En las aguas del Pacífico, donde la línea entre el pescador y el sospechoso se vuelve peligrosamente difusa, el Comando Sur de Estados Unidos ha hundido seis embarcaciones ecuatorianas en menos de dos semanas, alegando vínculos con el narcotráfico organizado. Sesenta tripulantes capturados han sido liberados por falta de pruebas, y ocho pescadores desaparecidos en enero siguen sin explicación oficial. La campaña, enmarcada en una visita diplomática de alto nivel, plantea una pregunta que toda guerra contra el crimen debe responder: ¿a qué costo humano se libra la batalla?
EE.UU. hunde sexta nave ecuatoriana en dos semanas por presuntos vínculos con Los Choneros
Sesenta tripulantes liberados en días porque los jueces no encontraron pruebas
¿Por qué el Comando Sur está hundiendo barcos pesqueros ecuatorianos? ¿Realmente tienen pruebas de que transportan drogas?
Dicen que son estaciones de reabastecimiento para Los Choneros, pero aquí está lo extraño: un juez liberó a 60 tripulantes en días porque no encontró evidencia de delito. Si fueran narcotraficantes, ¿por qué los sueltan?
Espera. Esos 60 tripulantes fueron capturados en operaciones diferentes a lo largo de dos semanas. No todos fueron liberados por la misma razón. Algunos fueron liberados porque no había indicios de delito. Otros salieron en libertad condicional después de ser procesados. Eso es diferente.
Tienes razón. Pero el punto es que los cargos no parecen sostenerse en los tribunales ecuatorianos. Los abogados dicen que falta pruebas.
¿Y qué pasa con esos ocho pescadores que desaparecieron en enero?
Ese es un caso completamente distinto. The Washington Post reportó que fue una operación de la CIA, no del Comando Sur. Pero ni Estados Unidos ni Ecuador lo han confirmado oficialmente. Es decir, tenemos un reporte de prensa, pero no confirmación gubernamental.
Amnistía Internacional está pidiendo una investigación. Ocho personas desaparecieron. Sus familias no saben qué pasó. Eso es lo que importa aquí.
¿Entonces no sabemos si estos hundimientos tienen que ver con narcotráfico real o si es algo más?
No sabemos. El Comando Sur dice que sí. Los jueces ecuatorianos dicen que no hay pruebas. Los pescadores dicen que son inocentes. Y hay un caso anterior de desapariciones que nadie quiere reconocer.
Lo que es claro es que hay civiles atrapados en medio de algo que no entienden, y nadie está siendo transparente sobre lo que realmente está pasando.
The Pulse
- El Comando Sur hundió el barco Don Rufo —la sexta embarcación ecuatoriana destruida en dos semanas— acusándolo de abastecer de combustible al grupo criminal Los Choneros, vinculado al Cartel de Sinaloa.
- Sesenta tripulantes capturados en estas operaciones fueron liberados por jueces ecuatorianos al no encontrar pruebas suficientes de delito, poniendo en duda la solidez de las acusaciones.
- Ocho pescadores ecuatorianos desaparecieron en enero tras una operación cerca de las Islas Galápagos que ningún gobierno ha reconocido oficialmente, y que The Washington Post atribuye a una campaña encubierta de la CIA.
- Amnistía Internacional exige una investigación sobre las desapariciones de enero, mientras las familias de los marineros del Fiorella siguen sin respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.
- La visita del secretario de Estado Marco Rubio a Ecuador, Colombia y Perú busca consolidar una estrategia hemisférica antinarcóticos, pero la campaña de hundimientos sombrea la narrativa diplomática con interrogantes sin resolver.
En las aguas del Pacífico, donde la línea entre el pescador y el sospechoso se vuelve peligrosamente difusa, el Comando Sur de Estados Unidos ha hundido seis embarcaciones ecuatorianas en menos de dos semanas, alegando vínculos con el narcotráfico organizado. Sesenta tripulantes capturados han sido liberados por falta de pruebas, y ocho pescadores desaparecidos en enero siguen sin explicación oficial. La campaña, enmarcada en una visita diplomática de alto nivel, plantea una pregunta que toda guerra contra el crimen debe responder: ¿a qué costo humano se libra la batalla?
El martes 8 de septiembre, el Comando Sur estadounidense anunció el hundimiento del barco pesquero Don Rufo en el Pacífico, la sexta embarcación ecuatoriana destruida en menos de dos semanas. La acusación: servir como estación de reabastecimiento para Los Choneros, grupo criminal declarado terrorista por Washington y vinculado al Cartel de Sinaloa. La tripulación fue capturada y entregada a autoridades ecuatorianas; la operación, filmada y publicada en redes sociales.
