En el corazón de Contramaestre, Santiago de Cuba, el Hospital Orlando Pantoja Tamayo exhibe en fotografías lo que las estadísticas apenas alcanzan a describir: un sistema de salud que ha llegado al límite de su capacidad de sostener la dignidad humana. Las imágenes de inodoros desbordados, pisos anegados y cartones como suelo improvisado en el área de urgencias no son una anomalía local, sino el rostro visible de una crisis estructural que ha consumido a treinta mil médicos y dejado sin medicamentos básicos a una nación entera. Cuando el espacio donde se atiende a los más vulnerables se convie
Denuncian condiciones sanitarias críticas en urgencias del hospital Pantoja Tamayo
Hablan de higiene, mantenimiento y dignidad
¿Por qué estas fotografías importan ahora? Hay denuncias de hospitales en malas condiciones en muchos lugares.
Porque el cuerpo de guardia no es cualquier espacio. Es donde llegan las personas más enfermas, en crisis. Si no hay higiene allí, el riesgo de infección es directo y grave.
Pero ¿sabemos cuántas personas han sido afectadas? ¿Hay documentación de infecciones adquiridas en el hospital? Las fotografías muestran el estado físico, pero no nos dicen el impacto médico real.
¿Cuánto tiempo lleva así el hospital?
Las denuncias documentadas van desde finales de 2025. Gusanos, ratas, falta de agua, medicamentos. Es una cadena continua, no un problema puntual.
Aunque es cierto que hay múltiples denuncias, ninguna ha recibido respuesta oficial. Eso significa que no sabemos si alguien está trabajando en soluciones o si simplemente se ignora.
¿Esto es típico en Cuba o es particular de este hospital?
El Juan Bruno Zayas tiene problemas similares. Parece ser un patrón. Treinta mil médicos se fueron entre 2021 y 2024, y solo el treinta por ciento de los medicamentos básicos estaba disponible en julio de 2025.
Esos números vienen del gobierno cubano, así que son cifras oficiales. Pero no sabemos si reflejan la realidad completa o si hay más médicos que se fueron o menos medicamentos disponibles.
¿Qué pasa con los pacientes que están allí ahora?
Reciben atención en condiciones insalubres. Mujeres embarazadas cargaban cubos de agua por escaleras hace dos semanas. Eso es lo que documentan las denuncias.
Eso es lo que reportó alguien. No sabemos si es sistemático o si fue un incidente particular durante una falta de agua.
Le Pouls
- El cuerpo de guardia del Hospital Pantoja Tamayo —puerta de entrada para emergencias— opera con inodoros rebosantes, tuberías corroídas y pacientes que caminan sobre cartones porque el piso está destruido.
- Las denuncias se acumulan desde finales de 2025 sin respuesta oficial: gusanos, ratas, aguas fecales en terapia intensiva y embarazadas cargando cubos de agua por escaleras ante la ausencia de suministro.
- El deterioro no es exclusivo de este hospital; el Juan Bruno Zayas, también en Santiago de Cuba, registra cucarachas en la sala de partos y ratas en perinatología, señalando un colapso sistémico y no una falla aislada.
- Cuba perdió más de treinta mil médicos entre 2021 y 2024, y en julio de 2025 solo el treinta por ciento de los medicamentos básicos estaba disponible, cifras que el propio gobierno ha reconocido.
- Ninguna autoridad hospitalaria ni el Ministerio de Salud Pública ha respondido públicamente a las denuncias documentadas con fotografías y difundidas por periodistas independientes.
En el corazón de Contramaestre, Santiago de Cuba, el Hospital Orlando Pantoja Tamayo exhibe en fotografías lo que las estadísticas apenas alcanzan a describir: un sistema de salud que ha llegado al límite de su capacidad de sostener la dignidad humana. Las imágenes de inodoros desbordados, pisos anegados y cartones como suelo improvisado en el área de urgencias no son una anomalía local, sino el rostro visible de una crisis estructural que ha consumido a treinta mil médicos y dejado sin medicamentos básicos a una nación entera. Cuando el espacio donde se atiende a los más vulnerables se convierte en un lugar insalubre, la pregunta que emerge no es técnica sino moral: ¿qué le debe una sociedad a quienes llegan enfermos buscando auxilio?
Un sábado, fotografías tomadas por una ciudadana anónima y difundidas por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada pusieron en evidencia el estado del cuerpo de guardia del Hospital Orlando Pantoja Tamayo en Contramaestre, Santiago de Cuba. Las imágenes mostraban inodoros desbordados de orina, pisos encharcados, tuberías oxidadas y cartones colocados en el suelo para que pacientes y acompañantes pudieran caminar. No se trataba de una queja sobre comodidades, sino sobre las condiciones mínimas de higiene en el lugar donde llegan cada día personas en crisis médica.
