Cattelan expone 17 obras en la Neue Nationalgalerie que abordan la memoria europea, el fascismo y los fantasmas del siglo XX, alejándose de sus obras más comerciales. El artista reflexiona sobre cómo sus bromas aparentemente superficiales pueden haber sido premonitorias de los actuales resurgimientos de la extrema derecha en Europa.
Cattelan revela la gravedad oculta tras sus provocaciones en una exposición sobre el fascismo
Una ilusión maravillosa es lo que hemos vivido
¿Por qué Cattelan decidió hacer una exposición tan política ahora, después de décadas de provocación?
Creo que no es que haya decidido ser político de repente. Es más bien que el mundo cambió alrededor de sus obras. Cuando creó Him hace más de veinte años, fue acusado de sacrilegio. Ahora, con el resurgimiento de la extrema derecha en Europa, esa misma obra parece premonitoria. Él mismo dice que percibe cosas latentes que luego emergen de golpe.
Pero eso es una interpretación retrospectiva, ¿no? Podría argumentar que cualquier obra sobre Hitler se vuelve "política" cuando la extrema derecha gana elecciones. No sabemos si Cattelan realmente estaba haciendo un comentario sobre el fascismo o simplemente provocando.
¿Qué diferencia hay entre esta exposición y sus trabajos anteriores?
La diferencia es que aquí no está el retrete de oro, no está el plátano que se vendió por seis millones de dólares. Está deliberadamente ausente. Es como si dijera: esas obras se convirtieron en mercancía, en memes. Esta exposición es más severa, menos divertida. Hay cadáveres de mármol, una mujer torturada, Hitler arrodillado.
Pero ¿eso es una decisión artística genuina o una estrategia de marketing? Cattelan es muy consciente de cómo funciona el mundo del arte. Excluir sus obras más famosas también es una forma de provocación, de decir: "Eso no era lo importante".
¿Cree que Cattelan realmente se siente culpable por los precios que alcanzan sus obras?
No creo que sea culpa exactamente. Creo que está genuinamente crítico con el sistema del arte. Dice que el arte se produce ahora como cualquier otro producto, y eso lo preocupa. Pero también es irónico: él mismo es parte de ese sistema.
Exacto. Cattelan dice que no fija los precios ni recibe ese dinero, pero su nombre es lo que genera esos precios. Es un poco como quejarse de la fama mientras se vive de ella. Además, no sabemos cuánto dinero recibe realmente de sus galeristas o marchantes.
¿Qué quiso decir con que la paz de las últimas décadas fue una ilusión?
Creo que está diciendo que históricamente, la paz es la excepción, no la regla. Que hemos tenido suerte extraordinaria durante cincuenta años, pero que eso no es normal. Que debemos prepararnos para volver a lo que siempre ha sido: conflicto, nacionalismo, guerra.
Pero eso es una generalización histórica bastante pesimista. Sí, ha habido guerras en los últimos cincuenta años, pero también ha habido progreso en derechos humanos, reducción de la pobreza extrema. No es tan simple como decir que todo fue una ilusión.
Le Pouls
- Maurizio Cattelan, 65 años, presenta 17 obras en la Neue Nationalgalerie de Berlín
- Su obra Him (Hitler arrodillado) fue vendida por 15 millones de euros hace más de dos décadas
- Comedian, su plátano pegado con cinta adhesiva, se vendió por más de seis millones de dólares en 2019
- La exposición se abre días después de la victoria electoral de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt
Cattelan expone 17 obras en la Neue Nationalgalerie que abordan la memoria europea, el fascismo y los fantasmas del siglo XX, alejándose de sus obras más comerciales. El artista reflexiona sobre cómo sus bromas aparentemente superficiales pueden haber sido premonitorias de los actuales resurgimientos de la extrema derecha en Europa.
El artista italiano Maurizio Cattelan presenta en Berlín su exposición más política, donde obras como una estatua de Hitler arrodillado sugieren que sus provocaciones contienen una gravedad más profunda de lo que parecía.
Maurizio Cattelan entró a la Neue Nationalgalerie de Berlín vestido como sanitario, con uniforme azul y deportivas blancas, el cabello revuelto a juego con su atuendo. A los 65 años, el artista italiano que pasó tres décadas burlándose del mundo del arte se disponía a inaugurar lo que podría ser su exposición más política: Night, una muestra de 17 obras que abandona deliberadamente el tono lúdico que lo hizo famoso.
La exposición comienza antes de entrar. Una Puerta de Brandeburgo de madera a escala reduce el monumento histórico alemán a un umbral hacia un pasado que muchos creían clausurado. Adentro, la atmósfera es radicalmente distinta a lo que el público esperaba de Cattelan. Una estatua de Hitler arrodillado ocupa la planta baja junto a cadáveres de mármol y un Cristo crucificado que es en realidad una mujer torturada e inmovilizada. En la cornisa exterior, un niño toca el tambor con un sonido inquietante, rodeado de palomas, inspirado en la novela de Günter Grass. El artista consideró dejar el museo casi vacío, mostrando solo su obra Him —Hitler con cuerpo de niño, de rodillas en oración— pero decidió que eso habría sido demasiado respeto hacia el dictador.
