En el momento en que la secretaria de Comercio de Estados Unidos pisaba suelo chino, Huawei presentó un teléfono que parecía responderle en silencio: el Mate 60 Pro, equipado con un chip fabricado en casa, capaz de conectividad 5G comparable a los últimos iPhone. Lo que Washington había intentado impedir durante cuatro años —que China produjera semiconductores avanzados— parecía estar ocurriendo de todas formas, recordándonos que las restricciones tecnológicas, como todas las fronteras humanas, rara vez son absolutas.
El chip Kirin 9000s de Huawei desafía las sanciones estadounidenses y genera alarma en Washington
Huawei está poniendo a prueba la línea roja de Estados Unidos
¿Por qué el lanzamiento de un teléfono genera tanta preocupación en Washington?
Porque no es solo un teléfono. Es prueba de que China puede fabricar chips avanzados sin depender de la tecnología estadounidense. Eso socava años de sanciones.
Pero el chip tiene cinco años de retraso respecto a la tecnología de punta. ¿Eso no es una victoria para Estados Unidos?
Depende de cómo lo mires. Sí, hay un retraso. Pero el Mate 60 Pro funciona tan bien como un iPhone. Para la mayoría de los usuarios, esa diferencia no importa. Y lo que importa es la tendencia: China está cerrando la brecha.
¿Qué pasó con las restricciones de exportación que Estados Unidos impuso desde 2019?
Siguen en pie, pero aparentemente no son suficientes. SMIC encontró formas de trabajar dentro de esas limitaciones, o quizás las sorteó. Eso es lo que Washington está tratando de averiguar ahora.
¿Cuál es el verdadero riesgo aquí?
Si otros fabricantes chinos ven que SMIC logró esto sin consecuencias, todos intentarán lo mismo. Las sanciones pierden poder cuando dejan de ser creíbles. Y si China logra autosuficiencia en semiconductores, Estados Unidos pierde una de sus pocas palancas de influencia.
¿Puede Estados Unidos hacer algo al respecto?
Puede investigar, puede endurecer las restricciones, pero eso es un juego de ajedrez. Cada movimiento de Washington provoca una respuesta de China. El Mate 60 Pro es solo el primer movimiento visible de una partida mucho más larga.
O Pulso
- El lanzamiento del Mate 60 Pro en plena visita de Gina Raimondo a China no fue un accidente: fue una demostración de fuerza calculada que sacudió los cimientos de la política tecnológica estadounidense.
- Investigadores independientes confirmaron que el dispositivo alcanza velocidades 5G comparables a los iPhone más recientes, poniendo en duda cuatro años de sanciones diseñadas para mantener a China fuera de la vanguardia.
- Los mercados reaccionaron de inmediato: las acciones de SMIC dispararon hasta un 20% en Hong Kong, señal de que los inversores creen que China ha encontrado una grieta real en el muro de las restricciones.
- Jake Sullivan prometió investigar si se violaron normas de exportación, mientras expertos taiwaneses advierten que la inacción de Washington podría abrir la puerta a que otros fabricantes chinos sigan el mismo camino.
- Estados Unidos enfrenta ahora una encrucijada: endurecer sanciones sin entender del todo cómo SMIC logró este avance, mientras el teléfono sigue vendiéndose y la pregunta incómoda gana volumen.
En el momento en que la secretaria de Comercio de Estados Unidos pisaba suelo chino, Huawei presentó un teléfono que parecía responderle en silencio: el Mate 60 Pro, equipado con un chip fabricado en casa, capaz de conectividad 5G comparable a los últimos iPhone. Lo que Washington había intentado impedir durante cuatro años —que China produjera semiconductores avanzados— parecía estar ocurriendo de todas formas, recordándonos que las restricciones tecnológicas, como todas las fronteras humanas, rara vez son absolutas.
Huawei lanzó el Mate 60 Pro la semana pasada, justo cuando la secretaria de Comercio estadounidense Gina Raimondo visitaba China. El momento no fue casual. El teléfono llegaba equipado con el chip Kirin 9000s, fabricado por SMIC, la principal productora de semiconductores china, y su aparición generó una onda de choque en Washington.
Desde 2019, Estados Unidos había bloqueado el acceso de SMIC a los sistemas de litografía ultravioleta extrema, la tecnología esencial para fabricar chips de punta. La lógica era simple: sin esos equipos, China no podría competir. Pero el Mate 60 Pro sugería que esa apuesta estaba fallando. La firma TechInsights analizó el dispositivo y concluyó que alcanzaba velocidades 5G comparables a los últimos iPhone de Apple. No era un producto de segunda categoría. Era competitivo.
