En el Hospital Italiano de Córdoba, una mujer de 64 años que cargaba dos amenazas simultáneas en su cerebro —un tumor recién extirpado y un aneurisma recién descubierto— recibió el primer implante intrasacular realizado fuera de Buenos Aires, sellando el aneurisma desde adentro en poco más de media hora y regresando a su hogar al día siguiente. Este hito no es solo una proeza técnica: es la señal de que las fronteras del acceso médico de alta complejidad en Argentina están, lentamente, comenzando a desplazarse.
Córdoba realizó el primer implante intrasacular del interior para tratar aneurisma cerebral
Navegaron por los vasos sanguíneos hasta el cerebro en treinta minutos
¿Por qué es importante que este procedimiento se haya hecho en Córdoba y no en Buenos Aires?
Porque hasta ahora, esta tecnología específica—el implante intrasacular—estaba disponible casi exclusivamente en la capital. Que se haya realizado en el interior significa que los pacientes de otras provincias tienen acceso a opciones de tratamiento que antes requerían viajar o simplemente no estaban disponibles.
Pero hay que ser precisos: esto es el primer implante intrasacular fuera de Buenos Aires, pero Argentina ya tenía experiencia con procedimientos endovasculares desde los años 80. ¿Cuál es exactamente la novedad tecnológica aquí?
La novedad es el dispositivo en sí. Los procedimientos endovasculares existen hace décadas, pero este dispositivo específico permite tratar el aneurisma desde adentro sin requerir doble antiagregación plaquetaria. Para una paciente que acababa de ser operada por un tumor, eso es crucial.
¿Y eso de la antiagregación plaquetaria, por qué importa tanto?
Porque son medicamentos que adelgazan la sangre. Si la paciente los toma después de una cirugía reciente, aumenta el riesgo de hemorragia. Este dispositivo evita esa necesidad.
Dicho esto, el artículo no reporta complicaciones, pero tampoco hay seguimiento a largo plazo documentado. Sabemos que la paciente fue dada de alta en menos de 24 horas, pero ¿qué pasó después? ¿Cuál es el pronóstico a seis meses, a un año?
Eso es una pregunta válida. El artículo documenta el procedimiento y el alta inmediata, pero no hay datos de seguimiento a largo plazo publicados aún.
¿Cuántos hospitales en Argentina podrían hacer esto ahora?
Según la información disponible, solo tres implantes de este tipo se han colocado en el país. Probablemente solo dos o tres centros tienen el equipamiento y el entrenamiento necesarios.
Y eso es importante aclarar: esto no es un procedimiento que de repente esté disponible en todo el país. Es un avance en un hospital específico, con un equipo específico. El acceso sigue siendo muy limitado.
O Pulso
- Una paciente que acababa de sobrevivir una cirugía cerebral enfrentó de inmediato un segundo peligro: un aneurisma que podía romperse en cualquier momento y provocar un sangrado catastrófico.
- La urgencia era doble: tratar el aneurisma sin exponer a la paciente a los riesgos de una nueva cirugía abierta ni a medicamentos anticoagulantes que podían desencadenar hemorragias posoperatorias.
- El equipo neurovascular del Hospital Italiano navegó catéteres desde la ingle hasta el cerebro y desplegó un dispositivo que cerró el aneurisma desde su interior, evitando la necesidad de doble antiagregación plaquetaria.
- La intervención duró apenas treinta minutos y la paciente recibió el alta en menos de 24 horas, sin complicaciones reportadas.
- Este fue solo el tercer implante de este tipo realizado en Argentina y el primero fuera de la capital, abriendo la posibilidad de que tecnologías antes reservadas a Buenos Aires lleguen al interior del país.
En el Hospital Italiano de Córdoba, una mujer de 64 años que cargaba dos amenazas simultáneas en su cerebro —un tumor recién extirpado y un aneurisma recién descubierto— recibió el primer implante intrasacular realizado fuera de Buenos Aires, sellando el aneurisma desde adentro en poco más de media hora y regresando a su hogar al día siguiente. Este hito no es solo una proeza técnica: es la señal de que las fronteras del acceso médico de alta complejidad en Argentina están, lentamente, comenzando a desplazarse.
Una mujer de 64 años llegó al Hospital Italiano de Córdoba con dos amenazas coexistiendo dentro de su cráneo. Hacía menos de un mes, los cirujanos le habían extirpado un tumor cerebral. Durante su recuperación, los estudios de imagen revelaron algo más: un aneurisma, una debilidad en la pared de una arteria que podía romperse sin aviso y causar un sangrado devastador. El 11 de mayo, el equipo neurovascular del hospital introdujo catéteres por la arteria femoral en la ingle, los guió a través del torrente sanguíneo hasta el cerebro y colocó un pequeño dispositivo directamente dentro del aneurisma para sellarlo desde adentro. El procedimiento duró poco más de media hora. Al día siguiente, la paciente estaba en su casa.
