En la mañana del 24 de febrero de 2022, mientras los misiles rusos comenzaban a caer sobre Ucrania, los líderes del G7 se reunieron en videoconferencia para trazar una respuesta colectiva ante lo que Biden llamó una 'pérdida catastrófica de vidas'. La decisión fue unánime: imponer sanciones económicas 'devastadoras' contra Rusia, incluyendo restricciones bancarias, bloqueo tecnológico y la posible exclusión del sistema SWIFT. Es un momento en que las grandes potencias industriales apuestan por el peso de la economía global como instrumento de justicia, conscientes de que ese mismo peso podría
Biden anuncia sanciones "devastadoras" del G7 contra Rusia por invasión a Ucrania
Ninguna institución financiera rusa está a salvo
¿Por qué Biden insistió tanto en que estas sanciones serían "devastadoras"? ¿No es eso solo retórica?
No del todo. Estaba señalando que esto iba más allá de las medidas anteriores. Habían sancionado oligarcas y bancos antes, pero ahora hablaban de cortar tecnología, de posiblemente sacar a Rusia de SWIFT. Eso es diferente.
¿Y por qué el G7 se reunió tan rápido? ¿Qué urgencia había?
La invasión ya había comenzado. Los misiles estaban cayendo. No había tiempo para negociar o esperar. Necesitaban mostrar unidad inmediata, que Occidente respondería como un bloque.
Mencionas que estas sanciones podrían dañar también a Occidente. ¿Cuál era el cálculo?
Sabían que los precios del petróleo subirían, que los mercados caerían, que la recuperación post-pandemia sufriría. Pero decidieron que permitir que Rusia ganara era peor que ese costo económico.
¿Y SWIFT? ¿Por qué eso era tan importante?
Porque es el sistema nervioso del comercio internacional. Sacar a Rusia de ahí la desconectaría del mundo. Pero también era arriesgado: podría desestabilizar el sistema financiero global.
¿Zelenski pidió específicamente que lo hicieran?
Sí. Directamente. Sabía que era la medida más fuerte disponible. Pero Biden y otros dudaban sobre las consecuencias no previstas.
O Pulso
- Rusia lanzó su invasión a gran escala sobre Ucrania al amanecer del 24 de febrero, con misiles cayendo sobre territorio ucraniano tras semanas de acumulación militar en la frontera.
- El presidente Zelenski llamó a Biden para exigir que el mundo se pronunciara contra la 'agresión flagrante' de Putin, y el G7 respondió calificando a Rusia de 'seria amenaza para el orden internacional basado en reglas'.
- Las sanciones anunciadas apuntan a los bancos más grandes de Rusia, oligarcas cercanos al Kremlin y una prohibición total de exportaciones tecnológicas avanzadas, con la exclusión de SWIFT como opción extrema sobre la mesa.
- Los mercados bursátiles ya caen y el precio del petróleo ha superado los cien dólares por barril, señalando que el costo económico de la crisis no será solo para Rusia.
- Biden se prepara para dirigirse a la nación con una promesa clara: Occidente responderá de forma 'unida y determinada', aunque el verdadero alcance de esa determinación aún está por demostrarse.
En la mañana del 24 de febrero de 2022, mientras los misiles rusos comenzaban a caer sobre Ucrania, los líderes del G7 se reunieron en videoconferencia para trazar una respuesta colectiva ante lo que Biden llamó una 'pérdida catastrófica de vidas'. La decisión fue unánime: imponer sanciones económicas 'devastadoras' contra Rusia, incluyendo restricciones bancarias, bloqueo tecnológico y la posible exclusión del sistema SWIFT. Es un momento en que las grandes potencias industriales apuestan por el peso de la economía global como instrumento de justicia, conscientes de que ese mismo peso podría recaer sobre ellas.
En la mañana del jueves 24 de febrero, los líderes del G7 celebraron una videoconferencia de poco más de una hora. Al terminar, el presidente Biden salió con una promesa contundente: las siete potencias industriales más grandes del mundo impondrían sanciones 'devastadoras' contra Rusia. No eran palabras vacías. Horas antes, los misiles rusos habían comenzado a caer sobre Ucrania, consumando una invasión que Biden describió como una crisis que traería una 'pérdida catastrófica de vidas'.
Biden había hablado por teléfono con Zelenski, quien le pidió que convocara a los líderes mundiales a pronunciarse contra la 'agresión flagrante' de Putin. El comunicado del G7 fue directo: Rusia representaba una amenaza grave para el orden internacional. Las primeras sanciones ya habían llegado días antes —activos congelados, deuda soberana sancionada, oligarcas señalados—, pero lo que se anunciaba ahora sería mucho más severo.
El nuevo paquete incluiría restricciones a los bancos más grandes de Rusia, más oligarcas en la lista negra y, sobre todo, una prohibición total de exportar tecnología avanzada al país. El objetivo, según el vicecanciller alemán Robert Habeck, era aislar a Rusia del progreso industrial y limitar drásticamente su acceso a los mercados occidentales. 'Ninguna institución financiera rusa está a salvo', había advertido el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.
