Nueve días después de asumir la presidencia, Joe Biden se preparaba para confrontar uno de los legados más dolorosos de la era Trump: la separación sistemática de familias inmigrantes en la frontera. La creación de un grupo de trabajo liderado por Alejandro Mayorkas representaba no solo una decisión política, sino un reconocimiento de que el Estado había fracturado vínculos familiares que, en cientos de casos, aún permanecen rotos. Detrás de cada cifra —2.551 niños separados, 545 aún sin localizar a sus padres— late una historia de desarraigo que ningún decreto puede deshacer por completo, aun
Biden creará grupo de trabajo para reunificar familias inmigrantes separadas por Trump
545 niños cuyos padres fueron deportados permanecen sin localizar
¿Por qué Biden espera hasta el martes para anunciar esto si ya es viernes? ¿No es urgente?
Psaki explicó que querían que Mayorkas fuera confirmado primero. Si lo confirman el lunes por la noche, Mayorkas puede asumir el liderazgo del grupo de trabajo el martes mismo. Tiene sentido coordinarlo.
Pero eso es una semana después de que Biden asumió. ¿Por qué no fue una de las primeras cosas que hizo?
Entonces, ¿cuántos niños estamos hablando realmente?
El Departamento de Salud identificó 2.551 niños separados bajo la orden judicial. Para agosto de 2018, unos 2.000 habían sido reunidos. Pero 545 aún no han sido localizados con sus padres.
Eso es importante: 545 niños cuyos padres fueron deportados. No es que no quieran reunirse. Es que los padres no están en el país. Eso es un problema completamente diferente.
¿Cómo es posible que no encuentren a los padres de 545 niños?
Muchos fueron deportados a sus países de origen sin que se registrara adecuadamente dónde. Los abogados del tribunal federal admitieron que simplemente no pudieron localizarlos.
Eso sugiere un fallo administrativo masivo. No es que los padres desaparecieron voluntariamente. El gobierno los envió de vuelta sin un sistema para rastrearlos.
¿Cuándo comenzó realmente esta política?
Como programa piloto en julio de 2017 en El Paso. Luego fue formalizada en abril de 2018 como "tolerancia cero".
Así que estuvo ocurriendo durante más de un año antes de que un tribunal la detuviera en junio de 2018. Eso significa que la mayoría de estas separaciones ocurrieron en ese período de 2017 a 2018.
Le Pouls
- Cientos de niños llevan más de dos años en el sistema de cuidado federal estadounidense sin perspectiva clara de reencontrarse con sus padres, muchos de ellos deportados a sus países de origen.
- La política de 'tolerancia cero', formalizada en abril de 2018, convirtió el cruce fronterizo sin documentos en un delito penal, desencadenando separaciones que un tribunal federal tuvo que detener por la fuerza.
- Biden aplazó la firma de órdenes ejecutivas sobre inmigración para coordinarlas con el anuncio del grupo de trabajo, condicionando el avance a la confirmación senatorial de Mayorkas.
- El grupo de trabajo deberá rastrear a padres dispersos en múltiples países, negociar con gobiernos extranjeros y deshacer una burocracia diseñada, en la práctica, para hacer irreversibles las separaciones.
- La iniciativa se enmarca en una reforma migratoria integral ya presentada al Congreso, que incluye un camino a la ciudadanía para cerca de 11 millones de personas indocumentadas.
Nueve días después de asumir la presidencia, Joe Biden se preparaba para confrontar uno de los legados más dolorosos de la era Trump: la separación sistemática de familias inmigrantes en la frontera. La creación de un grupo de trabajo liderado por Alejandro Mayorkas representaba no solo una decisión política, sino un reconocimiento de que el Estado había fracturado vínculos familiares que, en cientos de casos, aún permanecen rotos. Detrás de cada cifra —2.551 niños separados, 545 aún sin localizar a sus padres— late una historia de desarraigo que ningún decreto puede deshacer por completo, aunque sí puede intentar reparar.
Cuando Joe Biden asumió la presidencia el 20 de enero, heredó una de las políticas migratorias más controvertidas de la historia reciente de Estados Unidos: la separación sistemática de familias que cruzaban la frontera sin documentación. Nueve días después, la portavoz Jen Psaki anunció que el martes siguiente Biden crearía un grupo de trabajo para reunificar a esas familias, liderado por Alejandro Mayorkas, nominado para secretario de Seguridad Nacional, en un esfuerzo que el presidente y la primera dama Jill Biden asumían como compromiso personal.
La llamada política de 'tolerancia cero', formalizada en abril de 2018, ordenaba el procesamiento criminal de cualquier adulto que cruzara la frontera sin documentos, lo que implicaba separar a los menores a su cargo y colocarlos bajo custodia federal. Un tribunal federal detuvo la práctica en junio de ese año, pero el daño ya era profundo: al menos 2.551 niños habían sido identificados como separados. Para agosto de 2018, unos 2.000 habían sido reunidos con sus familias, pero cientos de padres fueron deportados antes de que eso ocurriera. Un grupo de abogados supervisores admitió no haber podido localizar a los progenitores de 545 niños, quienes permanecían en el sistema de cuidado estadounidense sin perspectiva de reunión.
