Mientras España contabilizaba sus muertos por coronavirus con atención casi ritual, otra epidemia más antigua seguía cobrando vidas en silencio: la enfermedad cardiovascular, responsable de más de 120.000 fallecimientos anuales, continuaba siendo la principal causa de muerte en el país. Los cardiólogos españoles advirtieron en octubre de 2020 que por cada muerte por Covid-19 se producían tres o cuatro muertes por problemas del corazón, y que la pandemia misma estaba amplificando esa mortalidad al alejar a los pacientes de la atención que necesitaban. La crisis sanitaria había creado una sombra
Cardiólogos alertan: tres o cuatro muertes por enfermedad cardiovascular por cada muerte de Covid-19
Por cada muerte de Covid, fallecen tres o cuatro de enfermedades cardiovasculares
¿Por qué los cardiólogos sintieron la necesidad de hacer esta advertencia específicamente en octubre de 2020?
Porque veían que la pandemia estaba creando una invisibilidad peligrosa. Los hospitales estaban reorganizados alrededor del Covid, los medios hablaban solo del coronavirus, y los pacientes cardíacos comenzaban a tener miedo de buscar ayuda. Los números lo confirmaban: las muertes por infarto se habían duplicado.
¿Cómo es posible que alguien con síntomas de infarto espere 35 minutos más que antes para pedir ayuda?
Miedo. Algunos pensaban que sus síntomas no eran tan graves. Otros no querían arriesgarse a entrar en un hospital lleno de coronavirus. El cálculo que hacían en sus cabezas era erróneo, pero comprensible.
¿El virus ataca el corazón directamente o solo agrava lo que ya estaba dañado?
Ambas cosas. En personas con enfermedad cardiovascular previa, el virus empeora dramáticamente el pronóstico. Pero también puede crear problemas nuevos: inflamación del músculo cardíaco, coágulos, arritmias. El virus no respeta las fronteras entre sistemas del cuerpo.
¿Qué significa que los pacientes cardíacos tengan cinco veces más riesgo de morir?
Significa que si el virus llega a alguien cuyo corazón ya está comprometido, las probabilidades de que ese encuentro sea fatal aumentan dramáticamente. No es que se contagien más, sino que cuando se contagian, su cuerpo no puede luchar de la misma manera.
¿Cuál era el mensaje que los cardiólogos querían que llegara a la gente?
Que no desaparecieran. Que siguieran buscando atención médica cuando la necesitaran. Que sus vidas importaban tanto como las de los pacientes de Covid. Que la pandemia no debía convertir a los enfermos del corazón en invisibles.
The Pulse
- Durante los meses más duros de la pandemia, las muertes hospitalarias por infarto agudo de miocardio se duplicaron respecto al año anterior, una señal de alarma que los datos hacían imposible ignorar.
- Los pacientes con síntomas de infarto tardaban casi 35 minutos más en llamar a emergencias, paralizados por el miedo al contagio o minimizando su propio dolor mientras el tiempo —y con él, el tejido cardíaco— se perdía sin remedio.
- Las personas con enfermedad cardiovascular previa enfrentaban un riesgo cinco veces mayor de morir si contraían el virus, y el coronavirus podía además desencadenar miocarditis, trombosis y arritmias en pacientes que nunca habían tenido problemas cardíacos.
- Los cardiólogos de la Sociedad Española de Cardiología exigieron procesos asistenciales claros para que los pacientes del corazón no fueran desplazados por la urgencia pandémica, recordando que la vacilación ante los síntomas tiene un precio medible en vidas.
Mientras España contabilizaba sus muertos por coronavirus con atención casi ritual, otra epidemia más antigua seguía cobrando vidas en silencio: la enfermedad cardiovascular, responsable de más de 120.000 fallecimientos anuales, continuaba siendo la principal causa de muerte en el país. Los cardiólogos españoles advirtieron en octubre de 2020 que por cada muerte por Covid-19 se producían tres o cuatro muertes por problemas del corazón, y que la pandemia misma estaba amplificando esa mortalidad al alejar a los pacientes de la atención que necesitaban. La crisis sanitaria había creado una sombra bajo la cual los enfermos cardiovasculares corrían el riesgo de volverse invisibles, con consecuencias medibles en vidas humanas.
España arrastraba ya más de 120.000 muertes anuales por enfermedad cardiovascular cuando llegó el Covid-19. Mientras la sociedad contabilizaba cada fallecimiento por coronavirus con precisión casi ritual, los cardiólogos comenzaron a notar algo perturbador: las muertes por problemas del corazón seguían su curso implacable sin que nadie pareciera prestarles atención. Por cada persona que moría de Covid-19, tres o cuatro fallecían por enfermedades cardíacas. Así lo advirtió el doctor Héctor Bueno, vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología, durante el e-Congreso SEC 2020, cuando España ya superaba los 35.000 muertos por coronavirus.
Lo que más inquietaba a los especialistas era que la pandemia estaba amplificando esa mortalidad de formas inesperadas. Un estudio de la SEC reveló que las muertes hospitalarias por infarto agudo de miocardio se habían duplicado durante los meses más críticos. El doctor Ángel Cequier explicó una parte de esa tragedia: los pacientes esperaban casi 35 minutos más antes de llamar a emergencias, ya fuera por miedo al contagio o por minimizar sus propios síntomas. Cada minuto de retraso aumentaba las probabilidades de muerte.
El virus también representaba un peligro particular para quienes ya tenían el corazón comprometido. Un análisis de casi 378.000 pacientes confirmó que quienes padecían enfermedad cardiovascular previa tenían cinco veces más riesgo de morir. El doctor Julián Pérez Villacastín explicó la mecánica: un corazón ya debilitado debe esforzarse mucho más cuando la fiebre y la falta de oxígeno aparecen, y la tormenta de citoquinas que el virus desencadena resulta aún más devastadora en ese contexto.
Pero el Covid-19 no solo agravaba lo existente: también podía provocar miocarditis, trombosis y arritmias en personas sin antecedentes cardíacos. Ante este panorama, los cardiólogos españoles insistieron en un mensaje que corría el riesgo de quedar eclipsado: los pacientes cardiovasculares no podían ser invisibilizados. El doctor Bueno fue directo: era imprescindible no descuidarlos durante la pandemia. Los datos ya mostraban que la vacilación ante los síntomas tenía un precio concreto y medible en vidas humanas.
España registró más de 120.000 muertes por enfermedad cardiovascular el año anterior a la pandemia, consolidando estas dolencias como la principal causa de mortalidad en el país. Cuando llegó el Covid-19, los cardiólogos españoles comenzaron a notar algo inquietante: mientras la sociedad contabilizaba cada muerte por coronavirus con precisión casi ritual, las muertes cardiovasculares seguían su curso implacable, sin que nadie pareciera prestarles atención. Por cada persona que moría de Covid-19, tres o cuatro fallecían por problemas del corazón. Así lo advirtió el doctor Héctor Bueno, vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología, durante la presentación del e-Congreso SEC 2020 a finales de octubre, cuando España ya contabilizaba más de 35.000 muertes por coronavirus.
Lo que preocupaba a los especialistas no era solo que las enfermedades cardiovasculares siguieran siendo mortales —eso ya lo sabían—, sino que la pandemia parecía estar amplificando esa mortalidad de formas inesperadas. Un estudio de la Asociación de Cardiología Intervencionista de la SEC reveló que durante los meses más intensos de la crisis sanitaria, las muertes por infarto agudo de miocardio dentro de los hospitales se duplicaron respecto al mismo período del año anterior. El doctor Ángel Cequier, presidente de la SEC, explicó que parte de esta tragedia tenía un origen humano: los pacientes con síntomas de infarto esperaban casi 35 minutos más antes de contactar con los servicios de emergencia, comparado con lo que hacían antes de la pandemia. Algunos minimizaban sus propios síntomas. Otros simplemente tenían miedo de acudir a los centros sanitarios, temiendo contagiarse de coronavirus. Cada minuto de retraso en recibir tratamiento aumentaba las probabilidades de muerte.
Los cardiólogos también descubrieron que el virus mismo representaba un peligro particular para quienes ya tenían el corazón comprometido. Un análisis de casi 378.000 pacientes con Covid-19 confirmado mostró que aquellos con enfermedad cardiovascular previa tenían un riesgo cinco veces superior de morir. Los factores de riesgo clásicos —diabetes e hipertensión— también duplicaban la mortalidad. El doctor Julián Pérez Villacastín, presidente electo de la SEC, explicó la mecánica de esta vulnerabilidad: cuando una persona con problemas cardíacos contrae el virus y desarrolla fiebre y dificultades respiratorias, su corazón ya debilitado debe trabajar mucho más para mantener la oxigenación. Además, la respuesta inflamatoria extrema que el coronavirus provoca en algunos pacientes —lo que los médicos llaman tormenta de citoquinas— es aún más severa en quienes tienen el corazón dañado.
Pero el Covid-19 no solo agravaba las enfermedades cardiovasculares existentes. El virus también podía desencadenar nuevos problemas cardíacos en personas que nunca los habían tenido: miocarditis, inflamación de los vasos sanguíneos, trombosis y arritmias potencialmente fatales. Los cardiólogos españoles insistían en un mensaje que parecía estar siendo eclipsado por la urgencia de la pandemia: los pacientes cardiovasculares no debían ser invisibilizados. Era necesario definir procesos asistenciales claros tanto para los enfermos de Covid como para quienes padecían otras dolencias. El doctor Bueno fue directo: «Es importante no descuidar a los pacientes cardiovasculares durante la pandemia». La advertencia llegaba en un momento en que muchos hospitales estaban reorganizando recursos hacia la crisis del coronavirus, y muchos pacientes con problemas del corazón dudaban si era seguro buscar atención médica. La realidad que los datos mostraban era que esa vacilación tenía un precio medible en vidas.
Notable Quotes
Es importante no descuidar a los pacientes cardiovasculares durante la pandemia. Igual de trascendente es definir bien los procesos asistenciales de los pacientes con Covid como los de los que no la tienen, a quienes no debe invisibilizarse en ningún caso— Doctor Héctor Bueno, vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología
No sabemos si se contagian más pero sí que cuando una persona con problemas cardiovasculares se contagia tiene peor pronóstico— Doctor Julián Pérez Villacastín, presidente electo de la SEC