En la Cuba de 2026, la luz que se apaga y la luz que se celebra coexisten en una misma semana: mientras millones permanecieron sin electricidad durante 32 horas tras el octavo colapso del sistema eléctrico nacional, el presidente Díaz-Canel visitó el Ministerio de Energía para elogiar la instalación de más de mil megavatios solares como señal de transformación histórica. Es la paradoja de una nación que construye el futuro energético sobre una infraestructura que aún no puede sostener el presente. Lo que está en juego no es solo la electricidad, sino la confianza de un pueblo que mide el progr
Díaz-Canel celebra transición energética mientras Cuba sufre su octavo colapso eléctrico en 2026
Todavía no nos hemos dado cuenta de la transformación que estamos viviendo
¿Por qué el gobierno celebra avances solares cuando la gente sigue sin luz?
Porque los mil megavatios instalados en 2025 son reales. Sin ellos, los déficits serían aún peores. Pero tienes razón: la expansión solar no ha resuelto los apagones.
¿Cuánto peor sería sin esos mil megavatios? Eso es una estimación del gobierno, no un número verificado.
¿Qué tan grave es pasar de ocho colapsos a cientos de puntos de generación?
Es un cambio de arquitectura. Antes, si fallaba una planta grande, caía todo. Ahora hay más dispersión, pero también más complejidad operativa.
Y menos experiencia gestionándola. El ministro admitió que esto es «extremadamente profundo culturalmente».
¿Las empresas privadas pueden realmente arreglarlo?
El experimento en Mariel con turbinas y generadores fue «muy prometedor», según reportaron. Pero es un piloto, no una solución a escala.
Una mipyme. En una central. Eso es importante contexto: no es que el sector privado esté tomando el sistema. Es que están permitiendo participación en mantenimiento de componentes específicos.
¿Y el dinero? ¿De dónde sale?
Ese es el verdadero problema sin resolver. El ministro lo dijo claramente: necesitan ingresos urgentes.
Y no está claro de dónde vendrán.
El Pulso
- El sistema eléctrico cubano colapsó por octava vez en 2026, dejando a millones sin luz, agua ni refrigeración durante más de 32 horas en septiembre.
- La expansión solar —más de 1,000 MW instalados en 2025— no ha logrado frenar los apagones, exponiendo la brecha entre el discurso oficial del progreso y la realidad cotidiana de los ciudadanos.
- El ministro de Energía admitió abiertamente la urgencia financiera: la Unión Eléctrica necesita ingresos rápidos para sostener una red que ya gestiona 144 parques solares y se encamina hacia 300 puntos de generación.
- Por primera vez, empresas privadas cubanas participaron en el mantenimiento de turbinas y generadores en la termoeléctrica del Mariel, un experimento que el gobierno calificó de 'muy prometedor'.
- La pregunta que nadie en el ministerio responde con certeza es si estos cambios llegarán a tiempo para evitar un noveno colapso antes de que termine el año.
En la Cuba de 2026, la luz que se apaga y la luz que se celebra coexisten en una misma semana: mientras millones permanecieron sin electricidad durante 32 horas tras el octavo colapso del sistema eléctrico nacional, el presidente Díaz-Canel visitó el Ministerio de Energía para elogiar la instalación de más de mil megavatios solares como señal de transformación histórica. Es la paradoja de una nación que construye el futuro energético sobre una infraestructura que aún no puede sostener el presente. Lo que está en juego no es solo la electricidad, sino la confianza de un pueblo que mide el progreso en horas sin apagón.
A mediados de septiembre, Cuba vivió su octavo colapso eléctrico total del año. La red tardó 32 horas en recuperarse parcialmente, dejando a millones sin agua corriente, sin refrigeración y sin servicios esenciales. Días después, el presidente Díaz-Canel visitó el Ministerio de Energía y Minas para celebrar lo que describió como una transformación energética de magnitud histórica aún no comprendida del todo.
La contradicción es difícil de sostener. En 2025, Cuba instaló más de mil megavatios de capacidad solar fotovoltaica, un avance real que el gobierno presenta como evidencia de progreso. Pero esa expansión no ha detenido los apagones. Los ciudadanos siguen viviendo con cortes que interrumpen desde la conservación de alimentos hasta el funcionamiento de hospitales y escuelas.
El ministro Vicente de la O Levy fue más directo sobre los desafíos reales: la Unión Eléctrica está pasando de operar grandes plantas termoeléctricas a gestionar una red dispersa de creciente complejidad. Y el obstáculo más urgente es el financiero. «Hay que buscar de manera rápida, con inteligencia, ingresos para quitarle el peso al país de las necesidades financieras de la Unión Eléctrica», afirmó.
