Economía china se desacelera a mínimo de dos años por restricciones covid

Congelada por restricciones, no rota por debilidad
Los indicadores de junio sugieren que la economía china podría recuperarse rápidamente si se mantienen los controles relajados.
Mark

¿Por qué un crecimiento de 0,4 % es tan preocupante? Suena como si la economía todavía estuviera creciendo.

Mimi

Porque es el contexto. China es la segunda economía del mundo. Un crecimiento de 0,4 % es prácticamente estancamiento. Para comparar, en años normales crece entre 5 y 6 % anualmente. Esto es un tercio de eso, en un solo trimestre.

Luke

Pero hay que ser precisos: ese 0,4 % es interanual, no trimestral. El dato trimestral podría ser negativo. El artículo no lo especifica.

Mark

¿Y por qué Shanghái fue tan importante?

Mimi

Porque es el corazón financiero de China. Dos meses de cierre total significa que las fábricas no producían, los puertos no movían contenedores, los trabajadores no iban a las oficinas. Las cadenas de suministro globales se rompieron.

Luke

Cierto, pero el artículo no cuantifica cuánto del 0,4 % se debe específicamente a Shanghái versus otros factores. Sabemos que fue un factor importante, pero no el número exacto.

Mark

¿Entonces la estrategia de cero covid fue un error?

Mimi

Eso depende de cómo lo mires. El gobierno argumentaba que sin esas restricciones, las muertes serían masivas. Pero el costo económico fue real y medible: desempleo, producción detenida, suministros interrumpidos.

Luke

Y aquí está lo importante: en junio, cuando relajaron los controles, los números mejoraron inmediatamente. Eso sugiere que la economía respondería bien si las restricciones se levantaran permanentemente. Pero no sabemos si Pekín seguirá ese camino.

  • El PIB chino creció solo 0,4% en el segundo trimestre de 2022, su peor marca desde la contracción histórica del inicio de la pandemia, encendiendo alarmas sobre la sostenibilidad de la política de cero covid.
  • Shanghái, motor industrial y comercial de China, permaneció cerrada dos meses completos, paralizando fábricas y fracturando cadenas de suministro que abastecen mercados en todo el planeta.
  • Pekín defendió las restricciones extremas argumentando que levantarlas desencadenaría una ola masiva de muertes, pero el costo económico acumulado comenzó a erosionar la narrativa oficial de éxito.
  • Cuando junio trajo una relajación de controles, los indicadores respondieron con rapidez: la producción industrial saltó a 3,9%, las ventas minoristas rebotaron y el desempleo urbano retrocedió a 5,5%.
  • La economía china no aparece rota, sino congelada: su recuperación depende enteramente de si Pekín mantiene el alivio o endurece nuevamente las medidas ante futuros brotes.

A mediados de 2022, China reveló que su economía había crecido apenas un 0,4% en el segundo trimestre, el ritmo más lento desde los primeros días de la pandemia. Detrás de ese número yace una tensión profunda entre dos formas de proteger a un pueblo: resguardar vidas mediante el control estricto del virus, o resguardar medios de vida mediante el flujo libre de la actividad humana. El cierre de Shanghái, ciudad que late como corazón industrial del mundo, recordó que las decisiones de un gobierno pueden detener, aunque sea momentáneamente, el pulso de la economía global.

A mediados de julio de 2022, el Buró Nacional de Estadística de China confirmó lo que muchos analistas temían: la segunda economía del mundo había crecido apenas un 0,4% entre abril y junio, su peor desempeño trimestral en dos años. Dos fuerzas convergentes explican el estancamiento: un entorno internacional cada vez más hostil y la decisión de Pekín de intensificar su estrategia de cero covid justo cuando el resto del mundo la abandonaba.

El epicentro del daño fue Shanghái. La ciudad más grande de China permaneció cerrada durante dos meses completos mientras las autoridades intentaban contener una nueva ola de contagios. El cierre paralizó fábricas, interrumpió cadenas de suministro globales y mantuvo a millones de trabajadores en sus hogares. Para una economía construida sobre el movimiento constante de bienes y personas, el golpe fue severo y visible.

