En La Habana, el presidente Díaz-Canel convocó a empresarios privados para trazar los límites de una convivencia necesaria pero tensa: la del interés particular y el proyecto colectivo. El encuentro, que se repetirá de forma sistemática, revela que Cuba reconoce al sector privado como actor indispensable de su economía, pero exige que sus ganancias nazcan del trabajo real y no de la especulación o la evasión. Es, en el fondo, una pregunta que muchas sociedades se hacen: ¿puede el lucro privado alinearse con el bien común sin que uno destruya al otro?
Díaz-Canel se reúne con sector privado para alinear transformaciones económicas
La ganancia tiene que estar vinculada al esfuerzo, no a la especulación
¿Por qué el presidente necesitaba reunirse ahora con estos empresarios? ¿Qué cambió?
Las 176 transformaciones económicas que aprobaron recientemente abrieron espacios para negocios privados que antes no existían. Pero nadie en el gobierno había explicado bien cómo funcionaría todo esto. Los empresarios estaban confundidos, los funcionarios intermedios estaban confundidos. Era caos.
¿Y cuál es el verdadero problema que Díaz-Canel quería resolver?
Que el sector privado se estaba comportando como si el único objetivo fuera ganar dinero rápido. Especulación, precios inflados, rechazo de transferencias bancarias para evadir impuestos. El gobierno necesitaba decir: no, así no funciona.
Pero ¿no es eso lo que hace cualquier empresario? Maximizar ganancias.
Sí, pero en Cuba el contexto es distinto. Hay escasez real, hay gente que sufre. Si un empresario especula con precios de alimentos cuando hay hambre, eso no es solo negocios. Es una amenaza política.
¿Los empresarios entendieron el mensaje?
Algunos sí. Vinieron con proyectos serios, con programas sociales, con planes de cambiar a energías limpias. Otros probablemente seguirán haciendo lo que hacían, esperando que nadie se entere.
¿Qué pasa si no se alinean?
Eso es lo que quedó sin decir en la reunión. Pero la promesa de una ofensiva contra las prácticas ilegales fue bastante clara.
O Pulso
- Cuba enfrenta una contradicción urgente: necesita al empresariado privado para sobrevivir económicamente, pero desconfía de sus prácticas cuando estas dañan a la población más vulnerable.
- Prácticas como el rechazo de pagos bancarios, la especulación de precios y la evasión fiscal han encendido las alarmas del gobierno, que prometió una ofensiva directa para erradicarlas.
- Los empresarios, lejos de callar, denunciaron trabas administrativas en mandos intermedios que desconocen o resisten las 176 transformaciones económicas aprobadas recientemente.
- Ambas partes buscan un punto de equilibrio: el gobierno quiere productividad con responsabilidad social; los empresarios piden reconocimiento legítimo y menos obstáculos burocráticos.
- El diálogo apunta hacia una integración del sector privado al desarrollo territorial, con reuniones sistemáticas que mantendrán viva —y vigilada— esa negociación permanente.
En La Habana, el presidente Díaz-Canel convocó a empresarios privados para trazar los límites de una convivencia necesaria pero tensa: la del interés particular y el proyecto colectivo. El encuentro, que se repetirá de forma sistemática, revela que Cuba reconoce al sector privado como actor indispensable de su economía, pero exige que sus ganancias nazcan del trabajo real y no de la especulación o la evasión. Es, en el fondo, una pregunta que muchas sociedades se hacen: ¿puede el lucro privado alinearse con el bien común sin que uno destruya al otro?
En La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel reunió a empresarios privados de sectores como alimentos, energía, transporte y servicios legales para una conversación que, según su oficina, se repetirá de manera regular. El encuentro ponía sobre la mesa una tensión central de la Cuba de hoy: cómo hacer que el negocio privado y el desarrollo nacional prosperen juntos sin que uno devore al otro.
Díaz-Canel fue preciso en sus exigencias: más producción local, menos dependencia de importaciones, incorporación de tecnología. Pero también fue severo con lo que no tolerará. Las ganancias, dijo, deben estar ligadas a la productividad y al esfuerzo real, no a la especulación, el abuso de precios o la evasión fiscal. Fue especialmente duro con quienes rechazan pagos por transferencia bancaria, una práctica que, en su visión, castiga directamente a la población, y prometió una ofensiva hasta erradicarla.