Lo que hacía la situación especialmente grave era su carácter acumulativo. Desde diciembre de 2025, el mismo hospital había sido objeto de denuncias documentadas: baños con gusanos, cucarachas y ratas, ausencia de medicamentos, camillas y agua. En abril, la sala de Terapia Intensiva apareció con un inodoro lleno de aguas fecales. Apenas dos semanas antes de las nuevas fotografías, se supo que mujeres embarazadas internadas debían subir cubos de agua por las escaleras porque no había suministro. Ninguna denuncia recibió respuesta oficial.
El Pantoja Tamayo no era un caso único. El hospital Juan Bruno Zayas, también en Santiago de Cuba, acumulaba reportes similares: aguas albañales bajo las camas, cucarachas en la sala de partos, ratas en el área de Perinatología. Los mismos síntomas en distintos lugares apuntaban a algo más profundo que la negligencia local.
Los números confirmaban la dimensión del problema. Cuba perdió más de treinta mil médicos entre 2021 y 2024. En julio de 2025, solo el treinta por ciento de los medicamentos básicos estaba disponible, según reconocimiento del propio gobierno. Lo que las fotografías del sábado mostraban no era el fracaso de un hospital, sino el rostro cotidiano de un sistema hospitalario que ha normalizado la precariedad como condición de funcionamiento.
Las fotografías llegaron un sábado. Mostraban inodoros rebosantes de orina, pisos encharcados de agua oscura, tuberías oxidadas asomando por las paredes, azulejos rotos y, en el suelo, cartones colocados como un remiendo desesperado para que la gente pudiera caminar. Esto no era un rincón olvidado de algún edificio abandonado. Era el cuerpo de guardia del Hospital Orlando Pantoja Tamayo en Contramaestre, Santiago de Cuba, la zona de urgencias donde llegan cada día personas en estado crítico buscando atención médica.
Las imágenes fueron difundidas el sábado por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, quien las recibió de una ciudadana que prefirió permanecer en el anonimato. Lo que documentaban era un catálogo de deterioro: paredes con humedad acumulada, tuberías expuestas y corroídas, azulejos dañados, pisos tan destruidos que pacientes y acompañantes no tenían otra opción que pisar sobre cartones improvisados. "Estas imágenes no hablan de lujo ni de comodidades. Hablan de higiene, mantenimiento y dignidad para quienes llegan a un hospital buscando atención médica", escribió Mayeta al publicar la denuncia en Facebook. La observación era directa: no se trataba de una queja sobre servicios de confort, sino sobre las condiciones básicas de un espacio donde se atiende a los enfermos más graves.
Lo que hacía la situación especialmente grave era precisamente dónde ocurría. El cuerpo de guardia es la puerta de entrada de urgencias, el lugar donde convergen personas en crisis médica y sus familias desesperadas. Es el espacio donde las condiciones higiénicas no deberían ser negociables. Pero en el Pantoja Tamayo, la higiene había dejado de serlo hace tiempo.
Este no era un incidente aislado. El hospital acumulaba una cadena de denuncias que se remontaba a finales de 2025. En diciembre de ese año, el fotógrafo Yois Ramos había documentado baños colapsados con presencia de gusanos, cucarachas y ratas, además de carencia de medicamentos, agua, camillas y ambulancias. En abril, nuevas imágenes mostraban la sala de Terapia Intensiva con un inodoro lleno de aguas fecales hasta el borde y pisos convertidos en lodazal. Apenas dos semanas antes de las fotografías del sábado, se había reportado que mujeres embarazadas ingresadas en el hospital debían cargar cubos de agua por las escaleras porque no había suministro. Ninguna de estas denuncias había recibido respuesta oficial del hospital ni del Ministerio de Salud Pública.
El deterioro del Pantoja Tamayo no era un fenómeno aislado en la provincia. El hospital Juan Bruno Zayas, también en Santiago de Cuba, acumulaba denuncias similares: aguas albañales bajo las camas de pacientes, cucarachas en la sala de partos, ratas en el área de Perinatología. Los síntomas eran los mismos en diferentes lugares, lo que apuntaba a un problema sistémico más profundo.
Los números contextualizaban la crisis. Cuba había perdido más de treinta mil médicos entre 2021 y 2024. En julio de 2025, solo el treinta por ciento del cuadro básico de medicamentos estaba disponible, una cifra que el propio gobierno había reconocido. No se trataba de negligencia local o mala administración de un solo hospital. Era el reflejo de un colapso más amplio del sistema hospitalario cubano, donde la falta de recursos, personal y mantenimiento se había convertido en la condición normal de funcionamiento.
Citations marquantes
Estas imágenes no hablan de lujo ni de comodidades. Hablan de higiene, mantenimiento y dignidad para quienes llegan a un hospital buscando atención médica— Yosmany Mayeta Labrada, periodista independiente