EE.UU. deporta a más de 500 personas a países africanos sin vínculos, violando protecciones internacionales

Más de 500 personas fueron deportadas a destinos desconocidos sin protección legal; algunas fueron detenidas arbitrariamente, encadenadas durante vuelos de hasta 18 horas, y algunas fueron devueltas a países donde enfrentaban riesgo de tortura y persecución.
La idea es asustar a la gente
Un funcionario estadounidense explicó el propósito explícito de la política de deportaciones a terceros países ante el Senado.
Mark

¿Por qué Estados Unidos estaría haciendo esto? ¿Cuál es el beneficio de enviar a alguien a un país donde nunca ha estado?

Mimi

El propio gobierno lo explicó: es para asustar a la gente. Si amenazas a los solicitantes de asilo con ser enviados a un lugar desconocido en el extranjero, algunos se irán voluntariamente antes de que eso suceda. Es una estrategia de intimidación.

Luke

Pero espera—¿cuántas personas realmente se fueron voluntariamente por miedo? El informe documenta 500 deportaciones, pero ¿cuál es el número total de personas que fueron disuadidas? Eso es importante para entender si la política "funciona" según sus propios términos.

Mark

¿Y qué pasa con los gobiernos africanos? ¿Por qué aceptarían recibir a estas personas?

Mimi

Esa es la pregunta incómoda. Algunos de estos gobiernos no solo aceptaron, sino que detuvieron arbitrariamente a las personas que recibieron. En algunos casos, las devolvieron a sus países de origen, donde enfrentaban exactamente el peligro del que huían.

Luke

Aunque el informe documenta 24 entrevistas, ¿cuántas personas fueron devueltas realmente a sus países de origen? El informe dice "en algunos casos", pero no da un número. Eso es un agujero importante en la historia.

Mark

¿Qué hay de las personas LGBT? Eso parece particularmente cruel.

Mimi

Lo es. Estados Unidos envió a personas que habían recibido protección como refugiados precisamente porque eran LGBT a países que penalizan esas identidades. Las atrapó sin poder regresar con seguridad a casa ni obtener protección donde fueron enviadas.

Luke

El informe dice "al menos una docena". Nuevamente, eso es un límite inferior, no un número exacto. ¿Cuántas personas LGBT fueron deportadas de esta manera en total? Nadie parece saberlo con certeza.

Mark

¿Qué sucede ahora?

Mimi

La Corte Suprema examinará esto en diciembre. Pero por ahora, el gobierno puede continuar. Más de 500 personas permanecen atrapadas.

Luke

Y eso es solo lo que Human Rights Watch pudo documentar. Hay probablemente más personas en esta situación cuyas historias aún no se han contado.

  • Más de 500 personas fueron encadenadas de pies, manos y cintura durante vuelos de hasta 18 horas y depositadas en países africanos donde nunca habían pisado suelo.
  • Personas LGBT con protección de refugio en Estados Unidos quedaron atrapadas en países que criminalizan su identidad, sin poder regresar a sus países de origen ni encontrar amparo en el destino impuesto.
  • Un funcionario estadounidense admitió ante el Senado que el objetivo explícito es 'asustar a la gente' amenazándola con ser abandonada 'literalmente en medio de la nada'.
  • Human Rights Watch publicó un informe de 125 páginas exigiendo que los gobiernos africanos suspendan estos acuerdos, mientras la Corte Suprema prepara su revisión para diciembre.

En el cruce entre la ley, el poder y la dignidad humana, el gobierno de Estados Unidos ha enviado a más de 500 personas a países africanos donde nunca han vivido, negándoles el derecho a cuestionar su destino o expresar el peligro que les aguarda. Lo que Human Rights Watch documenta no es un error administrativo, sino una política declarada: usar el miedo al exilio en lo desconocido como herramienta de disuasión migratoria. En diciembre, el Tribunal Supremo deberá decidir si esta práctica viola las garantías más fundamentales de la Constitución estadounidense y del derecho internacional.

El gobierno de Trump ha construido una política de deportaciones que va más allá de expulsar a personas a sus países de origen: las envía a naciones africanas donde nunca han vivido, sin permitirles impugnar esa decisión ni expresar los peligros que enfrentarían. Camerún, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Guinea Ecuatorial, Esuatini y Sudán del Sur reciben a personas que, en muchos casos, no pueden regresar a sus propios países porque allí les esperan la persecución, la tortura o la muerte.

Human Rights Watch documentó esta práctica en un informe de 125 páginas, basado en entrevistas con 24 personas trasladadas entre febrero y julio de 2026. Lo que describen es un sistema diseñado para infligir sufrimiento. Un hombre etíope que había sido torturado en su país y contaba con una suspensión judicial de expulsión fue encadenado durante el vuelo, incapaz de levantarse incluso para ir al baño. Cuando se negó a firmar su salida voluntaria, un agente lo firmó por él. Ya en Camerún, la única pregunta que le hacían era si quería volver a Etiopía. Su respuesta fue siempre la misma: 'No voy a volver. No quiero morir'.

La situación resulta especialmente cruel para las personas LGBT. Al menos una docena de ellas, algunas con estatus de refugiado concedido precisamente por la persecución que sufrían en sus países de origen, fueron enviadas a países africanos que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo. Quedaron atrapadas sin salida: ni el regreso ni el destino impuesto ofrecen seguridad.

Un funcionario estadounidense explicó sin ambages la lógica de esta política ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado: la idea es amenazar a las personas con ser dejadas 'en medio de la nada' para asustarlas y que abandonen sus solicitudes de asilo. Human Rights Watch sostiene que estas deportaciones violan el principio internacional de no devolución y privan a las personas de garantías procesales básicas. En diciembre, el Tribunal Supremo examinará si la política infringe la cláusula de debido proceso constitucional. Mientras tanto, más de 500 personas permanecen en un limbo sin protección legal ni camino claro hacia la seguridad.

