En Quito, la Asamblea Nacional ecuatoriana se enfrenta a una pregunta que trasciende lo jurídico: ¿puede un Estado institucionalizar la presencia militar en su vida cotidiana sin perder los contornos del Estado de derecho? El proyecto que reforma el artículo 158 de la Constitución nace de un mandato ciudadano expresado en abril de 2024, cuando los ecuatorianos respaldaron la intervención castrense contra el crimen organizado, pero llega a debate mientras el país acumula casi cinco mil homicidios en siete meses. La tensión entre la urgencia de la seguridad y la permanencia de las libertades def
Ecuador debatirá apoyo militar permanente a Policía sin declarar estado de excepción
Ya no son estados de excepción, sino estados permanentes
¿Por qué Ecuador necesita cambiar la Constitución en lugar de simplemente renovar los estados de excepción que ya ha usado?
Porque los estados de excepción tienen límites temporales y requieren renovación explícita cada vez. El Gobierno quiere un mecanismo más ágil que permita desplegar militares sin ese proceso cada vez. Pero eso es exactamente lo que preocupa a los críticos.
¿Cuál es la diferencia real entre esto y un estado de excepción permanente?
Técnicamente, hay salvaguardas: el comandante policial debe justificar la solicitud, hay un análisis técnico, interviene el Consejo de Seguridad. Pero en la práctica, si se renueva cada 210 días indefinidamente, el resultado es militarización continua sin la revisión que exige un estado de excepción formal.
¿Funcionó el despliegue militar que comenzó en 2024?
No. Los homicidios siguen siendo los segundos más altos de la historia reciente del país. Eso es lo que hace que el debate sea tan tenso: están proponiendo institucionalizar una estrategia que no ha detenido la violencia.
¿Qué teme Samaniego específicamente?
Que Ecuador termine en un estado de militarización permanente sin resolver el crimen organizado. Y que durante ese proceso, los derechos de los ciudadanos en protestas sociales o en operaciones militares se vean afectados sin supervisión clara.
¿Hay alternativas que se estén considerando?
No aparecen en el debate. Los analistas sugieren que la militarización sola no resuelve el problema, pero la iniciativa no propone dimensiones complementarias. Solo institucionaliza más de lo que ya no está funcionando.
Der Puls
- Ecuador registra 4.882 homicidios entre enero y julio de 2026, el segundo período más violento de su historia reciente, y la presión sobre el Estado para actuar es insostenible.
- El proyecto permitiría despliegues militares de hasta 180 días renovables sin declarar estado de excepción, lo que alarma a legisladores que temen que lo extraordinario se convierta en la norma permanente.
- El mecanismo exige solicitud policial, análisis técnico militar y aprobación del Consejo de Seguridad presidencial, pero los críticos advierten que esos filtros no bastan para evitar abusos.
- Desde la Revolución Ciudadana, el asambleísta Franklin Samaniego denuncia que Ecuador ya vive una militarización de facto, con denuncias de violaciones de derechos humanos que el debate legislativo no puede ignorar.
- Analistas señalan que la fuerza militar no ha detenido la espiral de violencia iniciada en 2024, y cuestionan si una ley que la institucionaliza resolverá lo que los estados de excepción sucesivos no lograron.
En Quito, la Asamblea Nacional ecuatoriana se enfrenta a una pregunta que trasciende lo jurídico: ¿puede un Estado institucionalizar la presencia militar en su vida cotidiana sin perder los contornos del Estado de derecho? El proyecto que reforma el artículo 158 de la Constitución nace de un mandato ciudadano expresado en abril de 2024, cuando los ecuatorianos respaldaron la intervención castrense contra el crimen organizado, pero llega a debate mientras el país acumula casi cinco mil homicidios en siete meses. La tensión entre la urgencia de la seguridad y la permanencia de las libertades define el momento que vive Ecuador.
La Asamblea Nacional de Ecuador se preparaba para debatir una reforma constitucional que cambiaría las reglas del juego en materia de seguridad interna. La propuesta modifica el artículo 158 de la Constitución para permitir que las Fuerzas Armadas apoyen a la Policía sin necesidad de declarar un estado de excepción formal, respondiendo al referéndum del 21 de abril de 2024 en que los ecuatorianos respaldaron esa intervención conjunta contra el crimen organizado.
El mecanismo diseñado establece una cadena de decisiones: el comandante general de la Policía solicita el apoyo especificando territorio, período y delitos que lo justifican; el presidente pide un informe técnico al Comando Conjunto; el Consejo de Seguridad Pública evalúa la pertinencia, y el mandatario emite el decreto. El apoyo puede durar hasta 180 días y renovarse una vez por 30 días más, bajo principios de complementariedad, proporcionalidad y excepcionalidad.
