Bajo los alerces más antiguos del sur de Chile, un equipo internacional de científicos ha descubierto una comunidad fúngica de extraordinaria complejidad que actúa como un segundo sistema vital del árbol, transportando carbono, agua y nutrientes a través de redes subterráneas forjadas durante milenios. El hallazgo, centrado en el Alerce Abuelo de 2400 años, revela que la longevidad de estos árboles no es solo una proeza individual, sino el resultado de una alianza invisible con cientos de especies de hongos. En un momento en que el sur de Chile se encamina hacia temperaturas más altas y lluvia
Científicos realizan un hallazgo sin precedentes debajo de los árboles más viejos del mundo
Un árbol milenario no puede mudarse
¿Por qué estos hongos son tan importantes si la mayoría de la gente nunca los ve?
Porque son invisibles no significa que no estén trabajando. Estos hongos son como las arterias de un árbol milenario. Sin ellos, el árbol no podría absorber agua ni nutrientes, especialmente en un bosque donde llueve mucho pero el suelo es pobre. Son la razón por la que un árbol puede vivir 3600 años.
Mencionan un "segundo genoma". ¿Qué significa eso exactamente?
Significa que el árbol no está solo. El árbol y sus hongos evolucionaron juntos durante milenios. El árbol puede incluso seleccionar qué hongos quiere tener alrededor, como si estuviera eligiendo sus propias herramientas de supervivencia. Cuando el clima cambia, estos hongos cambian también, ayudando al árbol a adaptarse.
¿Cuál es la amenaza real aquí?
El cambio climático es una, pero hay otra más inmediata: una carretera. Si construyen una ruta a pocos cientos de metros de estos bosques, traerán incendios, turismo descontrolado, especies invasoras. Un árbol de 2400 años no puede mudarse. Y si lo talan, pierdes no solo el árbol, sino todo el ecosistema fúngico que tardó milenios en formarse.
¿Qué pasó con el árbol más antiguo que se conoce?
Fue talado en los años 70. Tenía 3622 años. Alguien lo cortó en pocas horas. La naturaleza tardó más de tres milenios en construirlo, y la acción humana lo borró en un día. Ese es el contexto en el que estamos trabajando ahora.
¿Qué significa esto para el cambio climático global?
Estos bosques almacenan carbono en el suelo durante siglos. Si desaparecen, ese carbono se libera. Además, si entendemos cómo estos hongos ayudan a los árboles a adaptarse, quizás podamos aprender a proteger otros ecosistemas que enfrentan cambios climáticos similares.
The Pulse
- Bajo un árbol de 2400 años, los científicos encontraron 361 tipos únicos de hongos, una densidad fúngica 2,25 veces superior al promedio del bosque circundante.
- Estas redes micorrícicas no son pasivas: mueven aproximadamente mil millones de toneladas de carbono al año hacia los suelos del planeta, convirtiéndose en actores clave del equilibrio climático global.
- El alerce, ya catalogado como especie en peligro, enfrenta amenazas inmediatas: proyectos de infraestructura vial, incendios forestales crecientes y la presión de especies invasoras.
- Para 2100, el sur de Chile podría registrar un aumento de 4°C y una reducción del 50% en precipitaciones, condiciones que podrían desmantelar en décadas lo que la naturaleza construyó en milenios.
- Investigadores de cuatro instituciones y la organización SPUN trabajan ahora para mapear y proteger estas redes antes de que cambios irreversibles las destruyan.
Bajo los alerces más antiguos del sur de Chile, un equipo internacional de científicos ha descubierto una comunidad fúngica de extraordinaria complejidad que actúa como un segundo sistema vital del árbol, transportando carbono, agua y nutrientes a través de redes subterráneas forjadas durante milenios. El hallazgo, centrado en el Alerce Abuelo de 2400 años, revela que la longevidad de estos árboles no es solo una proeza individual, sino el resultado de una alianza invisible con cientos de especies de hongos. En un momento en que el sur de Chile se encamina hacia temperaturas más altas y lluvias drásticamente menores, comprender este ecosistema oculto se convierte en una urgencia que trasciende la ciencia y toca directamente el futuro del clima global.
En los bosques lluviosos templados de la Cordillera Costera del sur de Chile, donde algunos alerces llevan más de dos mil años en pie, un equipo internacional de científicos acaba de descubrir que la longevidad de estos árboles no se explica solo por su biología visible. Bajo la tierra, una comunidad de hongos de asombrosa diversidad actúa como un sistema de soporte vital paralelo, transportando agua, nutrientes y carbono a través de raíces y filamentos que conectan el árbol con su entorno de maneras que apenas comenzamos a entender.
El estudio, publicado en la revista Biodiversity and Conservation, analizó muestras de suelo tomadas alrededor de 31 árboles de distintas edades en el Parque Nacional Alerce Costero. El hallazgo más llamativo se produjo bajo el Alerce Abuelo, un ejemplar de al menos 2400 años y más de 4,5 metros de diámetro: allí los investigadores identificaron 361 tipos únicos de hongos, una riqueza 2,25 veces mayor que el promedio del bosque. Los científicos los describen como un 'segundo genoma' del árbol, capaz de adaptarse y seleccionarse en función de las necesidades del huésped a lo largo de los siglos.
La dimensión climática del descubrimiento es inseparable de su urgencia. Los bosques de alerce acumulan carbono lentamente durante siglos, y las redes de hongos micorrícicos que los sostienen mueven cerca de mil millones de toneladas de carbono al año hacia los suelos a escala global. Pero el sur de Chile se encamina hacia un futuro más seco y caliente: se proyectan aumentos de hasta 4°C y reducciones de precipitaciones del 50% para finales de siglo, lo que podría alterar de forma irreversible estos ecosistemas antes de que logremos comprenderlos del todo.
El alerce ya figura como especie en peligro de extinción. A las amenazas del cambio climático se suma la posible construcción de una ruta que pasaría a pocos cientos de metros de estos bosques, incrementando el riesgo de incendios y la llegada de especies invasoras. Como advirtieron los propios investigadores, talar un árbol milenario no equivale a perder un individuo: significa desmantelar un ecosistema subterráneo que tardó milenios en formarse y que ninguna intervención humana podría reconstruir.
Debajo de un árbol de 2400 años, los científicos acaban de descubrir un mundo que nadie había visto antes. Un equipo internacional de investigadores trabajó en los bosques lluviosos templados de la Cordillera Costera del sur de Chile, donde sobreviven algunos de los alerces más antiguos del planeta. Lo que encontraron bajo tierra cambió lo que sabemos sobre cómo estos árboles milenarios logran vivir tanto tiempo: una comunidad de hongos tan compleja y diversa que los investigadores la comparan con un "segundo genoma" del árbol mismo.
El estudio, publicado en la revista Biodiversity and Conservation, se basó en muestras de suelo tomadas alrededor de 31 árboles individuales, desde ejemplares jóvenes hasta el llamado "Alerce Abuelo", que tiene al menos 2400 años y un tronco que supera los 4,5 metros de diámetro. Estos bosques pueden albergar alerces que viven más de 3600 años. El ejemplar más antiguo del que se tiene registro alcanzó los 3622 años antes de ser talado en la década de 1970, un recordatorio de cómo la acción humana puede borrar en pocas horas lo que la naturaleza tardó milenios en construir.
Bajo el Alerce Abuelo, los investigadores encontraron algo extraordinario: 361 tipos únicos de hongos, una riqueza fúngica 2,25 veces mayor que el promedio del resto del bosque. Estos no son hongos cualquiera. Los hongos micorrícicos, que predominan en este ecosistema, transportan agua y nutrientes hacia los árboles a través de las raíces y los ayudan a resistir el estrés hídrico y los patógenos. Funcionan además como conductos que incorporan carbono al suelo. A nivel global, las comunidades de hongos micorrícicos arbusculares —el tipo asociado al alerce— mueven aproximadamente mil millones de toneladas de carbono por año hacia los suelos del planeta. Estudios recientes sugieren que estas comunidades de hongos pueden cambiar con la edad del árbol e incluso ser seleccionadas por la propia planta, actuando como una especie de sistema adaptativo que favorece su supervivencia frente a cambios ambientales.
La investigación surgió de una expedición al Parque Nacional Alerce Costero en 2022, liderada por científicos de la Universidad Santo Tomás, la Universidad Austral de Chile, la Universidad de La Frontera y la organización sin fines de lucro SPUN, dedicada a mapear y conservar las redes de hongos micorrícicos en todo el mundo. La bióloga evolutiva Toby Kiers, cofundadora de SPUN, fue recientemente distinguida con el Premio Tyler —considerado el "Nobel del Medioambiente"— por su trabajo sobre la importancia de las redes fúngicas subterráneas en ecosistemas únicos.
La dimensión climática del hallazgo es determinante. Los bosques de Fitzroya son conocidos como los bosques lluviosos más antiguos y de crecimiento más lento del mundo. Los árboles crecen muy despacio y tienen una mortalidad excepcionalmente baja, lo que permite que se acumule una enorme cantidad de carbono en el suelo a lo largo de los siglos. Pero el sur de Chile enfrenta un futuro incierto: se prevé que las temperaturas estivales aumenten hasta 4 grados centígrados y que las precipitaciones disminuyan hasta un 50 por ciento hacia 2100. Esto hace urgente comprender cómo funcionan estos ecosistemas antes de que el cambio climático los altere de manera irreversible.
El alerce está catalogado actualmente como especie en peligro de extinción y enfrenta amenazas concretas: la destrucción de su hábitat, el desarrollo de infraestructura vial y el aumento de los incendios forestales asociados al cambio climático. Uno de los proyectos más polémicos contempla la construcción de una ruta que pasaría a pocos cientos de metros de los bosques de alerce, lo que incrementaría el riesgo de incendios, la presión turística y la llegada de especies invasoras. Como advirtió uno de los coautores principales del estudio: no todos los árboles son iguales. Si se tala un árbol milenario, el impacto sobre todas las demás especies será mucho mayor que si se retira uno más pequeño. Lo que está en juego no es solo la supervivencia de un árbol, sino la de un ecosistema subterráneo que tardó milenios en formarse.
Notable Quotes
No todos los árboles son iguales, y si se tala un árbol milenario, el impacto sobre todas las demás especies va a ser mucho mayor que si se retira uno más pequeño— Coautor principal del estudio