En los mercados globales, una sola cifra fue suficiente para sembrar la duda: los ingresos de OpenAI, motor simbólico de la revolución de la inteligencia artificial, habrían quedado 20.000 millones de dólares por debajo de las expectativas. Esa brecha entre promesa y realidad sacudió el Nasdaq, arrastró a las bolsas asiáticas y obligó a los inversores a preguntarse si el gasto colosal en IA puede sostenerse cuando los frutos aún no maduran al ritmo esperado. La pregunta no es solo financiera: es sobre la paciencia que exige toda transformación tecnológica profunda.
Bolsas asiáticas caen tras desplome del Nasdaq por dudas sobre ingresos de OpenAI
¿Pueden los ingresos justificar los gastos colosales en IA?
¿Por qué un reporte sobre los ingresos de OpenAI afecta a bolsas en Japón y Australia?
Porque OpenAI es central a toda la narrativa de crecimiento de la IA. Si sus ingresos no crecen tan rápido como se esperaba, eso cuestiona si toda la inversión masiva en chips y centros de datos tiene sentido.
Pero espera—¿cuánto de esto es especulación? El Financial Times reportó 50.000 millones, pero ¿eso es confirmado o es lo que fuentes dicen que podría ser?
Es lo que fuentes cercanas al asunto dicen que está en camino. No es un número oficial de OpenAI.
Entonces los mercados cayeron basándose en un reporte de un periódico sobre lo que fuentes anónimas dicen que podría pasar.
Exactamente. Y eso importa porque muestra cuánta incertidumbre hay. Los inversores no tienen claridad real sobre los números de OpenAI.
Lo que sí es claro es que hay una brecha entre lo que se invierte en IA y lo que se gana. Eso es el verdadero problema.
¿Y qué pasa ahora? ¿Los mercados se estabilizan o esto empeora?
Depende de si hay más noticias sobre ingresos reales, o si los inversores simplemente compran en la caída. El reporte de Weston sugiere que todavía no está claro.
Y mientras tanto, la Reserva Federal sigue diciendo que subirá tasas. Eso hace que el endeudamiento sea más caro, lo que presiona aún más a las empresas de IA que necesitan dinero para invertir.
Il Polso
- El Nasdaq sufrió su peor jornada en siete semanas al conocerse que los ingresos anualizados de OpenAI rondarían los US$50.000 millones, muy por debajo de lo que el mercado anticipaba.
- La onda expansiva llegó a Asia de inmediato: el Nikkei perdió más del 1% y SoftBank, uno de los mayores apostadores globales en IA, se desplomó más del 5% en una sola sesión.
- La preocupación de fondo no es un número aislado, sino la pregunta que ese número abre: ¿pueden los ingresos de la IA crecer lo suficientemente rápido para justificar las inversiones astronómicas ya realizadas?
- Los bonos del Tesoro ofrecieron un respiro temporal, pero la Reserva Federal sigue señalando más alzas de tasas, manteniendo el costo del dinero como presión constante sobre las apuestas tecnológicas.
- Los inversores se dividen entre quienes ven una señal de alarma real y quienes consideran la caída una oportunidad de recompra antes de la temporada de resultados empresariales.
En los mercados globales, una sola cifra fue suficiente para sembrar la duda: los ingresos de OpenAI, motor simbólico de la revolución de la inteligencia artificial, habrían quedado 20.000 millones de dólares por debajo de las expectativas. Esa brecha entre promesa y realidad sacudió el Nasdaq, arrastró a las bolsas asiáticas y obligó a los inversores a preguntarse si el gasto colosal en IA puede sostenerse cuando los frutos aún no maduran al ritmo esperado. La pregunta no es solo financiera: es sobre la paciencia que exige toda transformación tecnológica profunda.
Los mercados asiáticos abrieron el viernes bajo la sombra de Wall Street: el Nikkei cedió más del 1%, SoftBank se desplomó más del 5% y el MSCI Asia Pacífico retrocedió en las primeras horas. El detonante había ocurrido la noche anterior, cuando el Nasdaq registró su peor jornada en siete semanas con una caída del 1,4%, arrastrado por un índice de fabricantes de chips que perdió 3,4%.
El origen de la turbulencia fue un reporte del Financial Times que situaba los ingresos anualizados de OpenAI en torno a los 50.000 millones de dólares, unos 20.000 millones menos de lo que muchos analistas esperaban. La cifra no solo decepcionó: abrió una pregunta más profunda sobre si el boom de la inteligencia artificial puede sostenerse. Durante meses, empresas tecnológicas y fabricantes de chips habían invertido sumas enormes en infraestructura y poder computacional, todo bajo la promesa de ingresos futuros que justificaran el gasto. Ahora esa promesa mostraba fisuras.
La comparación entre empresas tampoco ayudaba a calmar los ánimos. Anthropic había reportado ingresos anualizados de 65.000 millones de dólares a finales de julio, pero las metodologías de medición diferían, alimentando la incertidumbre en lugar de aclararla.
En otros frentes, el petróleo bajó levemente tras declaraciones del presidente Trump sobre Irán, y los bonos del Tesoro ganaron terreno después de una sólida subasta a 30 años. Sin embargo, ese alivio era frágil: funcionarios de la Reserva Federal, incluidos Christopher Waller y Alberto Musalem, reiteraron que se avecinan nuevas alzas de tasas para contener la inflación.
