Crisis en pesca artesanal: precios de pescado se disparan y recursos marinos escasean

Pescadores artesanales enfrentan reducción de ingresos y mayor esfuerzo laboral; restaurantes y consumidores sufren impacto económico por aumento de precios de alimentos básicos.
Un pescador artesanal con sus anzuelos no puede compararse al cerco que saca todo
Investigador de la Universidad Agraria explica la disparidad de capacidad entre pescadores artesanales y embarcaciones de menor escala.
Mark

¿Por qué los pescadores artesanales no simplemente usan las mismas técnicas de cerco que las embarcaciones de menor escala si son más eficientes?

Mimi

Porque el cerco no es selectivo. Arrasa con todo lo que encuentra, sin importar si es una especie joven, una que está en veda, o una que no debería ser capturada. Los anzuelos del pescador artesanal son más lentos, pero dejan el ecosistema intacto.

Mark

Entonces, ¿el problema es que la ley permite a dos tipos de pescadores diferentes competir en el mismo espacio?

Mimi

Exactamente. La ley de 1992 los trata como una sola categoría, pero una embarcación de menor escala puede cargar treinta toneladas mientras que un pescador artesanal carga cinco punto cinco. Es como pedir que un vendedor ambulante compita con un supermercado.

Mark

¿Y si simplemente se prohíbe la pesca ilegal? ¿No se resolvería gran parte del problema?

Mimi

Sería un paso importante. La pesca ilegal genera más de quinientos millones de soles al año sin respetar ninguna norma. Pero incluso sin ella, la competencia desleal de la pesca de menor escala seguiría siendo un problema legal.

Mark

¿Qué significa que la ley no reconozca la sobreexplotación?

Mimi

Significa que aunque todos vean que hay menos peces, la ley no lo dice. Y sin esa palabra en el texto legal, es casi imposible crear regulaciones para proteger los recursos. Es una brecha que paraliza la acción.

Mark

¿Los restaurantes podrían simplemente cambiar su menú?

Mimi

Podrían, pero el pescado es fundamental en la cocina peruana. Además, cambiar de ingredientes requiere reinventar recetas, reentrenar personal, y aún así los márgenes serían ajustados. Algunos simplemente cerrarán.

Mark

¿Hay alguna solución que todos acuerden?

Mimi

Todos acuerdan en combatir la pesca ilegal. Pero sobre si hay sobreexplotación, sobre cómo regular la pesca de menor escala, sobre cómo formalizar a los artesanales, hay desacuerdo. Y mientras tanto, los precios suben y los peces escasean.

  • Los pescadores artesanales salen más veces al mar y regresan con menos pescado, mientras los precios se disparan a niveles que amenazan con cerrar restaurantes enteros.
  • Embarcaciones de mayor capacidad —algunas ilegales, otras con permiso pero con técnicas devastadoras como el cerco— arrasan las cinco millas reservadas para la pesca artesanal, vaciando el espacio que debería ser su refugio.
  • La pesca ilegal opera con impunidad: cerca de cuatro mil embarcaciones sin licencia generan más de quinientos millones de soles al año, ignorando vedas, tallas mínimas y cualquier regulación.
  • Investigadores, pescadores y hasta representantes de la industria coinciden en que la Ley General de Pesca de 1992 está obsoleta y debe reformarse para proteger las zonas exclusivas artesanales y reconocer legalmente la sobreexplotación.
  • Mientras el debate sobre la reforma legal avanza lentamente, restaurantes como Pueblo Viejo en Chiclayo y cadenas como Punta Sal enfrentan márgenes insostenibles, y los consumidores ven encarecer uno de sus alimentos más básicos.

En las costas del Perú, el mar devuelve cada vez menos a quienes más dependen de él. La pesca artesanal, que alimenta al ochenta por ciento del país, se encuentra atrapada entre la sobreexplotación silenciosa de sus zonas reservadas, la competencia desigual de embarcaciones más poderosas y una ley que lleva treinta años sin adaptarse a la realidad. Lo que ocurre en el agua se siente ya en las mesas y en los negocios: el precio de la corvina ha llegado a sesenta soles el kilo, y con él, la pregunta sobre qué tipo de país quiere ser el Perú con sus recursos y con quienes los cuidan.

