En un momento en que las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo siguen alimentando la escalada de precios energéticos, el Banco Central Europeo se dispone a elevar sus tipos de interés por segunda vez en este ciclo restrictivo, respondiendo a una inflación que en España supera el doble de su objetivo. La decisión, esperada y necesaria según la mayoría de los analistas, no resolverá por sí sola la incertidumbre: lo que verdaderamente está en juego es la señal que Christine Lagarde enviará sobre el camino que queda por recorrer. Europa navega entre la resiliencia económica y la fragilidad de
El BCE subirá tipos el jueves mientras analistas descartan nuevas alzas más allá de septiembre
La inflación subyacente sigue por encima del objetivo del banco central
¿Por qué el BCE sube tipos ahora si la economía de la zona euro apenas crece un 0,4 por ciento?
Porque la inflación es el problema más urgente. Ese 4,3 por ciento en España es más del doble del objetivo del banco central, y la culpa la tienen principalmente los precios energéticos, que se han disparado por la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Pero espera, ¿eso significa que el BCE está subiendo tipos para combatir algo que no puede controlar directamente? La energía es un shock externo, no un problema de demanda interna.
Exacto, pero el banco central teme que si no actúa, esos precios energéticos altos terminen filtrándose en el resto de la economía. Es lo que García Mellado llama el riesgo de que el encarecimiento energético se traslade al resto de la cesta de consumo.
¿Y qué pasa después del jueves? ¿Seguirá subiendo?
Aquí es donde se divide el mercado del consenso de expertos. Los mercados esperan más subidas hasta 2027, pero Nomura, Natixis y Pimco anticipan una pausa prolongada.
¿Prolongada cuánto? ¿Hasta cuándo exactamente?
Eso depende de los precios de la energía. Si se mantienen elevados, la pausa podría acortarse. Si bajan, podría extenderse hasta finales de 2027 o más allá.
¿Qué dirá Lagarde el jueves que sea importante?
Los inversores buscarán pistas sobre si el BCE ve esto como un ciclo corto de subidas o algo más prolongado. Pero los expertos esperan que sea cautelosa y no se comprometa con nada.
¿Y la Fed? ¿Qué hace la Reserva Federal mientras tanto?
Nada. Ha permanecido inactiva frente a la inflación, lo que está creando una brecha creciente con el BCE. Eso podría ser un problema si los datos del IPC estadounidense de este viernes sorprenden al alza.
Il Polso
- La inflación española del 4,3% en agosto, impulsada por el encarecimiento de la energía derivado de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, obliga al BCE a actuar con urgencia antes de que las presiones se enquisten.
- Los mercados financieros ya descuentan subidas adicionales hasta 2027, creando una brecha de expectativas con los analistas que podría generar volatilidad si Lagarde no calibra con precisión su mensaje.
- Nomura, Natixis y Pimco convergen en anticipar una pausa prolongada tras septiembre, aunque advierten que cualquier nuevo repunte energético podría forzar al BCE a retomar el ciclo restrictivo.
- El gas europeo cotiza a 70 euros por megavatio hora, muy por encima de los 45 euros contemplados en las proyecciones de junio, lo que obliga al BCE a revisar al alza sus previsiones de crecimiento e inflación.
- La divergencia entre el BCE y una Reserva Federal inactiva añade una capa de complejidad geopolítica y financiera a una semana en la que también se publicarán los datos del IPC estadounidense.
En un momento en que las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo siguen alimentando la escalada de precios energéticos, el Banco Central Europeo se dispone a elevar sus tipos de interés por segunda vez en este ciclo restrictivo, respondiendo a una inflación que en España supera el doble de su objetivo. La decisión, esperada y necesaria según la mayoría de los analistas, no resolverá por sí sola la incertidumbre: lo que verdaderamente está en juego es la señal que Christine Lagarde enviará sobre el camino que queda por recorrer. Europa navega entre la resiliencia económica y la fragilidad de un entorno global que no termina de estabilizarse.
El Banco Central Europeo subirá los tipos de interés el jueves en 25 puntos básicos, llevando la tasa de depósito al 2,50%. Es la segunda alza de su ciclo restrictivo, justificada por una inflación española del 4,3% en agosto —más del doble del objetivo del regulador— y por el impacto de las tensiones entre Estados Unidos e Irán en los mercados energéticos. La zona euro creció un 0,4% en el segundo trimestre, lo que da al BCE margen para actuar sin temer un colapso económico inmediato.
Pero la decisión en sí misma es casi secundaria frente a lo que Lagarde diga después. Los mercados descuentan subidas adicionales en diciembre y durante el primer semestre de 2027, mientras que la mayoría de los analistas prevé una pausa prolongada. Nomura, Natixis y Pimco coinciden en que septiembre podría ser el punto de inflexión, aunque todos condicionan esa pausa a la evolución de los precios energéticos, que siguen muy por encima de lo previsto.
