Baja de tasas llega a empresas pero no a familias; mora frena crédito al consumo

La restricción crediticia afecta el consumo de familias y limita la reactivación económica que depende del acceso al crédito para financiar gastos.
Los bancos compiten por prestarles a clientes con menos riesgo
Mientras las empresas acceden a crédito barato, las familias quedan fuera por su alta morosidad.
Mark

¿Por qué bajaron tanto las tasas para empresas pero casi nada para familias?

Mimi

Porque los bancos ven dos clientes muy diferentes. Las empresas pagan sus deudas; las familias no. Con 15,9% de morosidad en préstamos personales, los bancos prefieren no prestar que prestar caro.

Mark

Pero si bajan el costo de fondeo, ¿no deberían bajar el precio del crédito?

Mimi

En teoría sí. Pero cuando el riesgo sube, el margen tiene que subir también. Los bancos eligieron no bajar tasas sino simplemente prestar menos.

Mark

¿Esto frena el consumo?

Mimi

Exactamente. En 2024, el crédito fue lo que permitió que la gente comprara después de la recesión. Ahora ese grifo está cerrado para las familias.

Mark

¿Cuándo vuelve a abrirse?

Mimi

Hacia fin de año o 2027, si la morosidad baja. Pero hay otro problema: el año que viene hay elecciones, y los bancos siempre prestan menos antes de una elección.

Mark

Entonces las familias están atrapadas.

Mimi

Por ahora sí. Los que pueden pagar ya pagaron sus deudas. Los que no pueden, no acceden a crédito. Es un círculo que toma tiempo romper.

  • Las tasas de fondeo bancario cayeron casi a la mitad desde enero, pero los préstamos personales apenas cedieron cuatro puntos, dejando a las familias pagando casi lo mismo que antes.
  • La morosidad de los hogares —15,9% en préstamos personales— funciona como una señal de alarma que lleva a los bancos a prestar menos y con criterios más estrictos, no a abaratar el crédito.
  • Las empresas, con solo 3,5% de irregularidad, acceden a adelantos que bajaron de hasta 75% a apenas 35%, mientras el consumo familiar permanece congelado por tasas que no ceden.
  • El crédito acelerado de 2024 —que impulsó el rebote económico— dejó una herencia de deuda impagada que ahora frena la siguiente ola de expansión crediticia.
  • El horizonte para que las familias vuelvan a acceder a financiamiento accesible se extiende hasta fin de año o 2027, agravado por la cautela adicional que históricamente impone el ciclo electoral.

El Banco Central argentino logró en seis meses reducir el costo del dinero para las empresas, pero ese alivio no llegó a los hogares: la alta morosidad de las familias actúa como un muro invisible que los bancos no están dispuestos a atravesar bajando tasas, sino endureciendo el acceso al crédito. Lo que parecía una política monetaria de alcance universal revela, en la práctica, que el dinero barato no fluye hacia quienes más lo necesitan para consumir, sino hacia quienes menos riesgo representan para quien lo presta. Es una paradoja clásica del crédito: la reactivación prometida llega primero a los que ya están mejor.

Desde enero, el Banco Central redujo las tasas de fondeo bancario del 35% al 20%, esperando que ese alivio se trasladara a toda la economía. Para las empresas, la estrategia funcionó: el costo de un adelanto en cuenta corriente cayó desde rangos de 50-75% hasta apenas 25-35%. Pero en los hogares argentinos, casi nada cambió. Los préstamos personales bajaron apenas de 68% a 64,8%, y el consumo que el Gobierno esperaba reactivar sigue paralizado.

La razón está en los números de la morosidad. Las empresas incumplen apenas el 3,5% de sus obligaciones; las familias, el 12,8% en promedio y el 15,9% específicamente en préstamos personales. Esa brecha de casi diez puntos es la que separa a quienes reciben crédito barato de quienes casi no reciben crédito. Ante ese riesgo, los bancos no bajaron tasas: endurecieron los criterios de otorgamiento y prestaron menos, y solo a los perfiles que consideraban más seguros.

El abismo entre lo que los bancos pagan por captar depósitos y lo que cobran por prestar a las familias se volvió estructural. Mientras el costo de fondeo siguió cayendo con fuerza en los últimos meses, el precio del crédito al consumo permaneció casi inmóvil. El resultado es una foto invertida de lo que el Gobierno apostaba: depositantes que cobran cada vez menos por su dinero, y familias que siguen pagando tasas de consumo casi tan altas como antes.

