A principios de agosto, el tifón Dolphin recordó a la costa oriental de China —y al mundo— que la naturaleza impone sus propios calendarios sobre los de los seres humanos. Cientos de vuelos fueron cancelados y más de un millón de personas debieron abandonar sus hogares, no por decisión propia, sino porque la tormenta no dejó otra opción. En la tensión entre la infraestructura moderna y la fuerza climática, Dolphin reveló tanto la fragilidad de lo construido como la capacidad colectiva de responder ante lo inevitable.
China cancela cientos de vuelos por el tifón Dolphin en el este
Más de un millón de personas evacuadas de la costa oriental de China debido al tifón Dolphin.
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