Descubren en Cantabria una nueva especie de avispa fósil de 105 millones de años

Una avispa de cinco milímetros que reescribe lo que sabemos
Cretevania orgonomecorum destaca por ser una de las más grandes avispas evánidas fósiles jamás encontradas.
Mark

¿Por qué es importante descubrir una avispa de hace 105 millones de años? ¿Qué nos dice sobre el pasado?

Mimi

Nos muestra cómo era la vida en los bosques del Cretácico. Esta avispa no vivía sola; era parte de un ecosistema completo. Al estudiarla, entendemos qué insectos existían, cómo se relacionaban entre sí, incluso qué comían.

Luke

Pero espera. ¿Cuánto sabemos realmente de esta avispa? ¿Solo tenemos un ejemplar?

Mimi

Sí, es un único fósil. Pero está perfectamente preservado en ámbar, así que podemos ver detalles que normalmente se pierden. Las antenas, las venas de las alas, todo está ahí.

Mark

¿Y por qué es la más grande de su género?

Mimi

Eso es lo interesante. Generalmente, las avispas evánidas son muy pequeñas. Esta mide cinco milímetros, lo que la hace excepcional. Solo algunos fósiles de Asia alcanzan ese tamaño.

Luke

¿Pero sabemos por qué era más grande? ¿Era una característica de la población de Cantabria, o simplemente este ejemplar fue una excepción?

Mimi

Eso aún no lo sabemos. Necesitaríamos más especímenes para entender si el tamaño era común en esta región o si fue un caso aislado.

Mark

El Soplao tiene más de 1.500 fósiles. ¿Qué hace especial a este yacimiento?

Mimi

El ámbar preserva los insectos de una manera que casi ningún otro proceso geológico puede hacer. Es como un congelador de tiempo. Aquí tenemos 30 especies nuevas descritas, y cada una nos cuenta algo diferente sobre ese ecosistema costero del Cretácico.

Luke

¿Y cuánto tiempo llevó identificar que era una especie nueva?

Mimi

El análisis morfológico fue cuidadoso. Tuvieron que revisar los criterios diagnósticos del género completo. No fue un descubrimiento rápido.

Mark

¿Qué viene después? ¿Seguirán buscando más avispas en El Soplao?

Mimi

Seguramente. Cada fósil nuevo ayuda a completar el rompecabezas. Y con un equipo internacional trabajando en ello, el ritmo de descubrimientos probablemente acelerará.

  • Una avispa de apenas cinco milímetros, atrapada en ámbar hace 105 millones de años, resulta ser la más grande jamás encontrada de su género, desafiando lo que se creía saber sobre Cretevania.
  • Sus rasgos anatómicos —antenas, venación alar, tórax, patas— no coinciden con ninguna especie descrita previamente, lo que forzó a los investigadores a reconocerla como especie nueva y a revisar los criterios diagnósticos de todo el género.
  • Un equipo internacional que une al IGME-CSIC, universidades españolas, la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Oxford publicó el estudio en Palaeoentomology, consolidando la colaboración global en torno a un fósil cantábrico.
  • El Soplao supera ya las 1.500 inclusiones fósiles documentadas, con cerca de 30 especies completamente nuevas, reafirmando su posición como uno de los yacimientos de ámbar más relevantes del mundo para el estudio del Cretácico.

En las profundidades del tiempo, una gota de resina atrapó a una avispa hace 105 millones de años en los bosques que hoy llamamos Cantabria. Ese instante congelado, recuperado del yacimiento de ámbar de El Soplao, ha revelado una especie desconocida para la ciencia —Cretevania orgonomecorum— que obliga a reescribir los criterios con los que clasificamos a todo su género. El hallazgo nos recuerda que la vida, en su infinita variación, lleva mucho más tiempo experimentando formas y estrategias de las que nuestra memoria colectiva alcanza a imaginar.

En el yacimiento de ámbar de El Soplao, en Cantabria, una gota de resina preservó durante 105 millones de años a una avispa que la ciencia acaba de conocer. El insecto, del período Albiense medio, ha sido bautizado como Cretevania orgonomecorum y representa una especie completamente nueva, hallada en un enclave que ya es referencia mundial para el estudio de insectos fósiles.

Lo que distingue a este ejemplar es, ante todo, su tamaño: cinco milímetros que la convierten en la más grande conocida de su género. Los especímenes de Cretevania descritos hasta ahora eran notablemente más pequeños, y solo algunos fósiles de Myanmar y China se acercaban a estas dimensiones. Al examinar su anatomía con detalle, los investigadores encontraron una combinación de rasgos —estructura de las antenas, patrón de venación alar, forma del tórax— que no encajaba con ninguna especie previamente descrita, obligándoles además a revisar los criterios diagnósticos utilizados para clasificar todo el género.

