Le pegó mordido, le pegó mal. Falló. Y lo paró Pfaff.
Mañana en Los Ángeles, España y Bélgica vuelven a encontrarse en cuartos de final de un Mundial, cuarenta años después de que un penalti fallado por Eloy cerrara la puerta a una generación dorada. El fútbol, como la memoria, tiene la costumbre de regresar al mismo lugar para ofrecer una segunda oportunidad o confirmar que ciertas heridas son parte del carácter de un pueblo. España llega de nuevo como favorita, con la Eurocopa 2024 en el bolsillo y la sombra de Maradona —hoy convertida en la de Messi— aguardando en el horizonte.
- El partido de mañana no es solo un cruce de cuartos: es la reapertura de una cicatriz de cuarenta años que la afición española lleva tatuada en la memoria colectiva.
- La goleada 5-1 sobre Dinamarca desató una euforia que, según el propio Eloy, pudo haber desplazado el foco del equipo hacia una semifinal soñada contra Argentina antes de resolver el obstáculo belga.
- Bélgica llegó entonces —y llega ahora— bajo el radar, sin el brillo de otros rivales, pero con la capacidad de castigar la confianza excesiva de quienes ya se ven más lejos de lo que están.
- La historia recuerda que Bilardo temía a España sobre todos los demás rivales, y que cuando Pfaff detuvo el penalti de Eloy, el técnico argentino ya anunció que serían campeones del mundo.
- España 2026 tiene la oportunidad de reescribir ese capítulo, pero el fantasma de México pesa sobre cada paso que da la Roja hacia Los Ángeles.
Mañana en Los Ángeles, España se mide a Bélgica en cuartos de final del Mundial. No es solo un partido: es el regreso a una escena que lleva cuarenta años sin resolverse del todo.
En México 1986, España llegó al mismo punto contra el mismo rival. Dominó el juego, marcó en el minuto 85 gracias a Señor y resistió la prórroga. Pero en la tanda de penaltis, Eloy falló el suyo. El portero belga Pfaff lo detuvo. Los belgas no erraron ninguno. España se fue a casa sin haber alcanzado nunca una semifinal mundial. Años después, Eloy recordaría ese instante con una claridad que duele: lo tenía decidido, apuntó a la derecha del portero, le pegó mal, y lo primero que pensó fue en desaparecer del mundo.
Los paralelismos entre entonces y ahora son inquietantes. España llega como favorita tras ganar la Eurocopa 2024, igual que en 1986 venía de ser finalista en 1984. En el horizonte asoma Messi como entonces aguardaba Maradona. El camino hasta aquí fue extraordinario: una derrota inicial ante Brasil con un gol legítimo de Míchel que el árbitro no concedió, la remontada en la fase de grupos y, sobre todo, la noche mágica contra Dinamarca, la revelación del torneo, a la que Butragueño destrozó con cuatro goles para un 5-1 histórico.
Esa euforia, sin embargo, pudo ser el primer problema. La goleada hizo sentir al equipo capaz de todo, y la mente ya viajaba hacia Argentina y Maradona antes de resolver el obstáculo belga. Los belgas se habían movido bajo el radar, pero habían eliminado a la Unión Soviética. España dominó el partido, aunque nunca logró sacudirse del todo el gol de Ceulemans en el minuto 34. El asedio a la portería de Pfaff no fue suficiente.
Cuando todo se decidió en penaltis, solo Eloy falló. Bilardo, que estaba obsesionado con evitar a España, anunció en cuanto cayó la Roja que Argentina sería campeona del mundo. Y sí. Ese mismo día, el PSOE de Felipe González ganaba con mayoría absoluta. España perdió el partido y el sueño de una generación en la misma tarde.
Ahora, cuarenta años después, la Roja tiene otra cita con el mismo rival y la misma ronda. La historia no se repite, pero a veces regresa al mismo lugar para ver qué hacemos con ella.
Mañana en Los Ángeles, España se sienta frente a Bélgica en cuartos de final del Mundial. Es un encuentro que no es solo un partido de fútbol. Es la reapertura de una herida que lleva cuarenta años sin cicatrizar del todo.
En México 1986, España llegó al mismo punto contra el mismo rival. Dominó el juego, metió un gol de Señor en el minuto 85, resistió la prórroga. Todo parecía encaminado. Pero en la tanda de penaltis, Eloy falló el suyo. El portero belga Pfaff lo paró. Los belgas no erraron ninguno. España se fue a casa sin haber alcanzado nunca una semifinal mundial. El delantero del Sporting de Gijón recordaría años después ese momento con una claridad que duele: decidió dónde chutar cuando cogió el balón, apuntó a la derecha del portero, le pegó mordido, le pegó mal. Lo primero que pensó fue en la posibilidad de que se abriera el campo y desaparecer del mundo.
Los paralelismos entre entonces y ahora son inquietantes. España llega como favorita nuevamente, esta vez tras ganar la Eurocopa 2024, así como en 1986 era finalista de la de 1984. Luis de la Fuente dirige al equipo con la consideración que tuvo Miguel Muñoz hace cuatro décadas. En el horizonte asoma Messi en una posible final, como en México aguardaba Maradona en la semifinal. Entonces no pudo ser.
