En un país donde 12 millones de personas padecen inseguridad alimentaria, la abundancia a veces crece invisible en los bosques y montañas. Bladimir Vera Marín, investigador de la Universidad de Antioquia, ha emprendido la tarea de mapear las 3.800 plantas alimenticias documentadas en Colombia, devolviendo nombre, lugar y uso a lo que la modernidad ha aprendido a ignorar. Su trabajo no es solo un ejercicio científico: es un recordatorio de que el olvido también puede ser una forma de hambre.
Bladimir Vera mapea las plantas alimenticias olvidadas de Colombia
Se han vuelto tan cotidianas que dejamos de verlas como plantas
¿Por qué un investigador decide pasar años catalogando plantas que casi nadie come?
Vera vio que mientras Colombia tiene miles de plantas alimenticias, 12 millones de personas no tienen acceso a comida suficiente. Pensó que tal vez el problema no era la escasez, sino el desconocimiento.
Pero espera. ¿Eso significa que si la gente comiera chontaduro en lugar de arroz, se resolvería la inseguridad alimentaria? ¿O es más complicado que eso?
Es más complicado. Vera no dice que estas plantas sean la solución mágica. Lo que documenta es que existen, que tienen valor nutricional, que están ahí. Pero tienes razón: el acceso a alimentos es también un problema de economía, de distribución, de poder.
¿Qué tan completo está realmente este catálogo?
Vera ha caracterizado 1.800 de las 3.800 plantas documentadas. Pero aquí está lo importante: los registros anteriores solo decían que eran comestibles. Él está añadiendo dónde crecen, cómo se preparan, qué partes se usan.
Entonces el catálogo anterior era casi inútil. Saber que algo es comestible sin saber dónde encontrarlo o cómo cocinarlo no ayuda a nadie.
Exacto. Y eso es lo que lo hace diferente. Además, está documentando el conocimiento tradicional, no solo la botánica.
¿Hay plantas que sorprenden? ¿Cosas que la gente debería estar comiendo pero no come?
Hay varias. El mamoncillo está en múltiples regiones pero casi no lo consumimos. Las Annonaceae en la Amazonía. Pero lo interesante es lo opuesto: la papa y el arroz, que comemos constantemente, no aparecen en los registros como plantas alimenticias.
Eso suena raro. ¿Por qué no estarían registradas?
Vera cree que se han vuelto tan normales que dejamos de verlas como plantas. Son solo comida.
O tal vez el registro es incompleto. O tal vez fueron añadidas después de cierto punto. No sabemos realmente por qué.
¿Qué tiene que ver la globalización con todo esto?
Vera sugiere que la globalización nos ha hecho privilegiar ciertos alimentos sobre otros. Cultivamos lo que se vende bien en el mercado global, no lo que crece naturalmente aquí.
Eso es un factor económico real, no especulación. Pero también hay acceso desigual: no todos pueden llegar a todas las plantas.
Claro. Y eso es parte de por qué 12 millones de personas siguen sin acceso a comida adecuada, a pesar de toda esta biodiversidad.
¿Qué espera Vera que pase con este trabajo?
Que la gente se atreva a probar. Que visite otras regiones, que explore sabores nuevos. Que entienda que conservar estas plantas es también conservar lo que nos pertenece.
Der Puls
- Doce millones de colombianos no tienen acceso garantizado a alimentos suficientes, mientras miles de plantas comestibles crecen sin ser reconocidas ni consumidas.
- De las 3.800 plantas alimenticias registradas en el país, la mayoría carece de información básica sobre dónde crecen, cómo se preparan o qué partes pueden comerse.
- Vera ha caracterizado 1.800 especies en menos de dos años, documentando distribución regional, usos tradicionales y conocimiento ancestral asociado a cada planta.
- La globalización y la lógica del mercado han reducido la dieta colombiana a unos pocos cultivos rentables, desplazando especies nativas que aún representan el 76,3% de la base alimentaria del país.
- El catálogo en construcción apunta a convertirse en una herramienta que trascienda los laboratorios y llegue a cocinas, mercados y comunidades de todo el territorio nacional.
En un país donde 12 millones de personas padecen inseguridad alimentaria, la abundancia a veces crece invisible en los bosques y montañas. Bladimir Vera Marín, investigador de la Universidad de Antioquia, ha emprendido la tarea de mapear las 3.800 plantas alimenticias documentadas en Colombia, devolviendo nombre, lugar y uso a lo que la modernidad ha aprendido a ignorar. Su trabajo no es solo un ejercicio científico: es un recordatorio de que el olvido también puede ser una forma de hambre.
En Colombia crece una abundancia que casi nadie come. Miles de plantas alimenticias habitan los bosques, las montañas y las riberas del país, pero permanecen ausentes de las mesas cotidianas. Mientras tanto, cerca de 12 millones de personas carecen de acceso a alimentos suficientes y nutritivos, según el DANE. Es en esa brecha donde Bladimir Vera Marín, candidato a doctor en Biología por la Universidad de Antioquia, decidió trabajar.
Vera venía estudiando plantas medicinales cuando, hace poco más de dos años, cambió de rumbo. Reconoció que las plantas alimenticias eran un tema relegado en la investigación colombiana, justo cuando el país enfrentaba un problema persistente de inseguridad alimentaria. Desde el Grupo de Estudios Botánicos de la UdeA, accedió a bases de datos de jardines botánicos y herbarios para construir un catálogo nacional. Lo que encontró fue un vacío peculiar: aunque existen registros de unas 3.800 plantas comestibles —de un total de 30.000 vegetales en el país—, esos registros apenas confirman que pueden consumirse, sin indicar dónde crecen, cómo prepararse ni qué partes son aptas. En casi dos años, Vera ha caracterizado 1.800 especies, documentando también el conocimiento tradicional asociado a cada una.