El presidente también replanteó cómo medir el éxito económico: no basta con que el dinero entre en una cuenta, sino que importa cuánto llega a la mesa de una familia, cuántos empleos se generan, si las comunidades mejoran. Esta filosofía sostiene las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas recientemente, aunque muchos directivos intermedios aún las desconocen o las resisten.
Los empresarios llegaron con sus propias voces. Describieron obstáculos burocráticos en niveles medios de la administración, presentaron nuevos proyectos y explicaron cómo reorientan sus operaciones hacia energías más limpias. En esencia, pedían ser reconocidos como parte legítima del tejido empresarial cubano. Lo que emergió fue un reconocimiento mutuo: Cuba necesita a sus empresarios privados, pero bajo reglas claras que alineen sus incentivos con los del país. Si esa alineación es posible, o si el conflicto entre ganancia privada y bien común seguirá sin resolverse, es la pregunta que las próximas reuniones deberán responder.
En La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel convocó a empresarios privados de sectores clave —alimentos, agricultura, energía, transporte y servicios legales— para una conversación que, según anunció su oficina, se repetirá de forma sistemática. El encuentro reflejaba una tensión fundamental en la Cuba contemporánea: cómo hacer convivir las ambiciones de los negocios privados con los objetivos de desarrollo nacional, de modo que ambos prosperen sin que uno devore al otro.
Díaz-Canel fue claro sobre lo que esperaba del sector privado. Pidió que aumentaran la producción local de alimentos, bienes y servicios; que redujeran los costos innecesarios y la dependencia de importaciones; que incorporaran tecnología e innovación. Pero también fue directo sobre lo que no toleraría. Las ganancias, dijo, deben estar ligadas al esfuerzo real, a la productividad, a la eficiencia, al riesgo asumido. No pueden nacer de la especulación, del abuso de precios, de la evasión fiscal o de prácticas corruptas. Fue particularmente severo con los comerciantes que rechazaban pagos por transferencia bancaria —una práctica que, en su visión, daña a la población— y prometió una ofensiva contra esa costumbre hasta erradicarla.
El presidente replanteó también cómo medir el éxito económico. No es suficiente que dinero entre en una cuenta bancaria, argumentó. Lo que importa es qué llega a la mesa de una familia, cuántos empleos genera, si ofrece oportunidades a jóvenes con potencial, si mejora las comunidades. Esta filosofía subyace en las 176 transformaciones económicas y sociales que el gobierno ha aprobado recientemente, aunque, como quedó claro en la reunión, muchos directivos intermedios aún no las entienden o las resisten.
Los empresarios, por su parte, vinieron con sus propias preocupaciones. Varios describieron los obstáculos que enfrentan en niveles intermedios de la administración pública, trabas que atribuyen a menudo al desconocimiento de las nuevas políticas. Presentaron proyectos de negocios nuevos, hablaron de programas sociales que desarrollan en sus territorios, explicaron cómo están reorientando sus operaciones hacia fuentes de energía más limpias. Buscaban, en esencia, ser reconocidos como parte legítima del tejido empresarial cubano, no como intrusos o enemigos.
Lo que emergió del diálogo fue un reconocimiento mutuo de que el modelo económico cubano necesita a los empresarios privados, pero bajo reglas claras. No se trata de permitir que prosperen sin límites, ni de asfixiarlos con regulaciones que ignoren la realidad. Se trata de alinear sus incentivos con los del país: que ganen dinero, sí, pero haciendo cosas que importan, que crean empleo, que reduzcan la dependencia externa, que innoven. Díaz-Canel insistió en que Cuba avanzará en sus transformaciones económicas y sociales dando participación a todos los actores, siempre orientado hacia el bienestar popular y el desarrollo nacional. La próxima fase será ver si esa alineación es posible, o si los conflictos entre ganancia privada y bien común seguirán siendo irreconciliables.
Citações Notáveis
Las transformaciones que se implementan tienen como objetivo hacer crecer el país y que haya una relación adecuada entre las aspiraciones de los empresarios y las de la nación— Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba
No tiene sentido que el modelo económico tenga en cuenta a todos los actores económicos si estos no están en función de las estrategias de desarrollo territorial y local— Miguel Díaz-Canel