Dra. Martina Paz Aguilera: experta en córnea que revoluciona la oftalmología en Granollers

Las patologías corneales no tratadas pueden causar ceguera funcional, especialmente en casos de queratocono severo donde la deformación genera aberraciones ópticas que impiden la visión.
La única cirugía que no se complica es la que no se hace
Reflexión de la doctora Aguilera sobre la importancia de seleccionar cuidadosamente a los candidatos para cirugía refractiva.
Mark

¿Por qué decidió especializarse precisamente en córnea y no en otra área de la oftalmología?

Mimi

Porque la córnea representa ese equilibrio perfecto entre el desafío diagnóstico y la acción quirúrgica. Es una patología muy visual en sus consecuencias, muy quirúrgica en sus soluciones, y resolutiva. Ves el impacto real de tu trabajo.

Mark

Menciona que el ojo prefiere estar "desnudo". ¿Qué quiere decir exactamente?

Mimi

Que sin lentes de contacto, sin obstáculos, el ojo se oxigena naturalmente, se lubrica a sí mismo y tiene la capacidad de repararse. Cada hora que una lente está puesta es una hora en que eso no sucede.

Mark

El queratocono suena devastador. ¿Hay alguna forma de prevenirlo?

Mimi

No, es genético. Pero lo importante es detectarlo temprano. Si alguien tiene antecedentes familiares, debe revisarse. Una vez que aparece, hay tratamientos para frenar su progresión, pero la prevención real es el diagnóstico precoz.

Mark

¿Por qué se trasladó desde Chile a España específicamente para trabajar?

Mimi

El sistema de trasplantes español es excepcional. En Chile, en Reino Unido, en Alemania, los pacientes esperan meses o años. Aquí funciona de manera ágil. Eso significa que puedo ofrecer a mis pacientes soluciones reales cuando las necesitan.

Mark

¿Cuál es el error más común que ve en sus pacientes?

Mimi

El retraso en consultar. La gente convive con molestias visuales como si fueran normales. Pero un dolor ocular intenso nunca es normal. Una pequeña herida que se ignora puede convertirse en algo que requiera un trasplante.

  • Millones de personas realizan a diario gestos aparentemente inocuos —frotarse los ojos, usar lentillas más de diez horas— sin saber que pueden estar destruyendo la córnea de forma permanente.
  • El queratocono, una enfermedad genética que deforma la córnea en forma de cono, puede arrebatar prácticamente toda la capacidad visual de quien la padece sin que haya recibido advertencia alguna.
  • Las infecciones por mal uso de lentes de contacto dejan cicatrices que ningún colirio puede borrar, convirtiendo un hábito descuidado en una condición que puede requerir trasplante.
  • La doctora Paz Aguilera ha relanzado la unidad de córnea del Hospital de Granollers y trabaja para consolidar una estructura sostenible que ofrezca trasplantes corneales en un sistema público que ya destaca en Europa por su agilidad.
  • Su mensaje es claro y urgente: el dolor ocular intenso no es algo con lo que convivir, sino una señal que exige consulta inmediata antes de que una herida pequeña se convierta en una catástrofe visual.

En la quietud de una consulta hospitalaria, la doctora Martina Paz Aguilera recuerda lo que la humanidad olvida con facilidad: que los gestos más pequeños y automáticos —frotarse los ojos, dormir con lentes de contacto— pueden erosionar silenciosamente una de las estructuras más frágiles del cuerpo. Especialista en córnea en el Hospital de Granollers, esta médica chilena afincada en España dedica su carrera a tender un puente entre la ignorancia cotidiana y el daño irreversible, convencida de que la prevención es la forma más honesta de cuidar la visión humana.

Hay gestos tan automáticos que nadie los cuestiona: frotarse los ojos cuando pican, dejar las lentillas puestas hasta la madrugada. La doctora Martina Paz Aguilera, especialista en córnea del Hospital de Granollers, ha construido su carrera sobre una advertencia incómoda: esos hábitos cotidianos pueden dañar de forma irreversible la estructura más delicada del ojo.

Aguilera llegó a la oftalmología desde la infancia, pero fue durante su formación cuando descubrió su verdadera pasión por la córnea, un campo donde la precisión diagnóstica y la cirugía se traducen en impacto real sobre la vida de las personas. Formada en Chile, eligió España por la excelencia de su sistema de donación y trasplantes: mientras en Reino Unido o Alemania los pacientes esperan casi dos años por una córnea, aquí el proceso es notablemente más ágil.

En su consulta atiende un amplio espectro de patologías. El ojo seco es la más frecuente, y aunque muchos lo minimizan, en sus formas severas puede provocar heridas y pérdida de visión. Las infecciones por mal uso de lentes de contacto —usarlas demasiadas horas, dormir con ellas, descuidar la higiene— pueden dejar cicatrices permanentes. Y luego está el queratocono: una enfermedad genética que debilita la córnea, la deforma en cono y genera aberraciones ópticas tan graves que el paciente puede perder casi toda su visión funcional.