Sin embargo, la iniciativa encontró resistencia dentro del propio Parlamento. El asambleísta Franklin Samaniego argumentó que Ecuador ha encadenado estado de excepción tras estado de excepción sin reducir los homicidios, las extorsiones ni los sicariatos, y que lo que el gobierno de Noboa ha instalado es, en la práctica, una militarización permanente. Añadió su preocupación por las denuncias de presuntas violaciones de derechos humanos registradas durante operaciones militares.
Los datos dan peso a esa inquietud: entre enero y julio de 2026 se contabilizaron 4.882 homicidios, convirtiendo ese período en el segundo más violento de la historia reciente del país, solo superado por 2025. Desde enero de 2024, cuando Noboa declaró la existencia de un conflicto armado interno, los militares ya participan en operaciones de seguridad, pero la crisis no cede. El debate de fondo es si institucionalizar esa presencia sin los controles formales del estado de excepción ofrece una solución real o simplemente normaliza una militarización sin límites claros.
En Quito, la Asamblea Nacional se disponía a debatir una iniciativa que redefinirá cómo el Estado ecuatoriano despliega su poder militar contra el crimen. El proyecto reforma el artículo 158 de la Constitución para permitir que las Fuerzas Armadas apoyen a la Policía Nacional en operaciones de seguridad interna sin necesidad de declarar estados de excepción formales. La propuesta responde directamente a un referéndum celebrado el 21 de abril de 2024, cuando los ecuatorianos votaron a favor de que los militares intervinieran junto a la policía contra el crimen organizado.
El mecanismo que propone la ley establece un proceso regulado pero accesible. El comandante general de la Policía debe solicitar el apoyo militar, especificando el territorio donde actuará, el período de intervención, los delitos que justifican la medida y demostrando que las capacidades policiales han sido rebasadas. Esa solicitud sube al presidente de la República, quien pide un informe técnico al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Luego convoca al Consejo de Seguridad Pública y del Estado para que evalúe la pertinencia y alcance de la intervención. Con esos elementos, el mandatario emite el decreto ejecutivo. El apoyo militar puede mantenerse hasta 180 días y renovarse una sola vez por 30 días más, siempre que persistan las circunstancias que lo justificaron. La ley también establece que la intervención debe regirse por principios de complementariedad, excepcionalidad, extraordinariedad, fiscalización, proporcionalidad, razonabilidad y regulación.
Pero la iniciativa enfrenta críticas severas desde el interior del Parlamento. Franklin Samaniego, asambleísta de la Revolución Ciudadana, cuestionó que un mecanismo concebido como excepcional termine convirtiéndose en permanente. Señaló que Ecuador ha vivido de estado de excepción en estado de excepción sin obtener resultados tangibles. Los asesinatos, las extorsiones y los sicariatos continúan a pesar del despliegue militar que comenzó en enero de 2024. Para Samaniego, lo que el Gobierno del presidente Daniel Noboa ha instalado no son ya estados de excepción temporales, sino estados permanentes de militarización. También expresó preocupación por posibles afectaciones a derechos fundamentales durante protestas sociales y por las denuncias de presuntas violaciones de derechos humanos que deberían considerarse en el debate.
Los números que respaldan esa preocupación son brutales. Entre enero y julio de 2026, Ecuador registró 4.882 homicidios, cifra que convierte a este período en el segundo más violento de la historia reciente del país. Solo 2025 fue peor, con 5.295 asesinatos en todo el año. En enero de 2024, el presidente Noboa declaró la existencia de un conflicto armado interno, lo que permitió a los militares sumarse formalmente a las acciones de seguridad. Sin embargo, la crisis persiste. Analistas advierten que la militarización por sí sola no resuelve el problema de fondo, sugiriendo que la estrategia requiere dimensiones que van más allá del despliegue de fuerzas armadas.
Lo que está en juego en el debate de hoy es si Ecuador puede institucionalizar una intervención militar permanente sin los mecanismos de control que impone formalmente un estado de excepción, o si eso simplemente abre la puerta a una militarización sin límites claros. La propuesta intenta equilibrar la necesidad de flexibilidad operativa con salvaguardas legales, pero los críticos ven en ella el riesgo de que lo excepcional se vuelva la norma mientras la violencia sigue sin ceder.
Bemerkenswerte Zitate
Hemos vivido de estado de excepción en estado de excepción y, lamentablemente, hasta ahora no hemos tenido resultados— Franklin Samaniego, asambleísta de la Revolución Ciudadana
Ya no son estados de excepción, sino que ya son estados permanentes— Franklin Samaniego, cuestionando la estrategia del Gobierno