En el espacio donde la conexión humana prometía florecer, ha germinado algo más sombrío: la normalización de conductas que dañan el cuerpo bajo la apariencia de consejos de bienestar. Un truco viral en TikTok —masticar comida con plástico en la boca para evitar calorías— no es una novedad inocente, sino la aceleración digital de prácticas propias de los trastornos alimentarios, amplificadas por algoritmos que recompensan la restricción y castigan la salud. Expertos advierten que lo que se vende como autocontrol es, en realidad, sufrimiento disfrazado, y que el primer paso hacia la recuperación
Comer con plástico en la boca: la peligrosa tendencia viral que normaliza trastornos alimentarios
La delgadez es seductora y se recibe mucho elogio ante la pérdida de peso
¿Por qué esta práctica específica es tan peligrosa si hay tantos otros trucos para restringir calorías circulando en redes?
Porque combina varias cosas: la ingesta de microplásticos, el riesgo de asfixia, pero sobre todo porque normaliza la purga. No es solo no comer. Es masticar y escupir. Es un comportamiento que está en el corazón de los trastornos más graves.
Mencionas que Karl Lagerfeld lo hacía. ¿Significa que esto es aceptado en ciertos círculos?
Exactamente. Cuando alguien con poder y visibilidad lo hace, deja de ser un síntoma de enfermedad y se convierte en una estrategia de éxito. Se convierte en algo que aspirar a hacer.
¿Cómo interviene el algoritmo en todo esto?
El algoritmo no juzga. Solo ve que el contenido genera engagement. Así que muestra más contenido similar. Crea una burbuja donde la delgadez es el único objetivo que importa. Es un ciclo que se refuerza a sí mismo.
¿Hay algo que pueda detener esto?
Los estudios muestran que reducir el tiempo en redes sociales ayuda. Pero también necesitamos dejar de comentar los cuerpos. Dejar de elogiar la pérdida de peso. Dejar de interpretar la restricción como fuerza de voluntad.
¿Quién está más en riesgo?
Los adolescentes y adultos jóvenes. Sus cerebros aún se están desarrollando. Son más vulnerables a la comparación constante. Y están en una etapa donde la aceptación social es crítica.
¿Esto es irreversible?
No. Pero requiere un cambio cultural. No es suficiente con advertencias. Necesitamos cuestionar por qué la delgadez sigue siendo el ideal, incluso cuando sabemos que es dañino.
O Pulso
- Un vídeo que muestra cómo masticar comida con plástico para escupirla sin ingerir calorías se propaga en TikTok como si fuera un truco inofensivo, cuando en realidad expone a quienes lo practican a microplásticos, toxinas y riesgo de asfixia.
- Los algoritmos de las plataformas crean espirales de refuerzo: cada vez que alguien interactúa con este contenido, el sistema muestra más vídeos similares, normalizando la delgadez como meta y la restricción como señal de fortaleza.
- Adolescentes y adultos jóvenes son los más vulnerables: una revisión sistemática de la Universidad de Valencia confirma que la mayor exposición a redes sociales actúa como detonante directo en el desarrollo de trastornos de conducta alimentaria.
- Figuras públicas como Karl Lagerfeld legitimaron estas conductas durante décadas; hoy, los elogios que reciben quienes adelgazan —incluso cuando están más enfermos— refuerzan el ciclo patológico.
- La evidencia científica señala un camino claro: reducir el uso de redes sociales alivia los síntomas, y cambiar la cultura del comentario sobre los cuerpos es tan urgente como cualquier intervención clínica.
En el espacio donde la conexión humana prometía florecer, ha germinado algo más sombrío: la normalización de conductas que dañan el cuerpo bajo la apariencia de consejos de bienestar. Un truco viral en TikTok —masticar comida con plástico en la boca para evitar calorías— no es una novedad inocente, sino la aceleración digital de prácticas propias de los trastornos alimentarios, amplificadas por algoritmos que recompensan la restricción y castigan la salud. Expertos advierten que lo que se vende como autocontrol es, en realidad, sufrimiento disfrazado, y que el primer paso hacia la recuperación comienza por dejar de admirar la delgadez como virtud moral.
Hay un vídeo que circula en TikTok en el que alguien introduce un trozo de plástico en la boca, mastica la comida y luego escupe todo. Los comentarios aseguran que es seguro: obtienes el sabor, calmas la ansiedad, pero sin consumir una sola caloría. Es el último truco viral para no engordar. La realidad es completamente distinta.
La práctica no es nueva: es común entre personas con trastornos de la conducta alimentaria. Lo que sí es nuevo es la velocidad con la que se propaga y la forma en que se vende como algo inofensivo. Masticar a través del plástico no permite percibir el sabor real, puede generar ingesta de microplásticos y sustancias tóxicas, y en casos extremos puede provocar asfixia. Sobre todo, refuerza conductas restrictivas y compensatorias que son síntomas de enfermedad.
Karl Lagerfeld practicaba exactamente esto y se jactaba de ello públicamente. Cuando figuras públicas normalizan estas conductas, el daño se multiplica: se legitima lo que debería reconocerse como patología. Una nutricionista clínica con más de quince años de experiencia lo resume con claridad: muchas de sus pacientes recibieron los mayores halagos cuando estaban más enfermas. Los elogios refuerzan las conductas. Por eso es crucial dejar de comentar los cuerpos ajenos.