El gobierno de Trump está enviando a más de 500 personas a países africanos donde nunca han estado, negándoles la oportunidad de cuestionar esas deportaciones o expresar sus temores sobre lo que les espera. Muchas de estas personas no pueden ser devueltas a sus propios países porque enfrentarían peligro allí—persecución, tortura, muerte. Pero en lugar de permitirles quedarse o buscar protección en otro lugar, las autoridades estadounidenses las encadenan en vuelos de hasta 18 horas y las depositan en Camerún, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Guinea Ecuatorial, Esuatini y Sudán del Sur. Una vez allí, muchas se encuentran sin alternativa viable excepto regresar a los países que huyeron, enfrentando los mismos abusos que las obligaron a partir.

Human Rights Watch publicó un informe de 125 páginas documentando esta política. Entre febrero y julio de 2026, investigadores entrevistaron a 24 personas que habían sido trasladadas de esta manera. Lo que encontraron fue un sistema diseñado deliberadamente para causar sufrimiento. Michael Garcia Bochenek, director interino para Estados Unidos de la organización, lo expresó sin rodeos: "Deportar a personas a países en los que nunca han puesto un pie forma parte de una política estadounidense para causar sufrimiento y disuadir la migración". Los gobiernos africanos, agregó, deberían terminar o suspender estos acuerdos porque permiten que Estados Unidos evada sus responsabilidades legales y prive a las personas de garantías procesales básicas.

Lo que sucede en estos vuelos es brutal. Las personas permanecen encadenadas de pies, manos y cintura durante horas—a veces más de 18. Un hombre etíope de 35 años, que había sido encarcelado y torturado en su país de origen antes de huir a Estados Unidos, describió la experiencia: "Íbamos encadenados y esposados de piernas, manos y cintura. No podíamos levantarnos. Cuando tuve que ir al baño, ni siquiera me quitaron las cadenas". Cuando este hombre se negó a firmar un formulario de salida voluntaria para ser enviado a Chad, un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas simplemente lo firmó por él. Un juez de inmigración estadounidense le había concedido una suspensión de expulsión que lo protegía de ser devuelto a Etiopía, donde corría riesgo de ser torturado nuevamente. Esa protección fue ignorada.

Una vez en Camerún, representantes de la Organización Internacional para las Migraciones lo visitaron repetidamente, siempre con la misma pregunta: "¿Quieres volver a tu país?". Su respuesta fue consistente: "No voy a volver. Dejen de preguntármelo. No quiero morir". Pero la presión continúa. Algunos de los deportados fueron detenidos arbitrariamente en los países receptores. Otros carecieron de acceso a medicamentos para afecciones médicas graves. Y en varios casos, los gobiernos africanos los devolvieron a sus países de origen, donde enfrentaban exactamente los peligros que el derecho internacional está diseñado para prevenir.

La situación es particularmente devastadora para las personas LGBT. Estados Unidos envió al menos a una docena de personas que se identificaban como lesbianas, gais, bisexuales o transgénero a países africanos que penalizan las relaciones o las demostraciones públicas de afecto entre personas del mismo sexo. Algunas de estas personas habían sido refugiadas a quienes se les había concedido protección en Estados Unidos precisamente porque enfrentaban persecución en sus países de origen debido a su orientación sexual o identidad de género. Al ser deportadas a terceros países, quedaron atrapadas en una trampa imposible: no podían regresar con seguridad a sus países de origen, y no tenían protección efectiva en el país al que fueron enviadas.

Un funcionario estadounidense, cuya identidad no fue revelada, explicó la intención detrás de esta política ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Hablando sobre países como Palaos y Esuatini, dijo: "La idea es que el gobierno pueda amenazar a las personas con dejarlas literalmente en medio de la nada. La idea es asustar a la gente". Esta no es una consecuencia no intencionada de la política de deportaciones masivas de Trump. Es el objetivo explícito. Al amenazar a las personas con ser enviadas a destinos desconocidos en el extranjero, el gobierno busca infundir miedo suficiente para que abandonen sus solicitudes de asilo y se vayan voluntariamente.

Human Rights Watch sostiene que estas deportaciones violan tanto las obligaciones nacionales como internacionales de Estados Unidos, particularmente el principio de no devolución—la prohibición fundamental de enviar a alguien a un lugar donde enfrentaría persecución, tortura u otros abusos graves. También priva a estas personas de una oportunidad real de impugnar sus expulsiones o de exponer los riesgos que enfrentarían. En diciembre, la Corte Suprema de Estados Unidos examinará si esta política viola la cláusula de debido proceso de la Constitución estadounidense o infringe de otro modo las prohibiciones contra la tortura. Por ahora, la corte ha permitido que el gobierno continúe con las deportaciones a terceros países. Mientras tanto, más de 500 personas permanecen atrapadas en una red de países sin capacidad para ofrecerles procedimientos de asilo justos, sin protección legal, y sin un camino claro hacia la seguridad.

Deportar a personas a países en los que nunca han puesto un pie forma parte de una política estadounidense para causar sufrimiento y disuadir la migración
— Michael Garcia Bochenek, director interino para Estados Unidos de Human Rights Watch
Íbamos encadenados y esposados de piernas, manos y cintura. No podíamos levantarnos. Cuando tuve que ir al baño, ni siquiera me quitaron las cadenas
— Hombre etíope de 35 años deportado a Camerún
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