En la noche del 20 de julio, Buenos Aires vivió la paradoja de una ciudad que salió a honrar a su selección pese a la derrota, y encontró en cambio el conflicto. Miles de argentinos se reunieron en el Obelisco para acompañar a un equipo que llegó a la final del mundo, pero la congregación derivó en enfrentamientos entre un grupo de hinchas y los agentes desplegados por el gobierno. La escena recuerda que las multitudes cargadas de emoción colectiva —ya sea de triunfo o de duelo— llevan siempre consigo la fragilidad del orden y la fuerza de lo que no se puede contener.
Batalla campal en Buenos Aires tras derrota de Argentina en final del Mundial
De un momento a otro, la celebración se convirtió en batalla campal
¿Por qué salieron a las calles si Argentina había perdido? ¿No era eso lo opuesto a lo que querían celebrar?
Exacto. Salieron precisamente porque llegaron a la final. En Argentina, llegar a una final mundial es un logro enorme, derrota o no. Querían reconocer eso, el esfuerzo, el camino. Pero la multitud, la lluvia, la noche, algo se rompió.
¿Cómo pasa eso tan rápido? De canciones a botellas.
Nadie lo sabe exactamente. Dice el reporte que fue un grupo que comenzó a lanzar proyectiles. Quizás frustración acumulada, quizás provocadores, quizás solo el caos que surge cuando hay decenas de miles de personas en un espacio cerrado.
¿La policía estaba lista para esto?
Sí. Habían desplegado mil efectivos, vallas, camiones hidrantes. Sabían que podía pasar. Y lo controlaron sin heridos, aunque algunos rompieron las rejas.
Entonces funcionó el operativo.
Funcionó en el sentido de que no hubo caos total, no hubo heridos. Pero doce detenidos, botellas volando, agua de los hidrantes dispersando gente que minutos antes cantaba. Eso no es exactamente éxito.
Il Polso
- Argentina perdió 1-0 ante España en la final del Mundial, pero decenas de miles ignoraron la derrota y marcharon al Obelisco en un gesto de apoyo que pronto se tensó.
- Un grupo comenzó a arrojar botellas y piedras contra los agentes de seguridad, convirtiendo una concentración emotiva en una batalla campal sobre la avenida 9 de Julio.
- El gobierno había anticipado el escenario y desplegó mil efectivos, vallas y camiones hidrantes, herramientas que entraron en acción cuando la situación se desbordó.
- Algunos manifestantes rompieron las rejas perimetrales, pero el operativo logró contener la violencia sin registrar heridos entre los presentes.
- Al cierre de la noche, doce personas habían sido detenidas y Buenos Aires amaneció con calles mojadas y la pregunta abierta sobre cómo el apoyo se transforma tan rápido en confrontación.
En la noche del 20 de julio, Buenos Aires vivió la paradoja de una ciudad que salió a honrar a su selección pese a la derrota, y encontró en cambio el conflicto. Miles de argentinos se reunieron en el Obelisco para acompañar a un equipo que llegó a la final del mundo, pero la congregación derivó en enfrentamientos entre un grupo de hinchas y los agentes desplegados por el gobierno. La escena recuerda que las multitudes cargadas de emoción colectiva —ya sea de triunfo o de duelo— llevan siempre consigo la fragilidad del orden y la fuerza de lo que no se puede contener.
La noche del 20 de julio debía ser de reconocimiento colectivo: Argentina había llegado a la final del Mundial, y aunque cayó 1-0 ante España, decenas de miles de porteños salieron a las calles para acompañar a su selección. Desde las seis de la tarde, los hinchas comenzaron a congregarse en el cruce de la avenida 9 de Julio y Corrientes, bajo el Obelisco, uno de los símbolos más cargados de la identidad argentina.
El gobierno no fue tomado por sorpresa. Consciente de que tanto una victoria como una derrota traería multitudes, desplegó cerca de mil agentes policiales, vallas de contención y camiones hidrantes posicionados estratégicamente. El operativo estaba listo para cualquier escenario.
Alrededor de las ocho de la noche, con la oscuridad instalada y la lluvia comenzando a caer, la atmósfera cambió. Entre canciones y abrazos, un grupo empezó a lanzar botellas y piedras contra los agentes, transformando el acto de apoyo en una batalla campal. La policía avanzó, los hidrantes dispararon agua a presión, y algunos manifestantes lograron romper las rejas perimetrales antes de que el operativo recuperara el control.
Al final, doce personas fueron detenidas. No hubo heridos registrados. Buenos Aires amaneció con las calles mojadas y las vallas caídas en algunos puntos, dejando abierta una pregunta que la ciudad ya conoce demasiado bien: cómo la emoción compartida puede convertirse, en cuestión de minutos, en violencia.
La noche que debería haber sido de celebración en Buenos Aires terminó en enfrentamientos entre la policía y miles de aficionados que se congregaron en el Obelisco tras la derrota de Argentina ante España en la final del Mundial. El equipo dirigido por Lionel Messi cayó 1-0, pero eso no detuvo a decenas de miles de personas de salir a las calles del centro porteño para reconocer el logro de haber llegado nuevamente a una final mundial.
Desde las seis de la tarde, los hinchas comenzaron a llegar al cruce de la avenida 9 de Julio y Corrientes, uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad. El gobierno había anticipado la masiva concurrencia y desplegó un operativo de seguridad considerable: aproximadamente mil agentes policiales, vallas de contención y camiones hidrantes estratégicamente posicionados. Las autoridades estaban preparadas tanto para una victoria como para una derrota, conscientes de que cualquiera de los dos escenarios traería multitudes a las calles.
La concentración alcanzó su punto máximo alrededor de las ocho de la noche, cuando la oscuridad se instaló sobre la ciudad y comenzó a llover. En medio de canciones de cancha, abrazos entre desconocidos y lágrimas por el resultado, la atmósfera cambió abruptamente. Un grupo de personas comenzó a lanzar botellas y piedras contra los agentes de seguridad, transformando lo que había sido un acto de apoyo a la selección en una batalla campal con corridas, enfrentamientos directos y proyectiles volando en todas direcciones.
La policía respondió avanzando contra quienes lanzaban los objetos. Los camiones hidrantes entraron en acción, disparando agua a presión para dispersar a la multitud que se había apiñado sobre la avenida 9 de Julio. Algunos manifestantes lograron romper las rejas perimetrales que las autoridades habían instalado para contener las celebraciones, pero el operativo logró mantener la situación bajo control.
Al final de la noche, la policía había detenido a al menos doce personas. A pesar de la intensidad de los enfrentamientos, no se registraron heridos. La capital argentina amaneció con las calles mojadas, las vallas derribadas en algunos puntos, y la pregunta de cómo una noche de apoyo a la selección nacional se convirtió tan rápidamente en violencia.
Citazioni salienti
La concentración de hinchas comenzó desde las 18, pero su pico fue en torno a las 20, con el caer de la noche y la lluvia— Reportes de seguridad de la ciudad