Celulares e IA explican caída en lectura que alerta a PISA en estudiantes

Leen más rápido, responden más rápido, pero cometen más errores.
El cambio en cómo los estudiantes consumen contenido refleja una transformación más profunda en la concentración y el aprendizaje.
Mark

¿Por qué PISA decidió enfocarse en estos factores específicos—celulares, redes sociales, inteligencia artificial—como explicaciones del retroceso?

Mimi

PISA no los eligió al azar. Los datos mostraron que donde hay más distracción con dispositivos, bajan los puntajes. Y cuando preguntaron a los estudiantes sobre el uso de IA, encontraron un patrón: menos uso, mejores resultados. Fue observación, no especulación.

Luke

Pero espera. ¿Eso significa que la IA causa el bajo desempeño, o que los estudiantes que ya tienen dificultades recurren más a la IA? La correlación no es causalidad.

Mark

Buen punto. Entonces, ¿qué dice Covacevich sobre eso?

Mimi

Ella es cuidadosa. No dice que la IA sea mala. Dice que el problema es el uso: si la usas para evitar pensar, pierdes la oportunidad de aprender. Pero si la usas bien, puede ayudar.

Luke

Eso es sensato, pero también vago. ¿Qué es "usar bien"? ¿Quién decide? Y en una clase donde el 57 por ciento de los estudiantes se distrae con celulares, ¿cuánto importa cómo uses la IA si no puedes concentrarte de todos modos?

Mark

Entonces el problema real es la distracción, no la tecnología.

Mimi

Es parte de él. Pero también está el cambio en cómo leemos. Los estudiantes leen más rápido, pero entienden menos. Eso no es solo distracción. Es que el cerebro se está acostumbrando a otro ritmo.

Luke

Cierto, pero ¿cuánto de eso es culpa de los celulares y cuánto es simplemente que los estudiantes nunca aprendieron a leer textos largos? Los descensos empezaron en 2018. ¿Qué pasó en 2018 que no fue la pandemia?

Mark

Eso es lo que nadie responde.

Mimi

No. Y eso es lo preocupante. Sabemos qué está correlacionado con el problema. Pero no sabemos bien por qué empezó.

Luke

Y en Colombia, donde el 60 por ciento de los estudiantes está en colegios sin materiales básicos, ¿importa mucho si usan IA o no? Ese es el verdadero problema.

  • Dos terceras partes de los países evaluados por PISA 2025 retrocedieron en puntajes, y el declive comenzó en 2018, mucho antes de que la pandemia pudiera servir de excusa.
  • El daño más profundo no está en la lectura simple, sino en la capacidad de los estudiantes para analizar textos largos, pensar críticamente y cruzar información de múltiples fuentes.
  • En América Latina, más de la mitad de los estudiantes en Uruguay y Argentina se distrae con dispositivos durante clase, y esa distracción se traduce en hasta 11 puntos menos en las pruebas de ciencias.
  • La inteligencia artificial agrava el problema cuando los alumnos la usan para evitar el esfuerzo cognitivo en lugar de aprender con ella, según advierte la OCDE.
  • Colombia usa IA por encima del promedio OCDE, pero el 60% de sus estudiantes asiste a colegios con materiales insuficientes, revelando que la brecha digital coexiste con una brecha mucho más básica.

Las pruebas PISA 2025 revelan que el deterioro en lectura y matemáticas no es un accidente reciente ni un efecto exclusivo de la pandemia, sino una tendencia que lleva años acumulándose en silencio. Lo que se erosiona no es la capacidad de leer palabras, sino la de sostener la atención, razonar con profundidad y conectar ideas complejas — precisamente las facultades que definen el pensamiento crítico. Detrás de este retroceso convergen los dispositivos que fragmentan la atención, una inteligencia artificial que puede sustituir el esfuerzo en lugar de potenciarlo, y aulas que en muchos países aún carecen de lo más elemental.

Las pruebas PISA 2025 llegaron con un diagnóstico que incomoda: dos terceras partes de los países evaluados vieron caer sus puntajes en lectura y matemáticas. Catalina Covacevich, analista de la OCDE, señala que el descenso comenzó en 2018, antes de la pandemia, lo que obliga a buscar causas más profundas y estructurales.

El patrón del deterioro es revelador. Los estudiantes no fallan en tareas simples; el problema aparece cuando deben leer textos extensos, reflexionar críticamente o integrar información de distintas fuentes. Es el pensamiento pesado el que está quedando atrás, mientras los jóvenes se acostumbran a consumir contenido rápido y fragmentado en pantallas.