Sus hallazgos revelan patrones claros: las regiones Amazónica, Andina y Pacífica concentran la mayor diversidad de plantas comestibles. La Amazonía es especialmente rica, con registros que van más allá de frutas y verduras para incluir condimentos, aceites y gomas. El chontaduro aparece en múltiples regiones, aunque culturalmente lo asociemos casi solo con el Pacífico. Hay, sin embargo, una paradoja inquietante: plantas tan cotidianas como la papa o el arroz no aparecen en los registros revisados, porque se han vuelto tan familiares que dejamos de verlas como plantas. Lo opuesto también ocurre: muchas especies documentadas como comestibles casi nunca se consumen. La globalización, las desigualdades de acceso y la lógica del mercado —que prioriza lo que se vende— explican en parte ese olvido.
El 76,3% de la base alimentaria colombiana proviene de plantas nativas. Vera subraya que preservar esa herencia exige más que ciencia: demanda atreverse a probar nuevos sabores, visitar otras regiones y consumir lo que allí crece. Su catálogo es una invitación a explorar un mapa de posibilidades que espera ser recorrido no solo en laboratorios, sino en cocinas, mercados y mesas de todo el país.
En Colombia crece una abundancia que casi nadie come. Miles de plantas alimenticias pueblan los bosques, las montañas, los ríos del país, pero permanecen invisibles en las mesas de los colombianos. Mientras tanto, alrededor de 12 millones de personas carecen de acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Es en esa brecha donde Bladimir Vera Marín, candidato a doctor en Biología por la Universidad de Antioquia, decidió trabajar.
Vera pasó varios años estudiando plantas medicinales, pero hace poco más de dos años cambió de dirección. Lo que lo movió fue reconocer que las plantas alimenticias constituyen un tema relegado en la investigación colombiana, especialmente cuando el país enfrenta un problema persistente de inseguridad alimentaria. Comenzó en 2024 mapeando las zonas de Antioquia con mayores dificultades de acceso a alimentos, pero pronto amplió su mirada a todo el territorio nacional. Como integrante del Grupo de Estudios Botánicos de la Universidad de Antioquia, accedió a bases de datos de jardines botánicos y herbarios de diferentes ciudades para construir su catálogo.
Lo que encontró fue un vacío peculiar. Aunque existen registros de aproximadamente 3.800 plantas alimenticias en Colombia —de un total de 30.000 vegetales en el país—, esos registros apenas indican que pueden consumirse. Falta información crucial: dónde crecen o se cultivan, cómo prepararse para comer, qué partes de la planta son aptas para el consumo. Vera decidió llenar ese vacío. En casi dos años de trabajo, ha caracterizado 1.800 especies, documentando no solo su utilidad sino también el conocimiento tradicional asociado a cada una.
Sus hallazgos revelan patrones claros. Las regiones Amazónica, Andina y Pacífica concentran la mayor diversidad de plantas comestibles. La Amazonía es particularmente rica: de ella proviene la información más completa sobre plantas con uso alimenticio, que van más allá de frutas y verduras para incluir condimentos, aceites y gomas. El chontaduro, conocido científicamente como Bactris gasipaes, aparece en múltiples regiones del país, aunque culturalmente lo asociamos casi exclusivamente con el Pacífico. El mamoncillo y diversas especies de la familia Annonaceae —guanábanas, chirimoyas, anón de monte— también están bien representadas en varias zonas.
Pero hay una paradoja inquietante en los datos. Plantas tan comunes como la papa o el arroz no aparecen en los registros que Vera ha revisado. El investigador ofrece una explicación: se han vuelto tan cotidianas que dejamos de verlas como plantas y las percibimos únicamente como alimento. Lo opuesto también ocurre: hay muchas especies documentadas como comestibles que en la práctica casi nunca consumimos. Vera aún busca respuestas definitivas, pero identifica posibles causas. La globalización ha privilegiado ciertos alimentos sobre otros. No todos tienen igual acceso a determinadas especies. Y existe un factor económico fundamental: al cultivar, se prioriza lo que se vende, creando un ciclo que determina qué comemos y qué olvidamos.
El 76,3% de la base alimentaria colombiana proviene de plantas nativas que continúan creciendo de manera natural en las regiones del país. Vera subraya que preservar esa herencia requiere más que investigación científica. Demanda atreverse a probar nuevos sabores, visitar otras regiones, consumir lo que allí crece. No es solo un acto de conocimiento botánico, sino de reconocimiento: al explorar y comer las plantas que nos pertenecen, estamos conservando lo que está en nuestros territorios. El catálogo que construye Vera es una invitación a esa exploración, un mapa de posibilidades que espera ser recorrido no solo en laboratorios sino en cocinas, mercados y mesas de todo el país.
Bemerkenswerte Zitate
No solamente queremos decir que estas plantas son útiles, sino también contar un poco sobre el conocimiento tradicional asociado a ellas— Bladimir Vera Marín, investigador de la Universidad de Antioquia
Nuestra historia hoy sigue siendo una historia muy marcada por los recursos que encontramos en nuestros bosques y en nuestros diferentes sistemas alimentarios. Eso es importante porque, en cierto sentido, también estamos conservando lo que nos pertenece y lo que está en nuestros territorios— Bladimir Vera Marín