Concesionarias del Metropolitano ofrecen diálogo tras reducir buses alimentadores

Miles de usuarios del Metropolitano enfrentan largas esperas y dificultades para acceder al transporte público, con pasajeros reportando esperas de más de veinte minutos sin poder abordar buses alimentadores.
Un servicio esencial no puede funcionar sin compensación durante nueve semanas
Las concesionarias explicaron por qué redujeron los buses alimentadores del Metropolitano de Lima.
Mark

¿Por qué las concesionarias decidieron reducir los buses justo en ese momento? ¿No sabían que afectaría a miles de personas?

Mimi

Llevaban casi dos meses sin recibir pagos. Los contratos dicen que deben pagar semanalmente. Nueve semanas sin dinero significa que no pueden pagar a sus empleados ni a sus proveedores. En algún punto, el sistema colapsa.

Luke

Pero ¿verificamos realmente que no recibieron pagos durante nueve semanas? El comunicado de AFIN lo dice, pero ¿lo confirmó la ATU o el MEF?

Mimi

La ATU reconoció que había un incumplimiento, aunque no especificó la duración exacta. Lo que sí está claro es que había un problema de pagos.

Mark

¿Y la información financiera que las concesionarias dicen haber entregado? ¿Realmente la tenía la ATU?

Mimi

Según las concesionarias, sí. Dijeron que la información estaba en manos de la ATU desde mediados de octubre. Pero la ATU pedía que fuera auditada y verificable antes de llegar al MEF.

Luke

Entonces hay un desacuerdo sobre si la información ya estaba lista o no. ¿Quién tiene razón?

Mimi

Eso no está completamente claro en los reportes. Lo que sí sabemos es que los pasajeros pagaban el precio mientras las autoridades y las concesionarias discutían.

Mark

¿Cuántos buses redujeron exactamente?

Luke

El artículo no da un número específico. Dice que redujeron la flota, pero no dice cuántos buses sacaron de circulación.

Mimi

Es un dato importante que falta. Sabemos que el impacto fue significativo porque las filas eran largas y los buses pasaban llenos, pero no tenemos la magnitud exacta.

Mark

¿Qué pasó después? ¿Se resolvió el problema?

Mimi

El artículo termina con las concesionarias disponibles para dialogar y la ATU pidiendo información auditada. Es un punto de tensión sin resolución clara.

  • Nueve semanas sin pagos empujaron a las concesionarias a retirar buses alimentadores, dejando a miles de usuarios sin acceso al sistema de transporte más importante de Lima.
  • En Villa El Salvador, Independencia y Chorrillos, pasajeros esperaban más de veinte minutos mientras los buses pasaban llenos o simplemente no aparecían.
  • Las obligaciones laborales de los empleados y los pagos a proveedores de combustible y repuestos también estaban en riesgo, amenazando la operatividad completa del sistema.
  • La ATU exigía estados financieros auditados ante el MEF para liberar subsidios; las concesionarias aseguraban haberlos entregado ya, generando un círculo burocrático sin salida clara.
  • Mientras autoridades y empresas se señalaban mutuamente, los ciudadanos —sin poder ni voz en la negociación— seguían esperando en los paraderos sin otra alternativa de transporte.

A finales de octubre de 2020, miles de limeños quedaron atrapados en paraderos bajo el sol mientras una disputa financiera entre concesionarias y autoridades paralizaba los buses alimentadores del Metropolitano. Las empresas, sin recibir pagos durante nueve semanas, redujeron su flota como respuesta a un incumplimiento contractual que las autoridades aún no habían resuelto. En el espacio entre el dinero que no llegaba y los formularios que faltaban, eran los pasajeros —no los funcionarios ni los gerentes— quienes pagaban el costo real de la crisis.

A finales de octubre de 2020, las filas en la estación Naranjal de Independencia no tenían fin. En Villa El Salvador, entre las avenidas El Sol y Pastor Sevilla, usuarios esperaban bajo el sol mientras los buses pasaban llenos. Treinta minutos, sin poder subirse. La escena se repetía en varios puntos de Lima.

Las empresas concesionarias del Metropolitano, afiliadas a AFIN, habían reducido drásticamente su flota de buses alimentadores tras nueve semanas sin recibir los pagos semanales que establecían sus contratos. La medida no era arbitraria: sin recursos, no podían sostener operaciones, cumplir con sus trabajadores ni pagar a proveedores de combustible y repuestos. Pero sus consecuencias no caían sobre los funcionarios que no pagaban, sino sobre los pasajeros que dependían del servicio.

