En Buenaventura, Holguín, un empresario de restaurante ha convertido su cocina en un acto de reconocimiento silencioso: cada fin de semana, ofrece cenas gratuitas a los médicos que cubren guardias en el hospital municipal, en un país donde el sistema sanitario lucha contra escaseces profundas. El gesto de Alfonso López Ávila no pretende resolver lo irresoluble, sino nombrar lo que las instituciones han dejado sin nombrar: la dignidad del que cuida a otros mientras nadie lo cuida a él. En la historia larga de las sociedades que se sostienen desde abajo, este tipo de acto pequeño y concreto suel
Dueño de restaurante en Holguín ofrece comida gratis a médicos de guardia
Es mi humilde aporte y lo hago con satisfacción
¿Por qué un restaurante privado decide hacer esto? ¿Es publicidad?
Podría serlo, pero López Ávila ya había colaborado antes con brigadas de trabajadores a precio reducido. Parece que es parte de cómo ve su responsabilidad en la comunidad.
Pero no sabemos cuántos médicos reciben esto, ni cuánto le cuesta realmente. ¿Es sostenible o es un gesto puntual?
Los médicos que hablan parecen genuinamente agradecidos. ¿Qué tan malo es lo que normalmente reciben?
Tan malo que en 2022 un médico en Holguín mostró públicamente su cena: arroz, boniato y un líquido que no podía identificar. Eso fue hace cuatro años.
Ese es un dato de 2022. No sabemos si las cosas han mejorado o empeorado desde entonces. El reportaje no lo dice.
¿Esto es un síntoma de que el sistema está fallando?
Completamente. Los médicos trabajan lejos de casa, sin comida adecuada, sin medicamentos suficientes. Un restaurante privado no debería tener que llenar ese vacío.
Cierto, pero también muestra que hay gente dispuesta a actuar. No es lo mismo que resolver el problema, pero tampoco es insignificante.
¿Hay otros ejemplos de esto?
Sí, en Sancti Spíritus un emprendedor donó veinte comidas a un proyecto para personas vulnerables. Parece que es una tendencia.
Dos ejemplos en meses diferentes no hacen una tendencia. Podría haber más, pero el reportaje solo menciona esos dos.
Le Pouls
- El personal médico cubano cumple guardias nocturnas de fin de semana con alimentación deficiente o inexistente, una precariedad documentada desde hace años en distintos hospitales del país.
- Un médico de Holguín llegó a fotografiar en 2022 lo que se servía en guardia: arroz escaso, boniato hervido y un líquido sin identificar, símbolo de un sistema que ha dejado de garantizar lo básico a quienes lo sostienen.
- Alfonso López Ávila, dueño del paladar El Ranchón, decidió actuar desde lo que tiene: ofrecer cenas gratuitas los sábados y domingos a los médicos del hospital municipal Nicodemus Regalado León.
- Los beneficiarios describen el gesto no solo como alimento, sino como trato humano y reconocimiento, especialmente significativo para quienes trabajan lejos de sus familias durante largas jornadas.
- La iniciativa se inscribe en un patrón creciente de emprendedores privados cubanos que cubren vacíos dejados por el Estado, sin que ello resuelva las causas estructurales de la crisis sanitaria.
En Buenaventura, Holguín, un empresario de restaurante ha convertido su cocina en un acto de reconocimiento silencioso: cada fin de semana, ofrece cenas gratuitas a los médicos que cubren guardias en el hospital municipal, en un país donde el sistema sanitario lucha contra escaseces profundas. El gesto de Alfonso López Ávila no pretende resolver lo irresoluble, sino nombrar lo que las instituciones han dejado sin nombrar: la dignidad del que cuida a otros mientras nadie lo cuida a él. En la historia larga de las sociedades que se sostienen desde abajo, este tipo de acto pequeño y concreto suele ser el que más perdura en la memoria colectiva.
Alfonso López Ávila, propietario del restaurante-paladar El Ranchón en Buenaventura, Holguín, tomó una decisión que en otro contexto sería ordinaria: dar de comer gratis a los médicos que trabajan los fines de semana en el hospital municipal Nicodemus Regalado León. Pero en Cuba, donde las guardias nocturnas transcurren con frecuencia sin alimentación adecuada, el gesto adquiere otro peso.
Cada sábado y domingo por la tarde-noche, López Ávila abre su cocina para quienes están de turno. El doctor Ariel Leyva Pérez, uno de los beneficiarios, destacó no solo la calidad de la comida sino el trato que la acompaña: respetuoso, de camaradería, cargado de humanismo, según sus propias palabras a Radio Juvenil, el medio local que dio a conocer la historia.
Para la doctora Carmen Calixto Calixto, madre de dos hijos que vive a siete kilómetros del hospital, el impacto es más íntimo. Trabajar lejos de casa implica largas jornadas de separación familiar; poder cenar sin costo durante la guardia representa, en sus palabras, algo que agradece grandemente. No es solo comida: es la señal de que alguien reconoce su esfuerzo.
López Ávila describe su motivación con sencillez. Siente gratitud hacia la medicina cubana y hacia quienes la ejercen, y actúa desde lo que puede ofrecer. No es su primer gesto hacia la comunidad: anteriormente había vendido alimentos a precio reducido a trabajadores de Acueducto durante reparaciones de alcantarillado en el barrio.