La campaña comenzó el 28 de agosto en coordinación con el gobierno del presidente Daniel Noboa. Pero la narrativa oficial ha encontrado resistencia en los tribunales: un juez liberó a 28 tripulantes de embarcaciones anteriores por falta de indicios de delito, y otros 32 salieron en libertad condicional tras rechazar sus abogados los cargos por insuficiencia de pruebas. En total, 60 marineros quedaron libres en pocos días.
Más allá de las seis naves recientes, emergen sombras más inquietantes. Pescadores y familias denuncian ataques a tres embarcaciones en enero y marzo cerca de las Islas Galápagos, uno de los cuales resultó en la desaparición de ocho hombres a bordo del Fiorella. Ni Estados Unidos ni Ecuador han reconocido esos incidentes. Según The Washington Post, formaron parte de una operación encubierta de la CIA, distinta a la campaña antinarcóticos oficial.
Mientras el secretario Marco Rubio visita Quito, Bogotá y Lima para reforzar la cooperación hemisférica, Amnistía Internacional documenta el caso de los desaparecidos y exige claridad. El contraste es elocuente: las operaciones recientes se exhiben en video; las desapariciones de enero permanecen sin respuesta oficial. Lo que se presenta como una guerra contra el crimen deja abierta una pregunta más difícil: cuántos civiles inocentes han quedado atrapados en ella.
El martes 8 de septiembre, el Comando Sur de Estados Unidos anunció que había hundido otra embarcación ecuatoriana en el Pacífico. Era la sexta en menos de dos semanas. Según la versión estadounidense, el barco pesquero Don Rufo operaba como estación de reabastecimiento de combustible para Los Choneros, el grupo criminal vinculado al Cartel de Sinaloa mexicano. Las fuerzas estadounidenses interceptaron la nave, capturaron a su tripulación y la hundieron, publicando un video de la operación en redes sociales. Los tripulantes fueron entregados a las autoridades ecuatorianas.
Esta campaña comenzó el 28 de agosto, cuando el Comando Sur empezó a informar sobre operaciones coordinadas con el gobierno del presidente Daniel Noboa. En dos semanas, seis embarcaciones ecuatorianas han sido destruidas bajo la acusación de vínculos con el narcotráfico. Sin embargo, los marineros capturados y sus familias niegan categóricamente cualquier conexión con Los Choneros, grupo que Estados Unidos ha declarado terrorista.
La evidencia de culpabilidad parece débil. El pasado sábado, un juez liberó a 28 tripulantes de dos embarcaciones al no encontrar indicios de delito. Ese mismo día, otros 32 marineros salieron en libertad condicional después de ser procesados por presunta asociación ilícita, un cargo que sus abogados rechazaron por falta de pruebas. En total, 60 tripulantes han sido liberados en los últimos días, lo que sugiere que los cargos no resistieron escrutinio judicial.
La visita que el secretario de Estado Marco Rubio realizará a Quito el miércoles 9 de septiembre enmarca estas operaciones dentro de una estrategia más amplia de cooperación hemisférica contra el crimen organizado transnacional. Rubio también visitará Colombia y Perú entre el 8 y el 10 de septiembre. Pero la campaña de hundimientos ha generado preocupaciones más profundas que van más allá de las seis naves recientes.
Pescadores y sus familias denuncian ataques a otras tres embarcaciones en enero y marzo de este año cerca de las Islas Galápagos. Uno de esos incidentes resultó en la desaparición de ocho pescadores ecuatorianos. Ni Estados Unidos ni Ecuador han reconocido oficialmente estos ataques. Según reportes de The Washington Post, esas tres operaciones fueron parte de una campaña encubierta de la CIA, separada de la lucha contra el narcotráfico que Estados Unidos libra desde septiembre del año pasado en el Caribe y el Pacífico.
Los ocho marineros desaparecidos viajaban a bordo de la embarcación Fiorella cuando salieron en enero. Sus familias siguen sin respuestas. Amnistía Internacional ha pedido una investigación sobre la posible participación estadounidense en la desaparición. La organización de derechos humanos ha documentado el caso y exige claridad sobre qué sucedió. El contraste es notable: mientras el Comando Sur publica videos de operaciones recientes en redes sociales, las desapariciones de enero permanecen en la sombra, sin confirmación oficial de ningún gobierno. Lo que comenzó como una operación contra el narcotráfico ha dejado interrogantes sobre si civiles inocentes han sido atrapados en el fuego cruzado de una guerra que no entienden.
Notable Quotes
Los individuos retirados del buque han sido transferidos a las autoridades ecuatorianas— Comando Sur de Estados Unidos
Los tripulantes y sus familias negaron los supuestos vínculos con Los Choneros— Marineros capturados y sus familias