Los delegados elegirían al candidato, pero serían en gran medida los partidarios de Biden
En un momento que resuena con los grandes giros de la historia política estadounidense, el presidente Joe Biden eligió el peso de la renuncia sobre el de la ambición, retirando su candidatura a la reelección y señalando a su vicepresidenta Kamala Harris como su sucesora preferida. La decisión, tomada a poco más de cien días de los comicios de noviembre de 2024, no disuelve su presidencia sino su aspiración electoral, dejando abierta la pregunta de cómo el Partido Demócrata navegará la transición formal en su convención de Chicago. Como Lyndon B. Johnson en 1968 y Harry Truman en 1952, Biden se une a una pequeña lista de presidentes que eligieron el legado sobre la continuidad, aunque el desenlace de este capítulo aún está por escribirse.
- Biden anunció su retirada electoral a solo cien días de las elecciones, desencadenando una ola de incertidumbre sobre quién encabezará la boleta demócrata en noviembre.
- Republicanos como el presidente de la Cámara Mike Johnson exigen su renuncia inmediata a la presidencia, aunque Biden deja claro que permanecerá en el cargo hasta enero de 2025.
- Harris recibió respaldo casi inmediato de figuras demócratas prominentes, pero su nominación formal depende de los delegados en la convención de Chicago, quienes técnicamente pueden votar libremente.
- Los 95.9 millones de dólares disponibles en la campaña de Biden podrían transferirse a Harris, aunque abogados republicanos cuestionan la legalidad de ese movimiento financiero.
- El senador Joe Manchin emerge como posible candidato alternativo, mientras el partido aún no ha definido con claridad las reglas de un eventual proceso abierto de nominación.
El domingo por la mañana, Joe Biden comunicó lo que muchos dentro de su partido llevaban semanas anticipando: no buscaría la reelección en noviembre de 2024. En el mismo anuncio, respaldó a su vicepresidenta Kamala Harris como la candidata que debería llevar la bandera demócrata, aunque aclaró que su renuncia era únicamente como aspirante electoral, no como presidente. Permanecerá en la Casa Blanca hasta el 20 de enero de 2025.
Harris respondió diciendo sentirse honrada y dispuesta a ganarse la candidatura. El apoyo de figuras como la senadora Elizabeth Warren, los gobernadores Roy Cooper y Josh Shapiro, y delegaciones estatales llegó casi de inmediato. Sin embargo, la nominación formal no es automática: corresponde a los delegados decidirlo en la convención demócrata de Chicago el próximo mes, o mediante una votación nominal virtual. Esos delegados, en su mayoría comprometidos originalmente con Biden, tendrán la última palabra.
Algunos sectores del partido piden un proceso abierto donde otros candidatos puedan competir. El senador Joe Manchin, independiente por Virginia Occidental, era señalado como posible aspirante si decidía reregistrarse como demócrata. Las reglas del partido exigen que cualquier candidato reúna cientos de firmas de delegados de varios estados y demuestre apoyo sustancial, aunque los detalles del proceso aún no han sido definidos.
En el plano financiero, los 95.9 millones de dólares del comité de campaña de Biden podrían transferirse a Harris si es nominada, dado que ya forma parte de la candidatura. Pero abogados republicanos argumentan que esa transferencia requiere una nominación formal previa. La historia ofrece algunos paralelos: Lyndon B. Johnson en 1968 y Harry Truman en 1952 también se retiraron de sus campañas de reelección, aunque ninguno lo hizo bajo la presión específica que rodeó la decisión de Biden.
El domingo por la mañana, el presidente Joe Biden comunicó una decisión que había estado gestándose durante semanas: no buscaría la reelección en noviembre de 2024. En el mismo movimiento, respaldaría a su vicepresidenta, Kamala Harris, como la sucesora que debería llevar la bandera demócrata. La noticia llegó a poco más de cien días de los comicios, un momento tardío que generaría una cascada de preguntas sobre lo que vendría después.
Lo primero que necesitaba aclararse era qué seguía siendo Biden y qué no. El presidente de 81 años seguiría siendo exactamente eso: presidente. Su anuncio se refería únicamente a su candidatura electoral, no a su cargo ejecutivo. Permanecería en la Casa Blanca hasta el 20 de enero de 2025, cuando su sucesor jurara el cargo. "Aunque mi intención ha sido buscar la reelección, creo que lo mejor para mi partido y para el país es que me retire y me centre únicamente en cumplir con mis obligaciones como presidente durante el resto de mi mandato", escribió en su comunicado. Sin embargo, algunos republicanos no estaban satisfechos con esta distinción. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, la representante Elise Stefanik y el senador Steve Daines, entre otros, instaban a Biden a renunciar de inmediato. Pero no había indicios de que el presidente tuviera intención de hacerlo.
El respaldo a Harris fue rápido, aunque no automático. Ella misma declaró sentirse "honrada" de recibir el apoyo presidencial y afirmó que pretendía "ganarse y ganar" la candidatura. Demócratas prominentes se alinearon detrás de ella casi de inmediato: la senadora Elizabeth Warren de Massachusetts, la representante Pramila Jayapal de Washington, el senador Chris Coons de Delaware, los gobernadores Roy Cooper de Carolina del Norte y Josh Shapiro de Pensilvania, y toda la delegación de Tennessee en el Comité Nacional Demócrata. Pero el respaldo de Biden y sus colegas no la convertía automáticamente en la candidata del partido. Eso requería un proceso más complejo.
