Cuando el Estado español formalizó la prórroga de la central nuclear de Almaraz hasta 2030, no solo extendió la vida de dos reactores: alteró el equilibrio de toda una promesa colectiva. Cuatro gigavatios de potencia nuclear quedarán ahora pendientes de apagarse el mismo año, y quienes llevan décadas vigilando la transición energética ven en esa coincidencia no una casualidad técnica, sino la anatomía perfecta de un aplazamiento perpetuo. La pregunta que flota sobre España no es si cerrará sus centrales, sino si la complejidad fabricada se convertirá, una vez más, en la razón para no hacerlo.
Ecologistas y renovables cuestionan el cierre nuclear tras la prórroga de Almaraz hasta 2030
Cuatro gigavatios de golpe en 2030, el pretexto perfecto
¿Por qué esta prórroga de Almaraz es tan importante si el Gobierno dice que no cambia el calendario de cierre?
Porque cambia todo. Antes, los cierres estaban escalonados. Ahora, cuatro reactores enormes tienen que apagarse el mismo año. Eso es un problema logístico y político que abre la puerta a nuevas prórrogas.
¿Las empresas eléctricas realmente van a pedir más tiempo?
Greenpeace y el sector renovable no tienen dudas. Dicen que las eléctricas llevan años esperando una oportunidad como esta. La complejidad de desmantelar cuatro plantas a la vez es el pretexto perfecto.
¿Qué pasa con las energías renovables en todo esto?
Ya están generando más electricidad de la que se puede usar. Cuatro cierres nucleares simultáneos en 2030 significarían que no hay espacio para que sigan creciendo. Es un freno directo.
¿El Gobierno tiene credibilidad para cumplir lo que promete?
No, según Greenpeace. Dicen que el Gobierno ha demostrado una falta de credibilidad consistente. ¿Por qué creerían ahora que van a cerrar cuatro reactores a la vez?
¿Qué dice el ministerio en su defensa?
Que los desmantelamientos duran diez o quince años de todas formas, así que se iban a solapar. Y que Enresa tiene cuatro años para prepararse. Pero nadie en el sector renovable cree que eso sea suficiente.
¿Esto afecta al Plan Nacional de Energía y Clima?
Lo ha dejado obsoleto. El plan se hizo con un calendario de cierres escalonados. Ahora ese calendario no existe. Todo lo que se planeó ya no sirve.
The Pulse
- La prórroga de Almaraz, publicada en el BOE sin apenas ruido a mediados de agosto, rompe el acuerdo escalonado de cierres pactado en 2019 y concentra cuatro reactores en un mismo año límite.
- Greenpeace advierte que el Gobierno ha perdido toda credibilidad en materia nuclear y que las eléctricas ya tienen en sus manos el pretexto ideal para exigir nuevas prórrogas indefinidas.
- El sector renovable denuncia que los vertidos de electricidad por exceso de generación ya son una realidad, y que retrasar los cierres nucleares frena aún más la expansión de las energías limpias.
- El Ministerio para la Transición Ecológica defiende que los desmantelamientos se solaparían de todas formas y que Enresa tiene cuatro años para reorganizar su cronograma, pero los ecologistas rechazan estos argumentos como insuficientes.
- Lo que se dirime en los próximos cuatro años es si España puede sostener su palabra o si la acumulación de cierres simultáneos se convierte en la excusa estructural que archive definitivamente el fin de la era nuclear.
Cuando el Estado español formalizó la prórroga de la central nuclear de Almaraz hasta 2030, no solo extendió la vida de dos reactores: alteró el equilibrio de toda una promesa colectiva. Cuatro gigavatios de potencia nuclear quedarán ahora pendientes de apagarse el mismo año, y quienes llevan décadas vigilando la transición energética ven en esa coincidencia no una casualidad técnica, sino la anatomía perfecta de un aplazamiento perpetuo. La pregunta que flota sobre España no es si cerrará sus centrales, sino si la complejidad fabricada se convertirá, una vez más, en la razón para no hacerlo.
El viernes en que el BOE publicó la prórroga de Almaraz hasta junio de 2030, el Ministerio para la Transición Ecológica insistió en que el calendario del resto de centrales nucleares no cambiaba. En las organizaciones ambientales y en el sector renovable, nadie lo creyó.
El problema es geométrico: con los dos reactores de Almaraz aplazados, cuatro gigavatios de potencia nuclear deberán desconectarse el mismo año. Almaraz I y II, Ascó I y Cofrentes, todos en 2030. José Luis García, de Greenpeace España, ve en esa coincidencia el colapso del acuerdo escalonado que las eléctricas habían negociado con Enresa en 2019. Para él, la concentración de cierres no es un accidente técnico sino una oportunidad que las compañías estaban esperando: el pretexto perfecto para pedir nuevas prórrogas. "Si tiene la misma credibilidad que han tenido hasta el día de hoy, evidentemente, no hay ninguna esperanza de que se cumpla", dijo sobre el Gobierno.
Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables, comparte la indignación desde otro ángulo. Para él, la prórroga es el reconocimiento explícito de un fracaso de planificación. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima ha quedado obsoleto, y la pregunta que lanza es incómoda: si no fue posible cerrar Almaraz en 2027 y 2028 como estaba previsto, ¿cómo será posible apagar cuatro reactores a la vez en 2030? Mientras tanto, las renovables ya registran vertidos por exceso de generación, y cualquier retraso nuclear frena aún más su avance.
El ministerio respondió que los procesos de desmantelamiento duran entre diez y quince años de todas formas, que los solapamientos eran inevitables, y que Enresa tiene tiempo para ajustar su cronograma. Greenpeace rechaza estos argumentos y califica la prórroga de error histórico que demuestra que el oligopolio energético sigue marcando el paso en España.
En cuatro años se sabrá si el Gobierno puede sostener su palabra, o si la complejidad de cerrar cuatro reactores simultáneamente se convierte en la excusa que todos temían.
El viernes pasado, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó la prórroga de la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030, el Ministerio para la Transición Ecológica fue claro: esto no cambia nada en el calendario de cierre del resto de plantas nucleares españolas. Pero en las organizaciones ambientales y en el sector de las energías renovables, esa afirmación suena a promesa que nadie cree que se cumpla.
España tiene siete reactores nucleares funcionando en cinco centrales distintas. Con la prórroga de los dos reactores de Almaraz, ahora cuatro gigavatios de potencia nuclear van a desconectarse simultáneamente en 2030: Almaraz I y II, Ascó I en Tarragona, y Cofrentes en Valencia. Después vendrían Ascó II en 2032, y luego Vandellós y Trillo en 2035. En teoría, el calendario está claro. En la práctica, como ya ha pasado con Almaraz, lo que dice la planificación y lo que finalmente sucede son dos cosas distintas.
José Luis García, especialista en energía de Greenpeace España, ve en esta decisión el colapso del acuerdo que las empresas eléctricas habían pactado en 2019 con Enresa, la empresa pública que gestiona los residuos radiactivos. El cierre escalonado que se había negociado entonces ha desaparecido. Ahora, cuatro reactores gigantes tienen que apagarse a la vez. García teme que esto sea exactamente lo que las compañías eléctricas estaban esperando: un pretexto perfecto para pedir nuevas prórrogas, bloqueando indefinidamente la transición energética. "Por parte de las eléctricas, esto no se va a quedar aquí", advierte. Y sobre la credibilidad del Gobierno para mantener el calendario, es aún más directo: "Si tiene la misma credibilidad que han tenido hasta el día de hoy, evidentemente, no hay ninguna esperanza de que se cumpla".
Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables, está igual de furioso. Para él, esta prórroga es la prueba de un error fundamental en la política energética española, el reconocimiento de un fracaso. El Gobierno la justificó apelando a la volatilidad de los precios del gas por la crisis en Oriente Próximo y al nuevo contexto energético internacional. Pero Ferrando ve algo más profundo: el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima ha quedado obsoleto. No se trata solo de la complejidad técnica de desmantelar cuatro reactores a la vez, sino de todo lo que eso implica para la planificación y la estructura de la oferta energética. "Si no se puede desconectar Almaraz I y II en 2027 y 2028, ¿cómo va a ser posible cerrar cuatro reactores a la vez en 2030?", pregunta. Además, las energías renovables ya están registrando vertidos de electricidad por exceso de generación. Cuatro cierres nucleares simultáneos en 2030 frenarían aún más su avance.
El ministerio respondió que los procesos de desmantelamiento duran entre diez y quince años de todas formas, así que se iban a solapar independientemente. También aseguró que Enresa ya se está preparando y que ahora tiene cuatro años para ajustar su cronograma. Pero para Greenpeace, estos argumentos no resuelven nada. La organización ecologista considera que la prórroga a Almaraz, anunciada a mediados de agosto sin mayor ruido, es un error histórico que demuestra que en España sigue mandando el mismo oligopolio energético de siempre. Ven en ella un golpe mortal a la transición energética en un momento en que el cambio climático ya está aquí.
Lo que viene ahora es una carrera contra el tiempo. En cuatro años sabremos si el Gobierno puede mantener su palabra, o si la complejidad de cerrar cuatro reactores gigantes simultáneamente se convierte en la excusa que todos esperaban para aplazar el fin de la era nuclear en España.
Notable Quotes
Con la prórroga, hay que cerrar cuatro gigavatios de golpe en 2030, y esto será usado como pretexto para forzar nuevas prórrogas nucleares, bloqueando indefinidamente la transición energética— José Luis García, especialista en energía de Greenpeace España
Si no se puede desconectar Almaraz I y II en 2027 y 2028, ¿cómo va a ser posible cerrar cuatro reactores a la vez en 2030?— Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables