El BCE contempla nuevas subidas de tipos si la inflación energética persiste por Irán

La inflación energética se transmitirá gradualmente a salarios y precios
Lagarde advierte sobre los efectos de segunda ronda que aún están contenidos pero probablemente llegarán.
Mark

¿Por qué el BCE está tan preocupado si la economía está resistiendo mejor de lo esperado?

Mimi

Porque la resistencia económica es un arma de doble filo. Si la gente sigue gastando y las empresas siguen invirtiendo, eso mantiene la demanda alta, lo que presiona los precios hacia arriba. Y cuando tienes precios energéticos elevados y demanda fuerte, la inflación no baja.

Luke

Pero espera. ¿Cuánto de esa resistencia económica es real y cuánto es simplemente que aún no hemos visto el impacto completo? Lagarde dice que los efectos de segunda ronda aún no han aparecido. Eso significa que el daño real podría estar por venir.

Mark

¿Qué son exactamente esos efectos de segunda ronda?

Mimi

Es cuando la inflación se propaga. Primero sube el precio de la energía. Luego, los trabajadores piden salarios más altos porque todo cuesta más. Luego, las empresas suben los precios de sus productos porque tienen que pagar salarios más altos. Y así se perpetúa.

Luke

Y el BCE está diciendo que eso aún no ha pasado de verdad. Los salarios no han subido mucho todavía. Pero si sigue así durante seis meses más, la gente va a empezar a exigir compensación.

Mark

¿Entonces por qué el BCE no espera simplemente a ver si esos efectos aparecen antes de subir más los tipos?

Mimi

Porque si espera demasiado, la inflación se enquista. Es mejor adelantarse. Si subes tipos ahora, desanimas el gasto, reduces la demanda, y eso ayuda a contener la inflación antes de que se propague a los salarios.

Luke

Aunque hay que decir que el BCE está trabajando con mucha incertidumbre. El petróleo podría estar en 89 dólares o en 131 dólares en diciembre. Eso es una diferencia enorme. Y todo depende de lo que pase en Irán, que es algo que el BCE no controla.

Mark

¿Cuál es el escenario más probable?

Mimi

El escenario base, con petróleo en 89 dólares. Pero el problema es que después de seis meses de conflicto, nadie sabe realmente cuál es el más probable.

Luke

Exacto. Y el mercado está apostando fuertemente a nuevas subidas de tipos en octubre y diciembre. Pero eso depende de que la situación en Oriente Próximo no mejore. Si mañana hay un acuerdo de paz, todo cambia.

Mark

¿Qué pasa con los alimentos? Lagarde dijo que estaba sorprendida de que no hayan subido más.

Mimi

Porque aún no se ha transmitido el costo de la energía a la cadena alimenticia. Pero eso es temporal. Cuando los costos de transporte y manufactura suban, los precios de los alimentos subirán también.

Luke

Aunque hay otro factor: el clima. Lagarde menciona que ha habido una temporada benigna para los cultivos. Pero si El Niño agrava los fenómenos meteorológicos extremos, los precios de los alimentos podrían dispararse. Es otro riesgo que no controlan.

  • La inflación energética en la eurozona alcanzó el 14,3% en agosto y podría dispararse hasta el 28,7% si el petróleo llega a 131 dólares, arrastrando a la zona euro al borde de la recesión.
  • El BCE subió tipos en septiembre por segunda vez desde junio, rompiendo la pausa de julio, ante la evidencia de que la presión inflacionaria no cede como se esperaba.
  • Lagarde advierte que los efectos de segunda ronda —salarios más altos que se trasladan a precios— están aún contenidos, pero el banco central los vigila como la amenaza más peligrosa a medio plazo.
  • Los mercados han elevado la probabilidad de una nueva subida en octubre al 78% y al 85% en diciembre, apostando a que la incertidumbre en Oriente Próximo no se resolverá pronto.
  • La paradoja central: la mejora de las perspectivas de crecimiento —del 0,8% al 0,9% para 2026— se convierte en argumento adicional para seguir endureciendo la política monetaria, no para relajarla.

En un momento en que la economía europea resiste mejor de lo esperado, el Banco Central Europeo enfrenta la paradoja de que esa misma fortaleza alimenta una inflación energética que amenaza con propagarse al conjunto de precios y salarios. Christine Lagarde, desde Frankfurt, ha reconocido que el encarecimiento de la energía durará más de lo previsto, en parte por la persistencia del conflicto en Oriente Próximo, y ha dejado abierta la puerta a nuevas subidas de tipos en los próximos meses. Es la vieja tensión entre el crecimiento y la estabilidad de precios, resuelta una vez más con la medicina amarga del crédito más caro.

Christine Lagarde compareció ante los mercados con un mensaje que nadie quería escuchar: la inflación energética va a durar más de lo que el BCE había calculado. No es una corrección menor. Es la clase de revisión que obliga a actuar, y el banco central lo hizo en septiembre subiendo los tipos por segunda vez desde junio, tras una pausa en julio cuando el conflicto entre Irán y Estados Unidos parecía encaminarse hacia una tregua.

Lo que ha desconcertado al BCE es que la economía de la zona euro siga aguantando. En agosto, la inflación general llegó al 3,3%, impulsada por la energía al 14,3%, mientras los alimentos apenas subieron el 1,2%. Lagarde reconoció su sorpresa: el encarecimiento de la energía todavía no se ha transmitido con fuerza a la cadena alimenticia, donde los costos de transporte y los salarios permanecen relativamente contenidos. Pero sabe que eso no durará. El riesgo central son los efectos de segunda ronda: cuando trabajadores y empresas exijan salarios más altos para compensar el coste de vida, y esos costes laborales se trasladen a los precios finales.

El conflicto en Oriente Próximo es el factor que lo condiciona todo. El BCE maneja varios escenarios: en el más severo, el petróleo alcanza 131,7 dólares en diciembre, la inflación energética se dispara al 28,7% y el PIB de la zona euro se contrae el 0,2% en el cuarto trimestre de 2026. En un escenario intermedio, el petróleo ronda los 99 dólares y la inflación general llegaría al 4%. Incluso en el escenario más benigno, la inflación energética seguiría creciendo al 12,2% a finales de año.

El BCE no espera que la inflación regrese al objetivo del 2% hasta finales de 2027. Mientras tanto, los mercados ya descuentan nuevas subidas: un 78% de probabilidades en octubre y un 85% en diciembre. La ironía es que la mejora de las previsiones de crecimiento —del 0,8% al 0,9% para este año— lejos de ser un alivio, se ha convertido en un argumento más para seguir endureciendo la política monetaria. Lo que parecía una buena noticia se ha transformado en otra razón para subir tipos.

Christine Lagarde se presentó ante los mercados con un mensaje incómodo: la inflación energética va a quedarse más tiempo del que el Banco Central Europeo había calculado hace apenas unos meses. No es una sorpresa agradable. Es el tipo de corrección que obliga a los bancos centrales a actuar, y así lo hizo el BCE en septiembre, subiendo los tipos de interés por segunda vez desde junio, después de haber hecho una pausa en julio cuando parecía que Irán y Estados Unidos podrían llegar a un alto el fuego.

Lo que ha dejado perplejo al BCE es que la economía de la zona euro siga resistiendo. El crecimiento ha sido mejor de lo esperado, y los precios de los alimentos apenas han subido a pesar de que el mercado energético está en llamas. En agosto, la inflación general de la eurozona llegó al 3,3%, impulsada por la energía que se aceleró al 14,3%, pero los alimentos subieron apenas el 1,2%. Lagarde reconoció que este comportamiento benigno de los precios alimentarios la ha dejado sorprendida. La razón es que el encarecimiento de la energía aún no se está transmitiendo con fuerza a la cadena alimenticia, donde los costos de transporte, manufactura y salarios siguen siendo relativamente contenidos.

Pero Lagarde y su equipo saben que esto no durará. El riesgo central es que la inflación energética se propague a través de efectos de segunda ronda: cuando las empresas y los trabajadores comiencen a exigir salarios más altos para compensar el costo de vida, y cuando esos costos laborales más elevados se trasladen a los precios de los bienes y servicios. Hasta ahora, esos efectos están contenidos, pero el BCE los aguarda. Lagarde fue clara: espera que la subida de precios energéticos se transmita gradualmente a la inflación subyacente y a la inflación de los alimentos. Es una advertencia velada de que nuevas subidas de tipos podrían venir.

La incertidumbre en Oriente Próximo es el factor que lo cambia todo. El conflicto en Irán lleva más de seis meses, y cada semana que pasa aumenta la probabilidad de que los precios elevados de la energía impulsen la inflación general a través de esos efectos indirectos que el BCE teme. El banco central maneja varios escenarios. En el escenario base, el petróleo se sitúa en 89,5 dólares este año y 78 dólares el próximo. Pero en el peor de los escenarios, el petróleo podría alcanzar 131,7 dólares en diciembre, con el gas natural en 129,7 euros por megavatio. En ese caso extremo, la inflación energética se dispararía al 28,7% al cierre de este año y la zona euro rozaría la recesión: el PIB se contraería el 0,2% en el cuarto trimestre de 2026 y quedaría plano en el primer trimestre de 2027.

Hay también un escenario intermedio, menos catastrófico pero aún preocupante, con petróleo en 99,2 dólares en diciembre y gas en 77,1 euros. En ese caso, la inflación energética llegaría al 18,9% en la recta final del año, el IPC general al 4%, y el PIB crecería apenas el 0,2%. Incluso en el escenario más benigno, donde se asume una solución más rápida al conflicto, la inflación energética seguiría creciendo al 12,2% en el cuarto trimestre.

Lagarde fue explícita sobre los riesgos. Nuevas perturbaciones del suministro de energía podrían hacer que los precios suban más y durante más tiempo de lo previsto, afectando a las rentas reales, el gasto y la inversión. Pero también reconoció que el crecimiento podría ser mayor si la economía se adaptara más rápido a la disrupción o si los conflictos se resolvieran de manera duradera. El BCE espera que la inflación siga aumentando hasta principios de 2027 y se mantenga en niveles elevados durante el resto del año, antes de moderarse en 2028. No sería hasta finales de 2027 cuando la inflación comenzaría a volver al objetivo del 2%.

Esta perspectiva ha alimentado las expectativas del mercado de nuevas subidas de tipos. Los futuros ahora dan un 78% de probabilidades a una subida en octubre, frente al 28% del miércoles anterior, y del 85% en diciembre. La paradoja es que la resistencia de la economía europea, que debería ser buena noticia, también sostiene la previsión de una inflación más alta. El BCE incluso ha mejorado su previsión de crecimiento para este año del 0,8% al 0,9%, y para 2027 del 1,2% al 1,4%. Esa mejora de las perspectivas económicas, según el banco central, debería contribuir a un ligero incremento de la inflación subyacente. Lo que parecía ser un respiro se ha convertido en una razón más para seguir subiendo tipos.

Nos encontramos en un contexto de incertidumbre que puede cambiar las cosas casi de la noche a la mañana
— Christine Lagarde, presidenta del BCE
La subida de los precios energéticos se transmitirá gradualmente a la inflación subyacente y a la inflación de los alimentos
— Christine Lagarde, presidenta del BCE
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