Biden había calificado estas separaciones durante su campaña como 'una mancha' en la reputación del país. Aunque originalmente planeaba firmar órdenes ejecutivas sobre inmigración el viernes 29 de enero, decidió aplazarlas para coordinarlas con el anuncio del grupo de trabajo, a la espera de que el Senado confirmara a Mayorkas. La iniciativa se inscribía en una reforma migratoria más amplia, ya presentada al Congreso, que contempla un camino hacia la ciudadanía para aproximadamente 11 millones de personas indocumentadas.
El desafío que enfrentará el grupo de trabajo es considerable: rastrear a padres dispersos en múltiples países, coordinar con gobiernos extranjeros y resolver casos que llevan más de dos años sin solución. La burocracia que deberán desmantelar fue, en muchos sentidos, diseñada para hacer permanentes las separaciones que ahora se intenta revertir.
Cuando Joe Biden asumió la presidencia el 20 de enero, heredó una de las políticas migratorias más controvertidas de la era moderna estadounidense: la separación sistemática de familias que cruzaban la frontera sin documentación. Ahora, nueve días después, se disponía a enfrentar directamente ese legado. El martes siguiente, anunció la portavoz de la Casa Blanca Jen Psaki en su rueda de prensa del viernes, Biden crearía un grupo de trabajo dedicado exclusivamente a reunificar a esas familias. El esfuerzo sería liderado por Alejandro Mayorkas, nominado para secretario de Seguridad Nacional, y representaba un compromiso personal tanto del presidente como de la primera dama Jill Biden.
La política que generó estas separaciones comenzó como un programa piloto en julio de 2017 en El Paso, pero fue formalizada en abril de 2018 bajo el nombre de "tolerancia cero". La idea era simple y brutal: cualquier adulto que cruzara la frontera sin documentos sería procesado criminalmente, lo que significaba que los menores a su cargo serían separados y colocados bajo custodia federal. Un tribunal federal detuvo la práctica en junio de 2018, pero el daño ya estaba hecho. Según un informe del Departamento de Salud y Servicios Humanos que un comité del Congreso difundió en octubre de 2020, al menos 2.551 niños fueron identificados como separados bajo esa orden judicial.
La magnitud del problema se hizo evidente en los meses siguientes. Para agosto de 2018, aproximadamente 2.000 de los casi 2.600 menores identificados habían sido reunidos con sus padres. Pero unos 600 niños permanecían separados, y la situación de muchos se complicó irreversiblemente cuando sus padres fueron deportados a sus países de origen. Un grupo de abogados designado por el tribunal federal para supervisar las reunificaciones admitió públicamente que no había podido localizar a los padres de 545 niños que fueron apartados de sus familias entre 2017 y 2018. Esos menores seguían en el sistema de cuidado del gobierno estadounidense sin perspectiva clara de reunión.
Durante su campaña presidencial, Biden había caracterizado estas separaciones como "una mancha" en la reputación de Estados Unidos, y prometió revertirlas. Aunque originalmente planeaba firmar una serie de órdenes ejecutivas sobre inmigración el viernes 29 de enero, incluyendo medidas sobre separación de familias, asilo y admisión de refugiados, decidió aplazar esa acción para la semana siguiente para coordinarla con el anuncio del grupo de trabajo. Psaki explicó que el equipo había esperado que Mayorkas fuera confirmado por el Senado a finales de esa semana para poder proceder inmediatamente, y expresó la expectativa de que la confirmación ocurriría el lunes por la noche, permitiendo que Biden firmara la orden ejecutiva el martes.
El nuevo presidente ya había presentado ante el Congreso en su primer día de gestión una reforma migratoria integral que, entre otras disposiciones, ofrecía un camino hacia la ciudadanía estadounidense para aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados que residen en el país. La creación del grupo de trabajo de reunificación se insertaba dentro de esa estrategia más amplia de reorientar la política migratoria estadounidense. Sin embargo, el desafío que enfrentaría sería sustancial: localizar a cientos de padres dispersos en múltiples países, coordinar con gobiernos extranjeros, y resolver casos que habían permanecido sin resolver durante más de dos años. El grupo de trabajo tendría que navegar no solo la burocracia estadounidense, sino también las complejidades de la cooperación internacional para devolver a los niños con familias que habían sido deliberadamente dispersadas.
Citations marquantes
Biden está personalmente comprometido con este asunto, así como la primera dama Jill Biden— Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca
Biden caracterizó las separaciones como una mancha en la reputación de Estados Unidos durante su campaña— Reportaje de campaña de Biden