Cada noche, 100 de 55.000 asistentes acompañan a Shakira en un recorrido viral que incluye celebridades, influencers y fans devotos en el estadio de Villaverde Alto. Una periodista colombiana de 33 años y otra madrileña de 60 reciben equipamiento plateado y gafas especiales para desfilar junto a la artista en la noche del 10 de octubre.
Dos generaciones de periodistas viven el ritual de las lobas en la residencia de Shakira en Madrid
Esto es éxtasis puro, un sueño que no sabía que tenía hecho realidad
¿Por qué El País decidió enviar a dos periodistas de generaciones tan distintas a vivir esto? ¿Qué querían contar que no se pudiera contar de otra forma?
Creo que la idea era capturar cómo un mismo evento genera experiencias completamente diferentes según quién lo vive. La joven es colombiana, fan desde siempre; la mayor es madrileña, escéptica. Eso crea una tensión narrativa real.
Pero espera. ¿Sabemos realmente cuántas personas han viajado desde el extranjero o gastado cientos de euros? El texto dice que "algunas" compraron entradas hace seis meses y vinieron de medio mundo. ¿Cuántas es algunas? ¿Es una mayoría o una anécdota?
Buena pregunta. Y sobre ese ritual del paseíllo, ¿es realmente viral o solo parece serlo porque lo ves en TikTok?
El hecho de que la periodista joven haya visto instrucciones en TikTok sugiere que sí tiene circulación en redes. Pero tienes razón, Luke. El texto no cuantifica eso.
Exacto. Y el equipamiento plateado, ¿es siempre así o solo esa noche? ¿Todas las 100 personas lo reciben o solo algunos?
¿Qué nos dice el diálogo sobre la relación entre Shakira y sus fans? ¿Es adoración o algo más complejo?
Hay adoración, claramente. Pero también hay humor, ironía, autoconsciencia. Las periodistas bromean sobre la secta, sobre los mandamientos. No es sumisión ciega.
Aunque el texto usa mucho lenguaje de manada, lobas, hembra alfa. ¿Eso viene del propio evento o es interpretación del periodista? Porque si Shakira realmente se refiere a sí misma como hembra alfa, eso es un dato. Si es metáfora del escritor, es otra cosa.
¿Cómo sabemos que la experiencia fue transformadora? ¿O es solo lo que dijeron después?
Solo tenemos lo que dijeron después. Pero sus palabras son bastante específicas: éxtasis, sueño hecho realidad, subidón emocional. No son genéricas.
Cierto. Pero ambas sabían que estaban siendo entrevistadas para El País. ¿Cuánto de eso es reacción genuina y cuánto es performance para la cámara? No lo sabemos.
Il Polso
- 100 de 55.000 asistentes caminan cada noche con Shakira en el estadio de Villaverde Alto
- Dos periodistas de El País, una de 33 años colombiana y otra de 60 madrileña, participaron el 10 de octubre
- El recorrido dura aproximadamente 300 metros desde la entrada hasta el escenario
- Era la antepenúltima noche de la residencia madrileña de Shakira
Cada noche, 100 de 55.000 asistentes acompañan a Shakira en un recorrido viral que incluye celebridades, influencers y fans devotos en el estadio de Villaverde Alto. Una periodista colombiana de 33 años y otra madrileña de 60 reciben equipamiento plateado y gafas especiales para desfilar junto a la artista en la noche del 10 de octubre.
Dos redactoras de El País de generaciones distintas participan en el célebre paseíllo de Shakira hacia el escenario en su residencia en Madrid, compartiendo sus vivencias en forma de diálogo.
