Colegios privados reclaman autonomía ante ley que prohíbe celulares en secundaria

Estudiantes afectados por deepfakes y aumento de apuestas deportivas en menores de edad vinculados al uso de celulares en instituciones educativas.
Sin herramientas legales claras, la autoridad institucional termina debilitándose
Martín Zurita, de Aiepa, explica por qué los colegios privados reclaman que la ley especifique consecuencias ante incumplimientos.
Mark

¿Por qué los colegios privados se oponen a esta ley si muchos ya habían prohibido los celulares por su cuenta?

Mimi

No se oponen a la prohibición en sí. Lo que piden es que la ley les permita decidir cómo implementarla y que establezca consecuencias claras cuando un estudiante incumple. Sin eso, dicen, pierden autoridad frente a las familias.

Luke

Pero ¿qué significa "autonomía" en este contexto? ¿Pueden algunos colegios permitir celulares y otros no, aunque sea la misma provincia?

Mimi

Eso es lo que Aiepa está pidiendo: que cada institución pueda adaptar la regulación a su proyecto pedagógico. Algunos podrían permitir uso limitado, otros una prohibición total.

Mark

¿Y qué pasó con la ley anterior de primaria que se aprobó en diciembre?

Mimi

Se aprobó pero no funcionó bien porque no definieron cómo aplicarla. Las escuelas que ya tenían prohibiciones propias las mantuvieron, pero sin respaldo legal. El control se fue relajando con el tiempo.

Luke

Entonces el problema real no es la ley, sino que falta reglamentación. ¿Quién va a decidir dónde se guardan los celulares, quién los cuida, qué pasa si un estudiante se niega?

Mimi

Exacto. El Poder Ejecutivo bonaerense tendrá que elaborar esos protocolos cuando se publique la ley en el Boletín Oficial.

Mark

¿Y cuándo entra en vigencia?

Mimi

Probablemente en 2026, pero nadie sabe con certeza porque aún no se publicó oficialmente.

Luke

Hay algo que me preocupa: la ley menciona deepfakes y apuestas deportivas en menores, pero ¿prohibir celulares en la escuela resuelve eso? Los estudiantes pueden acceder a esas cosas fuera del horario escolar.

Mimi

Tienes razón. Aiepa lo reconoce: dicen que la medida no es suficiente para reducir el tiempo en pantalla ni el impacto en la salud mental. Es un paso, pero no la solución completa.

  • El Senado bonaerense aprobó una ley que prohíbe los celulares en secundaria, pero sin reglamentación ni protocolos operativos, la norma llega como una promesa sin andamiaje.
  • Colegios privados agrupados en Aiepa advierten que intentar retener un dispositivo sin respaldo legal claro puede desencadenar conflictos con familias y erosionar la autoridad de las instituciones.
  • Dos fenómenos alarmantes —las apuestas deportivas entre menores y los deepfakes pornográficos de estudiantes— le dan urgencia moral a una regulación que muchos consideraban postergada.
  • Algunas escuelas ya habían instalado lockers y aplicado restricciones propias, pero sin marco legal esas iniciativas se fueron diluyendo con el tiempo.
  • La ley entrará en vigor presumiblemente en 2026, cuando el Ejecutivo bonaerense defina la autoridad de aplicación y los procedimientos concretos que aún están pendientes.

En la provincia de Buenos Aires, una ley recién aprobada busca ordenar la relación entre los jóvenes y sus teléfonos dentro de las aulas secundarias, reconociendo que la tecnología, cuando no tiene límites claros, puede erosionar tanto el aprendizaje como la dignidad de los estudiantes. Sin embargo, la norma llega incompleta: sin protocolos definidos ni consecuencias establecidas, las instituciones privadas advierten que una prohibición sin herramientas es apenas una declaración de intenciones. El debate que se abre no es solo sobre celulares, sino sobre quién tiene la autoridad de educar y cómo se distribuye esa responsabilidad entre el Estado, las escuelas y las familias.

El Senado de la provincia de Buenos Aires aprobó una ley que prohíbe el uso de celulares en las aulas de educación secundaria, tanto en escuelas públicas como privadas. La medida aún no tiene fecha de entrada en vigencia y su reglamentación está pendiente, pero ya generó tensiones sobre cómo llevarla a la práctica.

La Asociación de Instituciones Educativas Privadas de Argentina (Aiepa), que representa a más de 5000 institutos en el país, reclamó que se respete la autonomía de cada establecimiento. Su secretario ejecutivo, Martín Zurita, señaló que el problema no es la prohibición en sí, sino la ausencia de consecuencias claras ante incumplimientos: sin un marco normativo sólido, la autoridad institucional se debilita y los conflictos con las familias se multiplican.

No es la primera vez que Buenos Aires intenta regular los celulares en las escuelas. Una norma similar para el nivel primario, aprobada el año anterior, tuvo una aplicación desigual por falta de mecanismos de control. Varias instituciones privadas ya habían avanzado por su cuenta —algunas instalaron lockers en las entradas de las aulas—, pero sin respaldo legal esas iniciativas perdieron fuerza con el tiempo.

