En el invierno de 2021, Córdoba atravesó una de las pruebas más duras de la pandemia: en apenas tres semanas, los contagios diarios se redujeron a la mitad, pero las unidades de terapia intensiva permanecían al límite, recordándonos que los sistemas de salud cargan el peso del pasado incluso cuando el presente mejora. La ciudad que más hisopaba en el país veía descender su positividad, mientras expertos advertían que la cautela es la única vacuna contra el optimismo prematuro. En el horizonte, la variante delta y una vacunación aún insuficiente dibujaban la fragilidad de cada avance.
Córdoba reduce a la mitad casos diarios de COVID-19 en 20 días pero mantiene ocupación crítica de UTI
La película sigue y es probable que sigamos con una tasa de contagios más elevada
¿Por qué una reducción del 50 por ciento en casos no se traduce en alivio real para los hospitales?
Porque los pacientes que ya están internados no se van rápido. Una persona con COVID grave necesita casi dos semanas de cama, a veces más. Así que aunque dejes de ingresar gente nueva, los que ya están adentro siguen ocupando espacio.
¿Qué significa que la ocupación bajó del 90 al 80 por ciento si eso sigue siendo crítico?
Significa que pasamos de "el sistema está a punto de romperse" a "el sistema está bajo presión extrema pero aguanta". No es victoria. Es supervivencia.
Los testeos aumentaron de 86.000 a 172.000 semanales. ¿Eso ayudó a bajar los casos?
Probablemente. Cuando testeas más, detectas más, aislas más rápido. La positividad bajó del 26 al 11 por ciento. Eso no es casualidad. Pero también las restricciones funcionaron.
¿Por qué los expertos siguen siendo cautelosos si los números mejoran?
Porque han visto esto antes. Una meseta no es el final. Una variante nueva puede cambiar todo en días. Y porque el 80 por ciento de ocupación de UTI sigue siendo un número que te mantiene despierto por las noches.
¿Qué pasa con la gente más joven que está muriendo más que el año pasado?
Eso es lo que nadie quería ver. El 60 por ciento de los internados tiene menos de 60 años. La pandemia cambió. Ya no es solo los viejos. Y eso complica todo: más gente en edad productiva, más impacto social, más presión psicológica.
¿La vacunación es la salida?
Debería serlo. Pero Argentina está rezagada. Menos del 10 por ciento con dos dosis. Mientras tanto, Chile y Uruguay ya pasaron el 40. Eso es una brecha que duele.
O Pulso
- A principios de junio, Córdoba rozaba el colapso sanitario: 5.000 casos diarios y camas UTI al 90% de ocupación obligaron a los intendentes a evaluar el retorno a la fase más restrictiva.
- En veinte días, los contagios cayeron más del 50%, pero los pacientes graves permanecen internados hasta 12 días en promedio, manteniendo la presión sobre una infraestructura que no descansa.
- La ciudad multiplicó su capacidad de testeo hasta 14.000 hisopados diarios, logrando que la positividad bajara del 26% al 11%, acercándose al umbral recomendado por la OMS.
- Argentina avanzaba lenta en vacunación —menos del 10% con esquema completo— mientras Chile y Uruguay ya superaban el 40%, dejando al país expuesto ante posibles nuevas variantes.
- Con 338 muertes en un solo día a nivel nacional y más fallecidos menores de 60 años que en 2020, los expertos insisten: la mejora es real, pero la amenaza de un nuevo rebrote no ha desaparecido.
En el invierno de 2021, Córdoba atravesó una de las pruebas más duras de la pandemia: en apenas tres semanas, los contagios diarios se redujeron a la mitad, pero las unidades de terapia intensiva permanecían al límite, recordándonos que los sistemas de salud cargan el peso del pasado incluso cuando el presente mejora. La ciudad que más hisopaba en el país veía descender su positividad, mientras expertos advertían que la cautela es la única vacuna contra el optimismo prematuro. En el horizonte, la variante delta y una vacunación aún insuficiente dibujaban la fragilidad de cada avance.