Cada noche de concierto en el estadio Shakira de Villaverde Alto, cien personas entre los 55.000 asistentes reciben una invitación especial: caminar junto a la artista colombiana en un recorrido de unos 300 metros hacia el escenario, un ritual que se ha viralizado en redes sociales por la mezcla de celebridades, influencers y devotos seguidores que lo rodean. El 10 de octubre, dos redactoras de El País fueron seleccionadas para vivir esta experiencia desde adentro. Una tiene 33 años, es colombiana y ha sido fan de Shakira desde la infancia. La otra acaba de cumplir 60, es madrileña, y aunque respeta profundamente el talento de la artista, no se considera fanática. Ambas aceptaron la invitación de Tomás Palacios, publicista de Shakira, para documentar lo que sucedería en lo que sería la antepenúltima noche de la residencia madrileña.
Llegaron al recinto del Macondo Park a las 19.00, con el concierto programado para las 20.45. La joven periodista había visto en TikTok que a las influencers les enviaban correos con códigos QR con instrucciones, pero a ellas solo les llegó un mensaje escueto: "A las 19.00, al final del pasillo morado". Mientras buscaban el lugar, observaron el público: aproximadamente un 80 por ciento mujeres, un 15 por ciento hombres gais y un 5 por ciento heterosexuales, principalmente parejas o padres de asistentes. El ambiente era de anticipación pura, aunque la búsqueda del pasillo correcto las llevó a atravesar zonas de comida donde solo encontraron arepas, tequeños y patacones.
Cuando finalmente localizaron a Tomás, descubrieron que no eran las únicas en la zona de desfile. Junto a ellas desfilarían las campeonas mundiales de gimnasia rítmica, que acababan de ganar el campeonato mundial. Las dos periodistas serían el número 99 y 100 de los cien elegidos, lo que significaba que irían justo detrás del equipo de gimnastas. Recibieron su equipamiento: capas plateadas de papel de plata que parecían más bien chubasqueros para cadáveres, según la descripción de la periodista mayor, y gafas especiales que dificultaban la visión. Ambas firmaron un consentimiento que apenas tuvieron tiempo de leer, bromeando sobre si habían donado un riñón o aceptado formar parte de una secta.
A las 21.09, Shakira apareció. La descripción fue unánime: cutis radiante, melena mitológica, cuerpo de infarto. Saludó a la multitud con cordialidad: "Hola, ¿cómo están? Muchas gracias por venir, vamos a disfrutar juntos". Se colocó a la cabeza de la procesión, como lo había hecho durante nueve noches anteriores y lo haría dos noches más. Fuera del estadio, 55.000 personas gritaban su nombre y aullaban como una manada en señal de obediencia a su hembra alfa. Las pulseras de luz que repartían en la entrada creaban un efecto de luciérnagas iluminando la noche. Durante los 300 metros de recorrido, las dos periodistas caminaron deslumbradas por los focos de las cámaras y las linternas de miles de fanáticos que portaban banderas colombianas y carteles de amor. Shakira se dirigió a la multitud con una arenga: "Bienvenidas, mis lobitas de Madrid: hoy todas somos una".
La experiencia transformó a ambas. La periodista joven describió el momento como éxtasis puro, un sueño que no sabía que tenía hecho realidad, algo que contaría a sus nietos cuando fuera mayor para mostrarles lo cool que era su abuela. Admitió que la gente no la aguantaría en Instagram por lo mucho que hablaría de eso. La periodista mayor, a pesar de las molestias físicas del equipamiento plateado, el calor sofocante y la visibilidad limitada de las gafas, experimentó un subidón emocional que le dieron ganas de invadir Barranquilla. Reconoció que aunque el chubasquero la hacía parecer gorda y las gafas no permitían ver bien, al entrar al estadio algo cambió. Pasaría toda la noche con una sonrisa que no podría quitarse. Ambas se preparaban para bailar durante las dos horas de espectáculo que comenzaban, conscientes de que estaban viviendo algo que miles de personas alrededor del mundo habían pagado cientos de euros y esperado meses para experimentar.
Citazioni salienti
Hola, ¿cómo están? Muchas gracias por venir, vamos a disfrutar juntos— Shakira, al saludar a la multitud
Bienvenidas, mis lobitas de Madrid: hoy todas somos una— Shakira, dirigiéndose a los asistentes