La tierra no deja de moverse en Afganistán, y el país no puede dejar de caer
En las primeras horas del lunes, la tierra volvió a reclamar su cuota de dolor en el norte de Afganistán: un sismo de magnitud 6,3 con epicentro en Samangan sacudió comunidades enteras, dejando al menos 20 muertos y 320 heridos, y agrietando los muros de la mezquita azul de Mazar-i-Sharif, testigo de siglos. Este no es un accidente de la historia, sino la expresión de una vulnerabilidad acumulada —geológica, política y humana— en un país que lleva décadas aprendiendo a sobrevivir sobre tierra inestable.
- Un sismo de magnitud 6,3 despertó a miles de afganos en la madrugada del lunes, obligándolos a huir de sus hogares en la oscuridad con el suelo aún temblando bajo sus pies.
- La mezquita azul de Mazar-i-Sharif, joya arquitectónica del siglo XV, sufrió daños estructurales severos incluyendo la caída de uno de sus minaretes, símbolo de una herida que va más allá de lo material.
- Los deslizamientos de tierra bloquearon carreteras clave en Balkh y Samangan, aislando comunidades rurales y ralentizando los rescates justo cuando cada hora cuenta.
- Las cifras oficiales —más de 20 muertos y 320 heridos— son apenas preliminares: la infraestructura deficiente y las comunicaciones rotas mantienen a muchas zonas montañosas fuera del alcance de los equipos de socorro.
- Afganistán acumula catástrofes: este sismo llega apenas meses después del terremoto de agosto que mató a más de 2.200 personas, en un país ya golpeado por hambre, sequía y colapso económico bajo el gobierno talibán.
Poco después de la medianoche del lunes, un terremoto de magnitud 6,3 sacudió el norte de Afganistán con epicentro en el distrito de Kholm, provincia de Samangan, a 28 kilómetros de profundidad. Al amanecer, el Ministerio de Salud afgano confirmaba al menos 20 muertos y cerca de 320 heridos, advirtiendo que las cifras eran preliminares y probablemente crecerían.
Entre los daños más dolorosos figura la mezquita azul de Mazar-i-Sharif, una estructura del siglo XV reconocida por sus azulejos turquesa y su arquitectura centenaria. El sismo derribó partes del templo, incluido uno de sus minaretes. Corresponsales de la AFP presenciaron los destrozos, aunque las autoridades restringieron inicialmente el acceso a los medios en uno de los pocos sitios turísticos que le quedan al país.
La geografía complicó la respuesta desde el primer momento. Deslizamientos de tierra bloquearon carreteras en las provincias de Balkh y Samangan, aislando comunidades rurales. La infraestructura precaria y las redes de comunicación deficientes dejaron zonas montañosas inaccesibles durante horas. Las réplicas se sintieron incluso en Kabul, a cientos de kilómetros del epicentro.
Afganistán no es ajeno a esta violencia geológica: ubicado cerca de la intersección de las placas euroasiática e india, en el Hindu Kush, el país ha registrado al menos 12 terremotos superiores a magnitud 7 desde 1900. En agosto pasado, un sismo de magnitud 6 en las provincias orientales mató a más de 2.200 personas. En 2023, otro en Herat dejó más de 1.500 muertos y destruyó decenas de miles de viviendas.
Mientras los equipos de rescate intentan llegar a los sobrevivientes, Afganistán enfrenta una crisis humanitaria más vasta: hambre creciente, sequía persistente y colapso económico bajo el gobierno talibán desde 2021. Este terremoto no es solo una tragedia natural —es un golpe más sobre un país que ya carga con demasiado peso.
Poco después de la medianoche del lunes, la tierra se movió bajo el norte de Afganistán con una fuerza que dejó escombros esparcidos en las calles y obligó a miles de personas a abandonar sus casas en la oscuridad. El terremoto, de magnitud 6,3, se originó en el distrito de Kholm, en la provincia de Samangan, a una profundidad de 28 kilómetros, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Cuando llegó la mañana, el Ministerio de Salud afgano confirmaba al menos 20 muertos y aproximadamente 320 heridos, aunque los funcionarios advirtieron que estas cifras eran preliminares y probablemente aumentarían conforme los equipos de rescate accedieran a las zonas más remotas.