Cretevania orgonomecorum pertenece a las avispas evánidas, insectos de abdomen reducido y elevado, patas posteriores largas y biología parasitoide: sus hembras depositan huevos en las ootecas de cucarachas, y las larvas se desarrollan alimentándose de los huevos del hospedador. Hoy existen unas 400 especies vivas repartidas por casi todo el mundo.

El estudio, publicado en la revista Palaeoentomology con la participación del IGME-CSIC, universidades españolas, la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Oxford, sitúa a esta especie en un lugar clave para entender la diversificación de las avispas evánidas durante el Cretácico medio. El Soplao acumula ya más de 1.500 inclusiones fósiles documentadas, entre ellas cerca de 30 especies nuevas de insectos y artrópodos, y hallazgos tan significativos como lo que durante años fue considerada la garrapata más antigua conocida. Cada pieza recuperada de este enclave cantábrico añade una capa más a la reconstrucción de un ecosistema costero que, hace más de 100 millones de años, albergaba una diversidad de vida tan compleja y especializada como la del mundo actual.

En el yacimiento de ámbar de El Soplao, en Cantabria, los investigadores han identificado una avispa atrapada en resina hace aproximadamente 105 millones de años. El insecto, conservado en ámbar del período Albiense medio, representa una especie completamente nueva para la ciencia, bautizada como Cretevania orgonomecorum. Su descubrimiento añade un eslabón más a la comprensión de cómo era la vida en los bosques resiníferos que cubrían la cornisa cantábrica durante el Cretácico medio.

Lo que hace notable a este ejemplar es su tamaño: ronda los cinco milímetros, lo que la convierte en una de las avispas más grandes jamás encontrada dentro de su género. Hasta ahora, los especímenes de Cretevania conocidos eran significativamente más pequeños. Solo algunos fósiles descubiertos en ámbar de Myanmar y China alcanzaban dimensiones similares. El análisis detallado de su anatomía reveló características distintivas que no coincidían con ninguna especie descrita previamente: la estructura de sus antenas, el patrón de venación en las alas, la forma del tórax, la disposición de las patas. Esa combinación única de rasgos obligó a los investigadores a reconocerla como una especie nueva y, además, a revisar los criterios diagnósticos utilizados hasta entonces para clasificar todo el género.

Las avispas evánidas, familia a la que pertenece Cretevania orgonomecorum, tienen un aspecto inconfundible. Su abdomen es notablemente reducido y elevado, insertado en la parte superior del tórax, lo que les da una silueta característica. Son insectos pequeños, generalmente de color oscuro, con patas posteriores largas y un cuerpo frágil. En la actualidad existen alrededor de 400 especies vivas distribuidas por casi todo el mundo, excepto en las regiones polares. Su biología es parasitoide: las hembras depositan sus huevos en las ootecas de cucarachas, y las larvas se alimentan de los huevos del hospedador mientras se desarrollan.

El hallazgo fue posible gracias a la excepcional preservación del fósil en ámbar, que permitió a los investigadores examinar con precisión cada detalle de su estructura. El estudio, publicado en la revista Palaeoentomology, contó con la participación de un equipo internacional que incluyó al IGME-CSIC, universidades españolas, la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Oxford. Este descubrimiento es particularmente significativo porque Cretevania orgonomecorum ocupa una posición clave para entender cómo se diversificaron las avispas evánidas durante el Cretácico medio.

El Soplao se ha consolidado como uno de los yacimientos de ámbar más importantes del mundo para el estudio de insectos fósiles. Hasta la fecha, se han documentado más de 1.500 inclusiones fósiles en el enclave cantábrico. De ellas, alrededor de 30 representan especies completamente nuevas de insectos y otros artrópodos: neurópteros, escarabajos, moscas, himenópteros y ácaros. Algunos hallazgos han tenido un impacto científico considerable, como la identificación de lo que fue considerada durante años la garrapata más antigua conocida, preservada junto a decenas de insectos en una única pieza de ámbar.

En conjunto, los fósiles extraídos de El Soplao permiten reconstruir con gran detalle la fauna, el clima y las relaciones ecológicas de un ecosistema costero del Cretácico. Cada nuevo descubrimiento añade capas de comprensión sobre cómo vivían, se relacionaban y evolucionaban los insectos hace más de 100 millones de años. Cretevania orgonomecorum, con sus cinco milímetros de largo y sus características únicas, es un recordatorio de que los bosques antiguos albergaban una diversidad de vida tan compleja y especializada como la que existe hoy.

La combinación de proporciones antenales, forma del tórax, disposición de las patas y patrón de venas alares no encaja con ninguna especie descrita previamente
— Equipo de investigadores del estudio
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