Los algoritmos agravan el problema. Cada interacción con este tipo de contenido genera más contenido similar, creando un efecto de retroalimentación que normaliza la delgadez como objetivo final y convierte la restricción en una forma de superioridad moral. Dejar de comer se interpreta como fuerza de voluntad; el hambre, como virtud.
Una revisión sistemática de investigadoras de la Universidad de Valencia confirma que la mayor exposición a redes sociales actúa como detonante del desarrollo de trastornos alimentarios, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. Los estudios también demuestran que reducir ese uso ayuda a aliviar los síntomas. No es solo un vídeo más: es la normalización del sufrimiento disfrazado de autocontrol, y cada vez que se comparte, se legitima un poco más.
Hay un vídeo que circula en TikTok. En él, alguien introduce un trozo de plástico en la boca, mastica la comida con ese plástico dentro, y luego escupe todo. Los comentarios dicen que es seguro. Dicen que así obtienes el sabor, satisfaces la necesidad de masticar, calmas la ansiedad por comer, pero sin consumir ni una sola caloría. Es el último truco viral para no engordar. La realidad es completamente distinta.
Las redes sociales nacieron con la promesa de conectarnos, de mantener vivos los lazos con gente a la que no vemos cada día. Lo que se ha convertido en realidad es algo mucho más oscuro: un espacio donde la desinformación prospera sin consecuencias, donde cualquiera puede publicar lo que quiera sin responsabilidad alguna. En cuestiones de alimentación, esto es especialmente peligroso. Hay comunidades enteras en plataformas como TikTok dedicadas a promover pérdida de peso mediante conductas claramente patológicas. Se comparten retos que ponen en riesgo la salud. Se replican sin pudor. Se promocionan como si fueran consejos de bienestar.
Esta práctica del plástico en la boca no es nueva. Es común entre personas con trastornos de la conducta alimentaria. Lo que es nuevo es la velocidad con la que se propaga en redes sociales, la forma en que se vende como un truco inofensivo. Pero masticar a través del plástico no permite percibir el sabor real. Además, se pueden ingerir sustancias tóxicas y microplásticos. En casos extremos, puede llevar a la asfixia. Lo más grave es que refuerza conductas restrictivas y compensatorias: reduce la ingesta de alimentos y normaliza la purga mediante la expulsión de lo que se ha masticado.
Karl Lagerfeld, el modisto que se negaba a hacer tallas mayores de la 38 porque no encajaban con su visión de la alta costura, practicaba exactamente esto. Perdió treinta kilos y se jactaba públicamente de que cuando tenía antojo de algo, se lo metía en la boca, lo masticaba y lo escupía. Sus palabras fueron claras: "Nadie quiere ver gordas en las pasarelas". Cuando figuras públicas normalizan estas conductas, el daño se multiplica. Se legitiman comportamientos que son síntomas de enfermedad.
Una nutricionista clínica con más de quince años de experiencia tratando trastornos de la conducta alimentaria lo explica así: estas prácticas parecen inocuas, controlables, manejables. Pero nunca es suficiente. La delgadez es seductora. Recibe elogios. Muchas de sus pacientes recibieron los mayores halagos cuando estaban más enfermas. Los elogios refuerzan las conductas. Por eso es crucial dejar de comentar los cuerpos de las personas. Todos recordamos el primer comentario hiriente que alguien hizo sobre nuestro cuerpo. Imagina el impacto en alguien que ya está enfermo.
Los algoritmos amplifican todo esto. Cuando se comparte contenido que promueve estas prácticas, el sistema muestra más contenido similar. Se crea un efecto de retroalimentación que normaliza la delgadez como objetivo final. Es más fácil caer en retos que la promueven: no comer nada en un día, competir con otros usuarios, renunciar a determinados alimentos. Dejar de comer genera admiración porque se interpreta como fuerza de voluntad. La realidad es que es terror a la comida. Para quien logra abstenerse, aunque tenga hambre, se convierte en una forma de superioridad moral: ellos están por encima de los humanos débiles que caen en la "glotonería".
Una revisión sistemática de investigadoras de la Universidad de Valencia encontró que mayor exposición a redes sociales actúa como detonante, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes, para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria. La exposición constante a cuerpos con estándares poco realistas, la comparación continua con otros, la información rápida sobre ejercicio y "postres fit": todo enfocado hacia la delgadez. Estudios experimentales demuestran que disminuir el uso de redes sociales ayuda a aliviar y reducir síntomas en estos trastornos.
No es solo un vídeo más. Es la normalización de una conducta patológica presentada como un truco saludable. Es la delgadez por encima de la salud. Es el sufrimiento disfrazado de autocontrol. Y cada vez que se comparte, se legitima un poco más.
Citações Notáveis
Nunca es suficiente. La delgadez es muy seductora y se recibe mucho elogio ante la pérdida de peso— Nutricionista clínica con más de 15 años de experiencia en trastornos de conducta alimentaria
No es solo un vídeo más. Es la normalización de una conducta propia de un trastorno convertida en truco saludable— Análisis del artículo