Descubren al likweli, nueva especie de mono con labios anaranjados en el Congo

Incluso en regiones ya exploradas siguen saliendo especies completamente nuevas
Un científico de conservación reflexiona sobre lo que el descubrimiento del likweli revela sobre la biodiversidad del Congo.

En los bosques del Parque Nacional de Lomami, en la República Democrática del Congo, la ciencia acaba de ponerle nombre a lo que la naturaleza llevaba millones de años construyendo en silencio: el likweli, un mono de labios anaranjados y pelaje negro que representa la quinta especie nueva de primate descubierta en África en tres cuartos de siglo. Su existencia, apenas entrevista en 114 avistamientos a lo largo de cuatro años, nos recuerda que la vida sigue siendo más vasta que nuestro conocimiento de ella, y que nombrar una especie puede ser, al mismo tiempo, el primer paso para salvarla.

  • Una especie que vivió invisible para la ciencia durante millones de años fue finalmente descrita tras un primer avistamiento fortuito en 2008 y una segunda aparición que tardó una década en llegar.
  • Con apenas 114 registros en cuatro años y un territorio de solo 1.700 kilómetros cuadrados entre dos ríos, el likweli ya nace ante el mundo clasificado como especie en peligro de extinción.
  • La pérdida de hábitat y el tamaño reducido de su población sugieren que estos monos han retrocedido dramáticamente respecto al territorio que alguna vez ocuparon en la cuenca del Congo.
  • Investigadores de varias instituciones impulsan ahora el reconocimiento formal del likweli en la Lista Roja de la UICN, convirtiendo el descubrimiento científico en una herramienta urgente de conservación.
  • El hallazgo se suma al del lesula en 2012, en la misma región, consolidando al Parque Nacional de Lomami como uno de los últimos laboratorios vivos de evolución de primates en el planeta.

En los bosques cerrados del Parque Nacional de Lomami, en la República Democrática del Congo, vivía un mono que la ciencia no había descrito jamás. Pelaje negro como el carbón, pómulos grises, labios de un naranja brillante y una mancha blanca característica: así es el likweli, nombre con el que las comunidades locales lo conocen desde hace generaciones, y que los científicos han formalizado como Colobus congoensis.

El primer encuentro documentado ocurrió en 2008, cuando conservacionistas lo fotografiaron entre los árboles. Pasaron diez años antes de un segundo avistamiento, en 2018, que detonó una misión específica para estudiar al animal. Lo que encontraron fue una especie completamente nueva para la ciencia: la quinta identificada en África en los últimos setenta y cinco años. Además de su apariencia llamativa, el likweli emite vocalizaciones extraordinarias —rugidos con resoplidos característicos— que resuenan a través del dosel del bosque.

El descubrimiento, sin embargo, llega cargado de urgencia. Entre 2018 y 2022 se registraron apenas 114 avistamientos en un área de 1.700 kilómetros cuadrados, entre los ríos Lomami y Lilo. Esa escasez, sumada a la evidente pérdida de hábitat, llevó a los investigadores a recomendar su clasificación como "En peligro" en la Lista Roja de la UICN. Los análisis genéticos revelan además que el likweli está emparentado con los colobos negros, una especie que hoy vive a más de 1.200 kilómetros de distancia, y que ambas se separaron hace entre 3,44 y 5,78 millones de años.

Kate Detwiler, bióloga de la Universidad Atlántica de Florida y coautora del estudio publicado en Plos One, subraya que el hallazgo evidencia cuánto queda por documentar en la cuenca del Congo y cuán urgente es proteger la pequeña zona donde habita esta especie. El Parque Nacional de Lomami ya había dado al mundo el lesula en 2012; el likweli confirma que estos bosques siguen redefiniendo nuestra comprensión de la evolución y la biodiversidad de los primates.

En los densos bosques del Parque Nacional de Lomami, en la República Democrática del Congo, vive un mono que nadie había descrito científicamente hasta ahora. Tiene el pelaje negro como el carbón, pero su rostro cuenta una historia diferente: pómulos de un gris desnudo, labios de un naranja brillante, y alrededor de los ojos una máscara natural de piel negra que contrasta dramáticamente con el resto de su cara. Alrededor del ano lleva una mancha distintiva de pelaje blanco. Los científicos lo han llamado Colobus congoensis, aunque las comunidades locales lo conocen desde hace generaciones como likweli.

El primer encuentro documentado ocurrió en 2008, cuando un grupo de conservacionistas fotografió al animal mientras se movía entre los árboles. Pasaron diez años antes de que volviera a avistarse, en 2018. Ese segundo encuentro fue el detonante. Los investigadores decidieron entonces lanzar una misión específica para encontrar, estudiar y finalmente describir a este primate esquivo. Lo que descubrieron fue una especie completamente nueva para la ciencia, la quinta identificada en África en los últimos setenta y cinco años.