Desde la ATU llegó una respuesta que revelaba la complejidad del problema: las empresas debían entregar información financiera auditada al Ministerio de Economía y Finanzas para acceder a un subsidio. Las concesionarias respondieron que ya habían entregado esa información y que no podían seguir esperando. Era un círculo burocrático: cada parte esperaba que la otra actuara primero.

Mientras tanto, un ciudadano que viajaba hacia Chorrillos contó que cuatro buses habían pasado llenos en veinte minutos sin que pudiera abordar ninguno. El Metropolitano, columna vertebral del transporte público de Lima, estaba fracturado por una disputa sobre dinero que no llegaba, y quienes menos poder tenían para cambiar la situación eran los únicos que realmente la sufrían.

En la estación Naranjal de Independencia, las filas de pasajeros se extendían sin fin. En Villa El Salvador, en el paradero entre las avenidas El Sol y Pastor Sevilla, usuarios esperaban bajo el sol mientras los buses pasaban llenos, uno tras otro. Llevaban veinte minutos, treinta, sin poder subirse. Querían llegar a una estación del Metropolitano. No había otra opción.

Esta escena se repetía en varios puntos de Lima a finales de octubre de 2020. Las empresas concesionarias del Metropolitano habían reducido drásticamente su flota de buses alimentadores, los vehículos que conectan a los usuarios desde sus barrios hasta las estaciones principales del sistema. La decisión respondía a un problema financiero que llevaba casi dos meses sin resolverse: las autoridades no habían pagado lo que debían.

Según el comunicado de las concesionarias, afiliadas a la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN), el incumplimiento de pagos se extendía por nueve semanas. Los contratos de concesión establecían que los pagos debían hacerse semanalmente. Un servicio esencial para miles de personas no podía funcionar sin compensación durante ese tiempo. La medida de reducir buses no era caprichosa; era una respuesta a la falta de recursos. Pero sus consecuencias caían sobre los pasajeros, no sobre los funcionarios que no pagaban.

El impacto iba más allá de las largas esperas. Las obligaciones laborales de los empleados de las concesionarias estaban en riesgo. Los proveedores que abastecían combustible, repuestos y otros servicios tampoco recibían lo que les correspondía. La operatividad del sistema entero se tambaleaba. Las concesionarias aseguraban que ya habían entregado a la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU) toda la información sobre sus estados financieros y costos de operación, incluidos los gastos del período de emergencia por la pandemia de COVID-19. Estaban disponibles para dialogar, dijeron. Pero necesitaban que se cumplieran los contratos.

Desde la ATU llegó una respuesta que revelaba la complejidad del problema. El viernes anterior, la autoridad había indicado que las empresas operadoras debían entregar información financiera verificable y auditada al Ministerio de Economía y Finanzas para acceder a un subsidio. La ATU lamentaba que, en medio de las coordinaciones entre ambas partes, los concesionarios hubieran tomado la decisión de restringir la salida de buses. Era un círculo: las autoridades decían que necesitaban información para pagar; las concesionarias decían que ya la habían entregado y que no podían esperar más sin recursos.

Mientras tanto, en los paraderos de la ciudad, los pasajeros seguían esperando. Un ciudadano que viajaba hacia Chorrillos contó su frustración: cuatro buses habían pasado llenos en veinte minutos. No había forma de subirse. Miles de personas enfrentaban la misma situación en diferentes puntos de Lima. El Metropolitano, que debería ser la columna vertebral del transporte público, estaba fracturado por una disputa sobre dinero que no llegaba y decisiones que afectaban a quienes menos poder tenían para cambiar la situación.

Un servicio esencial para miles de usuarios no puede quedarse sin compensación por casi 9 semanas cuando los contratos de concesión incluyen un procedimiento sobre pagos semanales
— Comunicado de las concesionarias afiliadas a AFIN
Lamentamos que, en medio de las reuniones de coordinación entre ATU y los concesionarios del Metropolitano, estos hayan procedido a tomar una decisión que restringe la salida de buses en perjuicio de los usuarios
— Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU)
Contattaci Domande frequenti