Su arsenal terapéutico abarca desde el tratamiento del pterigion hasta la cirugía refractiva, donde insiste en seleccionar bien al candidato. Cuando el daño es irreversible, queda el trasplante corneal, un procedimiento que ella misma ha relanzado en Granollers, aunque aún trabaja para consolidar una unidad propia y sostenible.

La prevención es su mensaje constante: limitar las lentillas a ocho o diez horas diarias, nunca dormir ni bañarse con ellas, y no ignorar el dolor ocular intenso. Retrasar la consulta puede transformar una herida menor en una patología que exija trasplante. Mirando al futuro, Aguilera se ve siempre ligada al hospital público, convencida de que es allí donde están quienes más necesitan la medicina, y donde los médicos contrajeron su deuda más profunda.

Hay un gesto tan simple, tan automático, que casi nadie lo piensa dos veces: frotarse los ojos cuando pican o cansa la vista. La doctora Martina Paz Aguilera ha dedicado su carrera a explicar por qué ese gesto, junto con otros hábitos cotidianos que parecen inofensivos, puede dejar cicatrices permanentes en una de las estructuras más delicadas del cuerpo humano. La córnea, esa capa transparente que cubre la parte frontal del ojo, es responsable de gran parte de nuestra capacidad para enfocar y ver con claridad. Cuando se daña, las consecuencias pueden ser graves.

Aguilera llegó a la oftalmología desde la infancia. A los diez años ya sentía la llamada hacia la medicina, pero fue durante su formación profesional cuando descubrió su verdadera pasión: la córnea. Encontró en esta especialidad lo que buscaba: un campo donde el diagnóstico exigía precisión, donde la cirugía ofrecía soluciones concretas, y donde cada intervención tenía un impacto real en la vida de las personas. Tras completar su formación en Chile, decidió trasladarse a España, atraída por la excelencia del sistema nacional de donación y trasplantes. Mientras que en países como Reino Unido o Alemania los pacientes esperan casi dos años para recibir un trasplante corneal, en España el programa funciona de manera mucho más ágil.

En su consulta del Hospital de Granollers, donde recientemente ha asumido la responsabilidad de reactivar y consolidar la unidad de córnea, Aguilera atiende a pacientes con un espectro amplio de patologías. La más frecuente es el ojo seco, una condición que muchas personas minimizan pero que, en sus formas severas asociadas a enfermedades autoinmunes, puede provocar heridas, dolor intenso y pérdida de visión. Le siguen las infecciones corneales, un riesgo particularmente presente entre quienes usan lentes de contacto. Un mal uso de estas lentes —dejarlas puestas demasiadas horas, dormir con ellas, no mantener una higiene rigurosa— puede causar una infección que deje cicatrices permanentes en la córnea. Luego están las patologías genéticas, menos comunes pero que llegan a su consulta precisamente por su especialización. El queratocono es quizás la más dramática: la córnea se debilita, pierde su forma esférica y adopta una forma de cono. Aunque la córnea siga siendo transparente, esa deformación genera aberraciones ópticas tan severas que el paciente puede perder prácticamente toda su capacidad visual.

El arsenal terapéutico que Aguilera maneja es extenso. Trata desde el pterigion —una carnosidad que crece sobre la córnea, común en regiones de alta exposición solar como el Mediterráneo— hasta la cirugía refractiva para corregir miopía e hipermetropía. En este último caso, subraya la importancia crítica de seleccionar bien al candidato. No se trata solo de medir el defecto refractivo o el grosor de la córnea; hay que entender las expectativas reales del paciente. Como ella misma reflexiona, la única cirugía que no se complica es la que nunca se realiza. Cuando el daño es irreversible, queda el trasplante corneal, un procedimiento que en el Hospital de Granollers ha vuelto a funcionar bajo su liderazgo, aunque aún enfrenta el desafío de consolidar una estructura propia y sostenible.

La prevención es el mensaje que Aguilera repite constantemente. Recomienda limitar el uso de lentes de contacto a un máximo de ocho o diez horas diarias, nunca dormir ni bañarse con ellas, y mantener una higiene impecable. El ojo, insiste, prefiere estar sin nada encima: así se oxigena, se lubrica naturalmente y se repara a sí mismo. El dolor ocular intenso y recurrente es una señal que no debe ignorarse. Retrasar la consulta puede transformar una pequeña herida en una patología que requiera trasplante. Otros motivos para buscar atención urgente incluyen salpicaduras con productos químicos o tener antecedentes familiares de enfermedad corneal.

Mirando hacia adelante, Aguilera se ve combinando su vocación de servicio público con la investigación y la práctica privada, pero siempre vinculada a un hospital público. Su razonamiento es simple pero profundo: todos los médicos aprendieron a expensas de sus pacientes, y es en el hospital público donde están quienes más lo necesitan. Esa convicción, forjada en su formación y reforzada por su experiencia, sigue guiando cada decisión que toma en su carrera.

El ojo lo que prefiere es estar desnudo, porque así se oxigena, se lubrica y se repara
— Dra. Martina Paz Aguilera
Retrasar la consulta puede hacer que una pequeña herida se transforme en algo que requiera un trasplante
— Dra. Martina Paz Aguilera
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