Lo paradójico es que China había comenzado 2022 en posición de ventaja. Mientras otras grandes economías aún se recuperaban, el gigante asiático lideraba el regreso a la normalidad. Esa ventaja se evaporó cuando Pekín optó por reimplantar medidas que el resto del mundo estaba desmantelando, justificando la decisión por el temor a un aumento masivo de muertes si se levantaban los controles.

Sin embargo, junio ofreció un destello de esperanza. Al relajarse las restricciones, la producción industrial aceleró a 3,9% interanual, las ventas minoristas rebotaron a 3,1% tras una caída previa de 6,7%, y el desempleo urbano bajó de 5,9% a 5,5%. Los datos sugieren que la economía china no está rota, sino congelada. La pregunta que nadie podía responder con certeza era si Pekín mantendría el alivio o volvería a endurecer las medidas ante nuevos brotes.

A mediados de julio de 2022, China enfrentó una realidad incómoda: su economía había crecido apenas un 0,4 % en el segundo trimestre del año, la cifra más débil en dos años. El Buró Nacional de Estadística del país lo confirmó oficialmente ese viernes, atribuyendo el estancamiento a dos fuerzas convergentes: un entorno internacional cada vez más hostil y las medidas extremas que Pekín había reimplementado para contener la propagación del covid-19.

La raíz del problema era visible en un solo lugar: Shanghái, la ciudad más grande y poblada de China, había permanecido cerrada durante dos meses completos mientras las autoridades intentaban frenar una nueva ola de contagios. El cierre no fue un inconveniente menor. Paralizó fábricas, interrumpió cadenas de suministro que alimentan la economía global, y obligó a trabajadores a permanecer en sus hogares. Para una nación cuya prosperidad depende del movimiento constante de bienes y personas, fue un golpe severo.

Esta cifra de crecimiento del 0,4 % representaba el peor desempeño trimestral desde el primer trimestre de 2020, cuando China reportó una contracción del 6,8 % mientras el mundo apenas comenzaba a comprender la magnitud de la pandemia. Dos años después, cuando muchas naciones habían aprendido a convivir con el virus, China optó por el camino opuesto: intensificar su estrategia de "cero covid", un plan que buscaba eliminar completamente los brotes mediante controles extremos. El gobierno justificaba la medida por temor a que levantar las restricciones provocara un aumento masivo de muertes. Pero el costo económico era innegable.

Lo paradójico era que China había comenzado 2022 en posición de fortaleza. El año anterior, mientras otras grandes economías aún se recuperaban, el gigante asiático lideraba el grupo en su regreso a la normalidad. Pero esa ventaja se evaporó cuando Pekín decidió doble hacia atrás, reimplementando medidas que el resto del mundo estaba abandonando.

No todo eran malas noticias. Cuando las autoridades comenzaron a relajar los controles en junio, otros indicadores macroeconómicos mostraron signos de vida. La producción industrial aceleró a un 3,9 % interanual en junio, comparado con apenas un 0,7 % en mayo. Las ventas minoristas rebotaron a un 3,1 %, recuperándose de una caída del 6,7 % el mes anterior. La tasa de desempleo urbano bajó a un 5,5 %, mejorando desde el 5,9 % de mayo. Estos números sugerían que la economía china no estaba rota, sino simplemente congelada por las restricciones. Si los controles continuaban aflojándose, la recuperación podría acelerarse. Pero todo dependía de si Pekín mantendría el curso o volvería a endurecer las medidas ante nuevos brotes.

El gobierno de Pekín justificaba la medida por temor a que levantar las restricciones provocara un aumento masivo de muertes
— Análisis del Buró Nacional de Estadística de China
Möchten Sie die ganze Geschichte? Das Original lesen bei RT en Español ↗
Kontakt FAQ