Uno de los cambios más significativos que emergió de los encuentros —en los que participaron el primer ministro Manuel Marrero Cruz y altos funcionarios del Partido— fue la apertura a empresas privadas para el mantenimiento de componentes críticos en las termoeléctricas. La central del Mariel sirvió como piloto: una empresa privada trabajó en turbinas y generadores, territorio históricamente vedado. Los resultados fueron descritos como «muy prometedores».
Lo que queda en el aire es si estos ajustes —financieros, operativos, ideológicos— llegarán a tiempo para que el noveno colapso no sea la respuesta que el año le dé a la transformación prometida.
A mediados de septiembre, cuando el sistema eléctrico cubano se desmoronó por octava vez en 2026, millones de personas se quedaron sin luz. La red tardó 32 horas en recuperarse, pero incluso después de eso, el servicio no llegó a todos. Fue un colapso total, el tipo de fallo que deja a un país sin agua corriente, sin refrigeración, sin los servicios más básicos. Y sin embargo, días después, el presidente Miguel Díaz-Canel visitó el Ministerio de Energía y Minas para celebrar lo que llamó una transformación energética cuya magnitud, según dijo, todavía no se comprende.
La paradoja es difícil de ignorar. Durante 2025, Cuba instaló más de mil megavatios de capacidad solar fotovoltaica, un avance real que el gobierno presentó como prueba de progreso. Díaz-Canel elogió estos números durante sus conclusiones de una visita de dos días a las instalaciones del ministerio y sus grupos empresariales. Pero esa expansión solar no ha detenido los apagones. Sigue sin hacerlo. Los ciudadanos continúan viviendo con cortes de electricidad que interrumpen todo: desde guardar comida en la nevera hasta acceder a agua potable y mantener funcionando los hospitales y las escuelas.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, fue más franco sobre los obstáculos reales. Explicó que la Unión Eléctrica está atravesando una transformación profunda, pasando de operar un puñado de grandes plantas termoeléctricas a gestionar una red dispersa que ya incluye 144 parques solares y se encamina hacia aproximadamente 300 puntos de generación. Es un cambio de escala y complejidad. Pero reconoció también lo que mantiene despierto a cualquier funcionario: conseguir dinero. «Hay que buscar de manera rápida, con inteligencia, el tema de buscar ingresos para quitarle el peso al país de las necesidades financieras que tiene la Unión Eléctrica», dijo.
Durante los encuentros, que incluyeron al primer ministro Manuel Marrero Cruz y otros altos funcionarios del Partido Comunista, se discutió la implementación de 176 medidas socioeconómicas aprobadas en junio. Díaz-Canel insistió en que la transformación debe ocurrir tanto en las operaciones productivas como en el funcionamiento interno del ministerio mismo. «Lo primero que se tienen que transformar energéticamente es este ministerio», expresó.
Un aspecto que ganó terreno en las conversaciones fue la incorporación de pequeñas y medianas empresas privadas en el mantenimiento de componentes críticos de las plantas termoeléctricas. Históricamente, las empresas privadas en Cuba habían participado en trabajos periféricos: refrigeración, pintura, construcción. Pero intervenir directamente en turbinas y generadores era territorio vedado. Un miembro del Partido Comunista del ministerio, cuya identidad no fue revelada, reconoció que esto representaba un cambio: «Una mipyme trabajando en una termoeléctrica, en una turbina y trabajando en un generador, no lo habíamos probado». La central termoeléctrica del Mariel sirvió como prueba piloto, donde una empresa privada trabajó en la máquina 5 y el bloque 6, incluyendo componentes de turbinas y generadores. Los resultados, según reportaron, fueron «muy prometedores».
Lo que emerge de estos encuentros es un gobierno que reconoce la magnitud del problema pero que avanza con cautela, buscando soluciones financieras y experimentando con nuevos modelos de gestión. La pregunta que queda sin respuesta es si estos cambios llegarán lo suficientemente rápido como para evitar que el noveno colapso llegue antes de que el año termine.
Citas Notables
Hay que buscar de manera rápida, con inteligencia, el tema de buscar ingresos para quitarle el peso al país de las necesidades financieras que tiene la Unión Eléctrica— Vicente de la O Levy, ministro de Energía y Minas
La transformación de la UNE es una transformación extremadamente profunda culturalmente— Vicente de la O Levy