Esta situación tiene raíces en el propio éxito de 2024. El crédito privado saltó del 4% al 12% del PBI en un año, impulsando el rebote del consumo tras la recesión. Pero ese crecimiento acelerado dejó un rastro de deuda impagada que ahora actúa como freno. Los bancos, en cambio, ven margen para crecer en el segmento empresarial —especialmente en energía, minería y agro— y en operaciones en dólares, donde hoy sobra liquidez.

La expectativa del sector es que el crédito a las familias comience a reactivarse recién hacia fin de año o durante 2027, de forma lenta y acotada. A esa cautela crediticia se suma la cautela electoral: históricamente, los bancos prestan menos en los meses previos a una elección presidencial, extendiendo aún más el horizonte para que los hogares vuelvan a acceder a financiamiento accesible.

Desde hace seis meses, el Banco Central ha estado bajando las tasas de interés con la esperanza de que el dinero más barato llegue a todos. En enero, los bancos pagaban 35% por los depósitos de sus clientes. Para julio, esa cifra había caído a alrededor del 20%. La estrategia parecía funcionar: las empresas comenzaron a acceder a crédito mucho más barato. El costo de un adelanto en cuenta corriente se desplomó desde 50% a 75% hasta apenas 25% a 35%. Pero en las casas de las familias argentinas, casi nada cambió. Los préstamos personales bajaron apenas de 68% a 64,8% en el mismo período. El consumo que el Gobierno esperaba impulsar sigue congelado.

La explicación está en los números de quiénes no pagan. Mientras que las empresas tienen una tasa de morosidad de apenas 3,5%, las familias arrastran un 12,8% de irregularidad crediticia. En los préstamos personales específicamente, ese número sube a 15,9%. Esa diferencia de casi diez puntos porcentuales es lo que separa a los que reciben crédito barato de los que casi no reciben crédito. Los bancos, enfrentados a familias que no pagan, no bajaron las tasas: endurecieron los criterios de otorgamiento. Es decir, prestaron menos y a quienes consideraban menos riesgosos.

La brecha entre lo que los bancos pagan por captar dinero y lo que cobran por prestarlo a las familias se ha convertido en un abismo. A mediados de mayo, cuando la tasa que pagaban por depósitos a plazo fijo de más de mil millones de pesos rondaba el 22,5%, los préstamos personales apenas cedían del 68% al 65,5%. Dos meses después, el costo de fondeo siguió cayendo con fuerza, pero el precio del crédito al consumo se mantuvo prácticamente inmóvil. Es la foto invertida de lo que el Gobierno apostaba: depositantes que cobran cada vez menos por su dinero, pero familias que siguen pagando tasas de consumo casi tan altas como antes.

Esta situación tiene raíces profundas. En 2024, el crédito fue uno de los motores centrales de la reactivación económica. Los préstamos privados saltaron del 4% al 12% del PBI en apenas un año, un crecimiento que explicó buena parte del rebote del consumo tras la salida de la recesión. Pero ese mismo crecimiento acelerado dejó un rastro de deuda impagada. Ahora, con esa morosidad alta, los bancos no tienen incentivos para volver a prestar con la misma velocidad.

Un banquero consultado por este diario señaló en reserva que, a medida que la situación se estabilice, los bancos volverán a prestar. Pero en operaciones personales y créditos al consumo, el problema de mora que arrastran desde 2025 hace difícil que el sector privado salga a prestar fuerte en el corto plazo. En empresas, en cambio, ven margen para crecer. Los bancos quieren ganar dinamismo en ese segmento, sobre todo con préstamos a sectores ganadores como energía, minería y agro. En el segmento en dólares, si aparece demanda, también puede haber más actividad, porque hoy sobra liquidez. Es la misma lógica que explica por qué el adelanto a empresas bajó tan rápido: los bancos compiten por prestarles a clientes con menos riesgo de incumplimiento.

La expectativa del sector es que el crédito a las familias empiece a reactivarse recién hacia fin de año o durante 2027, aunque de manera lenta y acotada, muy lejos del ritmo de expansión que tuvo en 2024. Antes de eso, el propio ciclo electoral del año próximo agrega un motivo adicional de cautela. Los bancos suelen prestar menos en los meses previos a una elección presidencial, a la espera de mayor certidumbre sobre el rumbo económico. Esa cautela electoral se suma a la cautela crediticia, extendiendo aún más el horizonte para que las familias vuelvan a acceder a financiamiento barato.

A medida que la situación se estabilice, los bancos van a volver a prestar, pero en operaciones personales el problema de mora hace difícil que salgan a prestar fuerte en el corto plazo
— Banquero consultado por La Nación
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