El BCE también actualizará sus previsiones económicas, y los analistas esperan revisiones al alza tanto en crecimiento como en inflación. El gas europeo ronda los 70 euros por megavatio hora frente a los 45 euros de las proyecciones de junio, una brecha que, según gestores como Germán García Mellado de A&G, eleva el riesgo de que el encarecimiento energético se traslade al resto de la cesta de consumo. Mientras tanto, la divergencia con una Reserva Federal que ha permanecido inactiva añade tensión a una semana cargada de señales para los mercados globales.
El Banco Central Europeo se prepara para subir los tipos de interés el jueves, una decisión que lleva semanas anticipándose pero que cobra urgencia en un contexto de presiones inflacionistas que no ceden. La inflación en España alcanzó el 4,3 por ciento en agosto, más del doble del objetivo que persigue el regulador, una cifra que refleja el impacto de la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán en los mercados energéticos globales.
La subida será de 25 puntos básicos, lo que situará la tasa de depósito en el 2,50 por ciento. Se trata de la segunda alza de este ciclo restrictivo, tras la aprobada en junio pasado, también motivada entonces por la presión de los precios energéticos. Lo que hace posible esta decisión es la resiliencia económica de la zona euro, que creció un 0,4 por ciento en el segundo trimestre a pesar de las turbulencias geopolíticas. Los analistas de Ebury subrayan que el BCE tiene justificación más que suficiente: el crecimiento aguanta, la guerra persiste, y la inflación subyacente sigue por encima de lo que el banco central considera aceptable. No actuar, señalan, sería una sorpresa y una decepción mayúscula para los inversores.
Pero la verdadera batalla no está en lo que el BCE hará el jueves, sino en lo que dirá después. Christine Lagarde, presidenta del banco central, comparecerá ante los medios tras la decisión, y sus palabras serán escrutadas en busca de pistas sobre el futuro. Los expertos esperan que el BCE mantenga un tono neutral, evitando comprometerse con un ciclo prolongado de subidas y manteniéndose fiel a su estrategia de decisiones reunión a reunión, dependientes de los datos. Esto es importante porque existe una fractura creciente entre lo que el mercado espera y lo que los analistas predicen.
Los mercados financieros descuentan una subida adicional en diciembre y hasta dos más durante el primer semestre de 2027. Pero la mayoría de los expertos rechaza esta visión. Nomura anticipa una pausa tras septiembre, aunque reconoce que los precios de las materias primas energéticas han subido notablemente desde la reescalada en Oriente Próximo y siguen elevados, lo que explica por qué los mercados son más alcistas que hace dos meses. Natixis CIB también prevé una pausa que se extendería hasta finales de 2027, aunque siempre condicionada a cómo evolucionen los precios de la energía. Konstantin Veit, gestor de carteras de Pimco, resume el consenso: más allá de septiembre, espera una pausa prolongada, aunque cualquier riesgo para las expectativas de inflación podría obligar al BCE a continuar subiendo.
La decisión de esta semana también acentuará la divergencia entre el BCE y la Reserva Federal estadounidense. Mientras el banco central europeo aprieta, la Fed ha permanecido inactiva frente a la inflación, una estrategia que podría chocar de frente con los datos del IPC estadounidense que se publicarán el viernes. Los responsables del BCE, sin embargo, no parecen dispuestos a correr riesgos. Las críticas por su tardía reacción al shock inflacionario de 2022, provocado por la invasión rusa de Ucrania, pesan todavía en sus decisiones.
Más allá de la decisión de tipos, el BCE publicará una actualización de sus previsiones económicas. Los analistas esperan que revise al alza tanto sus expectativas de crecimiento como las de inflación, advirtiendo de que los riesgos sobre los precios siguen sesgados hacia arriba. El gas europeo ronda los 70 euros por megavatio hora, muy por encima de los 45 euros que el banco central contemplaba en sus proyecciones de junio. Germán García Mellado, gestor de A&G Global Investor, advierte que esta brecha entre las previsiones y la realidad energética eleva la posibilidad de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose al resto de la cesta de consumo, perpetuando las presiones inflacionistas que el BCE intenta controlar.
Citazioni salienti
Si no se produce, sería una sorpresa y una decepción mayúscula para los inversores— Expertos de Ebury sobre la subida de tipos del BCE
Nosotros no esperamos más subidas de tipos tras la de septiembre— Informe de Nomura
Más allá de septiembre, prevemos una pausa prolongada, aunque la aparición de cualquier riesgo para las expectativas de inflación podría llevar al BCE a continuar con las subidas— Konstantin Veit, gestor de carteras de Pimco