Bolsonaro promete nombrar juez "terriblemente evangélico" para la Corte Suprema en julio

Las vacantes pasan por mí, pero la última palabra es del Senado
Bolsonaro reconoce que aunque él elige al candidato, el Senado tiene poder de veto sobre la nominación.
Mark

¿Por qué Bolsonaro insiste tanto en que el juez sea evangélico? ¿Qué diferencia práctica hace?

Mimi

Para él, es una cuestión de valores fundamentales. Cree que un magistrado evangélico traería una perspectiva moral específica a las decisiones de la corte, especialmente en temas como derechos reproductivos, libertad religiosa y políticas sociales.

Luke

Pero aquí hay que ser cuidadosos. Bolsonaro dice que el candidato es "terriblemente evangélico", pero eso es su caracterización, no una descripción objetiva. ¿Qué significa exactamente? ¿Cuáles son las posiciones judiciales concretas que espera?

Mark

¿Y por qué el Senado tiene que aprobar? ¿Eso le da poder real para bloquear la nominación?

Mimi

Sí, completamente. El Senado no solo aprueba formalmente; la Comisión de Constitución y Justicia entrevista al candidato públicamente. Es un proceso donde se pueden cuestionar sus antecedentes, sus fallos anteriores, sus posiciones sobre casos sensibles.

Luke

Lo importante es que Bolsonaro no tiene control total aquí. Puede anunciar lo que quiera, pero el Senado puede rechazar al candidato o exigir concesiones. En 2020, cuando nombró a Nunes Marques, la ultraderecha se decepcionó porque no era evangélico. Eso sugiere que hay límites políticos incluso para Bolsonaro.

Mark

¿Y el cambio de posición sobre las vacunas? ¿Eso está conectado con esto?

Mimi

No directamente. Parece ser una respuesta a la presión de Estados Unidos y a la realidad de que Brasil necesita más vacunas. Pero muestra que el gobierno está bajo presión en múltiples frentes.

Luke

Exacto. El comunicado sobre vacunas es cuidadoso: dice que Brasil apoya las negociaciones, pero también insiste en que los fabricantes deben cooperar. No es un giro completo; es un giro táctico. Y eso ocurre el mismo día que Bolsonaro habla de la corte, lo que sugiere que está navegando múltiples crisis políticas simultáneamente.

  • Bolsonaro fijó fecha —4 o 5 de julio— para presentar un candidato evangélico a la Corte Suprema, convirtiendo la fe religiosa en criterio explícito de selección judicial.
  • La promesa acumula presión desde 2019: el nombramiento anterior de un juez católico conservador dejó insatisfecha a la base pentecostal y ultraderechista del presidente.
  • André Mendonça, ex ministro de Justicia y actual Abogado General del Estado, emerge como el candidato más probable, aunque Bolsonaro no lo confirmó públicamente.
  • El proceso no es automático: el candidato deberá enfrentar la Comisión de Constitución y Justicia del Senado y la aprobación del pleno, abriendo espacio a la negociación política.
  • En paralelo, el gobierno brasileño dio un giro y anunció su apoyo a las negociaciones para liberar las patentes de vacunas contra el COVID-19, sumando otra variable a una semana cargada de señales políticas.

En las puertas de su residencia oficial en Brasilia, Jair Bolsonaro renovó ante sus seguidores una promesa que arrastraba desde 2019: en julio nombraría a un juez 'terriblemente evangélico' para la Corte Suprema brasileña, cumpliendo así una deuda simbólica con la base religiosa que lo sostiene. La designación, que recaería presumiblemente sobre André Mendonça, ex ministro de Justicia, no depende solo de la voluntad presidencial, sino que deberá atravesar el escrutinio del Senado. En este gesto se revela una tensión más profunda entre el poder ejecutivo y las instituciones que lo limitan, entre la fe como bandera política y la ley como árbitro final.

El sábado, Jair Bolsonaro se plantó ante sus seguidores frente a su residencia oficial en Brasilia para saldar una deuda que llevaba dos años pendiente. Anunció que en julio —el 4 o 5, precisó— nombraría a un juez 'terriblemente evangélico' para uno de los once asientos del Supremo Tribunal Federal. Reconoció que 'la última palabra es del Senado', pero dejó claro que la decisión pasaba por él. Luego se perdió en una reflexión casi cómica sobre el lenguaje, preguntando en voz alta cuál sería el superlativo de 'esencial', sin llegar a una respuesta.

Aunque no reveló el nombre, la prensa brasileña apuntaba a André Mendonça, ex ministro de Justicia y actual Abogado General del Estado. Bolsonaro llegó a imaginar en voz alta las sesiones del tribunal comenzando con una oración pronunciada por este magistrado. La promesa tenía historia: en 2020 había nombrado a Kassio Nunes Marques, juez conservador de fe católica, decepcionando a los sectores evangélicos que esperaban ver cumplida la promesa original. Con la próxima vacante —la de Marco Aurélio Mello, quien se retirará en julio al cumplir 75 años tras más de tres décadas en la corte— Bolsonaro parecía dispuesto a enmendar ese desencuentro.