A principios de junio de 2021, Córdoba vivía una crisis sanitaria que parecía desbordarse: más de cinco mil casos diarios, terapias intensivas al 90% de ocupación y reuniones de urgencia entre intendentes que contemplaban volver a la fase más restrictiva. Veinte días después, los contagios habían caído a 2.141 y la ocupación de camas críticas descendió al 80%. Una mejora real, aunque cargada de matices.
Fernando Riera, jefe de Infectología del Sanatorio Allende, explicó que los pacientes graves requieren internaciones prolongadas y algunos se cronifican, lo que mantiene las UTI bajo presión incluso cuando los casos nuevos disminuyen. La mortalidad, advirtió, seguía en una meseta con niveles de junio superiores a los de mayo, y hacer predicciones resultaba difícil: otro rebrote era posible.
Miguel Díaz, epidemiólogo y director del Hospital Rawson, aportó datos precisos: la mediana de internación era de casi 12 días, un día más que en 2020, y su hospital operaba al 95% de ocupación. Aunque los casos nuevos bajaban, los ya internados permanecían más tiempo en el sistema, sosteniendo la presión sobre la infraestructura.
Córdoba se convirtió en una de las ciudades con mayor capacidad de testeo del país, con 14.000 hisopados diarios. La positividad cayó del 26,72% al 11,48%, acercándose al 10% recomendado por la OMS. Un programa especial llevó los testeos gratuitos a industrias y comercios, detectando apenas 1% de positividad en líneas de producción.
En el plano de la vacunación, Argentina se encontraba entre los países rezagados, sin superar el 10% de ciudadanos con esquema completo, mientras Chile y Uruguay superaban el 40%. En Córdoba, solo 307.287 personas habían completado el esquema al 25 de junio, aunque el personal de salud alcanzaba más del 80% con dos dosis.
Díaz subrayó que en 2021 había más fallecidos menores de 60 años que en 2020, y que la tasa de mortalidad está directamente ligada a la presión del sistema sanitario. La amenaza de la variante delta, capaz de elevar los contagios sobre una meseta ya alta, hacía indispensable mantener las restricciones vigentes y tomar decisiones desde el análisis científico, sin perder de vista el impacto económico y social.
A principios de junio, Córdoba enfrentaba una crisis sanitaria que parecía sin control. Los casos diarios superaban los cinco mil, las unidades de terapia intensiva estaban al borde del colapso con una ocupación que alcanzaba el 90 por ciento, y los intendentes se reunían de urgencia para analizar incluso la posibilidad de retroceder a la Fase 1 más restrictiva. Veinte días después, el panorama había cambiado de manera notable. Los casos diarios bajaron a 2.141, una reducción de más del 50 por ciento. La ocupación de camas críticas descendió a casi el 80 por ciento. Pero esta mejora, aunque real, esconde una complejidad que los expertos consultados se apresuran a señalar: el sistema sanitario sigue bajo presión extrema, y la cautela debe prevalecer sobre el optimismo.
Fernando Riera, jefe del Servicio de Infectología del Sanatorio Allende, explicó que en la última semana de junio los casos tendían hacia una meseta, con una ocupación de camas críticas para adultos con COVID-19 del 79,1 por ciento y un 19 por ciento de pacientes con asistencia respiratoria mecánica. En su institución, la ocupación en internación general había disminuido, pero las camas de terapia intensiva permanecían ocupadas debido a que estos pacientes requieren internaciones más prolongadas y algunos se cronifican. Riera advirtió que la mortalidad se mantenía en una meseta, con niveles de junio superiores a los de mayo, y expresó su esperanza de que disminuyeran en julio. Sin embargo, reconoció la dificultad de hacer predicciones: la película seguía, probablemente con una tasa de contagios más elevada que la del verano anterior, y no había que relajarse en los cuidados porque otro rebrote era posible.
Miguel Díaz, epidemiólogo y director del Hospital Rawson en Córdoba, ofreció un análisis más detallado de la estabilización. Según sus datos de la semana epidemiológica 24, la incidencia fue de 1.000,17 casos por cada 100.000 habitantes, la positividad de pruebas alcanzó el 18,1 por ciento, y la ocupación de camas COVID llegó al 80,1 por ciento. Un dato crucial: la mediana de internación era de casi 12 días, un día más que el año anterior. El Hospital Rawson, uno de los centros de referencia, operaba al 95 por ciento de ocupación considerando que todas sus camas son críticas. El hospital modular instalado por la Nación, que depende del Rawson, tenía una ocupación del 78 por ciento. Estos números revelan que aunque los casos nuevos disminuían, los pacientes ya internados permanecían más tiempo en el sistema, manteniendo la presión sobre la infraestructura.
La estrategia de testeos en Córdoba se intensificó dramáticamente. En 2021 se realizaron poco más de dos millones de pruebas, con un promedio de 86.000 semanales en las primeras semanas, cifra que subió a 172.775 en las últimas cinco semanas. La ciudad de Córdoba realizaba 14.000 hisopados diarios en centros públicos y privados, convirtiéndose en una de las ciudades con mayor capacidad de testeos del país. La positividad bajó del 26,72 por ciento el 26 de mayo al 11,48 por ciento el 16 de junio, acercándose al 10 por ciento máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Además, se implementó el plan "Testeos COVID en Apoyo a la Producción y el Empleo", mediante el cual personal de la Secretaría de Salud visitaba industrias, empresas y comercios para hisopar gratuitamente a trabajadores, detectando apenas un 1 por ciento de positividad en las líneas de producción.
A nivel nacional, Argentina seguía siendo vulnerable ante el virus. El país se encontraba entre los posicionados en la mitad hacia el final de la tabla de vacunación mundial, junto a Ecuador, Perú, Paraguay, Bolivia y Venezuela, sin superar el 10 por ciento de ciudadanos con ambas dosis aplicadas. En contraste, Chile, Estados Unidos y Uruguay lideraban el ranking con más del 40 por ciento de su población inmunizada. En Córdoba, hasta el 25 de junio se habían aplicado 1.639.938 vacunas, de las cuales 1.332.651 corresponden a primeras dosis y 307.287 completaron el esquema. El personal de salud era el que mayor porcentaje de vacunación tenía, con más del 80 por ciento con dos dosis.
La mortalidad en Córdoba presentaba un patrón preocupante. La tasa de letalidad general era de 1,24 por ciento, mientras que en 2021 bajaba a 0,88 por ciento. Sin embargo, Díaz señaló que en 2021 había más fallecidos menores de 60 años que en 2020, y que el 60 por ciento de los internados tenía menos de 59 años. A nivel nacional, el Ministerio de Salud reportó 338 muertes en las 24 horas previas al 26 de junio, con un total de 92.317 víctimas fatales desde el inicio de la pandemia y 4.393.142 casos acumulados. Díaz explicó que la tasa de mortalidad está directamente relacionada con la presión del sistema sanitario: no es lo mismo atender a un número bajo de pacientes críticos que a muchos simultáneamente, fenómeno comprobado en todos los países.
Las restricciones en Córdoba permanecían vigentes bajo el Decreto de Necesidad y Urgencia 411/2021, que se mantenía hasta el 9 de julio. Las clases seguían siendo virtuales en ciudades de más de 30.000 habitantes, los comercios permanecían abiertos hasta las 19 horas, y esa semana se habilitaron algunas actividades deportivas. Díaz enfatizó la importancia del control al ingreso y la responsabilidad social de someterse a testeos y aislamientos si se era viajero. Advirtió que aunque se observaba una leve desaceleración, la diseminación de una nueva variante como la delta podría hacer que el número de contagios aumentara sobre la meseta alta, creando conflictos graves en el sistema sanitario. La clave, sostuvo, era tomar medidas sanitarias desde el conocimiento y análisis científico, sin dejar de considerar los aspectos económico y social.
Citações Notáveis
Hacer predicciones es muy difícil, creo que esta película sigue y es probable que sigamos con una tasa de contagios que permanezcan en niveles más elevados que los del verano— Fernando Riera, Jefe del Servicio de Infectología del Sanatorio Allende
Si bien uno puede advertir una leve desaceleración, debemos ser muy cautos para la toma de decisiones. La diseminación de una nueva variante podría hacer que el número de contagios aumente sobre esta meseta alta— Miguel Díaz, director del Hospital Rawson