El contexto que rodea esta historia es severo. El sistema sanitario cubano enfrenta escasez de medicamentos, deterioro de infraestructuras y problemas energéticos crónicos. La precariedad alimentaria en guardias fue denunciada públicamente en 2022 por un médico del Hospital Mártires de Mayarí, también en Holguín, quien documentó lo que se servía aquella noche como prueba de un desamparo institucional.
Lo que ocurre en El Ranchón no resuelve ese problema de fondo, pero sí hace algo distinto: reconoce la dignidad de quienes trabajan en condiciones que la sociedad no ha logrado garantizar. Para los médicos que llegan al restaurante tras una guardia, significa una noche menos de hambre y, quizás más importante, la certeza de que alguien ve su sacrificio.
Alfonso López Ávila, dueño del restaurante-paladar El Ranchón en Buenaventura, Holguín, tomó una decisión que en otro contexto pasaría desapercibida: ofrecer comida gratis a los médicos que cumplen guardias de fin de semana en el hospital municipal Nicodemus Regalado León. No es un gesto aislado de caridad, sino una respuesta directa a las condiciones que enfrenta el personal sanitario cubano, donde las jornadas nocturnas sin alimentación adecuada se han convertido en parte de la rutina.
La iniciativa funciona de manera simple: López Ávila proporciona alimentos durante las tardes y noches de sábados y domingos a quienes están de turno. El doctor Ariel Leyva Pérez, uno de los beneficiarios, describió lo que recibe como comida de calidad acompañada de un trato que trasciende lo transaccional. «Nos ha puesto comida de calidad unida a un trato respetuoso, de camaradería, y sobre todo cargado de humanismo», expresó al medio local Radio Juvenil, que fue quien dio a conocer la historia el lunes pasado.
Para la doctora Carmen Calixto Calixto, madre de dos hijos que vive en Las Mantecas, a unos siete kilómetros de Buenaventura, el impacto es más profundo. Ella trabaja lejos de su hogar y permanece largas jornadas en el centro médico. Poder cenar sin costo en el restaurante durante sus guardias representa algo que va más allá de la alimentación: es reconocimiento de su esfuerzo en condiciones que la mantienen alejada de su familia. «Imagínese, yo que laboro distante de mi casa, tener esta posibilidad de poder cenar aquí sin tener que pagar ni un centavo es algo que agradezco grandemente», dijo.
López Ávila explicó su motivación con sencillez. Considera su aporte como una forma de gratitud hacia los profesionales sanitarios, y lo describe como lo que puede hacer desde su posición. «¿Y qué puedo hacer? Pues ayudarlos en lo que puedo en el alimento de las tardes-noches de sábados y domingos. Es mi humilde aporte y lo hago con satisfacción». Además, expresó sentirse agradecido con la medicina cubana misma, reconociendo que innumerables enfermos reciben atención en los centros médicos, salvan sus vidas sin desembolsar dinero.
Esta no es la primera vez que López Ávila colabora con su comunidad. Radio Juvenil señaló que anteriormente había proporcionado alimentos a precio reducido a una brigada de Acueducto que trabajaba en reparaciones de alcantarillado en el reparto Centro Escolar. El gesto actual se inscribe en un patrón más amplio de iniciativa privada que busca llenar vacíos dejados por carencias sistemáticas.
El contexto que rodea esta acción es crítico. El sistema sanitario cubano atraviesa dificultades severas: escasez de medicamentos e insumos, problemas energéticos, deterioro de servicios básicos. La alimentación durante las guardias ha sido motivo de denuncias durante años. En 2022, un médico del Hospital Mártires de Mayarí, también en Holguín, documentó la precariedad de lo que se servía: una pequeña porción de arroz, boniato hervido y un líquido que ni siquiera pudo identificar. «Aquí lo que no queda es respeto hacia nosotros», denunció entonces.
La iniciativa de López Ávila no es única. En mayo, un emprendedor de Sancti Spíritus donó veinte comidas al proyecto Hermanos de la Calle, que asiste a personas en situación de vulnerabilidad. Radio Juvenil, al reportar sobre El Ranchón, reflexionó sobre estos gestos: «Gestos como el que acabo de presentar, también han tenido lugar en barrios y comunidades del municipio con preferencia a familias vulnerables con lo que una vez más se abre el corazón del cubano solidario, desinteresado, humano, altruista».
Lo que sucede en Buenaventura refleja una realidad más amplia: mientras las instituciones públicas enfrentan limitaciones estructurales, ciudadanos con recursos propios deciden actuar. No resuelve el problema de fondo, pero sí reconoce la dignidad de quienes trabajan en condiciones que la sociedad no ha sabido garantizar. Para los médicos que llegan al restaurante después de una guardia, significa una noche menos de hambre, y algo que quizá importe más: la certeza de que alguien ve su sacrificio.
Citations marquantes
Nos ha puesto comida de calidad unida a un trato respetuoso, de camaradería, y sobre todo cargado de humanismo— Doctor Ariel Leyva Pérez
Yo que laboro distante de mi casa, tener esta posibilidad de poder cenar aquí sin tener que pagar ni un centavo es algo que agradezco grandemente— Doctora Carmen Calixto Calixto