El camino, sin embargo, no es llano. Cualquier candidato deberá pasar por la Comisión de Constitución y Justicia del Senado y luego por el pleno de la Cámara Alta, convirtiendo el nombramiento en una negociación política abierta. La semana trajo además otro giro relevante: tras una reunión virtual entre el canciller brasileño y la representante de Comercio Exterior de Estados Unidos, el gobierno emitió un comunicado conjunto anunciando su apoyo a las negociaciones para liberar las patentes de vacunas contra el COVID-19, revertiendo la posición que había sostenido días antes. Brasil condicionó ese apoyo a la cooperación de los fabricantes para viabilizar la producción local y en otros países en desarrollo.

Jair Bolsonaro se presentó ante sus seguidores a las puertas de su residencia oficial en Brasilia el sábado para hacer un anuncio que llevaba prometiendo desde 2019: en julio nombraría a un juez "terriblemente evangélico" para ocupar uno de los once asientos de la Corte Suprema brasileña. "Las vacantes para el Supremo Tribunal Federal pasan por mí", dijo el presidente, aunque reconoció que "la última palabra es del Senado". Fijó la fecha con precisión: el 4 o 5 de julio presentaría su candidato, alguien cuya fe evangélica sería, según sus propias palabras, extrema.

Bolsonaro ya tenía un nombre en mente, aunque se guardó revelarlo públicamente. La prensa brasileña señalaba a André Mendonça, quien había sido ministro de Justicia en su gobierno y ocupaba entonces el cargo de Abogado General del Estado. El presidente imaginó en voz alta cómo sería que las sesiones del tribunal supremo comenzaran con una oración pronunciada por este magistrado. Luego se lanzó a una reflexión casi cómica sobre el lenguaje: "Dios es esencial en todos los lugares y el Supremo es un lugar que... no sé cuál es el superlativo de esencial. ¿Alguien sabe cuál es el superlativo de esencial? ¿Esencialísimo? Debe ser...", dijo, dejando la frase sin terminar.

Esta promesa tenía historia. En octubre de 2020, Bolsonaro había nombrado a Kassio Nunes Marques, un juez conservador de fe católica, para reemplazar al progresista José Celso de Mello. La decisión decepcionó a los sectores de ultraderecha y a los líderes de iglesias pentecostales que esperaban ver cumplida la promesa de 2019 de un magistrado "terriblemente evangélico". Ahora, con la próxima vacante, Bolsonaro parecía dispuesto a enmendar lo que consideraban un error.

La vacante llegaría en julio cuando Marco Aurélio Mello se retirara de la corte. Mello había sido juez desde junio de 1990 y se iría una semana antes de cumplir los 75 años, la edad límite para los magistrados en Brasil. Pero la voluntad presidencial no era suficiente. Cualquier candidato que Bolsonaro presentara tendría que pasar por la Comisión de Constitución y Justicia del Senado, que lo entrevistaría, y luego por la aprobación del pleno de la Cámara Alta. El proceso era una puerta abierta a la negociación política y al escrutinio público.

La noticia llegaba en un momento en que Brasil enfrentaba otras presiones internacionales. El mismo viernes en que Bolsonaro hacía estas declaraciones sobre la corte, su gobierno anunció un giro en su posición sobre las patentes de las vacunas contra el COVID-19. Días antes, el canciller Carlos França había dicho en una audiencia pública en el Senado que Brasil se oponía a suspender las patentes, pero dejó abierta la puerta a cambiar de opinión si era del interés nacional. El ministro de Salud, Marcelo Queiroga, había expresado lo mismo ante una comisión parlamentaria que investigaba las omisiones del gobierno en la crisis sanitaria.

Ahora, tras una reunión virtual entre el canciller brasileño y Katherine Tai, la representante de Comercio Exterior de Estados Unidos, el gobierno emitió un comunicado conjunto de los ministerios de Relaciones Exteriores, Economía, Salud y Ciencia y Tecnología anunciando que Brasil apoyaría las negociaciones para liberar las patentes de las vacunas. El comunicado afirmaba que Brasil compartía el objetivo de "proveer vacunas seguras y eficientes al mayor número de personas posible en el menor intervalo de tiempo posible". Sin embargo, el gobierno también subrayó que sería "fundamental" contar con "el compromiso, la cooperación y la asociación" de los fabricantes de vacunas para "viabilizar su producción en Brasil y en otros países en desarrollo". Brasil anunció que consultaría con sus socios internacionales y el sector privado para "desarrollar los entendimientos multilaterales necesarios para una rápida y segura producción y distribución de las vacunas".

¿Se imaginan que las sesiones del Supremo Tribunal Federal comenzaran con una oración por parte de ese magistrado?
— Jair Bolsonaro, presidente de Brasil
Brasil comparte el objetivo de proveer vacunas seguras y eficientes al mayor número de personas posible en el menor intervalo de tiempo posible
— Comunicado conjunto de ministerios brasileños
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