Los números sobre distracción son contundentes. En la OCDE, el 28% de los estudiantes reconoce que sus compañeros se distraen con dispositivos en clase de ciencias. En América Latina la cifra escala: Uruguay reporta 57%, Argentina 55% y Chile 40%. Donde estas distracciones son frecuentes, los puntajes caen en promedio 11 puntos respecto a aulas sin esa interferencia.

La inteligencia artificial añade otra dimensión al problema. Las primeras observaciones indican que quienes menos la usan obtienen mejores resultados. La preocupación de la OCDE no es la tecnología en sí, sino su uso: cuando un alumno delega en la IA la tarea de resumir o redactar, deja de ejercitar las habilidades que esa tarea buscaba desarrollar. Covacevich insiste en que un uso moderado y orientado al aprendizaje puede funcionar, pero eso exige intención pedagógica.

Colombia ilustra la complejidad del panorama regional. El 56% de sus estudiantes usa IA semanalmente para aprender, superando el promedio OCDE del 46%. Sin embargo, seis de cada diez estudian en colegios con materiales insuficientes o problemas de infraestructura. El retroceso, entonces, no tiene una sola causa: es la convergencia de dispositivos que compiten por la atención, herramientas digitales que pueden reemplazar el esfuerzo y escuelas que aún no tienen lo básico para enseñar.

Las pruebas PISA 2025 llegaron con un diagnóstico incómodo: dos terceras partes de los países evaluados vieron caer sus puntajes. No fue un tropiezo aislado. Según Catalina Covacevich, analista de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE, los descensos en lectura y matemáticas comenzaron en 2018, años antes de que la pandemia cerrara las escuelas. El COVID-19, entonces, no explica todo lo que está pasando.

El problema en lectura tiene un patrón claro. Los estudiantes no están fracasando en tareas simples. El deterioro se concentra en lo que exige más: leer textos largos, pensar críticamente sobre lo que dicen, conectar información de múltiples fuentes. Es el trabajo mental pesado el que está quedando atrás. Mientras tanto, la forma en que los jóvenes consumen contenido cambió. Leen más rápido, responden más rápido, pero cometen más errores. Menos tiempo con libros. Más tiempo en dinámicas que viven en pantallas.

Los celulares y las redes sociales aparecen como culpables obvios, pero los números lo confirman. En las aulas de la OCDE, el 28 por ciento de los estudiantes dijo que sus compañeros se distraían con dispositivos durante clase de ciencias. En América Latina, esa cifra se dispara. Uruguay reportó 57 por ciento. Argentina, 55 por ciento. Chile, 40 por ciento. No es un problema menor: en los lugares donde estas distracciones ocurrían, los estudiantes sacaron en promedio 11 puntos menos en las pruebas de ciencias que aquellos en aulas sin esa interferencia.

La inteligencia artificial añade otra capa al asunto. Las primeras observaciones sugieren que los estudiantes que usan menos estas herramientas obtienen mejores resultados en ciencias. La preocupación de la OCDE no es la tecnología en sí, sino cómo se usa. Cuando un alumno pide a la IA que resuma un texto o redacte un trabajo en lugar de hacerlo él mismo, deja de ejercitar las habilidades que esa tarea estaba diseñada para desarrollar. Covacevich fue clara: la tecnología no es buena ni mala por naturaleza. Un uso moderado y enfocado en el aprendizaje puede funcionar. Pero eso requiere intención.

Colombia presenta un caso particular. El 56 por ciento de los estudiantes colombianos dice usar IA semanalmente para aprender, por encima del 46 por ciento promedio en países de la OCDE. Pero el país enfrenta un obstáculo más fundamental. Seis de cada diez estudiantes colombianos estudian en colegios donde la falta de materiales o los problemas de infraestructura hacen difícil la enseñanza. No es solo que los celulares distraigan o que la IA reemplace el pensamiento. Es que muchas aulas carecen de lo básico para que el aprendizaje ocurra en primer lugar. El retroceso en lectura y matemáticas, entonces, no tiene una sola causa. Es una convergencia: dispositivos que compiten por la atención, herramientas digitales que pueden reemplazar el esfuerzo, y en muchos casos, escuelas que no tienen ni los recursos ni las condiciones para competir con todo eso.

Los descensos ya habían comenzado en 2018, por lo que el COVID-19 no sería la única explicación
— Catalina Covacevich, analista de la OCDE
La tecnología no es buena ni mala por sí misma y un uso moderado y dirigido al aprendizaje puede tener resultados positivos
— Catalina Covacevich, analista de la OCDE
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