Lo que distingue al likweli de otros miembros de su familia, los colobos africanos, va más allá de su apariencia llamativa. Estos monos emiten vocalizaciones extraordinarias: rugidos fuertes salpicados de resoplidos característicos que resuenan a través del dosel cerrado del bosque. Esos labios anaranjados hacen que el sonido sea tan visualmente impactante como auditivo, una combinación que los investigadores describen como peculiar incluso dentro de un género ya notable por su diversidad.

Pero el descubrimiento trae consigo una preocupación inmediata. Los estudios de campo revelan que la especie ocupa apenas 1.700 kilómetros cuadrados de bosque, un territorio comprendido entre los ríos Lomami y Lilo. Entre 2018 y 2022, los científicos registraron apenas 114 avistamientos. Esa cifra pequeña, combinada con el área limitada de distribución, llevó a los investigadores a recomendar que el likweli sea clasificado como "En peligro" en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El tamaño reducido de su población y la pérdida evidente de hábitat sugieren que estos monos han perdido la mayor parte del territorio que alguna vez ocuparon.

Los análisis genéticos y morfológicos revelan que el likweli está más estrechamente emparentado con los colobos negros, una especie que hoy vive a más de 1.200 kilómetros de distancia. Ambas especies se separaron hace entre 5,78 y 3,44 millones de años, antes que otras especies del género Colobus. Es un recordatorio de cuán profunda es la historia evolutiva que se despliega en los bosques congoleños.

Kate Detwiler, bióloga de la Universidad Atlántica de Florida y una de las autoras del estudio publicado en Plos One, subraya que el descubrimiento es extraordinariamente raro. "Da pistas de lo mucho que queda por documentar en la cuenca del Congo y lo urgente que es proteger la pequeña zona donde se encuentra esta especie", señala. John Hart, científico especializado en conservación de la Fundación Lukuru para la Investigación de la Vida Silvestre, añade una perspectiva aún más amplia: incluso en regiones que ya han sido exploradas científicamente, continúan emergiendo especies completamente nuevas. El likweli es prueba de que la biodiversidad del Congo central sigue redefiniendo nuestra comprensión de la evolución y la conservación de los primates.

El Parque Nacional de Lomami, donde vive el likweli, ya había demostrado su importancia para la ciencia. En 2012, en la misma región, se identificó otra nueva especie de mono: el lesula. Estos descubrimientos consecutivos subrayan por qué este territorio es crítico para la conservación global. La urgencia es clara: proteger estos bosques no es solo una cuestión de preservar una especie recién descubierta, sino de salvaguardar un laboratorio viviente de evolución y biodiversidad que aún tiene mucho que enseñarnos.

El descubrimiento de una nueva especie de mono es extraordinariamente raro y da pistas de lo mucho que queda por documentar en la cuenca del Congo y lo urgente que es proteger la pequeña zona donde se encuentra esta especie
— Kate Detwiler, bióloga de la Universidad Atlántica de Florida
Hasta en regiones que ya han sido exploradas científicamente siguen saliendo a la luz especies completamente nuevas. Este descubrimiento refuerza la idea de cuánta biodiversidad sigue sin documentarse en la cuenca central del Congo
— John Hart, científico de la Fundación Lukuru para la Investigación de la Vida Silvestre
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Inventor

¿Por qué tardó tanto en descubrirse esta especie si las comunidades locales ya la conocían?

Model

Porque la ciencia occidental opera con criterios muy específicos. Una fotografía de 2008 no es suficiente para describir formalmente una especie nueva. Se necesitan análisis genéticos, morfológicos, estudios de comportamiento. Los locales sabían que existía, pero documentarlo científicamente requiere un proceso riguroso que tomó años.

Inventor

¿Qué significa que solo haya 114 avistamientos en cuatro años?

Model

Significa que la población es muy pequeña y muy localizada. No es que sea raro verlos por casualidad; es que hay muy pocos individuos en un territorio muy restringido. Eso es lo que hace que la clasificación de "En peligro" sea casi inevitable.

Inventor

¿Cómo es posible que en 2012 descubrieran otra especie nueva en la misma región?

Model

El Parque Nacional de Lomami es un bosque denso y prácticamente inexplorado en muchas áreas. Cada descubrimiento sugiere que hay más. Es como si cada vez que los científicos miran más de cerca, encuentran capas nuevas de biodiversidad que nadie sabía que existían.

Inventor

¿Qué nos dice el hecho de que el likweli y el colobo negro estén separados por 1.200 kilómetros?

Model

Que hubo un tiempo en que estos bosques estaban conectados, y que la fragmentación del hábitat ha aislado poblaciones que evolucionaron juntas hace millones de años. Es un registro vivo de cómo el paisaje ha cambiado.

Inventor

¿Por qué importa que emita esos rugidos particulares?

Model

Porque es parte de su identidad como especie. No es solo que se vea diferente; se comporta diferente. Esos rugidos salpicados de resoplidos son su forma de comunicarse en el bosque. Perder la especie sería perder esa voz única del ecosistema.

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