En los mercados y restaurantes del Perú, algo ha cambiado de forma silenciosa pero contundente. La corvina sin limpiar alcanza los sesenta soles el kilo, y propietarios como Cecilia Ríos, del restaurante Pueblo Viejo Tradición Chiclayana en Chiclayo, describen los últimos seis meses como insostenibles. Gabriela Fiorini, de la cadena Punta Sal, advierte que el encarecimiento de los insumos marinos es el más severo en años y que, si no se ajustan los márgenes, muchos negocios podrían cerrar pronto.

El origen del problema no está en las cocinas sino en el mar. La pesca artesanal provee el ochenta por ciento del pescado que consumen los peruanos, pero sus pescadores deben esforzarse cada vez más para capturar cada vez menos. Una encuesta de Oceana Perú e Ipsos entre ochocientos tres pescadores revela un sentimiento generalizado de abandono: las autoridades no fiscalizan, y las cinco millas reservadas para la pesca artesanal están siendo vaciadas sin protección real.

Dos fuerzas erosionan esa protección. La primera es la pesca ilegal: embarcaciones sin permiso y operaciones informales que ignoran vedas y tallas mínimas, generando más de quinientos millones de soles al año fuera de toda regulación. La segunda es la pesca de menor escala, que sí tiene permiso para operar en esas millas, pero con embarcaciones que cargan entre diez y treinta toneladas —frente a las cinco punto cinco de los artesanales— y que usan el cerco, una técnica que captura sin discriminación de especies.

La solución que piden los pescadores es clara: que las embarcaciones de cerco de menor escala sean excluidas de las primeras millas, reservando ese espacio para quienes usan técnicas selectivas. Para ello, es indispensable reformar la Ley General de Pesca, vigente desde 1992 y que ni siquiera reconoce formalmente la sobreexplotación como problema legal. Carmen Heck, de Oceana Perú, subraya que sin esa mención explícita en la norma, es imposible crear medidas efectivas para combatirla.

Aunque la presidenta de la Sociedad Nacional de Pesquería niega que exista una crisis de sobreexplotación, reconoce que la pesca artesanal ha sido históricamente desatendida. En ese punto convergen todos: la pesca ilegal es un enemigo común, y el futuro del sector depende de decisiones que, hasta ahora, siguen pendientes.

En los mercados de pescado de Perú, algo ha cambiado. Los pescadores salen más veces al mar, permanecen más días en el agua, y regresan con menos captura que hace apenas unos años. En los restaurantes, los dueños observan con preocupación cómo los costos de sus ingredientes básicos se disparan sin control. La corvina sin limpiar, un producto fundamental en la cocina peruana, alcanza ahora los sesenta soles el kilo. Para Cecilia Ríos, propietaria del restaurante Pueblo Viejo Tradición Chiclayana en Chiclayo, esta realidad se ha vuelto insostenible. Lleva cinco años viendo subir los precios del pescado, pero los últimos seis meses han traído un incremento que describe como desorbitante. "No compensa, es demasiado caro", dice con la resignación de quien ve su negocio amenazado.

Esta crisis no es un fenómeno aislado. Gabriela Fiorini, gerenta general de la cadena de restaurantes Punta Sal, advierte que el aumento de costos en los insumos marinos es el más severo que se ha registrado en muchos años. No responde a los ciclos naturales de veda, sino que afecta prácticamente a todos los productos del mar. Si los negocios gastronómicos no logran ajustar sus márgenes con precisión, muchos podrían cerrar en el corto y mediano plazo. El problema, sin embargo, no nace en las cocinas ni en los mostradores de los restaurantes. Nace en el mar.

La pesca artesanal peruana provee el ochenta por ciento del pescado que consumen los peruanos. Estos pescadores, que trabajan con técnicas selectivas y menos invasivas, están atrapados en una trampa de su propio éxito y de la negligencia regulatoria. Según un estudio publicado el año anterior, los índices de abundancia de peces se han reducido significativamente. Esto significa que el pescador artesanal debe ahora realizar un esfuerzo mucho mayor para obtener lo que antes capturaba con menos trabajo y menos gasto. Carmen Heck, directora de Políticas de Oceana en el Perú, explica que esta situación refleja una crisis más profunda: la sobreexplotación de recursos marinos en las zonas que deberían estar protegidas.

Una encuesta realizada por Oceana Perú e Ipsos, que incluyó a ochocientos tres pescadores artesanales, revela el sentimiento de abandono que predomina en el sector. Los pescadores perciben que las autoridades no están realizando una fiscalización adecuada y que los recursos marinos en las cinco millas reservadas para la pesca artesanal están siendo sobreexplotados sin protección legal suficiente. Esas cinco millas representan mucho más que una zona de trabajo: son un espacio de refugio y reproducción para las especies costeras, un área donde no debería permitirse la pesca de mayor escala. Sin embargo, dos factores erosionan constantemente esta protección. El primero es la pesca ilegal: embarcaciones de mayor tamaño que ingresan sin permiso alguno, junto con operaciones informales que ignoran completamente las normas de veda y capturan sin regulación ni control. El segundo es la pesca de menor escala, que sí posee permiso para trabajar en las cinco millas, pero cuya capacidad es dramáticamente superior a la de los pescadores artesanales.

La disparidad es evidente en los números. Los pescadores artesanales operan con bodegas de aproximadamente cinco punto cinco toneladas de capacidad. Las embarcaciones de menor escala, en cambio, pueden cargar entre diez y treinta toneladas. Además, utilizan la técnica de cerco, un método que no es selectivo: captura sin discriminación de especies, arrasando indiscriminadamente lo que encuentra en su camino. Heck señala que lo que piden los pescadores artesanales es simple pero fundamental: que las embarcaciones de cerco de menor escala no ingresen a las primeras millas, dejando un área exclusiva para quienes usan técnicas más selectivas y menos dañinas. Para lograr esto, es necesario modificar la Ley General de Pesca, que ha estado vigente durante treinta años sin cambios sustanciales.

Luis Icochea, docente e investigador de la Facultad de Pesquería de la Universidad Nacional Agraria La Molina, añade otra capa al problema: el crecimiento de la pesca ilegal. Estima que existen aproximadamente cuatro mil embarcaciones que carecen de licencia de construcción o permiso de pesca. Además, hay un número importante de embarcaciones no artesanales que realizan pesca de arrastre sin autorización en la costa, capturando langostinos mediante una metodología que altera los ecosistemas marinos. La Ley de 1992 prohibía originalmente el cerco y el arrastre dentro de las cinco millas, pero posteriormente se permitió que las embarcaciones de menor escala usaran el cerco en esa zona. "Un pescador artesanal con sus anzuelos no puede compararse al cerco que saca todo", comenta Icochea, resumiendo la competencia desleal que define el sector.

La situación se complica aún más por una ausencia legal crítica: la Ley General de Pesca no reconoce formalmente la sobreexplotación como un problema. Heck explica que aunque por sentido común esto parecería innecesario, en términos legales es fundamental. Lo que vale es lo que está escrito en la norma, y sin esa mención explícita, es difícil crear medidas y acciones para combatir la sobreexplotación. Cayetana Aljovín, presidenta de la Sociedad Nacional de Pesquería, sostiene una posición diferente: afirma que no existe crisis ni sobreexplotación en el sector pesquero. Sin embargo, reconoce que la pesca artesanal ha sido desatendida durante años y necesita formalización, acceso a créditos e infraestructura como plantas de frío y desembarcaderos. Ambos lados coinciden en un punto: la pesca ilegal, que genera indebidamente más de quinientos millones de soles anuales y no respeta vedas, tallas mínimas ni leyes, es un enemigo común que debe ser combatido frontalmente. El futuro de la pesca peruana depende de decisiones que aún no se toman.

El precio de los insumos marinos se ha incrementado de una manera que realmente no se daba desde hace muchos años, y que no necesariamente tiene que ver con los períodos de veda
— Gabriela Fiorini, gerenta general de la cadena de restaurantes Punta Sal
El pescador artesanal tiene que realizar ahora mayor esfuerzo, salir más veces y pasar más días en el mar para conseguir lo que antes capturaba con menos trabajo y gastos
— Carmen Heck, directora de Políticas de Oceana en el Perú
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