Entre los daños más visibles está la mezquita azul de Mazar-i-Sharif, una estructura del siglo XV que ha permanecido en pie durante siglos gracias a sus azulejos turquesa distintivos y su arquitectura cuidadosamente diseñada. El terremoto derribó partes del templo, incluido uno de sus minaretes, dejando fragmentos de piedra y cerámica dispersos alrededor del recinto. Corresponsales de la Agencia Francia Prensa presenciaron los daños en el sitio, aunque las autoridades inicialmente no permitieron que los medios registraran imágenes del lugar, uno de los pocos atractivos turísticos que quedan en el país.
La geografía de Afganistán complicó inmediatamente los esfuerzos de respuesta. En las provincias de Balkh y Samangan, los deslizamientos de tierra bloquearon carreteras principales, aislando comunidades rurales. Aunque unidades de rescate lograron despejar algunas vías durante la madrugada, la infraestructura deficiente y las redes de comunicación precarias significaban que muchas zonas montañosas permanecerían inaccesibles durante horas o incluso días. En Mazar-i-Sharif, los residentes salieron de sus hogares por miedo a que colapsaran, un pánico comprensible en un país donde los terremotos son una amenaza constante. Las réplicas se sintieron incluso en Kabul, la capital, a cientos de kilómetros de distancia.
Este no es un evento aislado en la historia reciente de Afganistán. Hace apenas dos meses, en agosto, un terremoto de magnitud 6 golpeó las provincias orientales de Kunar, Laghman y Nangarhar, matando a más de 2.200 personas, el sismo más mortal en la historia contemporánea del país. Desde 1900, el noreste de Afganistán ha registrado al menos 12 terremotos de magnitud superior a 7, según Brian Baptie, sismólogo del British Geological Survey. La razón es geológica: el país se encuentra cerca de la intersección de las placas tectónicas euroasiática e india, en la cordillera del Hindu Kush, una zona de actividad sísmica constante.
Desde que los talibanes retomaron el poder en 2021, Afganistán ha enfrentado varios terremotos devastadores. En 2023, un sismo en la región de Herat, fronteriza con Irán, mató a más de 1.500 personas y destruyó más de 63.000 viviendas. Ahora, mientras los equipos de rescate trabajan para alcanzar a los sobrevivientes bajo los escombros, la nación enfrenta una crisis humanitaria más amplia. Las Naciones Unidas y organizaciones de socorro han advertido que el hambre está aumentando en Afganistán, agravado por la sequía persistente y el colapso económico. El terremoto de esta semana no es solo una tragedia geológica, sino un golpe más a un país ya fracturado por años de conflicto, pobreza y desastres naturales recurrentes.
Citas Notables
Alrededor de 320 compatriotas fueron heridos y más de 20 murieron, aunque se trata de un balance provisional que podría aumentar conforme avanzan las labores de rescate— Sharafat Zaman, portavoz del Ministerio de Salud afgano
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué este terremoto es particularmente grave para Afganistán en este momento?
Porque el país ya estaba en crisis. No es solo que murieron 20 personas esta vez. Es que hace dos meses murieron 2.200 en un sismo similar. Las infraestructuras nunca se reconstruyeron. Los equipos de rescate tardan días en llegar a las montañas. Y la gente está hambrienta, enferma, sin recursos.
¿Qué significa que la mezquita azul haya sido dañada?
Significa que perdieron uno de los pocos símbolos de estabilidad que les quedaba. Es un edificio del siglo XV, turquesa, hermoso. Representa continuidad histórica. Cuando se derrumba un minarete, no es solo piedra. Es la sensación de que nada es seguro, ni siquiera lo antiguo.
¿Por qué Afganistán está tan expuesto a estos terremotos?
Está literalmente sentado sobre una línea de fractura entre dos placas tectónicas gigantes. Desde 1900 ha habido 12 terremotos de magnitud superior a 7 en el noreste. Es como vivir en una casa que tiembla cada cierto tiempo. Pero cuando la casa ya está rota, cada temblor es más peligroso.
¿Cuál es el verdadero obstáculo para ayudar a los sobrevivientes?
El tiempo y la distancia. En las montañas del norte, un equipo de rescate puede tardar horas o días en llegar. Mientras tanto, la gente está atrapada bajo los escombros. Y cuando llegan, no hay suficientes recursos médicos, no hay comida, no hay agua limpia. Es un país en colapso intentando responder a un desastre.
¿Qué viene después de esto?
Probablemente más cifras de muertos. Probablemente más hambre. Y la certeza de que habrá otro terremoto. Afganistán no puede escapar de la geografía. Lo único que puede hacer es prepararse mejor, pero no tiene los recursos para hacerlo.