El mercado lo entendió de inmediato. Las acciones de SMIC subieron casi un 20% en Hong Kong y un 15% en Shanghái. Según Bloomberg, China había logrado producir chips con unos cinco años de retraso respecto a la frontera tecnológica mundial —no era la vanguardia, pero tampoco era irrelevante— y lo más significativo era la dirección del movimiento: hacia la autosuficiencia.
El asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan anunció que Washington investigaría la composición exacta del procesador para determinar si se violaron normas de exportación. Fue cauteloso, pero el mensaje era claro: el asunto no había terminado. Lin Tsung-nan, profesor de la Universidad Nacional de Taiwán, fue más directo: Huawei estaba probando los límites de Estados Unidos, y si Washington no respondía, otros fabricantes chinos seguirían el ejemplo.
El Mate 60 Pro no es solo un teléfono. Es una declaración de que la carrera por la independencia en semiconductores está lejos de concluir, y que la pregunta más incómoda —qué tan efectivas son realmente estas sanciones— ya no puede responderse en voz baja.
Huawei lanzó el Mate 60 Pro la semana pasada, justo cuando la secretaria de Comercio estadounidense Gina Raimondo visitaba China. No fue casualidad. El nuevo teléfono 5G llegaba al mercado con un chip Kirin 9000s fabricado por Semiconductor Manufacturing International Corp (SMIC), la principal productora de semiconductores del país asiático, y su aparición generó una onda de choque en Washington.
Desde 2019, Estados Unidos había impuesto restricciones severas sobre SMIC, bloqueando su acceso a los equipos más avanzados del mundo para fabricar chips: los sistemas de litografía ultravioleta extrema. La idea era clara: sin esa tecnología, China no podría producir procesadores de punta. Ambas empresas, Huawei y SMIC, fueron incluidas en listas negras estadounidenses. Pero el Mate 60 Pro sugería que esa estrategia no estaba funcionando como se esperaba.
La firma de investigación TechInsights analizó el dispositivo y llegó a una conclusión incómoda para Washington: el teléfono alcanzaba velocidades de conectividad 5G comparables a los últimos modelos de iPhone de Apple. No era un dispositivo de segunda categoría. Era competitivo. El mercado respondió de inmediato. Las acciones de SMIC subieron casi un 20% en Hong Kong y un 15% en Shanghái en los días posteriores al lanzamiento. Los inversores estaban apostando a que China había encontrado una forma de sortear las sanciones.
Lo que China había logrado, según reportes de Bloomberg, era producir chips con aproximadamente cinco años de retraso respecto a la vanguardia tecnológica mundial. No era la frontera de la innovación, pero tampoco era obsoleto. Y lo más importante: demostraba que el país asiático se estaba acercando a la autosuficiencia en semiconductores, el corazón de la economía digital moderna.
Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, fue interrogado sobre el asunto días después. Dijo que Washington investigaría la composición exacta del procesador para determinar si se habían violado las normas de exportación. Cualquier empresa que quisiera suministrar tecnología estadounidense a Huawei necesitaba permiso federal. La pregunta implícita era: ¿cómo logró SMIC fabricar esto sin violar esas restricciones? Sullivan fue cauteloso en sus palabras, pero el mensaje era claro: esto no había terminado.
Lin Tsung-nan, profesor de ingeniería eléctrica de la Universidad Nacional de Taiwán, fue más directo. Dijo que Huawei estaba poniendo a prueba los límites de Estados Unidos. Si Washington no respondía con nuevas medidas, otros proveedores chinos seguirían el ejemplo de SMIC. Las sanciones, advirtió, podrían colapsar. El Mate 60 Pro no era solo un teléfono. Era una declaración de capacidad, un desafío a la autoridad tecnológica estadounidense, y una señal de que la carrera por la independencia en semiconductores estaba lejos de terminar.
Ahora Estados Unidos enfrenta una decisión. Puede intensificar las restricciones, pero eso requiere entender exactamente cómo SMIC logró lo que logró. Mientras tanto, el teléfono sigue vendiéndose, y la pregunta que nadie quiere responder en voz alta es cada vez más urgente: ¿qué tan efectivas son realmente estas sanciones si China puede seguir innovando?
Citações Notáveis
Si Estados Unidos no toma medidas, Huawei decidirá que no hay nada que temer, y las sanciones estadounidenses se derrumbarán— Lin Tsung-nan, profesor de ingeniería eléctrica de la Universidad Nacional de Taiwán
Washington tiene que continuar con su curso de restricciones tecnológicas centradas en preocupaciones de seguridad nacional— Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos