El arte de descifrar lenguas prerromanas sin piedra Rosetta

Comparaba monedas de ciudades diferentes para emparejar símbolos entre lenguas
El método ingenioso de Gómez-Moreno para descifrar lenguas sin piedra Rosetta, usando inscripciones en monedas celtíberas y romanas.
Mark

¿Cómo es posible que Gómez-Moreno lograra descifrar lenguas enteras sin tener un documento bilingüe como la Piedra Rosetta?

Mimi

Fue un trabajo de detective. Comparaba monedas de la misma ciudad acuñadas por pueblos diferentes. Si el nombre de un lugar aparecía en celtíbero y en latín, podía emparejar los símbolos y entender cómo funcionaba el sistema de escritura.

Mark

Pero eso requería que tuviera acceso a muchas monedas y que supiera qué ciudades eran cuáles.

Mimi

Exactamente. Y además necesitaba reconocer patrones. Descubrió que estas lenguas usaban un sistema semisilábico, donde algunos signos representaban letras y otros representaban sílabas completas. Eso fue el gran salto.

Mark

¿Por qué la Península Ibérica tenía tantas lenguas diferentes si era un territorio relativamente pequeño?

Mimi

Porque estaba aislada geográficamente de los grandes flujos migratorios. Las lenguas se mantuvieron arcaizantes, sin cambiar tanto como en otros lugares. Y además, los pueblos estaban divididos entre zonas atlánticas y mediterráneas, cada una con sus propias migraciones y contactos.

Mark

Entonces el comercio y el movimiento de pastores ayudó a que la gente fuera bilingüe.

Mimi

Sí. Los pastores celtíberos llevaban sus rebaños desde el norte hasta el sur en invierno. Eso los obligaba a dominar múltiples lenguas. El territorio funcionaba como un mosaico donde los idiomas se tocaban constantemente.

Mark

¿Qué tan bien entendemos estas lenguas hoy?

Mimi

Bastante bien en algunos casos. Del celtíbero comprendemos el 80 por ciento de las palabras conocidas. Del íbero, el 60 por ciento. Pero eso no significa que hayamos descifrado completamente los idiomas, sino que podemos leer con seguridad los textos que hemos encontrado.

Mark

¿Y qué viene ahora?

Mimi

Ahora los investigadores están creando bases de datos digitales y trabajando con inteligencia artificial. Si logran compilar corpus completos de estas palabras, los algoritmos podrían identificar patrones que los humanos aún no hemos visto. Es el siguiente paso después de Gómez-Moreno.

  • Manuel Gómez-Moreno (1870-1970) descifró cinco lenguas prerromanas sin piedra Rosetta
  • La Mano de Irulegi, hallada en Navarra, contiene 40 caracteres en lengua protovasca de hace 2.100 años
  • Se entiende con seguridad el 80% de palabras celtíberas y el 60% de ibéricas
  • Gómez-Moreno comparaba inscripciones en monedas celtíberas y romanas de la misma ciudad

El epigrafista español Gómez-Moreno logró descifrar cinco lenguas prerromanas (lusitano, celtíbero, íbero, protovasco y tartésico) sin una piedra Rosetta, usando solo cuadernos y lápices. La Península Ibérica fue un reservorio de lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas que se mantuvieron arcaizantes por su aislamiento geográfico y contactos comerciales entre pueblos.

Manuel Gómez-Moreno descifró las escrituras prerromanas de Hispania comparando inscripciones en monedas celtíberas y romanas, permitiendo hoy leer textos como la Mano de Irulegi hallada en Navarra.

Hace dos siglos, Jean-François Champollion descifró los jeroglíficos egipcios gracias a la Piedra Rosetta, un artefacto que contenía el mismo texto en tres idiomas diferentes. Su nombre pasó a la historia, grabado en estatuas, calles y películas. Pero mientras Champollion trabajaba con una llave de piedra, un epigrafista granadino llamado Manuel Gómez-Moreno estaba haciendo algo igualmente extraordinario al otro lado del continente: descifraba las lenguas perdidas de la Hispania prerromana armado únicamente con cuadernos y lápices, sin piedra Rosetta de por medio.

Gómez-Moreno vivió entre 1870 y 1970, y a mediados del siglo XX logró lo que parecía imposible. Su trabajo vuelve ahora a primer plano tras el descubrimiento de la Mano de Irulegi, hallada cerca de Pamplona hace poco tiempo. Este objeto, que data de hace 2.100 años, contiene 40 caracteres en lengua protovasca. Los catedráticos Javier Velaza y Joaquín Gorrochategui pudieron traducir su primera palabra, sorioneku, que significa buen augurio. Pero ¿cómo fue posible desentrañar el significado de estas inscripciones sin un documento bilingüe que sirviera de puente?

La Península Ibérica era un mosaico lingüístico extraordinario cuando los romanos desembarcaron en el 218 a.C. Cinco grandes lenguas convivían en el territorio: lusitano, celtíbero, íbero, protovasco y tartésico. Estas lenguas se habían mantenido relativamente arcaizantes precisamente porque la península estaba alejada de los grandes flujos migratorios occidentales, funcionando como una especie de reservorio de idiomas indoeuropeos y no indoeuropeos. Además, la geografía dividida entre zonas atlánticas y mediterráneas, junto con las prácticas comerciales intensas, hacía que muchos habitantes fueran bilingües. Los pastores trashumantes celtíberos del norte, por ejemplo, llevaban sus rebaños hasta el sur durante el invierno, lo que los obligaba a dominar múltiples lenguas.

El método de Gómez-Moreno fue ingenioso y sistemático. Comparaba las inscripciones que aparecían en monedas celtíberas con las de monedas romanas de la misma ciudad. Cuando el nombre de un poblado aparecía en ambas piezas numismáticas, en dos escrituras diferentes, era posible establecer correspondencias entre los símbolos. De esta manera, lentamente, fue desvelando la estructura de los alfabetos antiguos. Su gran descubrimiento fue identificar el sistema semisilábico, un alfabeto que combinaba letras individuales con sílabas completas. Antes que él, el marqués de Valdeflores había hecho un primer intento en el siglo XVIII usando monedas, pero fue Gómez-Moreno quien realizó el salto espectacular.

La historia de estas lenguas es también la historia de migraciones y contactos. En el tercer milenio antes de Cristo, pueblos indoeuropeos procedentes de Ucrania y el sur de Rusia se desplazaron hacia el oeste, generando las lenguas célticas. Los protoceltas se asentaron en la península en forma de mosaico por toda el área atlántica, trayendo consigo el lusitano. En las zonas mediterráneas, en cambio, se hablaba la lengua ibérica, que procedía de Anatolia y se había extendido por el Mediterráneo occidental en el quinto milenio. Alrededor del 1200 a.C., nuevos pueblos celtas conocidos como la cultura de los campos de urnas irrumpieron por los Pirineos orientales, estableciéndose en lo que hoy es Zaragoza, Soria y Guadalajara. Estos fueron los celtíberos, cuya lengua se mantuvo más arcaizante que sus hermanos célticos europeos precisamente por su ubicación geográfica.

El sistema de escritura también viajó de pueblo a pueblo. Las élites íberas tomaron la escritura de los tartésicos en el siglo VI a.C., manteniendo relaciones comerciales con ellos. Los tartésicos, a su vez, la habían adaptado de los fenicios hacia el siglo VIII a.C. Los celtíberos copiaron la escritura de los íberos con solo algunas variaciones, y cuando los protovascos llegaron a la región, hicieron lo mismo, adaptando el sistema para reproducir los sonidos propios de su lengua. La Mano de Irulegi es precisamente una prueba de este proceso de transmisión cultural.

Hoy, gracias al trabajo de Gómez-Moreno y sus sucesores como Antonio Tovar, es posible leer estas lenguas antiguas con un grado notable de certeza. Se entiende con seguridad el 80 por ciento de las palabras celtíberas conocidas y el 60 por ciento de las ibéricas. Del lusitano se comprende alrededor del 60 por ciento, aunque del tartésico se sabe muy poco porque casi no se han hallado inscripciones y los expertos aún debaten si es una lengua indoeuropea mezclada con elementos antiguos. En total, se han identificado casi un millar de palabras del celtíbero y del íbero, un centenar del lusitano, y solo decenas del tartésico. Los investigadores ahora trabajan con inteligencia artificial y bases de datos digitales como Hesperia, que pone a disposición del público todo lo que se conoce de estas lenguas antiguas, con mapas interactivos que permiten localizar y leer las inscripciones encontradas. El desafío siguiente es compilar corpus completos de datos que permitan a los algoritmos identificar patrones y acelerar el desciframiento de lo que aún permanece oculto en estas voces del pasado.

Su nombre vuelve así a primer plano tras el reciente hallazgo de la llamada Mano de Irulegi cerca de Pamplona, un objeto de hace 2.100 años, con 40 caracteres en la lengua protovasca
— El País
Se lee con seguridad el 80% de las celtibéricas y el 60% de las ibéricas, mientras que del tartésico, muy pocas porque los expertos no se ponen de acuerdo si es una lengua indoeuropea mezclada con elementos antiguos
— Martín Almagro Gorbea, excatedrático de Prehistoria
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