Lo que pasó en el camino a Bélgica fue extraordinario. España empezó el torneo contra Brasil en el estadio de Jalisco. Con el marcador en cero, Míchel bajó una pelota con el pecho al borde del área y se sacó un derechazo que botó detrás de la línea después de pegar en el larguero. Pero la hierba escupió el balón hacia fuera y el árbitro australiano Bambridge se negó a conceder el gol. Siete minutos después, Sócrates cabeceó a la red y Brasil ganó. La derrota inicial enfrió el entusiasmo de un equipo que llevaba semanas en una larguísima concentración en Tlaxcala, a 2.230 metros de altitud, muerto de aburrimiento. Remontaron ganando 2-1 a Irlanda del Norte y 3-0 a Argelia. En octavos se cruzaron con Dinamarca, la revelación del torneo, el equipo del que se había enamorado todo el mundo.
Lo que sucedió entonces fue una de las noches más redondas de la historia de la Roja. Dinamarca acababa de arrasar 6-1 a Uruguay. Su juego era lo más atractivo del torneo. Una criatura hermosa que Butragueño destrozó con cuatro goles para un 5-1. En España casi nadie lo supo hasta la mañana siguiente por las ocho horas de diferencia. A mediodía, el telediario de TVE se recreó con las repeticiones del puñado de goles del Buitre. Sobre las imágenes apareció el logo del PSOE, el partido del presidente Felipe González, que optaba a la reelección cuatro días después. El encuentro desató una pequeña tormenta política que se atribuyó al error de un operario.
La euforia distrajo un tanto la atención del equipo. El siguiente paso era Bélgica en cuartos, pero un poco más adelante ya asomaba Maradona en la semifinal, una ronda que la Roja nunca había alcanzado. Eloy recordaría años después: ganarles como les ganamos nos hizo sentir capaces de todo. Puede que sentirnos favoritos fuera el primer problema, que pensásemos más en Argentina que en Bélgica. Los belgas se habían movido bajo el radar, pero habían eliminado a la Unión Soviética. España conservaba una confianza enorme y estaba justificada. Dominó a Bélgica, pero le costó reponerse del gol de Ceulemans en el minuto 34. Desde entonces el encuentro fue un asedio a la portería de Pfaff.
Cuando todo terminó en penaltis, solo Eloy falló. Años después contaría que los había practicado mucho y con acierto en concentraciones previas. Después de que se acabara la prórroga, llegó Miera y le preguntó cómo estaba. Le dijo que bien. Miera le espetó: ¿Tiras un penalti? Eloy dijo que sí, sin dudarlo. Le tocó el segundo, después del acierto de Señor. Decidió dónde chutar cuando cogió el balón. Lo tenía claro, a la derecha del portero, tocadita, y que fuera adentro, sobre todo que no saliera fuera. Le pegó mordido, le pegó mal. Falló. Y lo paró Pfaff. Los belgas acertaron con todos. Se esfumó la ilusión de Maradona en semifinales y la del Mundial para una selección extraordinaria. Ese día el PSOE de Felipe González volvió a ganar con mayoría absoluta. Argentina respiró aliviada. Bilardo estaba obsesionado con evitar a España, no quería bajo ningún concepto cruzarse con los españoles. Cuando Bélgica ganó a España en los penaltis, Bilardo ya anunció: seremos campeones del mundo. Y sí.
Notable Quotes
Ganarles como les ganamos nos hizo sentir capaces de todo. Puede que sentirnos favoritos fuera el primer problema, que pensásemos más en Argentina que en Bélgica.— Eloy, delantero de España en 1986
Bilardo estaba obsesionado con evitar a España. Cuando Bélgica ganó a España en los penaltis ya nos anunció: seremos campeones del mundo.— Valdano, recordando la reacción de Bilardo en 1986
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué este partido de mañana trae consigo tanta carga emocional para España?
Porque hace cuarenta años, en el mismo punto del torneo, contra el mismo rival, España falló un penalti y se fue a casa. No es solo un resultado. Es la puerta que nunca se abrió a una semifinal, la oportunidad que no llegó.
Eloy tuvo la responsabilidad de ese penalti. ¿Cómo vive alguien eso durante cuatro décadas?
Con la claridad de quien sabe exactamente qué hizo mal. Él mismo lo cuenta: decidió dónde chutar, apuntó a la derecha, le pegó mordido. Lo primero que pensó fue en desaparecer del mundo. Eso no se olvida.
¿Qué diferencia hay entre la España de 1986 y la de ahora?
Superficialmente, muchos paralelismos. Favoritas en ambos casos, técnicos respetados, una semifinal potencial contra Messi o Maradona. Pero la diferencia es que esta España ya sabe lo que cuesta fallar. Eso es un peso que no tenían entonces.
¿Fue la victoria sobre Dinamarca lo que los desconcentró?
Probablemente. Ganar 5-1 contra el equipo más admirado del torneo te hace sentir capaz de todo. Pero esa confianza puede convertirse en arrogancia. Eloy lo dice claramente: pensaban más en Argentina que en Bélgica.
¿Qué hubiera pasado si España hubiera ganado ese día?
Habrían jugado contra Maradona en semifinales. Nadie sabe qué hubiera sucedido. Pero Argentina estaba tan obsesionada con evitar a España que Bilardo puso cirios. Cuando Bélgica ganó, Bilardo supo que serían campeones. Y lo fueron.