Era la primera vez que esta tecnología —un implante intrasacular— se utilizaba en cualquier lugar fuera de Buenos Aires, y solo la tercera vez en toda Argentina. La distinción importa porque el dispositivo se coloca dentro del saco del aneurisma, no en el vaso principal, lo que elimina la necesidad de una doble antiagregación plaquetaria que otros implantes endovasculares exigen. Para alguien que acababa de atravesar una cirugía cerebral, evitar esa medicación anticoagulante agresiva reducía significativamente el riesgo de complicaciones hemorrágicas posoperatorias.
El neurointervencionista Matías Quaglia explicó que la anatomía particular del aneurisma de la paciente —la forma y posición de su cuello— hacía que la cirugía abierta convencional fuera riesgosa o directamente imposible. La vía endovascular era su mejor opción. Argentina lleva cuatro décadas desarrollando la neurocirugía endovascular, pero esos avances permanecieron concentrados en la capital. El caso de Córdoba sugiere que esa geografía del acceso está comenzando a cambiar: lo que antes solo existía en Buenos Aires empieza a volverse alcanzable más cerca de casa.
A 64-year-old woman arrived at Hospital Italiano in Córdoba carrying two separate threats inside her skull. Less than a month earlier, surgeons had opened her head to remove a brain tumor. During her recovery, imaging revealed something else: an aneurysm—a ballooning weakness in an artery wall that could rupture without warning and cause catastrophic bleeding. On May 11, the hospital's neurovascular team threaded catheters through an artery in her groin, navigated them through her bloodstream to her brain, and placed a small device directly inside the aneurysm to seal it from within. The procedure lasted just over thirty minutes. She went home the next day.
This was the first time this particular technology—an intra-saccular implant—had been used anywhere outside Buenos Aires. It was only the third time it had been used in Argentina at all. The distinction matters because it signals a shift in how complex brain conditions are being treated, and where that treatment is becoming available.
An aneurysm is a bulge in an artery, a weak spot that balloons outward under the pressure of blood flow. The danger is rupture. When it happens, blood floods into the brain tissue or the space surrounding it, causing stroke, brain damage, or death. Once an aneurysm is found and its anatomy is suitable for intervention, doctors typically recommend treatment to eliminate the risk. For decades, that meant open surgery—cracking the skull, finding the vessel, and clipping the aneurysm shut. It was effective but carried real risks, especially for patients already weakened by recent procedures.
The newer approach is endovascular: instead of opening the skull, doctors work through the blood vessels themselves, using catheters small enough to thread through arteries. They can reach the brain from inside the circulatory system, treating the problem with minimal trauma to surrounding tissue. The intra-saccular device represents a refinement of this strategy. Rather than placing an implant in the main vessel—which can require patients to take blood-thinning medications indefinitely to prevent clots—the intra-saccular approach places the device inside the aneurysm sac itself. In this patient's case, that meant she could avoid the double antiplatelet therapy that other endovascular devices demand. For someone who had just undergone brain surgery, avoiding aggressive blood-thinning medication reduced the risk of post-operative bleeding complications.
Matías Quaglia, the neurointerventionist who performed the procedure, explained the technical path: a small catheter entered through the femoral artery in the groin, then traveled upward through the arterial system to the brain, guided by real-time imaging from an angiograph. Once the catheter reached the aneurysm, the device was deployed to close it from the inside. The woman's aneurysm had particular anatomical features—the shape and position of its neck—that made conventional open surgery risky or impossible. The endovascular approach was her best option.
Argentina has been developing endovascular neurosurgery for four decades. In the 1980s, doctors began using embolization techniques—filling aneurysms with material to block blood flow. By 1989, metal microcoils were being used as an alternative to open clipping. By the time a historical review was published by the Argentine Neurosurgery Association, the field had matured enough that fourteen trained teams across the country were performing roughly 700 endovascular procedures annually, with published research documenting 449 patients treated by these methods. In 2022, a provincial hospital in Buenos Aires performed its first endovascular aneurysm treatment, discharging the patient after two days. But those advances remained concentrated in the capital.
The Córdoba case represents a widening of access. The technology is still rare—only three implants of this type have been placed in the entire country—but the fact that the second and third were in Buenos Aires and Córdoba suggests the capability is beginning to spread. For patients in the interior of Argentina facing complex brain aneurysms, it means treatment options that were once available only in the capital are becoming reachable closer to home. The woman in this case recovered without complications and went home within hours. What happens next will depend on whether other hospitals in the provinces can acquire the equipment and training to replicate what Córdoba accomplished.
Citações Notáveis
El dispositivo se implantó para tratar el aneurisma desde el interior, guiado por imágenes en tiempo real— Matías Quaglia, neurocirujano neurointervencionista del Hospital Italiano de Córdoba