La viruela llegó a América con la conquista europea, causando millones de muertes en poblaciones indígenas sin inmunidad natural contra el virus. La cepa detectada se separó de sus ancestros modernos alrededor de 1296 d.C. y mantuvo estabilidad genética porque no necesitaba evolucionar para propagarse.
Descubren en momias chilenas la cepa de viruela más antigua de América
El virus no necesitaba evolucionar porque encontró poblaciones completamente vulnerables
¿Por qué este descubrimiento en particular importa ahora, más de quinientos años después?
Porque es la primera prueba genética directa de que la viruela llegó con la conquista europea. Antes teníamos registros históricos, pero ahora tenemos el virus mismo, preservado en el ADN de personas que vivieron en el momento exacto en que sucedió.
¿Qué nos dice la estabilidad genética de esta cepa sobre cómo funcionan los virus?
Que los virus no siempre evolucionan rápidamente. Esta cepa no necesitaba cambiar porque encontró poblaciones completamente vulnerables. Sin presión inmunológica, sin resistencia, simplemente se propagaba tal como era.
¿Cómo es posible que dos personas momificadas conserven el material genético viral después de tantos siglos?
Las condiciones de momificación natural en el desierto de Atacama son excepcionales. El clima árido, la baja humedad y las temperaturas estables preservan el ADN de manera extraordinaria. Es casi como un congelador natural.
El artículo menciona que antes se pensaba que esas lesiones eran por arsénico. ¿Cómo se distingue una cosa de la otra?
El análisis genético es definitivo. Si encuentras el virus en el tejido, sabes que hubo infección viral. El arsénico deja cicatrices químicas diferentes. Ahora pueden ver ambas cosas en los mismos cuerpos.
¿Qué preocupa a los investigadores chilenos sobre cómo se hizo este estudio?
Que las muestras vinieron de Chile, pero el poder de decisión y la financiación vinieron de Irlanda. Es un patrón que se repite: el Sur Global proporciona los datos, el Norte Global extrae el conocimiento. Y hay una pregunta más profunda: ¿quién debería consentir en que se analicen restos de antepasados indígenas?
¿Qué sigue ahora con este conocimiento?
Eso depende de cómo se resuelvan esas preguntas éticas. El descubrimiento científico es claro, pero la forma en que se usa y quién controla esa información es una conversación que apenas comienza.
El Pulso
- Dos momias de Arica datadas entre 1492 y 1631 contienen el genoma viral de viruela más antiguo de América
- La cepa se separó de sus ancestros modernos alrededor de 1296 d.C. y mantuvo configuración genética estable
- La viruela causó millones de muertes en poblaciones indígenas con tasa de mortalidad del 30% entre infectados
- Investigadores del Trinity College de Dublín y Universidad de Chile realizaron el estudio publicado en Science
La viruela llegó a América con la conquista europea, causando millones de muertes en poblaciones indígenas sin inmunidad natural contra el virus. La cepa detectada se separó de sus ancestros modernos alrededor de 1296 d.C. y mantuvo estabilidad genética porque no necesitaba evolucionar para propagarse.
Investigadores del Trinity College y Universidad de Chile detectaron la cepa de viruela más antigua del continente en momias de Arica datadas entre 1492-1631, evidencia genética clara de que la colonización europea trajo la enfermedad al Nuevo Mundo.
La viruela fue una de las plagas más devastadoras que conoció la humanidad. Comenzaba con dolor de cabeza y fiebre alta, seguida de erupciones que se extendían por la piel en pústulas dolorosas capaces de desfigurar rostros, cegar ojos e infectar heridas profundas. Quienes sobrevivían cargaban cicatrices de por vida. Tres de cada diez infectados no lo lograban. Hasta su erradicación en los años setenta del siglo pasado, gracias a las vacunas, la enfermedad cobró cientos de millones de vidas.
Los historiadores creen que surgió hace unos tres mil años en África o India, desde donde viajó por las rutas comerciales hasta alcanzar todos los rincones del mundo conocido. Cuando llegó a América con los conquistadores europeos, encontró poblaciones sin defensas inmunológicas. Los primeros brotes documentados ocurrieron en 1518 en el Caribe y en 1520 en México. Lo que vino después fue catastrófico: millones de indígenas murieron sin poder resistir un virus que sus cuerpos nunca habían enfrentado.
Ahora, investigadores del Trinity College de Dublín y la Universidad de Chile han encontrado la evidencia genética más antigua de este desastre. En dos cuerpos momificados descubiertos en Camarones, en la Región de Arica y Parinacota, detectaron el material genético del virus de la viruela. Las momias pertenecen a individuos que vivieron entre 1492 y 1631, el período exacto en que la enfermedad llegó al continente. El hallazgo fue publicado en la revista Science.
Lo que hace singular este descubrimiento es la estabilidad genética de la cepa encontrada. Los investigadores determinaron que se separó de sus ancestros modernos alrededor del año 1296 de nuestra era. A diferencia de otros virus que mutan constantemente para adaptarse a nuevos huéspedes, esta cepa mantuvo su configuración prácticamente sin cambios durante siglos. La razón es simple: no necesitaba evolucionar. Las poblaciones americanas carecían de inmunidad natural, así que el virus se propagaba sin resistencia, sin presión selectiva que lo obligara a transformarse. Los dos genomas virales recuperados de las momias eran casi idénticos, lo que sugiere que el hombre y la mujer fueron infectados durante el mismo brote o por la misma cepa en circulación.
El estudio también ha reinterpretado la evidencia arqueológica anterior. Los cuerpos momificados presentaban lesiones cutáneas de entre uno y cinco milímetros de diámetro, concentradas principalmente en el torso. Durante años, los arqueólogos las atribuyeron a la exposición prolongada al arsénico, un elemento naturalmente abundante en la zona. Ahora, con el análisis genético en la mano, es posible que algunas de esas lesiones reflejen en realidad las erupciones características de la viruela, no solo los efectos del metaloide.
Pero el hallazgo también ha abierto un debate más incómodo sobre la ética de la investigación con restos humanos antiguos. Constanza de la Fuente Castro, antropóloga biológica de la Universidad de Chile y coautora del estudio, señala que este tipo de análisis es destructivo: se toman muestras de restos únicos e irremplazables, lo que plantea preguntas fundamentales sobre quién decide qué se hace con ellos, cómo se custodia esa información y cómo se preserva para el futuro. Hay también una asimetría incómoda en la investigación científica moderna. Las muestras provienen del Sur Global, de países como Chile con financiación limitada, pero el análisis, la interpretación y las decisiones sobre qué hacer con los hallazgos se concentran en instituciones del Norte Global, en lugares como Irlanda. Es una dinámica que refleja desigualdades más profundas en cómo se produce y se controla el conocimiento científico en el mundo.
Citas Notables
Esta área ha estado en el punto de mira debido a la naturaleza destructiva de los análisis, ya que se toman muestras de restos humanos únicos e irremplazables, lo que plantea interrogantes sobre el consentimiento, su custodia responsable y su conservación futura— Constanza de la Fuente Castro, antropóloga biológica de la Universidad de Chile