La nominación formal ocurriría en la convención demócrata de Chicago el próximo mes, o potencialmente a través de una votación nominal virtual. Los delegados individuales serían quienes eligieran al candidato. Aquí estaba el detalle crucial: Biden había ganado casi todos los delegados durante las primarias, y esos delegados se habían comprometido a votarlo a él. Aunque técnicamente podían votar como quisieran, serían en gran medida los partidarios de Biden quienes determinarían al candidato. Algunos demócratas pedían un "proceso abierto" en el que otros candidatos además de Harris compitieran por la nominación. Según las reglas del partido, cualquier candidato necesitaría reunir cientos de firmas de delegados de varios estados, ser un "demócrata de buena fe" y haber "establecido un apoyo sustancial" para su nominación. El partido aún no había detallado exactamente cómo funcionaría este proceso.
Los nombres de otros legisladores demócratas prominentes circulaban informalmente como posibles alternativas a Harris. Sin embargo, la mayoría no había anunciado ni mostrado señales de querer competir. Una excepción potencial era el senador Joe Manchin, independiente por Virginia Occidental, quien según fuentes cercanas estaba considerando reregistrarse como demócrata y lanzarse a la carrera. Manchin había pedido a Biden que se retirara esa misma mañana en un programa de CNN.
La cuestión del dinero era más complicada de lo que parecía. La campaña de reelección de Biden había recaudado 240 millones de dólares hasta finales de junio, distribuidos entre el Comité Nacional Demócrata, comités aliados y el comité de campaña de Biden mismo. Este último tenía 95.9 millones de dólares disponibles. Si Harris se convertía en la candidata, la mayoría de expertos en financiación de campañas esperaba que todo ese dinero se transfiriera a su operación política, ya que ella ya era parte de la candidatura. Pero algunos abogados republicanos discrepaban, argumentando que Biden y Harris debían ser nominados formalmente por el partido antes de que pudiera transferirse dinero alguno. Si Harris no obtenía la nominación, los fondos podrían ir al Comité Nacional Demócrata, que podría usarlos para apoyar a otro candidato demócrata, o la campaña podría transformarse en un comité de acción política para gastos independientes.
Este momento histórico no era completamente sin precedentes. Aunque ningún presidente estadounidense había sido presionado para abandonar su campaña de reelección por preocupaciones sobre su salud mental, sí había ocurrido que presidentes en ejercicio se retiraran de sus campañas de reelección. Lyndon B. Johnson lo hizo en 1968 y Harry S. Truman en 1952. La decisión de Biden era la más reciente en décadas, y ocurría a solo meses de las elecciones. Al menos otros cinco expresidentes también habían rechazado la posibilidad de un segundo mandato completo. Lo que vendría ahora dependería de cómo los delegados demócratas navegaran el complejo proceso de seleccionar a su candidato en Chicago.
Notable Quotes
Aunque mi intención ha sido buscar la reelección, creo que lo mejor para mi partido y para el país es que me retire y me centre únicamente en cumplir con mis obligaciones como presidente durante el resto de mi mandato— Joe Biden
Se sentía honrada de recibir el apoyo de Biden y pretendía ganarse y ganar la candidatura a la presidencia— Kamala Harris
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Biden insistió en que seguiría siendo presidente si ya no quería ser candidato? ¿No parecía contradictorio?
No realmente. Eran dos cosas distintas. Ser candidato presidencial es una función política; ser presidente es una función constitucional. Biden quería dejar claro que su renuncia no afectaba su capacidad para gobernar durante los próximos meses. Aunque algunos republicanos lo cuestionaban, él tenía derecho legal a permanecer en el cargo.
Entonces Harris recibió todo ese apoyo de demócratas prominentes. ¿Eso la hacía la candidata automáticamente?
No. El apoyo era importante políticamente, pero la nominación formal requería un proceso de votación de delegados. Harris tenía una ventaja clara porque los delegados que Biden había ganado en las primarias podían votar por ella, pero técnicamente otros candidatos podrían competir.
¿Qué hubiera pasado si Harris no ganaba la nominación? ¿Qué sucedería con los casi 96 millones de dólares que Biden tenía en su cuenta de campaña?
Eso era un punto de fricción legal real. Si Harris no era nominada, el dinero podría ir al Comité Nacional Demócrata para apoyar a otro candidato, o la campaña podría convertirse en un comité de acción política para gastos independientes. Pero algunos abogados republicanos argumentaban que el dinero no podía transferirse hasta que Harris fuera nominada formalmente.
¿Había pasado algo así antes en la historia estadounidense?
Un presidente abandonando su campaña de reelección sí había ocurrido, pero era raro. Johnson en 1968 y Truman en 1952 lo hicieron. Pero esto era diferente: Biden se retiraba a solo cien días de las elecciones, más tarde que cualquier otro presidente en décadas.
¿Y si Manchin realmente se lanzaba a la carrera contra Harris?
Eso habría complicado todo. Manchin era independiente, así que tendría que reregistrarse como demócrata primero. Pero su entrada habría significado que los delegados tendrían opciones reales, no solo una coronación de Harris. El proceso se habría vuelto genuinamente competitivo.