La nueva ley no es una prohibición absoluta: los teléfonos deben guardarse durante la jornada, pero el docente puede autorizar su uso para actividades pedagógicas específicas. La preocupación que rodea la norma se intensificó por dos fenómenos recientes: el crecimiento de las apuestas deportivas entre menores facilitadas por los celulares, y el aumento de casos de deepfakes, imágenes de estudiantes manipuladas con inteligencia artificial que circulan en sitios pornográficos. Este último problema afectó recientemente al Colegio Modelo de Lomas.

Zurita planteó que la responsabilidad no recae solo en las escuelas: los celulares llegan a las instituciones desde el entorno familiar, y la sociedad necesita un debate más profundo sobre el impacto de las redes sociales en niños y adolescentes. La ley comenzará a regir en 2026, una vez publicada en el Boletín Oficial, momento en que el Ejecutivo bonaerense deberá definir protocolos concretos sobre custodia de dispositivos y procedimientos ante incumplimientos.

El Senado de la provincia de Buenos Aires aprobó una ley que prohíbe el uso de celulares en las aulas de educación secundaria, tanto en escuelas públicas como privadas, sumándose así a otras jurisdicciones que ya han regulado los teléfonos durante el horario escolar. La medida aún no tiene fecha de entrada en vigencia, pero ya ha generado tensión entre los colegios privados y las autoridades educativas sobre cómo implementarla en la práctica.

La Asociación de Instituciones Educativas Privadas de Argentina (Aiepa), que agrupa a más de 5000 institutos en todo el país, salió a reclamar que se respete la autonomía de cada establecimiento para decidir cómo regular el uso de dispositivos móviles. Según Martín Zurita, secretario ejecutivo de la entidad, el problema central no es la prohibición en sí, sino que las escuelas cuenten con herramientas legales claras y consecuencias definidas para hacer cumplir sus decisiones. Sin un marco normativo que especifique qué sucede cuando un estudiante incumple, advierte, la autoridad institucional termina debilitándose y surgen conflictos innecesarios con las familias.

Esta no es la primera vez que Buenos Aires intenta regular los celulares en las escuelas. En diciembre del año anterior, la Legislatura bonaerense ya había establecido normas similares para el nivel primario, pero su aplicación resultó desigual porque no se definieron mecanismos concretos de control. Muchas instituciones privadas, incluso sin respaldo legal, ya habían avanzado por su cuenta en prohibiciones o restricciones del uso de dispositivos tecnológicos durante la jornada escolar. Algunas instalaron lockers en las entradas de las aulas para que los estudiantes guardaran sus celulares. Sin embargo, el control inicial, que fue riguroso, se fue relajando con el tiempo en varios establecimientos, precisamente porque carecían de un marco legal que les diera legitimidad.

La nueva ley no es una prohibición absoluta. El texto aprobado establece que los teléfonos deben guardarse durante la jornada escolar, pero permite excepciones cuando el docente considere que su uso suma al aprendizaje. Es decir, el profesor puede solicitar que se utilice el dispositivo para una actividad pedagógica específica. La norma también aclara que está terminantemente prohibido usarlo durante el proceso de enseñanza, salvo en esos casos excepcionales autorizados por el docente.

Tras la aprobación de la ley, padres e instituciones educativas han expresado su respaldo a la regulación del uso de celulares en horario escolar, pero advierten que la medida por sí sola es insuficiente. La preocupación se ha intensificado por dos fenómenos específicos que han ganado visibilidad recientemente: el crecimiento de las apuestas deportivas entre menores de edad facilitadas por los teléfonos, y el aumento de casos de deepfakes, imágenes de estudiantes alteradas con inteligencia artificial que se distribuyen en sitios de pornografía. Esta última situación ocurrió hace poco en el Colegio Modelo de Lomas, generando alarma en la comunidad educativa.

Desde Aiepa señalan que medidas como la retención transitoria de un dispositivo pueden generar cuestionamientos legales y conflictos con las familias si no están respaldadas por procedimientos y consecuencias claramente establecidos en la normativa. La entidad enfatiza que las escuelas son espacios de aprendizaje y socialización, pero que los celulares llegan a las instituciones desde el entorno familiar, por lo que la responsabilidad también recae en los padres. Zurita planteó que la sociedad necesita un debate más profundo sobre el impacto de las redes sociales en niños, adolescentes y adultos, un desafío que trasciende las paredes de la escuela.

La ley comenzará a regir presumiblemente en 2026, aunque todavía no ha sido publicada en el Boletín Oficial con su correspondiente reglamentación. Una vez que se publique, el Poder Ejecutivo bonaerense deberá determinar la autoridad de aplicación y elaborar los protocolos concretos que las instituciones deberán seguir: dónde guardar los teléfonos, quién es responsable de su custodia, y qué procedimientos se seguirán en caso de incumplimiento. La norma toma como referencia la ley que ya regula el uso de celulares en primaria y extiende ese esquema a la educación secundaria, pero los detalles operativos aún están pendientes de definición.

Las escuelas necesitan respaldo legal y herramientas concretas para hacer cumplir sus decisiones. Una prohibición sin consecuencias claras termina debilitando la autoridad institucional
— Martín Zurita, secretario ejecutivo de Aiepa
Los celulares son dispositivos que llegan a las instituciones desde el entorno familiar, cuya responsabilidad también resulta fundamental. La sociedad necesita un debate más profundo sobre el impacto de las redes sociales
— Martín Zurita, Aiepa
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