Cattelan presentó Him hace más de dos décadas, cuando fue acusado de sacrilegio. La estatua se vendió por 15 millones de euros. En 2011, la instaló en el antiguo gueto de Varsovia, lo que provocó indignación y acusaciones de banalizar el nazismo. Ahora reaparece en un momento en que la extrema derecha triunfa en numerosos rincones de Europa. El artista había hablado apenas horas después de la victoria electoral de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt. "Ahora tenemos la sensación de volver atrás", dijo. El texto que recibe a los visitantes formula la paradoja de la exposición: "La historia no se repite, pero tiene muy buena memoria".
Durante décadas, Cattelan fue descrito como el bufón del arte contemporáneo, el provocador que hizo impactar un meteorito contra el Papa, que instaló un retrete de oro en el Guggenheim, que pegó un plátano a una pared con cinta adhesiva en Miami. Su nueva exposición plantea una pregunta incómoda: ¿y si sus bromas contuvieran más gravedad de la que parecía? "Si en mi obra solo hubiera provocación, no habría durado. La provocación es como un cóctel Molotov: lo lanzas, explota y se acaba", explicó. "Como artista no tienes una bola de cristal, pero percibes cosas que están ahí, de forma latente. Hasta que un día, sin previo aviso, emergen de golpe".
La exposición excluye deliberadamente sus obras más comerciales de la última década: no está Blind, el monolito negro atravesado por la silueta de un avión en referencia al 11-S. Tampoco Sunday, una superficie dorada perforada por miles de disparos. Ni America, su famoso retrete de oro, hoy inseparable de la estética trumpiana, aunque Cattelan insiste en que la concibió antes de que Trump llegara al poder. "Eso es lo interesante: fue una obra premonitoria". Tampoco aparece Comedian, el plátano que se convirtió en meme interplanetario después de que alguien se lo comiera durante la feria de Miami en 2019. Luego se vendió por más de seis millones de dólares, su comprador volvió a comerse la fruta, y antes del verano otro ejemplar fue robado en Francia.
Cattelan reflexionó sobre el precio alcanzado por sus obras con una mezcla de ironía y crítica. "El precio forma parte de la obra. Cuanto más alto, más absurda será", dijo. "Yo no fijo el precio ni recibo ese dinero. Si hubiera sabido que mis obras alcanzarían esos precios, habría guardado alguna para mí". Para él, los precios son síntoma de una crisis más profunda: el arte atraviesa una crisis "como sistema y como producto". "Empezamos a producir a la misma velocidad y en la misma cantidad que cualquier otro sector. Pero el arte no es cualquier otro sector. No podemos obedecer solo a la necesidad de producir contenido todo el tiempo".
Cattelan vive entre Nueva York bajo Trump y Milán bajo Giorgia Meloni. Cuando se le preguntó qué significa moverse entre dos países gobernados por una derecha radical, respondió que el problema no es Trump o Meloni específicamente. "Es el regreso de esos fantasmas que pensábamos que habían desaparecido para siempre". Advierte sobre una transformación estructural global hacia el nacionalismo generalizado, la obsesión por la seguridad y la guerra. "Estamos solo al principio. Trump y Meloni son solo fases de una transformación que pasará por el nacionalismo, por la obsesión por la seguridad y por la guerra. Preparémonos para un viaje lleno de sobresaltos".
Para Cattelan, la oscuridad está aquí para quedarse. Reflexionó sobre las últimas décadas como una excepción histórica: "Hemos tenido muchísima suerte. ¿Te imaginas? ¡Medio siglo de paz y libertad! Si piensas en los últimos mil años de historia, lo que hemos vivido ha sido algo excepcional". Sugiere que quizá deberíamos dejar de pensar en la invasión de un país a otro como una excepción, cuando históricamente ha sido la norma. Cuando se le preguntó si esas pocas décadas de paz habrán sido solo una ilusión, respondió con una melancolía poco característica: "Sí. Una ilusión maravillosa". Hace años Cattelan intentó desaparecer, mandaba dobles a las entrevistas y se retiró durante siete años, agotado por un sector que ya no reconocía. Ahora, por primera vez, dice que empieza a verse como un artista de verdad. "Tengo que aceptar esa posibilidad y entender qué significa. Ese es el siguiente capítulo".
Citations marquantes
Si en mi obra solo hubiera provocación, no habría durado. La provocación es como un cóctel Molotov: lo lanzas, explota y se acaba.— Maurizio Cattelan
Como artista no tienes una bola de cristal, pero percibes cosas que están ahí, de forma latente. Hasta que un día, sin previo aviso, emergen de golpe.— Maurizio Cattelan