En los escombros de una mina abandonada en el subártico canadiense, el tiempo guardaba un secreto de cien millones de años: los restos alados de una mantis religiosa que compartió el mundo con los dinosaurios. Investigadores de la Universidad McGill identificaron esta nueva especie, Labradormantis guilbaulti, y a través del análisis de sus venas fosilizadas lograron tender un puente entre el pasado extinto y las familias de mantis que aún habitan la Tierra. El hallazgo nos recuerda que incluso los fragmentos más humildes de la historia natural pueden reescribir nuestra comprensión de la vida y
Descubren mantis religiosa fósil de 100 millones de años en Labrador
Una vena fósil conecta cien millones de años de evolución
¿Por qué es tan importante encontrar una mantis fósil de hace cien millones de años?
Porque llena un vacío. Sabemos que las mantis modernas son muy diferentes de sus ancestros antiguos, pero el registro fósil de estos insectos tiene muchas lagunas. Esta especie nos ayuda a conectar puntos.
Pero espera, ¿cuántos especímenes encontraron exactamente? El artículo dice "dos fósiles" al principio, luego habla de "una serie de fósiles de insectos" en el laboratorio.
Encontraron dos especímenes de Labradormantis en el campo. Luego, en el laboratorio en París, examinaron más fósiles de insectos en general, y algunos de esos resultaron ser de la misma especie.
¿Y cómo una vena en el ala les dice tanto sobre la evolución?
Esa vena específica, la AA2, solo aparece hoy en la familia Chaeteessidae. Encontrarla en un fósil de cien millones de años sugiere que esta característica no evolucionó de forma aislada, sino que viene de ancestros comunes.
Pero eso es una inferencia, ¿verdad? Están diciendo que porque esta vena está en Chaeteessidae moderno y en este fósil, entonces deben estar relacionados.
Sí, pero es una inferencia basada en evidencia física real. Usaron una técnica de fotografía especial llamada RTI para ver la vena con claridad.
¿Qué tan raro es encontrar alas completas fosilizadas así?
Bastante raro. Hans Larsson señala que normalmente necesitas un espécimen completo atrapado en ámbar para hacer este tipo de avances. Aquí tienen solo impresiones de alas en roca, pero fue suficiente.
¿Y eso significa que hay otros fósiles de impresión de alas que podrían revelar información similar?
Exactamente. El estudio sugiere que hay potencial sin explotar en esos fósiles menos espectaculares.
Entonces, ¿qué sigue? ¿Buscarán más mantis fósiles?
Probablemente. El artículo deja abierta la puerta a investigaciones similares en otras partes del árbol evolutivo de los insectos.
Le Pouls
- Una mantis religiosa fosilizada de 100 millones de años apareció casi por accidente entre montones de roca excavados de una mina de hierro abandonada en Labrador, Canadá.
- Los paleontólogos llevaban décadas sin poder trazar con precisión el árbol evolutivo de las mantis, frustrados por lagunas profundas en el registro fósil y anatomías muy divergentes entre los grupos modernos.
- La técnica de imagen RTI permitió revelar una vena alar específica —la AA2— que conecta directamente a Labradormantis guilbaulti con la familia moderna Chaeteessidae, cerrando una de esas brechas críticas.
- El estudio, publicado en Systematic Entomology, demuestra que una simple impresión de alas en roca puede aportar tanto conocimiento evolutivo como un espécimen completo atrapado en ámbar, abriendo nuevas vías de investigación para otros fósiles similares.
En los escombros de una mina abandonada en el subártico canadiense, el tiempo guardaba un secreto de cien millones de años: los restos alados de una mantis religiosa que compartió el mundo con los dinosaurios. Investigadores de la Universidad McGill identificaron esta nueva especie, Labradormantis guilbaulti, y a través del análisis de sus venas fosilizadas lograron tender un puente entre el pasado extinto y las familias de mantis que aún habitan la Tierra. El hallazgo nos recuerda que incluso los fragmentos más humildes de la historia natural pueden reescribir nuestra comprensión de la vida y su larga transformación.
En una mina de hierro abandonada cerca de Schefferville, en el subártico canadiense, Alexandre Demers-Potvin, estudiante de doctorado y explorador emergente de National Geographic, rastreaba montones de roca burdeos en busca de fósiles de hojas e insectos. Entre esos escombros encontró dos especímenes que ni él ni sus colegas pudieron identificar en el campo. Solo cuando compartió fotografías con el paleoentomólogo Olivier Béthoux en París comenzó a tomar forma la sospecha: eran las alas traseras de una mantis primitiva nunca antes documentada, bautizada después como Labradormantis guilbaulti, que vivió hace cien millones de años durante el Cretácico tardío.
La dificultad de estudiar la evolución de las mantis radica en las múltiples lagunas del registro fósil y en las anatomías muy distintas de los tres grupos modernos más primitivos. Para sortear ese obstáculo, los investigadores recurrieron al RTI —Reflectance Transformation Imaging—, una técnica fotográfica emergente en paleontología que reveló con detalle la red de venas de las alas fosilizadas. Allí encontraron la clave: una vena específica en la línea de plegado del ala trasera, la AA2, que hoy solo persiste en la familia Chaeteessidae. Su presencia en Labradormantis indicaba que esta característica no surgió de forma aislada, sino que es un rasgo ancestral conservado únicamente por ese linaje moderno.
Con este hallazgo, los investigadores construyeron un árbol evolutivo revisado que ubica a Labradormantis entre parientes vivos y extintos, cerrando una brecha significativa en la historia de estos insectos. Hans Larsson, del Museo Redpath de McGill, destacó lo inusual del logro: avanzar en la comprensión evolutiva sin un espécimen completo en ámbar es raro, y sin embargo una simple impresión de alas en roca resultó igualmente reveladora. El equipo espera que este estudio inspire investigaciones similares sobre otros fósiles de impresión, abriendo nuevas ventanas a la historia profunda de los insectos.
En una mina de hierro abandonada cerca de Schefferville, en el subártico canadiense, investigadores de la Universidad McGill encontraron algo inesperado entre los escombros: los restos fosilizados de una mantis religiosa que vivió hace cien millones de años, durante el Cretácico tardío, cuando los dinosaurios aún caminaban la tierra. El hallazgo, una nueva especie bautizada Labradormantis guilbaulti, llegó casi por accidente. Alexandre Demers-Potvin, estudiante de doctorado y explorador emergente de National Geographic, pasaba sus días rastreando montones de roca burdeos excavados de la mina, recogiendo ocasionalmente fósiles de hojas e insectos. Cuando encontró los dos primeros especímenes de Labradormantis en el campo, ni él ni sus colegas pudieron identificarlos de inmediato. Solo cuando Demers-Potvin mostró fotografías al paleoentomólogo Olivier Béthoux en París comenzaron a sospechar que tenían ante sí las alas traseras de una mantis primitiva nunca antes documentada.
La verdadera sorpresa llegó en el laboratorio. Cuando Béthoux y su equipo examinaron más de cerca una serie de fósiles de insectos, descubrieron que algunos especímenes no solo conservaban las alas traseras, sino también las delanteras de esta especie desconocida. Este hallazgo era significativo porque la mayoría de las mantis religiosas modernas, con sus características patas delanteras agarradas, lucen muy diferentes de sus ancestros fósiles más antiguos. Los paleontólogos han tenido dificultades para rastrear la evolución de las mantis con precisión debido a las múltiples lagunas en el registro fósil de estos insectos, combinadas con las anatomías muy distintas de los tres grupos de mantis modernas más primitivos: Chaeteessidae, Mantoididae y Metallyticidae.
Para desentrañar los secretos de estos fósiles, los investigadores emplearon RTI, o Reflectance Transformation Imaging, una técnica fotográfica emergente en paleontología que permitió obtener una vista detallada de la intrincada red de venas que recorre las alas fosilizadas. Fue en esta red donde encontraron la clave: una vena específica a lo largo de la línea de plegado del ala trasera, designada AA2, que en la actualidad solo aparece en un linaje moderno de mantis, la familia Chaeteessidae. Este descubrimiento fue crucial. Sugería que esta estructura no había evolucionado de forma aislada en Chaeteessidae, sino que también estaba presente en parientes extintos de nuestras mantis contemporáneas. El linaje Chaeteessidae es simplemente el único grupo moderno que ha conservado esta característica ancestral.
Usando esta observación clave, los investigadores produjeron un árbol evolutivo revisado que posicionaba a Labradormantis entre algunos de sus parientes vivos y extintos, cerrando así una brecha significativa en nuestra comprensión de cómo evolucionaron estas criaturas. El estudio, publicado recientemente en Systematic Entomology, arroja luz sobre la evolución de las alas entre las mantis y sus parientes en general, y ofrece una ventana a la historia profunda de estos insectos.
Hans Larsson, del Museo Redpath de McGill y coautor del artículo, señaló que este hallazgo es particularmente notable porque es raro avanzar en la comprensión de la evolución de los insectos sin ver un espécimen completo atrapado en ámbar. En este caso, un fósil menos bien conservado, una simple impresión de alas en roca, tuvo un impacto evolutivo comparable. Larsson expresó la esperanza de que este estudio inspire investigaciones similares de otros fósiles de impresión de alas para abordar preguntas sobre otras ramas del árbol evolutivo de los insectos. Lo que comenzó como una búsqueda rutinaria en escombros de una mina abandonada se convirtió en una contribución significativa a nuestra comprensión de cómo la vida en la Tierra ha cambiado a lo largo de cien millones de años.
Citations marquantes
Nuestros días los pasamos esencialmente rastreando la superficie de montones de escombros que habían sido excavados en la mina, y de vez en cuando, una de las rocas contenía un insecto fósil que recogíamos de inmediato.— Alexandre Demers-Potvin, estudiante de doctorado en McGill
Es muy raro avanzar en nuestra comprensión de la evolución de los insectos sin ver un espécimen de insecto completo atrapado en ámbar. En nuestro artículo, presentamos un caso muy raro en el que un fósil menos bien conservado tiene un impacto similarmente alto.— Hans Larsson, Museo Redpath de McGill