medida que estuvo vigente hasta enero de 2025. Si los gobiernos avanzan con nuevos impuestos, el alivio que esperan los consumidores podría no llegar.
Notable Quotes
Este nivel se ha visto muy pocas veces— Javier Ferrer, socio de McKinsey, sobre el margen de refino histórico
Si en otro momento se hubiera cerrado Ormuz, el precio del petróleo podría haber superado los 200 dólares. Hoy el sistema es más resiliente— José Manuel Amor, socio director de AFI