Corea del Norte intensifica pruebas militares con misil balístico de alcance intermedio

El momento es perfecto para que Corea del Norte lance otra patata caliente
Un analista de la RAND Corporation explica por qué el régimen intensifica sus pruebas justo ahora, en medio de la saturada agenda de política exterior de Washington.
Mark

¿Por qué este lanzamiento es diferente a los anteriores? ¿Qué nos dice sobre lo que viene?

Mimi

Es el primero de este tipo en cinco años, y eso importa porque sugiere que Corea del Norte está rompiendo con una restricción que se había impuesto a sí misma. No es solo una prueba más; es una señal de que están considerando abandonar límites que habían respetado.

Luke

Pero tenemos que ser precisos: ¿sabemos realmente que van a abandonar la moratoria, o solo que lo están insinuando? Hay una diferencia entre amenaza y acción.

Mimi

Tienes razón. Lo que sabemos es que el gobierno norcoreano insinuó públicamente la semana anterior que podría hacerlo. El presidente surcoreano dijo que "ha estado a punto de destruir" la moratoria. Pero Luke tiene razón: eso es una advertencia, no una confirmación de lo que harán.

Mark

¿Y por qué ahora? ¿Qué ha cambiado?

Mimi

Los analistas señalan varias cosas: Kim Jong Un está presenciando personalmente los ensayos, visitó una fábrica de municiones. Internamente, el régimen enfrenta debilidades por sanciones y el bloqueo de la pandemia. Externamente, hay celebraciones importantes que preparar.

Luke

Pero eso son interpretaciones. Lo que sabemos con certeza es que han hecho siete pruebas en un mes, algo sin precedentes. Lo demás es análisis de por qué.

Mark

¿Qué pasó en 2017 que hace que los expertos digan que estamos viendo el mismo patrón?

Mimi

En 2017 hubo una serie similar de ensayos que terminó llevando a negociaciones con Trump un año después. Seúl está viendo eso como un precedente: intensificación seguida de diplomacia. Pero también fue un momento en que las tensiones fueron muy altas.

Luke

Aunque hay que notar que esas negociaciones colapsaron en 2019 en Hanói. Así que el patrón de 2017 no necesariamente se repite de la misma manera.

Mark

¿Cuál es el alcance real de este misil?

Mimi

Alcanzó dos mil kilómetros de altura y recorrió ochocientos kilómetros. Pero los analistas calculan que si lo lanzaran en un ángulo diferente, podría recorrer cuatro mil quinientos kilómetros, lo que significaría alcanzar Guam.

Luke

Eso es importante aclarar: eso es una estimación basada en cálculos de trayectoria, no una prueba de que realmente puede hacerlo. Es lo que podría hacer en teoría.

Mark

¿Qué dice Estados Unidos?

Mimi

Que el lanzamiento es provocador, pero que están abiertos a negociaciones diplomáticas sin condiciones previas. Quieren que Corea del Norte deje de hacer acciones amenazantes contra sus vecinos.

Luke

Eso es lo que dicen públicamente. Pero las negociaciones han estado paralizadas desde 2019, así que la pregunta real es si hay algo nuevo en la mesa que pueda cambiar eso.

  • Corea del Norte disparó un misil balístico de alcance intermedio que ascendió dos mil kilómetros, su prueba más potente desde 2017, sacudiendo la calma frágil de la región.
  • El régimen acumula siete ensayos en un solo mes, una cadencia sin precedentes que sugiere una decisión deliberada de escalar, no de tantear.
  • Kim Jong Un ha insinuado públicamente el abandono de su moratoria nuclear e intercontinental, convirtiendo cada nuevo lanzamiento en una cuenta regresiva.
  • Seúl convocó de emergencia a su Consejo de Seguridad Nacional, Tokio alertó a su población y Washington declaró estar 'abierto al diálogo', pero las negociaciones llevan años paralizadas.
  • Analistas advierten que el patrón replica el de 2017, cuando una escalada similar terminó en cumbres históricas, aunque las conversaciones posteriores colapsaron sin acuerdo duradero.

Desde la península coreana llega una señal que los observadores del orden mundial conocen bien: la de un régimen que habla con cohetes cuando las palabras han dejado de moverle el mundo. Pyongyang lanzó el domingo su misil más poderoso en cinco años, el séptimo ensayo de 2022, alcanzando alturas que evocan el tenso verano de 2017. En ese ciclo de provocación y negociación se cifra una pregunta que trasciende la geopolítica: ¿hasta dónde debe llegar la amenaza antes de que el diálogo vuelva a ser posible?

El domingo pasado, Corea del Norte lanzó el misil más potente que ha disparado en cinco años. El proyectil alcanzó dos mil kilómetros de altura y recorrió ochocientos kilómetros en media hora, según el Estado Mayor Conjunto surcoreano. Era el séptimo ensayo militar del régimen en lo que va de 2022, una frecuencia sin precedentes en un solo mes.

Lo que inquieta a los analistas no es solo el lanzamiento en sí, sino lo que anticipa. Hace apenas una semana, Pyongyang insinuó públicamente que podría abandonar la moratoria que se había impuesto durante casi cinco años en pruebas nucleares y de misiles intercontinentales. El presidente surcoreano Moon Jae-in convocó de emergencia al Consejo de Seguridad Nacional y advirtió que el régimen ha estado a punto de romper ese compromiso. El misil probado es comparable al Hwasong-12 de 2017, que los expertos calcularon capaz de alcanzar Guam si se lanzara en trayectoria óptima.

La reacción internacional fue inmediata: Japón lo calificó de misil de alcance intermedio o largo, y la embajadora estadounidense ante la ONU lo describió como 'provocador', aunque insistió en que Washington permanece abierto al diálogo sin condiciones previas.

Los analistas ofrecen varias lecturas. Kim Jong Un ha presenciado personalmente algunos ensayos y visitó una fábrica de municiones, señales de compromiso personal con el programa armamentístico. Soo Kim, de la RAND Corporation, sugiere que el líder norcoreano ha encontrado el momento oportuno para intensificar las provocaciones, añadiendo otra presión a la saturada agenda exterior de Washington. Otros apuntan a motivaciones internas: el régimen enfrenta debilidades económicas agravadas por sanciones y el bloqueo pandémico, y busca recordar a sus adversarios que cualquier intento de desestabilizarlo tendría un costo alto.

El fantasma de 2017 sobrevuela el análisis: aquella serie de ensayos desembocó en cumbres históricas entre Kim y Trump, pero las conversaciones colapsaron en Hanói en 2019 y desde entonces permanecen paralizadas. Ahora, con Pyongyang demostrando capacidad técnica y voluntad política de escalar, la pregunta que ronda los despachos de Seúl, Tokio y Washington es si el próximo paso será reanudar el programa nuclear completo.

El domingo pasado, Corea del Norte lanzó el misil más potente que ha disparado en cinco años, marcando un punto de quiebre en una escalada que ha dejado a los analistas y gobiernos vecinos observando con creciente alarma. El proyectil alcanzó una altura máxima de dos mil kilómetros y recorrió aproximadamente ochocientos kilómetros en media hora, según detectó el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur. Se trata del séptimo ensayo militar que realiza el régimen en lo que va de 2022, una frecuencia sin precedentes: nunca antes había concentrado tantas pruebas en un solo mes.

Lo que hace particularmente inquietante este lanzamiento es lo que sugiere sobre las intenciones futuras de Pyongyang. Hace apenas una semana, el gobierno norcoreano había insinuado públicamente que podría abandonar la moratoria que se había impuesto a sí misma durante casi cinco años en materia de pruebas nucleares y misiles intercontinentales. El presidente surcoreano Moon Jae-in convocó de emergencia al Consejo de Seguridad Nacional de su país y advirtió que el régimen "ha estado a punto de destruir" ese compromiso autoimpuesto. Los analistas en Seúl observan un patrón familiar: en 2017, una serie similar de ensayos precedió a un momento en que las tensiones en la península rozaron el precipicio.

El misil probado el domingo es un arma balística de alcance intermedio, lanzado en lo que los militares llaman un ángulo alto, una trayectoria que sacrifica alcance máximo por otras consideraciones tácticas. Joseph Dempsey, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, identificó el proyectil como el primer misil balístico de alcance intermedio que Pyongyang prueba desde 2017. El último fue el Hwasong-12, que recorrió setecientos ochenta y siete kilómetros con una altura máxima de dos mil ciento once kilómetros. Los expertos calcularon entonces que, de haber sido lanzado en un ángulo que maximizara su alcance, ese mismo misil habría podido recorrer cuatro mil quinientos kilómetros, lo suficiente para alcanzar territorio estadounidense en Guam.

La reacción internacional fue inmediata. Hirokazu Matsuno, principal portavoz del gobierno japonés, calificó el lanzamiento como un misil de alcance intermedio o largo. Linda Thomas-Greenfield, embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, describió el ensayo como "provocador" pero señaló que Washington permanece "absolutamente abierto a un compromiso diplomático sin condiciones previas". El objetivo estadounidense, dijo, es "terminar con las acciones amenazantes" que el país realiza contra sus vecinos.

Los analistas ofrecen varias explicaciones para esta intensificación. Kim Jong Un ha estado presenciando personalmente algunos de los ensayos y visitó la semana anterior una fábrica importante de municiones, señales claras de su compromiso personal con el programa de desarrollo armamentístico. Soo Kim, analista de la RAND Corporation, sugiere que el líder norcoreano ha estado conteniendo su impulso de realizar pruebas y provocaciones, pero que ahora "el momento es perfecto". Añade que los lanzamientos continuos de misiles norcoreanos representan "otra patata caliente" para la ya saturada agenda de política exterior de Washington.

Otros expertos apuntan a motivaciones internas. El régimen enfrenta debilidades domésticas agravadas por las sanciones internacionales y el bloqueo que impuso durante la pandemia, que devastó el comercio con China, su principal aliado económico. Leif Easley, profesor de la Universidad Ewha, sugiere que Kim escucha las discusiones externas sobre las fragilidades internas de su país y busca recordar a Washington y Seúl que cualquier intento de derrocamiento sería costoso. Además, Corea del Norte se prepara para celebraciones internas significativas: el octogésimo aniversario del nacimiento de Kim Jong Il en febrero y el centésimo décimo cumpleaños del fundador Kim Il Sung en abril.

El contexto regional amplifica la tensión. China, principal aliado de Kim, se prepara para inaugurar los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín en días. Corea del Sur celebró elecciones presidenciales en marzo. En 2017, una serie similar de ensayos militares norcoreanos desembocó un año después en la histórica cumbre entre Kim Jong Un y el presidente estadounidense Donald Trump en Singapur. Pero tras el colapso de las conversaciones en Hanói en 2019, las negociaciones entre Pyongyang y Washington han permanecido paralizadas, a pesar de los llamados de la administración Biden para reanudarlas. Ahora, con Corea del Norte demostrando tanto capacidad técnica como disposición política para intensificar sus pruebas, los observadores se preguntan si el próximo paso será reanudar el programa nuclear completo.

El régimen ha estado a punto de destruir la moratoria que declararon
— Presidente surcoreano Moon Jae-in
El lanzamiento es provocador, pero Estados Unidos está absolutamente abierto a un compromiso diplomático sin condiciones previas
— Linda Thomas-Greenfield, embajadora de Estados Unidos ante la ONU
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