Mientras tanto, más de dos tercios de las empresas del S&P 500 avanzaron, lo que reveló que la debilidad estaba concentrada en el sector tecnológico. La pregunta que quedó flotando en los mercados la resumió Chris Weston, de Pepperstone: ¿la caída de las acciones de IA y semiconductores es una señal de reducción de riesgos más amplia, o una oportunidad para recomprar posiciones antes de los próximos resultados empresariales?
Los mercados asiáticos despertaron el viernes a noticias que vinieron de Wall Street la noche anterior, y la reacción fue inmediata: vender. El índice Nikkei de Japón cedió más del 1%. SoftBank, el gigante tecnológico que ha apostado fuerte a la inteligencia artificial, se desplomó más del 5%. El MSCI Asia Pacífico retrocedió un 0,1% en las primeras horas de la sesión. Detrás de estos números había una sola pregunta que los inversores no podían dejar de hacerse: ¿cuánto dinero está realmente ganando OpenAI?
La noche anterior, el Nasdaq había tenido su peor día en siete semanas, cayendo 1,4%. Un índice de fabricantes de chips estadounidenses se desplomó 3,4%. El S&P 500 bajó 0,5%. Todo esto sucedió después de que el Financial Times reportara que los ingresos anualizados de OpenAI rondarían los 50.000 millones de dólares, una cifra que quedaba 20.000 millones por debajo de lo que muchos analistas esperaban. Además, Firmus Grid Ltd., una empresa australiana de centros de datos respaldada por Nvidia, estaba considerando posponer su salida a bolsa, según fuentes cercanas al asunto.
Lo que preocupaba a los inversores no era simplemente un número más bajo. Era lo que ese número revelaba sobre la viabilidad de todo el boom de la inteligencia artificial. Durante meses, las empresas de tecnología y los fabricantes de chips habían invertido sumas astronómicas en infraestructura, centros de datos y poder computacional. El costo de endeudamiento era alto. Las tasas de interés seguían presionadas al alza. Y ahora surgía una pregunta incómoda: ¿podían los ingresos realmente crecer lo suficientemente rápido como para justificar esos gastos colosales? OpenAI, Anthropic y otras empresas de IA solían destacar sus ingresos anualizados como prueba de su crecimiento explosivo, pero esos números no siempre se medían de la misma manera. Anthropic, por ejemplo, había reportado ingresos anualizados de 65.000 millones de dólares a finales de julio. Las comparaciones eran difíciles, y eso alimentaba la incertidumbre.
En otros mercados, el petróleo bajó ligeramente. El crudo estadounidense cayó a alrededor de 91 dólares el barril después de que el presidente Donald Trump declarara que Estados Unidos no atacaría a Irán antes de las elecciones de mitad de mandato en noviembre. El crudo Brent, la referencia mundial, bajó 0,5% hasta rondar los 103,80 dólares el barril. Los bonos del Tesoro estadounidense, en cambio, ganaron terreno. Habían avanzado el jueves tras una fuerte demanda en una subasta de deuda a 30 años, lo que hizo que los rendimientos a largo plazo retrocedieran desde máximos de más más de dos décadas. El anuncio de Trump sobre Irán extendió ese repunte, proporcionando cierto alivio después de meses de ventas masivas de deuda a largo plazo impulsadas por la preocupación de que la guerra mantuviera elevados los precios de la energía y la inflación.
Pero ese alivio era frágil. Los funcionarios de la Reserva Federal seguían señalando que se avecinaba un mayor endurecimiento de la política monetaria. El gobernador Christopher Waller dijo que probablemente se necesitarían nuevos aumentos para controlar la inflación. Alberto Musalem, presidente de la Reserva Federal de St. Louis, declaró que las tasas deberían subir en los próximos seis a nueve meses. "Para que la inflación vuelva a situarse en el objetivo de manera oportuna, será necesario un mayor endurecimiento de la política monetaria", dijo Musalem el jueves en un evento de Bloomberg en Nueva York.
En el mercado de acciones estadounidense, la debilidad se mantuvo concentrada en el sector tecnológico. Más de dos tercios de las empresas del S&P 500 registraron avances, mientras que las acciones de pequeña capitalización apenas variaron. Los inversores se volcaban hacia sectores defensivos, buscando refugio. Chris Weston, jefe de investigación de Pepperstone, capturó la incertidumbre que flotaba en los mercados: "Por ahora, la atención se centra en si la venta de acciones de IA y semiconductores se traduce en una reducción de riesgos más amplia, o si los inversores aprovechan el retroceso para recuperar posiciones antes de la publicación de resultados". Era la pregunta que definiría los próximos movimientos del mercado: ¿pánico o compra de oportunidad?
Citazioni salienti
Por ahora, la atención se centra en si la venta de acciones de IA y semiconductores se traduce en una reducción de riesgos más amplia, o si los inversores aprovechan el retroceso para recuperar posiciones antes de la publicación de resultados— Chris Weston, jefe de investigación de Pepperstone
Para que la inflación vuelva a situarse en el objetivo de manera oportuna, será necesario un mayor endurecimiento de la política monetaria— Alberto Musalem, presidente de la Reserva Federal de St. Louis