La medida más radical que se debatía era excluir a Rusia del sistema SWIFT, la red que conecta a prácticamente todas las instituciones financieras del mundo. Zelenski la había pedido expresamente. Era una opción de consecuencias masivas —también para Occidente—, en un momento en que los mercados ya caían y el petróleo superaba los cien dólares por barril.
Biden se dirigiría a la nación esa tarde. Semanas de diplomacia y advertencias habían fracasado. Ahora la estrategia era golpear la economía rusa con toda la fuerza disponible. 'El mundo hará que Rusia rinda cuentas', había dicho. Lo que sucediera en los días siguientes determinaría si esa promesa podía cumplirse.
En la mañana del jueves 24 de febrero, los líderes del G7 se conectaron a una videoconferencia cerrada que duró poco más de una hora. Cuando terminó, tenían un mensaje claro: Rusia había cruzado una línea que no podía ignorarse. El presidente Joe Biden salió de esa reunión con una promesa contundente. Las siete potencias industriales más grandes del mundo —Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón— impondrían sanciones que describió como "devastadoras". No eran palabras elegidas al azar. Hablaba de una crisis que traería consigo una "pérdida catastrófica de vidas".
Lo que había sucedido en las horas previas era irreversible. Después de semanas de concentrar decenas de miles de tropas y armamento pesado en la frontera ucraniana, Rusia había lanzado su invasión. Los misiles comenzaron a caer sobre territorio ucraniano. Biden había hablado por teléfono con el presidente ucraniano Volodymyr Zelenski, quien le pidió que convocara a los líderes mundiales a pronunciarse claramente contra lo que llamó la "agresión flagrante" de Vladimir Putin. El comunicado del G7 fue directo: Rusia representaba "una seria amenaza para el orden internacional basado en reglas".
Las sanciones no eran nuevas. Días antes, cuando Putin había anunciado el envío de tropas como "fuerzas de paz" a dos territorios controlados por separatistas respaldados por Moscú, Occidente ya había actuado. Se congelaron activos de dos bancos rusos, se sancionó la deuda soberana de Moscú y se apuntó a varios oligarcas. El miércoles, cuando quedó claro que la invasión era inminente, Biden anunció sanciones específicas contra el gasoducto Nord Stream 2, la tubería que conecta Alemania con Rusia y que aún no estaba operativo. Alemania, por su parte, bloqueó su apertura.
Pero lo que vendría sería más severo. Según funcionarios estadounidenses de alto nivel, el nuevo paquete de sanciones incluiría bancos más grandes, más oligarcas cercanos a Putin, y lo más significativo: una prohibición total de exportar a Rusia equipos y componentes de tecnología avanzada. El vicecanciller alemán Robert Habeck fue explícito sobre el objetivo: aislar la economía rusa del progreso industrial, congelar activos financieros y limitar drásticamente su acceso a los mercados europeos y estadounidenses. "Ninguna institución financiera rusa está a salvo", había advertido el portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Ned Price, horas antes de que comenzara el bombardeo.
Entre las medidas más radicales que se consideraban estaba la exclusión de Rusia de SWIFT, la red bancaria internacional que conecta a prácticamente todas las instituciones financieras del mundo. Era una opción nuclear. Desconectar a Rusia de ese sistema, al menos temporalmente, la aislaría del comercio básico y causaría un daño económico masivo. Pero también tendría consecuencias impredecibles en el sistema financiero global liderado por Estados Unidos. Zelenski había pedido directamente que se tomara esa medida. Algunos consideraban que era la sanción más importante disponible.
Ya había señales de lo que vendría. Los mercados bursátiles estaban cayendo. El precio del petróleo había superado los cien dólares por barril. Estas medidas de represalia económica tendrían un costo para Occidente también. Podrían poner en peligro la recuperación económica mundial que aún se recuperaba de la pandemia de covid-19. Pero Biden y sus aliados habían decidido que el precio era necesario. En un tuit, el presidente estadounidense fue claro: el G7 impondría "paquetes de sanciones devastadoras y otras medidas económicas para hacer que Rusia rinda cuentas". Agregó: "Apoyamos al valiente pueblo de Ucrania".
Biden se dirigiría a la nación esa tarde para explicar la crisis y las respuestas que su gobierno había coordinado. Semanas de intentos diplomáticos, de advertencias públicas y privadas, de lo que Biden había llamado sanciones "sin precedentes" como medida disuasoria, habían fracasado. Ahora que la invasión era un hecho consumado, la estrategia era golpear la ya frágil economía rusa con toda la fuerza que pudiera reunir. "Estados Unidos y sus aliados responderán de manera unida y determinada", había dicho Biden la noche anterior. "El mundo hará que Rusia rinda cuentas". Lo que sucedería en los días y semanas siguientes determinaría si esa promesa podía cumplirse.
Citações Notáveis
Paquetes de sanciones devastadoras y otras medidas económicas para hacer que Rusia rinda cuentas. Apoyamos al valiente pueblo de Ucrania.— Joe Biden, presidente de Estados Unidos
Un paquete de sanciones fuertes que aislará la economía rusa del progreso industrial, atacará y congelará activos y participaciones financieras y limitará drásticamente el acceso a los mercados europeos y estadounidenses.— Robert Habeck, vicecanciller de Alemania